Lectura 10 de 365
Génesis 28-30 · Mateo 19-20
Génesis 28
1Isaac llamó a Jacob, le bendijo y le dio estas órdenes: «No tomes por mujer a una cananea.
2Anda, vete a Padán Arán, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y toma allí por mujer a una de las hijas de Labán, hermano de tu madre.
3Que Dios todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, hasta que llegues a ser una multitud de pueblos.
4Que él te conceda la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra donde resides, que Dios ha entregado a Abrahán».
5Isaac despidió a Jacob, que se fue a Padán Arán, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú.
6Se enteró Esaú de que Isaac había bendecido a Jacob y le había enviado a Padán Arán para que tomase mujer allí; y de que, al bendecirle, le había dado esta orden: «No tomes por mujer a una cananea»;
7y de que Jacob, obedeciendo a su padre y a su madre, había ido a Padán Arán.
8Cuando Esaú cayó en la cuenta de que las mujeres cananeas desagradaban a su padre Isaac,
9se dirigió adonde estaba Ismael y, además de las mujeres que tenía, tomó por esposa a Majlat, hija de Ismael, el hijo de Abrahán, hermana de Nebayot.
10Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán.
11Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar.
12Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella.
13El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia.
14Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia.
15Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido».
16Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».
17Y, sobrecogido, añadió: «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».
18Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite por encima.
19Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.
20Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme,
21si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios,
22y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».
Génesis 29
1Jacob continuó su viaje hacia la tierra de los orientales.
2En el campo vio un pozo y tres rebaños de ovejas tumbadas junto a él, pues los rebaños solían abrevarse de aquel pozo. Una piedra grande tapaba la boca del pozo.
3Cuando se reunían allí todos los rebaños, se corría la piedra de la boca del pozo y se abrevaba el ganado; luego se volvía la piedra a su sitio sobre la boca del pozo.
4Jacob dijo a los pastores: «Hermanos, ¿de dónde sois?». Respondieron: «Somos de Jarán».
5Les preguntó: «¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?». Contestaron: «Sí».
6Les dijo: «¿Qué tal está?». Respondieron: «Está bien; mira, su hija Raquel llega con el rebaño».
7Él dijo: «Aún es pleno día y no es hora de reunir el ganado; abrevad el rebaño y llevadlo a pastar».
8Contestaron: «No podemos hasta que se reúnan todos los rebaños y se corra la piedra de la boca del pozo; entonces abrevaremos el rebaño».
9Todavía estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con el rebaño de su padre, pues era pastora.
10Apenas vio Jacob a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, con el rebaño de su tío Labán, se acercó, corrió la piedra de la boca del pozo y abrevó el rebaño de su tío Labán.
11Después Jacob besó a Raquel y se echó a llorar.
12Jacob explicó a Raquel que era pariente de su padre e hijo de Rebeca. Ella corrió a contárselo a su padre.
13Cuando Labán oyó las noticias acerca de Jacob, hijo de su hermana, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa; y él contó a Labán todo lo sucedido.
14Labán le dijo: «Tú eres realmente de mi hueso y carne». Y se quedó con él un mes.
15Labán dijo a Jacob: «¿Acaso por ser pariente mío me vas a servir de balde? Dime qué salario quieres».
16Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía y la menor se llamaba Raquel.
17Lía tenía ojos apagados; Raquel era de buen tipo y bello semblante.
18Jacob, que se había enamorado de Raquel, le dijo: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor».
19Labán respondió: «Mejor es dártela a ti que dársela a un extraño. Quédate conmigo».
20Jacob sirvió por Raquel siete años, que le parecieron unos pocos días, de lo enamorado que estaba.
21Jacob dijo a Labán: «Se ha cumplido el plazo; dame mi mujer para que cohabite con ella».
22Labán reunió a todos los hombres del lugar y les ofreció un banquete.
23Por la noche tomó a su hija Lía y se la llevó a Jacob, que se acostó con ella.
24Además, Labán designó a su criada Zilpa como criada de su hija Lía.
25A la mañana Jacob vio que era Lía, y dijo a Labán: «¿Qué me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué me has engañado?».
26Labán replicó: «No es costumbre en este lugar dar la menor antes que la mayor.
27Completa la semana nupcial de esta y te daré también la otra, a cambio de que me sirvas otros siete años».
28Jacob aceptó y, cumplida la semana de esta, Labán le dio por mujer a su hija Raquel.
29Además, Labán designó a su criada Bilá como criada de su hija Raquel.
30Él cohabitó también con Raquel y amó a Raquel más que a Lía; y se quedó a su servicio otros siete años.
31El Señor vio que Lía era menospreciada y la hizo fecunda, mientras Raquel seguía estéril.
32Lía concibió, dio a luz un hijo y lo llamó Rubén, pues dijo: «El Señor ha visto mi aflicción; ahora me amará mi marido».
33Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: «El Señor ha oído que era menospreciada y me ha dado este también». Y lo llamó Simeón.
34Volvió a concebir, dio a luz un hijo y dijo: «Ahora sí me cobrará afecto mi marido, pues le he dado tres hijos». Y lo llamó Leví.
35Concibió de nuevo, dio a luz un hijo y dijo: «Esta vez alabaré al Señor». Por eso lo llamó Judá. Y dejó de tener hijos.
Génesis 30
1Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana y dijo a Jacob: «Dame hijos o me muero».
2Jacob se enfadó con Raquel y dijo: «¿Estoy yo en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?».
3Ella dijo: «Ahí tienes a mi criada Bilá. Cohabita con ella, para que dé a luz en mis rodillas; así también tendré yo hijos por medio de ella».
4Entonces le dio a su criada Bilá por mujer y Jacob cohabitó con ella.
5Bilá concibió y dio a luz un hijo.
6Raquel dijo: «Dios me ha hecho justicia y ha escuchado mi súplica, dándome un hijo». Por eso lo llamó Dan.
7Concibió de nuevo Bilá, la criada de Raquel, y dio otro hijo a Jacob.
8Raquel dijo: «Dios me ha hecho competir con mi hermana y la he vencido». Y lo llamó Neftalí.
9Cuando vio Lía que había dejado de tener hijos, tomó a su criada Zilpa y se la dio a Jacob por mujer.
10Zilpa, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob.
11Lía exclamó: «¡Qué suerte!». Y lo llamó Gad.
12Zilpa, la criada de Lía, dio un segundo hijo a Jacob.
13Y Lía dijo: «¡Qué felicidad! Seguro que las mujeres me felicitarán». Y lo llamó Aser.
14Un día, durante la siega del trigo, Rubén salió al campo y encontró unas mandrágoras, que llevó a su madre Lía. Raquel dijo a Lía: «Dame algunas mandrágoras de tu hijo».
15Lía contestó: «¿Te parece poco haberme quitado a mi marido, que vas a quitarme también las mandrágoras de mi hijo?». Raquel replicó: «Que se acueste contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo».
16Cuando Jacob volvía del campo, por la tarde, le salió Lía al encuentro, y le dijo: «Tienes que venir conmigo, pues he pagado por ti con unas mandrágoras de mi hijo». Y él se acostó con ella aquella noche.
17Dios escuchó a Lía, que concibió y dio a Jacob el quinto hijo.
18Ella dijo: «Dios me ha pagado por haber dado mi criada a mi marido». Y lo llamó Isacar.
19Concibió de nuevo Lía y dio a Jacob el sexto hijo.
20Lía dijo: «Dios me ha dado una buena dádiva: esta vez mi marido me tratará como una princesa, pues le he dado seis hijos». Y lo llamó Zabulón.
21Después dio a luz una hija y la llamó Dina.
22Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la escuchó e hizo fecundo su seno.
23Ella concibió, dio a luz un hijo y dijo: «Dios ha quitado mi afrenta».
24Y lo llamó José, pues dijo: «¡Que el Señor me añada otro hijo!».
25Después que Raquel dio a luz a José, dijo Jacob a Labán: «Déjame marchar a mi lugar y mi país.
26Dame mis mujeres, por las que te he servido, y mis hijos, y me marcharé; pues tú sabes el servicio que te he hecho».
27Labán le respondió: «Si he alcanzado tu favor, escúchame: he adivinado que el Señor me ha bendecido por tu causa».
28Y añadió: «Dime qué paga quieres, y te la daré».
29Le respondió: «Tú sabes lo que te he servido y cómo le ha ido a tu ganado conmigo.
30Lo poco que poseías antes que yo llegara ha crecido muchísimo, porque el Señor te ha bendecido por mi causa. Ahora bien, ¿cuándo voy a hacer yo también algo por mi propia casa?».
31Labán preguntó: «¿Qué te he de dar?». Jacob respondió: «No me des nada. Si estás de acuerdo con mi propuesta, yo volveré a pastorear y guardar tu rebaño.
32Pasaré hoy entre todo tu rebaño, apartando de él toda oveja oscura y toda cabra manchada o moteada; ese será mi salario.
33Y así el día de mañana, cuando vengas a comprobar mi salario, mi honradez quedará en claro: cualquier cabra no manchada o moteada y cualquier oveja no oscura, que estén en mi poder, es que las he robado».
34Dijo Labán: «Está bien, sea como tú dices».
35Aquel mismo día apartó Jacob los machos cabríos rayados o manchados y todas las cabras moteadas y manchadas, todo lo que tenía algo de blanco y todo lo negro entre las ovejas, y lo confió a sus hijos.
36Después Labán se alejó de Jacob a una distancia de tres jornadas, mientras Jacob pastoreaba el resto del rebaño de Labán.
37Jacob tomó varas verdes de chopo, almendro y plátano, y peló en ellas unas tiras blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas.
38Luego colocó las varas peladas frente al ganado en los pilones de los abrevaderos, donde el ganado venía a beber. El ganado se apareaba cuando venía a beber.
39Así el ganado se apareó frente a las varas y parían crías rayadas, moteadas y manchadas.
40Jacob apartó los corderos y los echó a las reses rayadas y oscuras del ganado de Labán. Así mantuvo separado su ganado, sin mezclarlo con el rebaño de Labán.
41Cuando las reses más fuertes se iban a aparear, Jacob colocaba las varas delante de ellas en el abrevadero, para que se apareasen frente a las varas.
42En cambio, cuando las reses eran débiles, no las colocaba; de este modo, las reses endebles eran las de Labán y las fuertes las de Jacob.
43Así prosperó muchísimo y llegó a tener numerosos rebaños, siervos y siervas, camellos y asnos.
Mateo 19
1Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
2Lo seguía una gran multitud y él los curaba allí.
3Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?».
4Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer,
5y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”?
6De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
7Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».
8Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así.
9Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio».
10Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».
11Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don.
12Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».
13Entonces le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban.
14Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos».
15Les impuso las manos y se marchó de allí.
16Se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».
17Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos».
18Él le preguntó: «¿Cuáles?». Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
19honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
20El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
21Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme».
22Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.
23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
25Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
26Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
27Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
28Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
30Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.
Mateo 20
1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo
4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.
8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario?
14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
17Mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:
18«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte
19y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
21Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
22Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos».
23Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
24Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos.
25Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
26No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,
27y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
28Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
29Y al salir de Jericó le siguió una gran muchedumbre.
30Dos ciegos que estaban sentados al borde del camino oyeron que Jesús pasaba y se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».
31La muchedumbre los increpó para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!».
32Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: «¿Qué queréis que os haga?».
33Le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos».
34Compadecido, Jesús les tocó los ojos, y al punto recobraron la vista y lo siguieron.