Lectura 8 de 365
Génesis 22-24 · Mateo 15-16
Génesis 22
1Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: «¡Abrahán!». Él respondió: «Aquí estoy».
2Dios dijo: «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».
3Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
4Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos.
5Abrahán dijo a sus criados: «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».
6Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
7Isaac dijo a Abrahán, su padre: «Padre». Él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
8Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando juntos.
9Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
10Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
11Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!». Él contestó: «Aquí estoy».
12El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
13Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
14Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
15El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo
16y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único,
17te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos.
18Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».
19Abrahán volvió al lado de sus criados y juntos se pusieron en camino hacia Berseba, y Abrahán se quedó a vivir en Berseba.
20Después de estos sucesos, le comunicaron a Abrahán: «También Milcá ha dado hijos a tu hermano Najor:
21Uz el primogénito, Buz su hermano y Quemuel, padre de Arán;
22Quesed, Jazo, Fildas, Yidlaf y Betuel.
23Betuel engendró a Rebeca. Milcá dio estos ocho hijos a Najor, hermano de Abrahán.
24Y una concubina, llamada Rauma, también le dio hijos: Tebaj, Gaján, Tajas y Maacá.
Génesis 23
1Sara vivió ciento veintisiete años.
2Murió Sara en Quiriat Arbá, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán. Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla.
3Después Abrahán dejó a su difunta y habló así a los hititas:
4«Yo soy un emigrante, residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, entre vosotros, para enterrar a mi difunta».
5Los hititas respondieron a Abrahán:
6«Escúchanos, señor; tú eres un príncipe de Dios entre nosotros. Entierra a tu difunta en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros te negará un sepulcro para enterrar a tu difunta».
7Abrahán se levantó, hizo una inclinación ante la gente del país, los hititas,
8y les habló así: «Si realmente queréis que entierre a mi difunta, escuchadme y suplicad en mi nombre a Efrón, hijo de Sojar,
9para que me venda la cueva de Macpela, que es suya y se encuentra en el extremo de su campo. Que me la venda al precio completo, ante vosotros, como sepulcro en propiedad».
10Efrón estaba sentado entre los hititas. Efrón, el hitita, respondió a Abrahán de forma que lo oyesen los hititas y cuantos entraban por la puerta de la ciudad:
11«No, señor mío, escúchame: te doy el campo y te doy también la cueva que hay en él. Te la doy en presencia de mis paisanos; entierra a tu difunta».
12Abrahán hizo una inclinación ante la gente del país
13y habló a Efrón de forma que lo oyese la gente del país: «Escúchame tú, por favor: yo te doy el precio del campo, acéptalo y enterraré allí a mi difunta».
14Efrón contestó a Abrahán:
15«Señor mío, escucha: el terreno vale unas cuatrocientas monedas de plata. ¿Qué es eso entre nosotros dos? Entierra, pues, a tu difunta».
16Abrahán accedió a la petición de Efrón. Abrahán pesó para Efrón la plata de que este había hablado en presencia de los hititas: unas cuatrocientas monedas de plata de curso entre mercaderes.
17Y así el campo de Efrón en Macpela, frente a Mambré, el campo con la cueva y todos los árboles dentro de sus linderos,
18pasó a ser propiedad de Abrahán, en presencia de los hititas y de cuantos entraban por la puerta de la ciudad.
19Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.
20Y así el campo con la cueva pasó de los hititas a Abrahán como sepulcro en propiedad.
Génesis 24
1Abrahán era anciano, de edad avanzada, y el Señor había bendecido a Abrahán en todo.
2Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones: «Pon tu mano bajo mi muslo
3y júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito,
4sino que irás a mi tierra nativa a tomar mujer para mi hijo Isaac».
5El criado contestó: «Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?».
6Abrahán le replicó: «De ninguna manera lleves a mi hijo allá.
7El Señor Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, y que me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”, enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo.
8Pero si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Mas a mi hijo, no lo lleves allá».
9El criado puso su mano bajo el muslo de Abrahán, su amo, y le juró cumplirlo.
10Entonces el criado tomó diez de los camellos de su amo y, llevando toda clase de regalos de su amo, se puso en marcha hacia Arán Najaráin, la ciudad de Najor.
11Hizo arrodillarse a los camellos junto a un pozo fuera de la ciudad, al atardecer, cuando suelen salir las aguadoras.
12Y dijo: «Señor, Dios de mi amo Abrahán, concédeme hoy una señal propicia y muestra tu benevolencia a mi amo Abrahán.
13Aquí estoy junto a la fuente, mientras las muchachas de la ciudad salen a sacar agua;
14para la muchacha a la que yo diga: “Por favor, inclina tu cántaro que beba” y que me responda: “Bebe y también abrevaré tus camellos”, esa sea la que has destinado para tu siervo Isaac. Así sabré que muestras benevolencia con mi amo».
15Apenas había acabado de hablar, cuando salía Rebeca, hija de Betuel, el hijo de Milcá, la mujer de Najor, el hermano de Abrahán, con el cántaro al hombro.
16La muchacha era muy hermosa, una doncella que no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó el cántaro y subió.
17El criado corrió a su encuentro y le dijo: «Por favor, déjame beber un poco de agua de tu cántaro».
18Ella respondió: «Bebe, señor mío». Y enseguida bajó el cántaro al brazo y le dio de beber.
19Cuando terminó de darle de beber, ella dijo: «Voy a sacar también agua para tus camellos, hasta que se sacien».
20Y enseguida vació el cántaro en el abrevadero, corrió al pozo a sacar más y sacó para todos los camellos.
21El hombre la contemplaba en silencio hasta saber si el Señor daba éxito a su viaje o no.
22Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre tomó un anillo de oro de unos seis gramos de peso y se lo puso en la nariz, y le colocó en los brazos dos pulseras de oro de unos ciento veinte gramos.
23Luego le preguntó: «¿De quién eres hija? Dímelo, por favor. ¿Hay sitio en casa de tu padre para que pasemos la noche?».
24Ella le contestó: «Soy hija de Betuel, el hijo de Milcá y de Najor».
25Y añadió: «También tenemos paja y forraje en abundancia y sitio para pasar la noche».
26El hombre se inclinó en señal de adoración al Señor
27y dijo: «Bendito sea el Señor, Dios de mi amo Abrahán, que no ha retirado su benevolencia y fidelidad a mi amo. El Señor me ha guiado por el camino justo a la casa del hermano de mi amo».
28La muchacha fue corriendo a casa de su madre a contar todas estas cosas.
29Rebeca tenía un hermano llamado Labán, que salió corriendo hacia la fuente, en busca del hombre.
30En cuanto vio el anillo y las pulseras en los brazos de su hermana y oyó decir a su hermana Rebeca: «Así me ha hablado el hombre», Labán fue en busca del hombre, que aún estaba con los camellos junto a la fuente.
31Y le dijo: «Ven, bendito del Señor, ¿por qué permaneces fuera? Yo te he preparado alojamiento y sitio para los camellos».
32El hombre entró en la casa. Desaparejaron los camellos y les dieron paja y forraje. Luego trajeron agua para que se lavasen los pies el hombre y sus acompañantes.
33Pero cuando le sirvieron de comer, dijo: «No comeré hasta exponer lo que he de decir». «Habla», le respondieron.
34Él dijo: «Soy criado de Abrahán.
35El Señor ha colmado de bendiciones a mi amo, que ha prosperado; le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.
36Sara, la mujer de mi amo, le ha dado un hijo en su vejez; y a él le ha cedido todos sus bienes.
37Mi amo me hizo prestar este juramento: “No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito,
38sino que irás a casa de mis padres y mis parientes y allí tomarás mujer para mi hijo”.
39Yo contesté a mi amo: “¿Y si la mujer no quiere venir conmigo?”.
40Él replicó: “El Señor, en cuya presencia he caminado, enviará su ángel contigo y dará éxito a tu viaje, y así tomarás mujer para mi hijo en la casa de mi padre y mis parientes.
41Pero quedarás libre de mi maldición si, llegado a casa de mis parientes, no te la quieren dar; entonces quedarás libre de mi maldición”.
42Cuando llegué hoy a la fuente, dije: “Señor, Dios de mi amo Abrahán, si quieres dar éxito al viaje que he emprendido,
43aquí estoy junto a la fuente; la muchacha que salga a sacar agua y yo le diga: ‘Dame de beber un poco de agua de tu cántaro’,
44y ella me responda: ‘Bebe tú y sacaré también para tus camellos’, esa será la mujer que el Señor destina para el hijo de mi amo”.
45Apenas había acabado yo de hablar para mis adentros, cuando salía Rebeca con su cántaro al hombro. Bajó a la fuente, sacó agua y le dije: “Por favor, dame de beber”.
46Ella enseguida bajó el cántaro de su hombro y me respondió: “Bebe tú y abrevaré también tus camellos”. Bebí yo y ella abrevó también los camellos.
47Y le pregunté: “¿De quién eres hija?”. Me respondió: “De Betuel, hijo de Najor y Milcá”. Entonces le puse un anillo en la nariz y pulseras en los brazos,
48y me incliné en adoración al Señor, bendiciendo al Señor, Dios de mi amo Abrahán, que me ha guiado por el camino justo, para llevar al hijo de mi amo la hija de su hermano.
49Ahora, pues, si queréis ser benévolos y leales con mi amo, decídmelo; y si no, decídmelo también, para actuar en consecuencia».
50Labán y Betuel le contestaron: «El asunto viene del Señor; nosotros no podemos responderte bien o mal.
51Ahí tienes a Rebeca, tómala y vete, y sea la mujer del hijo de tu amo, como el Señor ha dicho».
52Cuando el criado de Abrahán oyó sus palabras, se postró en tierra ante el Señor.
53Luego el criado sacó objetos de plata, objetos de oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. Ofreció también regalos a su hermano y a su madre.
54Después comieron él y sus acompañantes, y pasaron la noche. Cuando se levantaron por la mañana, dijo el criado: «Dejadme volver a mi amo».
55El hermano y la madre respondieron: «Deja que la chica se quede con nosotros unos diez días, después se marchará».
56Pero él replicó: «No me retengáis, ya que el Señor ha dado éxito a mi viaje; dejadme volver a mi amo».
57Ellos dijeron: «Llamemos a la chica y preguntémosle su opinión».
58Llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Quieres ir con este hombre?». Ella respondió: «Sí».
59Entonces despidieron a su hermana Rebeca, a su nodriza, al criado de Abrahán y a sus acompañantes.
60Y bendijeron a Rebeca diciendo:«Tú eres nuestra hermana, crece mil y mil veces; que tu descendencia someta el poder de sus enemigos».
61Rebeca y sus doncellas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. Así el criado de Abrahán tomó a Rebeca y se fue.
62Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roi. Por entonces habitaba en la región del Negueb.
63Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos.
64También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello.
65Ella dijo al criado: «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?». Respondió el criado: «Es mi amo». Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
66El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.
67Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Mateo 15
1Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
2«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
3Él les respondió: «¿Por qué quebrantáis vosotros el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición?
4Pues Dios dijo: “Honra al padre y a la madre” y “El que maldiga al padre o a la madre es reo de muerte”.
5Pero vosotros decís: “Si uno dice al padre o a la madre: ‘Los bienes con que podría ayudarte son ofrenda sagrada’,
6ya no tiene que honrar a su padre o a su madre”. Y así invalidáis el mandato de Dios en nombre de vuestra tradición.
7Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, diciendo:
8“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
9El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”».
10Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended:
11no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
12Se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
13Respondió él: «La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
14Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
15Pedro le dijo: «Explícanos esta parábola».
16Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender?
17¿No comprendéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y se expulsa en la letrina?,
18pero lo que sale de la boca brota del corazón; y esto es lo que hace impuro al hombre,
19porque del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias.
20Estas cosas son las que hacen impuro al hombre. Pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre».
21Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
22Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
23Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
24Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
25Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame».
26Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
27Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
28Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
29Desde allí Jesús se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
30Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies y él los curaba.
31La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
32Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
33Los discípulos le dijeron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
34Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y algunos peces».
35Él mandó a la gente que se sentara en el suelo.
36Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
37Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.
38Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.
39Despidió a la multitud, montó en la barca y se dirigió a la región de Magadán.
Mateo 16
1Se le acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo.
2Les contestó: «Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo”.
3Y a la mañana: “Hoy lloverá, porque el cielo está rojo oscuro”. ¿Sabéis distinguir el aspecto del cielo y no sois capaces de distinguir los signos de los tiempos?
4Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el de Jonás». Y dejándolos se marchó.
5Al pasar a la otra orilla, a los discípulos se les había olvidado tomar pan.
6Jesús les dijo: «Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos».
7Discutían entre ellos diciendo: «Es porque no hemos cogido panes».
8Dándose cuenta Jesús dijo: «¡Gente de poca fe!, ¿por qué andáis discutiendo entre vosotros que no tenéis panes?
9¿Aún no entendéis? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil?, ¿cuántos cestos sobraron?
10¿Ni de los siete panes para los cuatro mil?, ¿cuántas canastas sobraron?
11¿Cómo no comprendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos».
12Entonces comprendieron que no hablaba de guardarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos.
13Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
14Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
15Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
16Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
19Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
20Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
21Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
22Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
23Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
24Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
25Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
26¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
27Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
28En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».