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Lectura 86 de 365

1 Samuel 20-22 · Romanos 14

Letra: Normal

1 Samuel 20

1David huyó de Nayot de Ramá, y fue a decirle a Jonatán: «¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi crimen y mi pecado contra tu padre, para que busque matarme?».

2Jonatán le respondió: «De ninguna manera. No morirás. Mi padre no hace cosa grande o pequeña sin dármela a conocer. ¿Por qué habría de ocultarme este asunto? Nada de eso».

3David juró de nuevo: «Tu padre sabe bien que he hallado gracia a tus ojos y se habrá dicho: “Que no sepa esto Jonatán, para que no se apene”. Pero juro, por la vida del Señor y por tu vida, que estoy a un paso de la muerte».

4Jonatán le dijo a David: «¿Qué quieres que haga por ti?».

5David le contestó: «Mañana es novilunio y yo habría de sentarme con tu padre a comer. Déjame partir y me ocultaré en el campo hasta pasado mañana por la tarde.

6Si tu padre me echa de menos, le dirás: “David me rogó encarecidamente hacer una escapada a su ciudad de Belén, porque celebran allí el sacrificio anual de toda la familia”.

7Si responde: “Está bien”, entonces tu siervo estará seguro. Pero si se encoleriza, sábete que está decidido el mal por su parte.

8Actúa lealmente con tu siervo, porque le has hecho entrar contigo en una alianza ante el Señor. Si hay en mí alguna falta, mátame tú mismo. ¿Para qué llevarme hasta tu padre?».

9Jonatán respondió: «Lejos de ti tal cosa. Si llegara a saber que está decidido por parte de mi padre traer esta desgracia sobre ti, ¿no iba a avisarte?».

10David le preguntó: «¿Quién me avisará, si tu padre responde con dureza?».

11Jonatán le respondió: «Ven, salgamos al campo». Y los dos salieron al campo.

12Jonatán le dijo a David: «Por el Señor, Dios de Israel, mañana a esta hora sondearé a mi padre por tercera vez. Si está bien dispuesto respecto a ti y no te mando recado ni te lo hago saber,

13que el Señor me castigue. Si mi padre se complace en hacerte mal, te lo haré saber y te dejaré partir para que vayas en paz. Y que el Señor esté contigo como estuvo con mi padre.

14Ojalá que mientras viva obres conmigo según la fidelidad que exige el Señor. Y si muero,

15no retires jamás tu fidelidad hacia mi casa, ni siquiera cuando el Señor haga desaparecer de la faz de la tierra a todos y cada uno de los enemigos de David».

16Jonatán hizo alianza con la casa de David y el Señor pidió cuentas a los enemigos de David.

17Jonatán volvió a obligar a David que le jurara por el amor que le tenía, porque le amaba como a sí mismo.

18Le dijo: «Mañana es novilunio y, cuando se te eche de menos en tu asiento, te buscarán.

19Pasado mañana baja deprisa y ve al lugar donde estuviste escondido el día de aquel suceso. Quédate junto a la piedra Azel.

20Yo dispararé tres flechas cerca de ella, como tirando al blanco.

21Y mandaré al criado: “Ve y recoge las flechas”. Si le digo: “Las flechas están más acá de ti, cógelas”, ven, porque estás a salvo y no pasa nada, por vida del Señor.

22Pero si dijere al criado: “Las flechas están más allá de ti”, vete, pues el Señor te ordena partir.

23En cuanto al asunto que hemos tratado, el Señor estará para siempre entre los dos».

24David se ocultó en el campo. Cuando llegó el novilunio, el rey se sentó en la presidencia del banquete para comer.

25Ocupó su asiento, como otras veces, junto a la pared. Jonatán se quedó en pie, mientras Abner se sentó al lado de Saúl y quedó vacío el puesto de David.

26Aquel día el rey no dijo nada, pensando: «Será una casualidad. Quizá no se encuentre dispuesto, por no haberse purificado».

27Al día siguiente del novilunio, al segundo día, el puesto de David seguía vacío y Saúl preguntó a Jonatán: «Hijo mío, ¿por qué no ha venido el hijo de Jesé al banquete ni ayer ni hoy?».

28Jonatán le respondió: «David me rogó encarecidamente que lo dejara ir a Belén,

29diciéndome: “Déjame ir al sacrificio de nuestra familia en la ciudad. Mi hermano me lo ha encargado. Ahora, si he hallado gracia a tus ojos, deja que haga una escapada para ver a mis hermanos”. Por eso no ha venido a la mesa del rey».

30Saúl se encolerizó contra Jonatán y le dijo: «¡Hijo de una mala madre! Bien sabía yo que sientes predilección por el hijo de Jesé, para vergüenza tuya y de la indecorosa de tu madre.

31En tanto que viva el hijo de Jesé sobre la tierra, no estarás seguro ni tú ni tu realeza. Manda pues, cogerle, porque es reo de muerte».

32Jonatán le replicó: «¿Por qué va a morir? ¿Qué ha hecho?».

33Entonces Saúl le arrojó la lanza para matarlo. Y Jonatán comprendió que su padre estaba decidido a matar a David.

34Se levantó de la mesa enfurecido y no probó bocado el segundo día del novilunio. Estaba realmente apenado por David, porque su padre lo había ofendido.

35A la mañana siguiente salió Jonatán al campo con un criado joven, para encontrarse con David.

36Y ordenó al criado: «Corre a buscar las flechas que dispare». El criado echó a correr, pero él disparó las flechas más allá de su alcance.

37Cuando llegó el criado al lugar de las flechas que había lanzado, Jonatán gritó tras él: «Las flechas están más allá de ti».

38Le dijo a gritos: «Apresúrate, rápido, no te entretengas». El criado de Jonatán recogió las flechas y se las llevó a su amo.

39Él nada sabía. Solo Jonatán y David estaban enterados del asunto.

40Jonatán entregó sus armas al criado a su servicio y le dijo: «Ve, llévalas a la ciudad».

41Cuando se fue el criado, David se levantó del lado sur, cayó rostro a tierra y se postró tres veces. Jonatán y David se fundieron en un abrazo, llorando uno con otro, hasta que David cobró ánimo.

42Jonatán le dijo: «Vete en paz, es lo que nosotros dos hemos jurado en nombre del Señor, diciendo: el Señor esté entre nosotros, entre tu descendencia y la mía para siempre».

1 Samuel 21

1David emprendió el camino, mientras Jonatán entraba en la ciudad.

2David llegó a Nob, donde se encontraba el sacerdote Ajimélec. Este salió con miedo a su encuentro, y le preguntó: «¿Cómo vienes solo y sin compañía?».

3David le respondió: «El rey me ha dado órdenes, diciéndome: “Nadie sepa nada del asunto al que te envío y de lo que te he ordenado”. A los criados, los he citado en tal lugar.

4Y bien, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes o lo que haya».

5El sacerdote le dijo: «No tengo a mano pan común, sino pan consagrado; bastaría con que los criados se hayan guardado al menos de mujer».

6David le respondió: «Ciertamente. Siempre que salgo a luchar, nos abstenemos de mujeres y los criados se mantienen puros. Aunque es un viaje profano, hoy están puros sus cuerpos».

7El sacerdote le entregó el pan consagrado, pues no había otro pan que el de la proposición, que se retira de la presencia del Señor para poner pan reciente ese día.

8Aquel día se encontraba allí uno de los servidores de Saúl, detenido ante el Señor. Se llamaba Doeg, edomita, jefe de los pastores de Saúl.

9David preguntó a Ajimélec: «No hay por aquí a mano una lanza o una espada? Pues ni siquiera cogí la espada ni las armas, por tratarse de un asunto urgente del rey».

10El sacerdote respondió: «Ahí está la espada de Goliat, el filisteo, al que mataste en el valle del Terebinto, envuelta en un paño, detrás del efod. Si la quieres, cógela, ya que aquí no hay más que esa». David dijo: «No hay otra mejor. Dámela».

11David emprendió aquel día la huida lejos de la presencia de Saúl y llegó adonde estaba Aquís, rey de Gat.

12Los servidores de Aquís le dijeron: «¡Oh rey del país! ¿No es este David, de quien se cantaba en los corros:“Saúl mató a mil, David a diez mil”?».

13David se dio cuenta del comentario y sintió mucho miedo de Aquís, rey de Gat.

14Entonces fingió ante él tener perturbada la razón. Tambaleándose ante ellos, hacía signos en las hojas del portón, dejando caer la baba sobre la barba.

15Aquís dijo a sus servidores: «¿No veis que es un hombre que está loco? ¿Por qué me lo habéis traído?

16¿Necesito yo locos, para que me hayáis traído a este a hacer locuras delante a mí? ¿Pensáis que va a entrar a mi servicio?».

1 Samuel 22

1David marchó de allí y se puso a salvo en la cueva de Adulán. Cuando se enteraron sus hermanos y toda la casa de su padre, bajaron adonde estaba.

2Se le unieron las gentes en apuros, con deudas o de ánimo desesperado, y él se convirtió en su jefe. Unos cuatrocientos estaban con él.

3David marchó de allí a Mispá de Moab y dijo al rey de Moab: «Permite a mis padres vivir entre vosotros, hasta que sepa lo que el Señor va a hacer de mí».

4Los llevó a la presencia del rey de Moab y vivieron allí todo el tiempo que David permaneció en el refugio.

5El profeta Gat dijo a David: «No sigas en el refugio. Ve y adéntrate en la tierra de Judá». David partió hasta llegar al bosque de Járet.

6Saúl se encontraba en Guibeá, sentado bajo el tamarisco que hay en el altozano, con la lanza en mano, rodeado de sus servidores, cuando se enteró de que habían sido vistos David y los hombres que estaban con él.

7Saúl les dijo: «Escuchadme, benjaminitas, ¿es que el hijo de Jesé os va a dar también a todos vosotros campos y viñedos, y os va a nombrar jefes de mil o jefes de cien,

8para que os hayáis confabulado contra mí? Nadie me ha descubierto la alianza de mi hijo con el hijo de Jesé. Ninguno de vosotros se ha compadecido de mí ni me ha advertido que mi hijo sublevaba a mi siervo contra mí, tendiéndome emboscadas, como está pasando ahora».

9Doeg, el edomita, que se encontraba entre los servidores de Saúl, tomó la palabra: «Vi llegar al hijo de Jesé a Nob, donde estaba el sacerdote Ajimélec, hijo de Ajitob.

10Consultó al Señor por él, le suministró víveres y le entregó la espada de Goliat, el filisteo».

11El rey mandó llamar al sacerdote Ajimélec, hijo de Ajitob, y a toda su familia, los sacerdotes de Nob. Todos ellos llegaron ante el rey.

12Saúl dijo: «Escucha, hijo de Ajitob». Este contestó: «Aquí estoy, mi señor».

13Saúl le preguntó: «¿Por qué os habéis confabulado, tú y el hijo de Jesé, contra mí? ¿Le habéis entregado pan y una espada y has consultado a Dios por él, para que se subleve contra mí y me tienda emboscadas, como está pasando ahora?».

14Ajimélec le contestó: «¿Quién entre todos tus servidores es tan fiel como David, yerno del rey, destinado a tu guardia personal y honrado en tu casa?

15¿Acaso es hoy la primera vez que he consultado a Dios por él? ¡Lejos de mí tal cosa! No impute el rey tal asunto a su siervo ni a toda su familia, pues tu siervo no sabía nada de tal asunto ni poco ni mucho».

16Pero el rey dijo: «Ajimélec, vas a morir tú con toda tu familia».

17Ordenó luego a los escoltas que le rodeaban: «Volveos y matad a los sacerdotes del Señor, porque también ellos están de parte de David y, sabiendo que huía, no me lo comunicaron». Pero los servidores del rey no quisieron extender la mano y herir a los sacerdotes del Señor.

18Entonces el rey ordenó a Doeg: «Acércate y mata a los sacerdotes». Doeg, el edomita, se acercó y mató a los sacerdotes. Aquel día mató a ochenta y cinco hombres que llevaban el efod de lino.

19Pasaron a filo de espada a Nob, la ciudad de los sacerdotes, de hombres a mujeres, y de jóvenes a niños de pecho, toros, asnos y ovejas.

20Solo se salvó uno de los hijos de Ajimélec, hijo de Ajitob, llamado Abiatar, que huyó en busca de David.

21Y le contó que Saúl había matado a los sacerdotes del Señor.

22David le dijo: «Bien sabía yo aquel día que, encontrándose allí Doeg, el edomita, le informaría de seguro a Saúl. Yo soy el que ha hecho morir a todos los de tu familia.

23Quédate conmigo, no temas. Quien trate de quitarte la vida, tratará de quitármela a mí. Junto a mí estarás a buen recaudo».

Romanos 14

1Acoged al débil en la fe, sin discutir sus razonamientos.

2Hay quienes creen poder comer de todo; otros flaquean y comen verduras.

3El que come, no desprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come, pues Dios lo ha acogido.

4¿Quién eres tú para juzgar a un criado ajeno? Que se mantenga en pie o que caiga es asunto de su amo; pero se mantendrá en pie, porque el Señor puede sostenerlo.

5Hay quien distingue unos días de otros y hay quien considera que todos son iguales; que cada cual siga sus propias convicciones.

6El que se preocupa de observar un día, se preocupa por causa del Señor; el que come, come por el Señor, pues da gracias a Dios; y el que no come, no come por el Señor y da gracias a Dios.

7Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

8Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

9Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

10Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios,

11pues está escrito: ¡Por mi vida!, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios.

12Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios.

13Dejemos, pues, de juzgarnos unos a otros; cuidad más bien de no poner tropiezo o escándalo al hermano.

14Sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, que nada es impuro por sí mismo; lo es para aquel que considera que es impuro.

15Pero si un hermano sufre por causa de un alimento, tú no actúas ya conforme al amor: no destruyas con tu alimento a alguien por quien murió Cristo.

16Por tanto, que no sea objeto de reproche lo que para vosotros es un bien.

17Porque el reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo;

18el que sirve en esto a Cristo es grato a Dios, y acepto a los hombres.

19Así, pues, procuremos lo que favorece la paz y lo que contribuye a la edificación mutua.

20No destruyas, por causa de un alimento, la obra de Dios. Todo es puro, pero es malo para quien come escandalizando.

21Es preferible no comer carne ni beber vino ni hacer nada que pueda ser ocasión de escándalo para tu hermano.

22La fe que tienes, guárdala para ti en la presencia de Dios. ¡Dichoso quien no se culpabiliza cuando decide algo!

23Pero quien come dudando, se condena, porque no actúa desde la fe. Y todo lo que no procede de la fe es pecado.