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Lectura 89 de 365

1 Samuel 29-31 · 1 Corintios 1

Letra: Normal

1 Samuel 29

1Los filisteos reunieron todas sus tropas en Afec, mientras Israel acampaba junto a la fuente que hay en Yezrael.

2Los príncipes de los filisteos avanzaban por centurias y millares, David y sus hombres iban detrás con Aquís.

3Los príncipes de los filisteos preguntaron: «¿Quiénes son esos hebreos?». Aquís les contestó: «Este es David, siervo de Saúl, rey de Israel, que lleva conmigo cerca de dos años. No he encontrado en él nada reprochable, desde el día de su defección hasta el presente».

4Los príncipes de los filisteos, irritados, le dijeron: «Despide a ese hombre y que se quede en el lugar que le asignaste. Que no baje con nosotros al combate, no sea que se vuelva contra nosotros. ¿Con qué se puede congraciar este con su señor sino con las cabezas de nuestros hombres?

5¿No es este David, del que cantaban en los corros:“Saúl mató a mil, David a diez mil?”».

6Aquís llamó a David y le dijo: «Vive el Señor, que eres recto y grato a mis ojos tanto en tus salidas como en tus entradas conmigo en el campamento, pues no he hallado en ti nada malo, desde el día en que viniste a mi lado hasta el presente. Pero, no eres grato a los ojos de los príncipes.

7Vuélvete, pues, y ve en paz. Así no causarás mala impresión a los príncipes de los filisteos».

8David respondió: «¿Qué he hecho o qué has encontrado en tu siervo, desde el día que me presenté a ti hasta hoy, para que no pueda ir y combatir contra los enemigos de mi señor el rey?».

9Aquís respondió: «Sé que eres grato a mis ojos como un ángel de Dios, solo que los príncipes de los filisteos han dicho: “No suba con nosotros al combate”.

10Ahora pues, levántate por la mañana temprano con los servidores de tu señor que han venido contigo. Levantaos, sí, temprano y marchaos al clarear el día».

11David madrugó con sus hombres para partir de mañana y regresar a la tierra de los filisteos. Los filisteos subieron, a su vez, a Yezrael.

1 Samuel 30

1Cuando David y sus hombres llegaron a Sicelag, al tercer día, los amalecitas habían hecho una incursión por el Negueb y contra Sicelag. La habían asaltado y prendido fuego.

2Habían capturado a sus mujeres y lo que en ella había de grandes a pequeños, pero sin matar a ninguno. Se los habían llevado y habían desaparecido.

3David y sus hombres llegaron a la ciudad y vieron que había sido incendiada y que sus mujeres, sus hijos e hijas habían sido hechos prisioneros.

4Gritaron y rompieron a llorar, hasta que no les quedó fuerza para más.

5Las dos esposas de David, Ajinoán la yezraelita, y Abigail, la mujer de Nabal, el de Carmel, también habían sido capturadas.

6David se encontró en un grave aprieto, pues la gente habló de apedrearlo. Todo el pueblo estaba lleno de amargura por su hijo o por su hija. David buscó, entonces, fuerza en el Señor, su Dios.

7Y dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: «Acércame el efod». Abiatar acercó el efod.

8David consultó al Señor: «¿Persigo a esa banda? ¿Le daré alcance?». Le respondió: «Persíguelos, pues ciertamente les darás alcance y lograrás librarlos».

9David marchó con seiscientos hombres y llegaron al torrente Besor, donde algunos se quedaron.

10Prosiguió con cuatrocientos hombres, quedando sin atravesar el torrente Besor doscientos hombres, que estaban rendidos.

11Encontraron en el campo a un egipcio y lo condujeron hasta la presencia de David. Le dieron pan para que comiera y agua de beber,

12además de un trozo de torta de higos y dos racimos de pasas. Comió y se reanimó, porque no había probado bocado ni bebido agua los últimos tres días y tres noches.

13David le preguntó: «¿Quién eres y de dónde vienes?». El joven egipcio respondió: «Soy siervo de un amalecita, pero mi señor me abandonó, cuando caí enfermo hace tres días.

14Nosotros habíamos hecho una incursión contra el Negueb queretí, contra el de Judá y contra el Negueb de Caleb, y prendimos fuego a Sicelag».

15David le dijo: «¿Quieres guiarme hasta esa banda?». Respondió: «Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás en mano de mi señor, y te guiaré hasta esa banda».

16Le guió y vieron que estaban esparcidos por todo el campo, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta por el enorme botín que habían capturado en la tierra de los filisteos y en la tierra de Judá.

17David los batió, desde el alba a la tarde del día siguiente. Y no escapó ni uno, excepto cuatrocientos jóvenes que montaron en sus camellos y salieron huyendo.

18David rescató cuanto se habían llevado los amalecitas, incluidas sus dos esposas.

19Nada les faltó, ni pequeño ni grande, ni hijo alguno o hija, ni nada del botín que se habían llevado. David lo recuperó todo.

20Se apoderó tanto del ganado menor como del ganado mayor. Y lo condujeron delante de él, diciendo: «Este es el botín de David».

21Al llegar donde estaban los doscientos hombres que, exhaustos de seguirle, había apostado en el torrente Besor, estos salieron al encuentro de David y del pueblo que venía con él. David se acercó a la gente y les preguntó si estaban bien.

22Entonces algunos perversos y desalmados de los hombres que habían ido con él tomaron la palabra: «Puesto que no han venido con nosotros, no les daremos parte del botín que hemos recuperado, sino solo su mujer y sus hijos. Que los cojan y se vayan».

23David replicó: «Hermanos míos, no obréis así con lo que nos ha dado el Señor, que nos ha protegido y ha entregado en nuestras manos esa banda que vino contra nosotros.

24No se hable más de este asunto, pues será igual la parte del que baja al combate que la del que se queda con la impedimenta. Ambos repartirán por igual».

25Y de aquel día en adelante dejó establecida esta norma y costumbre en Israel, hasta hoy.

26David volvió a Sicelag y envió parte del botín a los ancianos de Judá y a sus amigos, diciendo: «Ahí tenéis una bendición para vosotros del botín de los enemigos del Señor».

27A los de Betel y a los de Ramot del Negueb, a los de Yatir

28y a los de Aroer, a los de Sifemot y a los de Estemó,

29a los de Racal y a los de las ciudades yerajmelitas, a los de las ciudades quenitas

30y a los de Jormá, a los de Bor Asán y a los de Atac,

31a los de Hebrón, y a todos los lugares por donde había pasado David con sus hombres.

1 Samuel 31

1Los filisteos entablaron combate contra Israel. Los israelitas huyeron ante ellos y muchos cayeron muertos en el monte Gelboé.

2Los filisteos acosaron a Saúl y a sus hijos y dieron muerte a Jonatán, a Abinadab y a Malqui Sua, hijos de Saúl.

3El peso del combate cayó sobre Saúl; los arqueros dieron con él y quedó aterrorizado ante ellos.

4Saúl dijo a su escudero: «Desenvaina la espada y atraviésame con ella, no sea que vengan esos incircuncisos y hagan escarnio de mí». Pero su escudero no accedió, por el gran miedo que tenía. Entonces Saúl cogió la espada y se echó sobre ella.

5Cuando el escudero vio que había muerto, se echó a su vez sobre la espada y murió con él.

6Aquel día murieron juntos Saúl, sus tres hijos, su escudero y toda su gente.

7Cuando las gentes de Israel del otro lado del valle y de allende el Jordán vieron que los israelitas habían huido y que Saúl y sus hijos habían muerto, huyeron también, abandonando las ciudades. Los filisteos vinieron luego a asentarse en ellas.

8Al día siguiente los filisteos fueron a despojar los cadáveres. Y encontraron a Saúl y a sus tres hijos, caídos en el monte Gelboé.

9Le cortaron la cabeza y le despojaron de sus armas, que enviaron por el contorno del país filisteo para dar la buena noticia a los templos de sus ídolos y al pueblo.

10Luego depositaron las armas en el templo de las astartés y colgaron su cuerpo de la muralla de Bet Seán.

11Cuando los habitantes de Yabés de Galaad se enteraron de lo que habían hecho los filisteos con Saúl,

12los más aguerridos se pusieron en camino durante toda la noche y retiraron de la muralla de Bet Seán los cuerpos de Saúl y de sus hijos. Llegados a Yabés, los quemaron allí.

13Recogieron sus huesos, los enterraron bajo el tamarisco de Yabés y ayunaron siete días.

1 Corintios 1

1Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes nuestro hermano,

2a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:

3a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

4Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús;

5pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia;

6porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo,

7de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

8Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.

9Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

10Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

11Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros.

12Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

13¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

14Doy gracias a Dios porque no he bautizado a ninguno de vosotros, salvo a Crispo y a Gayo,

15de modo que nadie puede decir que ha sido bautizado en mi nombre.

16Bueno, también bauticé a la casa de Estéfanas; por lo demás, no sé si he bautizado a algún otro.

17Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

18Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.

19Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.

20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?

21Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.

22Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría;

23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles;

24pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

25Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

26Y si no, fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas;

27sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

28Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta,

29de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

30A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

31Y así —como está escrito—: el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.