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Lectura 87 de 365

1 Samuel 23-25 · Romanos 15

Letra: Normal

1 Samuel 23

1A David le llegó este aviso: los filisteos están atacando Queilá y saqueando las eras.

2David consultó entonces al Señor: «¿Puedo ir a derrotar a esos filisteos?». El Señor le respondió: «Ve, derrotarás a los filisteos y salvarás a Queilá».

3Las gentes de David le dijeron: «Nosotros estamos asustados aquí en Judá. Cuánto más si vamos a Queilá, contra los escuadrones filisteos».

4David volvió a consultar al Señor. El Señor le respondió: «Levántate, baja a Queilá, que yo voy a entregar a los filisteos en tu mano».

5David marchó con sus hombres a Queilá. Combatió a los filisteos, se llevó su ganado, les infligió una gran derrota y salvó a los habitantes de Queilá.

6Cuando Abiatar, hijo de Ajimélec, huyó al lado de David a Queilá, llevó consigo el efod.

7Informaron a Saúl de que David había entrado en Queilá y comentó: «Dios lo pone en mi mano, pues se ha encerrado en una ciudad con puertas y cerrojo».

8Convocó entonces a todo el ejército a la guerra, para bajar a Queilá y cercar a David y a sus hombres.

9David supo que Saúl tramaba su ruina y ordenó al sacerdote Abiatar: «Acerca el efod».

10David dijo: «Señor, Dios de Israel, tu siervo ha oído que Saúl tiene la intención de venir contra Queilá y destruir la ciudad por mi causa.

11¿Me entregarán los notables de Queilá en manos de Saúl? ¿Bajará Saúl, como ha oído tu siervo? Señor, Dios de Israel, manifiéstaselo, por favor, a tu siervo». «Bajará», respondió el Señor.

12David repitió: «¿Me entregarán los notables de Queilá junto con mis hombres en mano de Saúl?». El Señor respondió: «Os entregarán».

13David y su gente, unos seiscientos, salieron de Queilá y anduvieron errantes. Se enteró Saúl de que David había escapado de Queilá, y abandonó la expedición.

14David se instaló en los riscos del desierto, en las montañas del desierto de Zif. Saúl le buscó todo el tiempo, pero Dios no lo entregó en su mano.

15Vio David que Saúl había salido en busca de su vida, cuando estaba en el desierto de Zif, en Jores.

16Entonces Jonatán, hijo de Saúl, se puso en camino para ver a David en Jores y le animó en nombre de Dios,

17diciéndole: «No temas, no te alcanzará la mano de mi padre Saúl. Tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre lo entiende así».

18Los dos hicieron un pacto en presencia del Señor. David se quedó en Jores y Jonatán volvió a su casa.

19Los de Zif subieron a ver a Saúl en Guibeá con esta información: «David está escondido entre nosotros, en los riscos en Jores, en el collado de Jaquilá, al sur de la estepa.

20Ahora, pues, si el rey desea bajar, baje. Es cosa nuestra entregárselo al rey».

21Saúl contestó: «Benditos seáis del Señor, porque os habéis compadecido de mí.

22Andad, seguid preparando todo, reconoced y ved los lugares por donde anda. Quienes lo han visto por allí, me han asegurado que es muy astuto.

23Observad y mirad todos los escondrijos donde se oculta. Volved a verme con algo seguro e iré con vosotros. Y si se encuentra en el país, lo buscaré por todos los clanes de Judá».

24Se pusieron en camino hacia Zif, delante de Saúl. David estaba en el desierto de Maón, en la llanura que hay al sur de la estepa.

25Saúl y sus hombres fueron en su búsqueda. Pero avisaron a David, que bajó a la peña y se estableció en el desierto de Maón. Lo oyó Saúl y salió en su persecución por el desierto de Maón.

26Saúl iba por un lado de la montaña y David y sus hombres por el otro. David huía a toda prisa, mientras Saúl y los suyos lo tenían acorralado para apoderarse de él y sus hombres;

27entonces llegaron unos mensajeros adonde estaba Saúl, diciendo: «Vuelve urgentemente, pues los filisteos han hecho una incursión en el país».

28Saúl dejó de perseguir a David y marchó al encuentro de los filisteos. Por lo que aquel lugar se llamó: la peña de las separaciones.

1 Samuel 24

1David subió de allí y se estableció en los riscos de Engadí.

2Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le informaron: «David se encuentra en el desierto de Engadí».

3Entonces tomó tres mil hombres escogidos de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín.

4Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva.

5Los hombres de David le dijeron: «Este es el día del que te dijo el Señor: “Yo entregaré a tus enemigos en tu mano”. Haz con él lo que te parezca mejor». David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl.

6Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl.

7Y dijo a sus hombres: «El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».

8David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió de la cueva y siguió su camino.

9A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Oh rey, mi señor!». Saúl miró hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.

10Y dijo a Saúl: «¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: “David busca tu desgracia”?

11Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”.

12Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela.

13Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti.

14Como dice el antiguo proverbio: “De los malos sale maldad”. Pero en mí no hay maldad.

15¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una simple pulga.

16El Señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano».

17Cuando David acabó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo: «¿Es esta tu voz, David, hijo mío?». Saúl levantó la voz llorando.

18Y siguió diciendo: «Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal.

19Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado.

20¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho.

21Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel.

22Júrame por el Señor que no harás desaparecer mi descendencia después de mí ni borrarás mi nombre de mi familia».

23David se lo juró. Saúl volvió a su casa, y David y sus hombres subieron al refugio.

1 Samuel 25

1Samuel murió. Todo Israel se reunió, hicieron duelo por él y lo enterraron en su casa de Ramá. David se levantó y bajó al desierto de Farán.

2Había un hombre de Maón, que tenía su hacienda en Carmel. Era muy rico, dueño de tres mil ovejas y mil cabras, y se encontraba entonces en la época del esquileo de las ovejas en Carmel.

3El hombre se llamaba Nabal y su mujer Abigail. Esta era de buen juicio y de hermosa presencia, mientras que él era áspero y de malas maneras. Era un calebita.

4David se enteró en el desierto de que Nabal estaba esquilando su rebaño

5y envió diez criados con este encargo: «Subid a Carmel, id a ver a Nabal y saludadlo en mi nombre.

6Y decidle: “La paz contigo, paz a tu casa y paz a cuanto posees.

7He oído que estás de esquileo. Ahora bien, cuando tus pastores estuvieron con nosotros, no les molestamos ni echaron de menos nada todo el tiempo que estuvieron en Carmel.

8Pregunta a tus criados y lo confirmarán. Encuentren estos criados gracia a tus ojos, pues hemos llegado en un buen día. Da lo que tengas a mano a tus servidores y a tu hijo David”».

9Los criados de David fueron a transmitir a Nabal este mensaje en nombre de David. Y se quedaron aguardando.

10Pero Nabal les respondió: «¿Quién es David? ¿Y quién el hijo de Jesé? Hoy hay muchos esclavos fugados de la presencia de su amo.

11¿Voy a coger mi pan, mi agua y las reses que he matado para mis esquiladores, y se las voy a dar a hombres que no sé de dónde vienen?».

12Los criados de David dieron la vuelta y regresaron. Al llegar, le refirieron esta contestación.

13David ordenó entonces a sus hombres: «Ceñíos cada uno su espada». Y se la ciñeron. También David se ciñó la suya. Subieron tras él unos cuatrocientos hombres, mientras doscientos permanecían guardando el bagaje.

14Uno de los criados informó a Abigail, la esposa de Nabal: «David ha enviado unos mensajeros desde el desierto para saludar a nuestro amo, pero él los ha tratado desconsideradamente.

15Esos hombres se han portado muy bien con nosotros. No nos molestaron, ni echamos de menos nada mientras anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo.

16Fueron muralla para nosotros, día y noche, el tiempo que estuvimos con ellos pastoreando el rebaño.

17Considera, ahora, y mira lo que tienes que hacer, pues está decidida la ruina de nuestro señor y de su casa. Es una persona intratable para hablar con él».

18Abigail cogió apresuradamente doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas adobadas, setenta y cinco kilos de grano tostado, cien racimos de pasas, doscientas tortas de higos, y las cargó sobre los asnos.

19Y dijo a sus criados: «Id delante de mí, que yo os seguiré». Pero a su esposo Nabal no le dijo nada.

20Ella iba montada sobre un asno y bajaba por lo escondido de la montaña, mientras David y sus hombres bajaban en dirección contraria. Y se encontró con ellos.

21David había comentado: «En vano he guardado todo lo de ese hombre en el desierto, sin que nada le faltara, pues me ha devuelto mal por bien.

22Que Dios castigue a los enemigos de David, si esta mañana dejo en pie algo de todo lo que tiene, incluyendo a todos los varones».

23Cuando Abigail divisó a David, bajó apresuradamente del asno y cayó rostro en tierra ante él, postrándose.

24Se echó a sus pies y le dijo: «Señor mío, sea mía la culpa. Deja que tu sierva te hable y escucha sus palabras.

25Mi señor no tome en cuenta a ese hombre insensato, a Nabal, que realmente es como su nombre. Nabal es su nombre y la villanía va con él. Yo, sierva tuya, no vi a los criados que mi señor envió.

26Ahora, señor mío, por vida del Señor y por tu propia vida, que el Señor te impida derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Que todos tus enemigos y los que traman daño contra mi señor sean desde ahora como Nabal.

27Ahora, entrega a los servidores que siguen a mi señor este obsequio que te trajo tu sierva.

28Perdona la falta de tu sierva y, ya que el Señor hará estable ciertamente la casa de mi señor, pues mi señor combate las batallas del Señor, no haya en ti mancha alguna en toda tu vida.

29Y aunque alguien te está persiguiendo y busca tu vida, la vida de mi señor está guardada en la bolsa de la vida junto al Señor, tu Dios, mientras que zarandeará la vida de tus enemigos como piedra puesta en la honda.

30Y cuando el Señor haga a mi señor todo el bien que le tiene prometido y te haya hecho jefe de Israel,

31mi señor no tendrá motivo de turbación ni remordimiento de corazón por haber derramado sangre sin motivo, para aparecer como vencedor. Que el Señor favorezca a mi señor y entonces, acuérdate de tu sierva».

32David contestó a Abigail: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro.

33Y bendita tu prudencia y bendita tú, que me has librado hoy de derramar sangre para quedar como vencedor.

34Pero, vive el Señor, Dios de Israel, que me ha librado de hacerte mal, que si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, al rayar el alba no le habría quedado a Nabal ni un solo varón».

35David tomó de su mano lo que le había traído y le dijo: «Sube en paz a tu casa. Ya ves que te he escuchado y he aceptado tu petición».

36Cuando Abigail llegó junto a Nabal, este celebraba un banquete de rey en su casa. Nabal estaba de buen humor, ebrio del todo. Ella no le contó nada, ni poco ni mucho, hasta la luz del alba.

37A la mañana siguiente, cuando se le disiparon los efectos del vino a Nabal, su mujer le contó todo lo sucedido. Su corazón se le paró en el pecho y se quedó de piedra.

38Transcurridos diez días, el Señor hirió a Nabal y murió.

39David exclamó al saber que había muerto Nabal: «Bendito sea el Señor, que me ha vengado de Nabal y ha librado a su siervo de una mala acción. Él ha hecho caer sobre su cabeza la maldad de Nabal». David envió a decir a Abigail que quería tomarla como esposa.

40Los servidores de David llegaron a casa de Abigail en Carmel y le dijeron: «David nos envía a decirte que quiere tomarte como su esposa».

41Se levantó, se postró rostro a tierra y dijo: «He aquí a tu sierva, esclava para lavar los pies de los servidores de mi señor».

42Luego se levantó aprisa y montó sobre el asno, con cinco siervas siguiendo sus pasos. Marchó tras los mensajeros de David y se convirtió en su esposa.

43David había tomado antes como esposa a Ajinoán de Yezrael. Las dos fueron sus mujeres.

44Saúl había entregado a Mical, esposa de David, a Paltí, hijo de Lais, de Galín.

Romanos 15

1Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los endebles y no buscar la satisfacción propia.

2Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya.

3Tampoco Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí.

4Pues, todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.

5Que el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener entre vosotros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús;

6de este modo, unánimes, a una voz, glorificaréis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

7Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.

8Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas

9y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre.

10Y en otro lugar: Regocijaos, gentiles, junto con su pueblo.

11Y además: Alabad al Señor todos los gentiles, proclamadlo todos los pueblos.

12E Isaías vuelve a decir: Aparecerá el retoño de Jesé y el que se levanta para dominar a los gentiles; en él esperarán los gentiles.

13Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

14Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros.

15Pese a todo, os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos. Lo he hecho en virtud de la gracia que Dios me ha otorgado:

16ser ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el oficio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable.

17Así pues, tengo de qué gloriarme en Cristo y en relación con las cosas que tocan a Dios.

18En efecto, no me atreveré a hablar de otra cosa que no sea lo que Cristo hace a través de mí en orden a la obediencia de los gentiles, con mis palabras y acciones,

19con la fuerza de signos y prodigios, con la fuerza del Espíritu de Dios. Tanto que, en todas direcciones, partiendo de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, he completado el anuncio del Evangelio de Cristo.

20Pero considerando una cuestión de honor no anunciar el Evangelio más que allí donde no se haya pronunciado aún el nombre de Cristo, para no construir sobre cimiento ajeno;

21sino como está escrito: Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído comprenderán.

22Por esta razón me he visto impedido muchas veces de ir hasta vosotros.

23Mas ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones y teniendo desde hace muchos años grandes deseos de ir adonde vosotros,

24cuando me ponga en camino hacia España, espero veros al pasar y, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía, que vosotros me encaminéis hacia allá.

25Pero ahora voy a Jerusalén, para el servicio de los santos,

26pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén.

27Tuvieron el gusto y además estaban obligados a ello; pues si los gentiles han compartido los bienes espirituales de los santos, ellos por su parte deben prestarles ayuda en lo material.

28Así pues, cuando haya concluido este asunto, sellándolo con la entrega del fruto de la colecta, pasaré entre vosotros de camino hacia España.

29Y sé que, cuando vaya a vosotros, lo haré con todas las bendiciones de Cristo.

30Ahora bien, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, os ruego, hermanos, que luchéis conmigo rezando a Dios por mí,

31para que me libre de los incrédulos en Judea y para que el servicio que llevo para Jerusalén sea bien acogido por los santos,

32de modo que vaya a vosotros con alegría y, si Dios lo quiere, pueda disfrutar de algún descanso en compañía vuestra.

33Y que el Dios de la paz sea con todos vosotros. Amén.