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Lectura 91 de 365

2 Samuel 4-6 · 1 Corintios 3

Letra: Normal

2 Samuel 4

1Cuando el hijo de Saúl supo que Abner había muerto en Hebrón, se sintió desfallecer, y todo Israel se estremeció.

2Dos jefes de bandas estaban al servicio del hijo de Saúl. Uno se llamaba Baaná y el otro Recab, hijos de Rimón, el beerotita, de los hijos de Benjamín; pues también Beerot era considerado de Benjamín.

3Los beerotitas habían huido a Gitain y allí han vivido como inmigrantes hasta el día de hoy.

4Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo, tullido de ambos pies. Tenía cinco años, cuando llegó de Yezrael la noticia sobre Saúl y Jonatán. La nodriza lo cogió para huir, pero con las prisas de la huida cayó y quedó cojo. Se llamaba Mefiboset.

5Recab y Baaná, los hijos de Rimón, el beerotita, se dirigieron a la casa de Isboset en pleno calor del día, mientras él estaba acostado, durmiendo la siesta. La portera de la casa también se había quedado dormida mientras seleccionaba el grano de trigo.

6Ellos entraron hasta el interior de la casa y lo hirieron en la ingle. Después, Recab y su hermano Baaná se pusieron a salvo.

7Entraron en la casa, cuando él estaba acostado en el lecho de la alcoba; lo hirieron y lo mataron. Después le cortaron la cabeza. Y, habiéndola cogido, marcharon por el camino de la Arabá durante toda la noche.

8Llevaron la cabeza de Isboset a David en Hebrón. Y dijeron al rey: «Aquí tienes la cabeza de Isboset, hijo de Saúl, tu enemigo, que buscaba tu vida. El Señor ha vengado hoy a mi señor de Saúl y su descendencia».

9Pero David tomó la palabra y replicó a Recab y a su hermano Baaná, hijos de Rimón el beerotita: «Vive el Señor, que me ha librado de todo peligro.

10Si al que me trajo la noticia de que: “Ha muerto Saúl” —pensando ser portador de una buena noticia—, le agarré y le maté en Sicelag, pagándole así su buena noticia,

11qué menos voy a hacer a unos malvados que han asesinado a un hombre justo en su casa y sobre su lecho. ¿Cómo no voy a reclamar su sangre de vuestras manos y barreros de la tierra?».

12Y David dio orden a los criados de que los mataran. Les cortaron manos y pies y los colgaron en la alberca de Hebrón. En cuanto a la cabeza de Isboset, la recogieron y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.

2 Samuel 5

1Todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos.

2Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”».

3Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.

4David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años;

5siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá.

6David se dirigió con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que habitaban en el país. Estos dijeron a David: «No entrarás aquí, pues te rechazarán hasta los ciegos y los cojos». Era como decir: David no entrará aquí.

7Pero David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David.

8Aquel día dijo David: «Todo el que quiera luchar contra el jebuseo que se acerque al canal. En cuanto a los cojos y a los ciegos, son odiosos a David». Por eso se dice: «Ni ciego ni cojo entrará en el templo».

9David habitó en la fortaleza y la llamó Ciudad de David. Después la amuralló desde el Milo a la casa.

10David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él.

11Jirán, rey de Tiro, envió una embajada a David con maderas de cedro, carpinteros y canteros, que le edificaron una casa.

12Entonces David se dio perfecta cuenta de que el Señor lo había consolidado como rey de Israel y había encumbrado su realeza por amor a su pueblo Israel.

13David tomó otras concubinas y mujeres de Jerusalén, después de su llegada de Hebrón. Y le nacieron hijos e hijas.

14Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa y Sobab, Natán y Salomón,

15Yibjar, Elisúa, Néfeg y Yafía,

16Elisamá, Elyadá y Elifélet.

17Cuando los filisteos se enteraron de que habían ungido a David como rey de Israel, subieron en su busca. David lo oyó, y bajó a la fortaleza.

18Los filisteos llegaron y se desplegaron por el valle de Refaín.

19David consultó entonces al Señor: «¿Puedo subir contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?». El Señor respondió: «Sube, pues los entregaré en tu mano».

20David fue a Baal Perasín y allí los derrotó. Entonces exclamó: «El Señor dividió a mis enemigos delante de mí como se dividen las aguas». Por ello aquel lugar se llama: Baal Perasín.

21Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y sus hombres se los llevaron.

22Los filisteos subieron de nuevo, y se desplegaron en el valle de Refaín.

23David consultó entonces al Señor, que respondió: «No subas, haz un rodeo y los alcanzarás frente a las moreras.

24Cuando oigas ruido de pasos en las copas de las moreras, lánzate sobre ellos. Pues, en ese mismo momento, el Señor habrá salido ante ti para batir al ejército filisteo».

25David hizo según le ordenó el Señor y batió a los filisteos desde Guebá a la entrada de Guézer.

2 Samuel 6

1David reunió una vez más a los selectos de Israel, treinta mil hombres.

2Se puso en marcha con la gente de Baalá de Judá que estaba con él para trasladar de allí el Arca de Dios, designada con el nombre de «Señor del universo, que se sienta sobre querubines».

3Pusieron el Arca de Dios en un carro nuevo y la llevaron desde la casa de Abinadab, en la colina. Uzá y Ajió, hijos de Abinadab, conducían el carro nuevo

4y lo llevaron con el Arca de Dios desde la casa de Abinadab, en la colina. Ajió iba delante del Arca.

5David y toda la casa de Israel bailaban ante el Señor con instrumentos de ciprés, cítaras, arpas, tambores, sistros y címbalos.

6Al llegar a la era de Nacón, Uzá alargó su mano al Arca de Dios y la agarró, porque los bueyes la habían desplazado.

7Se encendió, entonces, la cólera del Señor contra Uzá, y le hirió allí mismo por su temeridad. Y allí murió, junto al Arca de Dios.

8David se enfadó, porque el Señor había abierto brecha contra Uzá. Y a aquel lugar se lo llamó Pérez Uzá, hasta hoy.

9David temió aquel día al Señor y dijo: «¿Cómo va a venir a mí el Arca del Señor?».

10Y no quiso trasladar el Arca del Señor junto a él a la ciudad de David, sino que la condujo a casa de Obededón, el guitita.

11El Arca del Señor permaneció tres meses en la casa de Obededón, de Gat. Y el Señor bendijo a Obededón y a toda su casa.

12Informaron al rey David: «El Señor ha bendecido la casa de Obededón y todo lo suyo por el Arca de Dios». Entonces David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de Obededón a la ciudad de David.

13Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.

14David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.

15Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompeta.

16Cuando el Arca del Señor entraba en la ciudad de David, Mical, la hija de Saúl, se asomó a la ventana, vio al rey David saltando y danzando ante el Señor, y lo menospreció en su corazón.

17Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David. David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión.

18Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo.

19Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.

20Al volver para bendecir su casa, Mical, la hija de Saúl, salió al encuentro de David, y le dijo: «Cómo se ha cubierto hoy de gloria el rey de Israel, descubriéndose a los ojos de sus servidoras y servidores, como se descubre un cualquiera».

21David respondió: «Danzaré sin descanso ante el Señor, que me ha preferido a tu padre y a toda su casa para hacerme jefe de todo su pueblo Israel.

22Y me rebajaré todavía más y me humillaré a mis propios ojos; pero apareceré cada vez con más gloria ante esas criadas de las que tú has hablado».

23Mical, hija de Saúl, no tuvo ya hijos en toda su vida.

1 Corintios 3

1Tampoco yo, hermanos, pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.

2Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche,

3pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano?

4Pues si uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no os comportáis al modo humano?

5En definitiva, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Servidores a través de los cuales accedisteis a la fe, y cada uno de ellos como el Señor le dio a entender.

6Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer;

7de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer.

8El que planta y el que riega son una misma cosa, si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado.

9Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificio de Dios.

10Conforme a la gracia que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, puse el cimiento, mientras que otro levanta el edificio. Mire cada cual cómo construye.

11Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

12Y si uno construye sobre el cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, hierba, paja,

13la obra de cada cual quedará patente, la mostrará el día, porque se revelará con fuego. Y el fuego comprobará la calidad de la obra de cada cual.

14Si la obra que uno ha construido resiste, recibirá el salario.

15Pero si la obra de uno se quema, sufrirá el castigo; mas él se salvará, aunque como quien escapa del fuego.

16¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

17Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.

18Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

19Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: Él caza a los sabios en su astucia.

20Y también: El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.

21Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro:

22Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro.

23Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.