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Lectura 9 de 365

Génesis 25-27 · Mateo 17-18

Letra: Normal

Génesis 25

1Abrahán tomó otra mujer, llamada Queturá,

2la cual le dio a Zimrán, Yocsán, Medán, Madián, Yisbac y Suaj.

3Yocsán engendró a Seba y Dedán. Los hijos de Dedán fueron los asuritas, letusitas y leumitas.

4Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Henoc, Abida y Eldaá. Todos estos fueron descendientes de Queturá.

5Abrahán legó todo lo que poseía a Isaac.

6A los hijos de sus concubinas, Abrahán les hizo donaciones; y todavía en vida los envió hacia las tierras de oriente, lejos de su hijo Isaac.

7Abrahán vivió ciento setenta y cinco años.

8Murió en buena vejez, anciano y colmado de años, y se reunió con su pueblo.

9Sus hijos Isaac e Ismael lo enterraron en la cueva de Macpela, frente a Mambré, en el campo del hitita Efrón, hijo de Soar,

10el campo que Abrahán había comprado a los hititas. Allí fue enterrado Abrahán junto a su mujer Sara.

11Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac. Isaac se estableció junto al pozo de Lajay Roi.

12Estos son los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán y Agar, la egipcia, criada de Sara.

13Y estos son los nombres de los hijos de Ismael, por orden de nacimiento: Nebayot, el primogénito de Ismael, Quedar, Adbeel, Mibsán,

14Misma, Duma, Masa,

15Jadad, Temá, Yetur, Nafis y Quedma.

16Estos son los hijos de Ismael y estos sus nombres, por poblados y campamentos: doce jefes de tribu.

17Los años de la vida de Ismael fueron ciento treinta y siete; luego expiró y fue a reunirse con su pueblo.

18Los ismaelitas se extendieron desde Javila hasta Sur, junto a Egipto, según se va a Asur, unos frente a otros.

19Estos son los descendientes de Isaac, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac.

20Cuando Isaac tenía cuarenta años, tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Arán, y hermana de Labán el arameo.

21Isaac rogó al Señor por su mujer, que era estéril. El Señor le atendió y su mujer Rebeca concibió.

22Pero los niños chocaban tanto en su seno que ella exclamó: «Si es así, ¿para qué estoy aquí?». Y se fue a consultar al Señor.

23El Señor dijo:«Dos naciones hay en tu vientre, dos pueblos se separarán de tus entrañas. Un pueblo dominará al otro, el mayor servirá al menor».

24Cuando se cumplió el tiempo de dar a luz, había dos mellizos en su vientre.

25Salió primero uno rojo, todo peludo como un manto, y lo llamaron Esaú.

26Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando nacieron.

27Los muchachos crecieron. Esaú era un experto cazador, hombre de campo, mientras que Jacob era un hombre comedido, amante de la tienda.

28Isaac prefería a Esaú, porque le gustaba la caza, pero Rebeca prefería a Jacob.

29Un día que Jacob estaba preparando un potaje, llegó Esaú del campo, agotado.

30Esaú dijo a Jacob: «Dame un bocado de ese potaje rojo, pues estoy agotado». Por eso se lo llamó Edón.

31Jacob respondió: «Véndeme ahora mismo tus derechos de primogenitura».

32Esaú replicó: «Estoy a punto de morir, ¿de qué me sirve la primogenitura?».

33Jacob le dijo: «Júramelo ahora mismo». Él se lo juró, y vendió a Jacob su derecho de primogenitura.

34Entonces Jacob dio a Esaú pan y potaje de lentejas. Él comió y bebió; luego se levantó y se fue. Así menospreció Esaú sus derechos de primogenitura.

Génesis 26

1Sobrevino un hambre en el país, distinta del hambre anterior que hubo en tiempos de Abrahán, e Isaac fue a Guerar, donde Abimélec era rey de los filisteos.

2El Señor se le había aparecido y le había dicho: «No bajes a Egipto, quédate en el país que yo te indicaré.

3Reside en ese país, y yo estaré contigo y te bendeciré, pues a ti y a tus descendientes os daré todas estas tierras, cumpliendo el juramento que hice a tu padre Abrahán.

4Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y daré a tus descendientes todas estas tierras. En tus descendientes se bendecirán todas las naciones de la tierra,

5porque Abrahán escuchó mi voz y acató mis órdenes, mandatos, decretos e instrucciones».

6Isaac se estableció en Guerar.

7Como los hombres del lugar preguntaran por su mujer, él respondió: «Es mi hermana», pues tenía miedo de decir: «Es mi mujer», no fueran a matarlo aquellos hombres por causa de Rebeca, pues era muy hermosa.

8Había pasado bastante tiempo; un día Abimélec, rey de los filisteos, estaba mirando por la ventana, cuando vio a Isaac acariciando a su mujer Rebeca.

9Entonces Abimélec llamó a Isaac y le dijo: «¡Así que es tu mujer! ¿Por qué has dicho: “Es mi hermana”?». Isaac contestó: «Porque pensé que podía morir yo por causa de ella».

10Abimélec replicó: «¿Qué nos has hecho? Por poco no se acuesta uno del pueblo con tu mujer, haciéndonos a todos culpables».

11Abimélec dio esta orden a todo el pueblo: «El que toque a este hombre o a su mujer, es reo de muerte».

12Isaac sembró en aquella tierra y aquel año cosechó el ciento por uno, pues le bendijo el Señor.

13El hombre prosperó y creció continuamente hasta hacerse muy rico.

14Poseía rebaños de ovejas y vacas, y una gran servidumbre, tanto que los filisteos le envidiaban.

15Todos los pozos que habían cavado los criados de su padre en tiempos de su padre Abrahán, cuando este vivía, los cegaron los filisteos llenándolos con tierra.

16Y Abimélec dijo a Isaac: «Vete de entre nosotros, porque te has hecho más poderoso que nosotros».

17Isaac se fue de allí y acampó en el valle de Guerar, donde se estableció.

18Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían sido cavados en tiempo de su padre Abrahán y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abrahán, y los llamó con los mismos nombres que su padre les había puesto.

19Los criados de Isaac cavaron en el valle y encontraron allí un pozo de agua corriente.

20Pero los pastores de Guerar riñeron con los pastores de Isaac y les dijeron: «El agua es nuestra». Y llamó al pozo Esec, porque habían reñido con él.

21Cavaron luego otro pozo y también discutieron por él. Y lo llamó Sitna.

22Se alejó de allí y cavó otro pozo, por el cual ya no riñeron. Y lo llamó Rejobot, queriendo decir: «Esta vez el Señor nos ha concedido espacio para crecer en el país».

23Desde allí se dirigió a Berseba.

24Aquella noche se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abrahán; no temas, porque yo estoy contigo. Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia, en atención a mi siervo Abrahán».

25Construyó allí un altar e invocó el nombre del Señor. Plantó allí su tienda y los criados de Isaac cavaron allí un pozo.

26Abimélec vino desde Guerar a visitarlo con Ajuzat, su consejero, y Picol, jefe de su tropa.

27Isaac les preguntó: «¿A qué habéis venido aquí, si me odiáis y me habéis echado de entre vosotros?».

28Contestaron: «Hemos visto claramente que el Señor está contigo y pensamos: “Haya un juramento entre los dos, entre nosotros y tú”. Queremos concertar una alianza contigo:

29tú no nos harás mal alguno, pues nosotros no te hemos tocado; más bien nos hemos portado bien contigo y te hemos dejado ir en paz. Que el Señor te bendiga ahora».

30Les preparó un banquete, comieron y bebieron.

31Al día siguiente madrugaron y se prestaron juramento mutuo. Isaac los despidió y se fueron en paz.

32Aquel mismo día llegaron los criados de Isaac y le hablaron del pozo que habían cavado y le dijeron: «Hemos encontrado agua».

33Él lo llamó Seba, y de ahí que la ciudad se llame Berseba, hasta hoy.

34Tenía Esaú cuarenta años cuando tomó por esposa a Judit, hija de Beerí, y a Basmat, hija del hitita Elón.

35Causaron muchos disgustos a Isaac y Rebeca.

Génesis 27

1Cuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor: «Hijo mío». Le contestó: «Aquí estoy».

2Él le dijo: «Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré.

3Toma tus aparejos, arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza;

4después me preparas un guiso sabroso, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir».

5Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo. Salió Esaú al campo a cazar para su padre.

6Y Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Acabo de oír a tu padre, que, hablando con tu hermano Esaú, le decía:

7“Tráeme caza y prepárame un guiso sabroso para que lo coma y te bendiga en presencia del Señor, antes de morir”.

8Ahora pues, hijo mío, escúchame bien y haz lo que yo te mando.

9Ve al rebaño y tráeme dos buenos cabritos, para preparar con ellos un guiso sabroso, como a él le gusta.

10Se lo llevarás a tu padre para que coma, y así te bendecirá antes de morir».

11Jacob replicó a Rebeca, su madre: «Ten en cuenta que mi hermano Esaú es velludo y yo, en cambio, lampiño.

12Si por casualidad me palpa mi padre y quedo ante él como un mentiroso, atraería sobre mí la maldición, en vez de la bendición».

13Pero su madre le dijo: «Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío. Tú hazme caso, ve y tráemelos».

14Fue, pues, a buscarlos y se los trajo a su madre. Su madre preparó un guiso sabroso, como le gustaba a su padre.

15Luego Rebeca tomó un traje de su hijo mayor Esaú, el mejor que tenía en casa, y vistió con él a Jacob, su hijo menor.

16Con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello.

17Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan.

18Él entró en la habitación de su padre y dijo: «Padre». Respondió Isaac: «Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?».

19Contestó Jacob a su padre: «Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, siéntate y come de mi caza; después podrás bendecirme».

20Isaac dijo a su hijo: «¿Cómo la has podido encontrar tan pronto, hijo mío?». Él respondió: «El Señor tu Dios me la puso al alcance».

21Isaac dijo a Jacob: «Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no».

22Se acercó Jacob a su padre Isaac, que lo palpó y le dijo: «La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú».

23Y no lo reconoció porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú. Así que le bendijo.

24Pero insistió: «¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?». Respondió Jacob: «Yo soy».

25Isaac dijo: «Sírveme, hijo mío, que coma yo de tu caza; después te bendeciré». Se la sirvió y él comió. Le trajo vino y bebió.

26Entonces le dijo su padre Isaac: «Acércate y bésame, hijo mío».

27Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, le bendijo con estas palabras:«El aroma de mi hijo es como el aroma de un campo que bendijo el Señor.

28Que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino.

29Que te sirvan los pueblos, y se postren ante ti las naciones. Sé señor de tus hermanos, que ellos se postren ante ti. Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga».

30Apenas había terminado Isaac de bendecir a Jacob, en el instante en que salía Jacob de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú volvía de cazar.

31También él preparó un guiso sabroso; se lo llevó a su padre y le dijo: «Padre, incorpórate y come de la caza de tu hijo; después podrás bendecirme».

32Su padre Isaac le preguntó: «¿Quién eres tú?». Respondió él: «Soy Esaú, tu hijo primogénito».

33Isaac se estremeció profundamente y preguntó: «Entonces ¿quién es el que me ha traído la caza? Yo la he comido antes de que tú llegaras, lo he bendecido y quedará bendito».

34Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó un grito fuerte, amargado en extremo, y dijo a su padre: «Padre, bendíceme a mí también».

35Pero él respondió: «Tu hermano ha venido con astucia y se ha llevado tu bendición».

36Respondió Esaú: «Con razón se llama Jacob; ya me ha suplantado dos veces: antes me quitó mi primogenitura y ahora me ha quitado mi bendición». Y añadió: «¿No has reservado una bendición para mí?».

37Isaac respondió a Esaú: «Le he constituido señor tuyo y le he dado a todos sus hermanos por siervos suyos; le he concedido el trigo y el vino. ¿Qué puedo ya hacer por ti, hijo mío?».

38Replicó Esaú a su padre: «¿Solo tienes una bendición, padre mío? Padre, bendíceme también a mí». Esaú rompió a llorar a gritos.

39Entonces su padre Isaac le respondió: «Lejos de la tierra fértil tendrás tu morada, y lejos del rocío del cielo.

40Vivirás de tu espada, y servirás a tu hermano. Y cuando te rebeles, sacudirás el yugo de tu cuello».

41Esaú concibió odio a Jacob, por la bendición que su padre le había dado, y se decía: «Se acercan los días del fin del duelo por mi padre, y entonces mataré a mi hermano Jacob».

42Cuando comunicaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor Esaú, mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: «Tu hermano Esaú planea matarte para vengarse de ti.

43Ahora pues, hijo mío, escúchame: Huye a Jarán, a casa de mi hermano Labán,

44y quédate con él una temporada hasta que se le pase la cólera a tu hermano

45y cese su indignación contra ti y se olvide de lo que has hecho. Entones yo haré que te traigan de allí. ¿Por qué he de verme privada de vosotros dos en un solo día?».

46Rebeca dijo a Isaac: «Estas mujeres hititas me hacen la vida imposible. Si Jacob toma por mujer a una hitita como estas, una nativa, ¿de qué me sirve vivir?».

Mateo 17

1Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

2Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

3De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

4Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

5Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

6Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

7Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».

8Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

9Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

10Los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».

11Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo.

12Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».

13Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

14Cuando volvieron adonde estaba la gente, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas,

15le dijo: «Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua.

16Se lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo».

17Jesús tomó la palabra y dijo: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo».

18Jesús increpó al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño.

19Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?».

20Les contestó: «Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. Nada os sería imposible».

21[«Esta clase (de demonios) solo se expulsa con la oración y el ayuno»]

22Mientras recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres,

23lo matarán, pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron muy tristes.

24Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?».

25Contestó: «Sí». Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?».

26Contestó: «A los extraños». Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos.

27Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti».

Mateo 18

1En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

2Él llamó a un niño, lo puso en medio

3y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

4Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos.

5El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

6Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar.

7¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!

8Si tu mano o tu pie te induce a pecar, córtatelo y arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que con las dos manos o los dos pies ser arrojado al fuego eterno.

9Y si tu ojo te induce a pecar, sácalo y arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo que con los dos ser arrojado a la gehenna del fuego.

10Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

11[Pues el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido.]

12¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida?

13Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

14Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños.

15Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

16Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.

17Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

18En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

19Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos.

20Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

21Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

22Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados.

24Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos.

25Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

26El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

27Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

28Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”.

29El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

30Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

31Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

32Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste.

33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

34Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

35Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».