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Lectura 85 de 365

1 Samuel 17-19 · Romanos 13

Letra: Normal

1 Samuel 17

1Los filisteos reunieron sus tropas para la guerra. Se juntaron en Soco de Judá y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes Damín.

2Saúl y los hombres de Israel se reunieron, y acamparon en el valle del Terebinto. Y formaron en orden de batalla frente a los filisteos.

3Los filisteos se encontraban a un lado de la montaña e Israel al otro lado, con un valle entre ellos.

4De las huestes filisteas salió entonces un guerrero. Se llamaba Goliat, era de Gat y medía unos tres metros.

5Llevaba un yelmo de bronce en la cabeza y vestía una coraza de escamas de bronce que pesaba unos sesenta kilos.

6Llevaba grebas de bronce en las piernas y una jabalina de bronce en la espalda.

7El asta de la lanza era semejante a un enjullo de tejedor, y su punta de hierro pesaba unos seis kilos. El escudero caminaba delante de él.

8Goliat se puso en pie y gritó a los escuadrones de Israel: «¿Por qué salís en orden de batalla? ¿No soy yo un filisteo y vosotros servidores de Saúl? Escoged a uno de vosotros para bajar contra mí.

9Si puede conmigo en el combate y me mata, seremos vuestros esclavos. Pero, si yo puedo con él y lo mato, seréis nuestros esclavos y nos serviréis».

10Y añadió: «Hoy he avergonzado a los batallones de Israel con mi desafío. Dadme un hombre, para luchar cuerpo a cuerpo».

11Cuando Saúl y todo Israel oyeron las palabras del filisteo, quedaron consternados y con mucho miedo.

12David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. Ese hombre era en tiempos de Saúl un anciano, un notable entre la población.

13Los tres hijos mayores de Jesé habían seguido a Saúl a la guerra. El primogénito se llamaba Eliab, el segundo, Abinadab, y el tercero, Samá.

14David era el menor. Los tres mayores habían seguido a Saúl.

15David iba y venía de junto a Saúl para pastorear el rebaño de su padre en Belén.

16El filisteo se adelantaba mañana y tarde; y así llevaba presentándose cuarenta días.

17Jesé dijo a su hijo David: «Toma cuarenta y cinco kilos de grano tostado y estos diez panes para tus hermanos, y ve rápido al campamento donde se encuentran.

18Lleva también estos diez quesos al jefe de mil. Infórmate del estado de tus hermanos y toma su recibo.

19Saúl, ellos y todos los hijos de Israel se encuentran en el valle del Terebinto luchando contra los filisteos».

20David se levantó temprano, encomendó el rebaño al pastor, cogió la carga y se puso en camino, como le había ordenado Jesé. Llegó al cerco, cuando el ejército salía en formación, lanzando el alarido de guerra.

21Israel y los filisteos formaron, escuadrón frente a escuadrón.

22David dejó un guardián a cargo del bagaje que traía en su mano y se acercó corriendo al escuadrón. Al llegar, saludó a sus hermanos.

23Estaba hablando con ellos, cuando el retador, de nombre Goliat, de Gat, subía de los escuadrones filisteos. Pronunció aquellas palabras, de modo que David las escuchó.

24Al ver a aquel hombre, todos los israelitas huyeron de su presencia muy aterrados.

25Uno dijo: «¿Habéis visto a ese hombre que sube? Ha subido a retar a Israel. El rey colmará de riquezas a quien le mate, le dará como esposa a su hija y eximirá de impuestos a la casa de su padre en Israel».

26David preguntó a los que estaban a su lado: «¿Qué le harán a quien mate a ese filisteo y haga desaparecer tal afrenta de Israel? ¿Porque quién es ese filisteo incircunciso para insultar a los escuadrones del Dios vivo?».

27Los soldados le respondieron con las mismas palabras: «Así harán a quien lo mate».

28Su hermano mayor Eliab le oyó hablar con los soldados. Se enardeció de ira contra David y le dijo: «¿A qué has venido aquí y a quién has confiado aquel pequeño rebaño en el desierto? Conozco tu arrogancia y la malicia de tu corazón. Bajaste a ver la batalla».

29David respondió: «¿Pero qué he hecho yo ahora? Una simple pregunta».

30Y se apartó de su lado, dirigiéndose a otro. Preguntó lo mismo y los soldados le respondieron igual que antes.

31Las palabras de David tuvieron eco. Se lo comunicaron a Saúl y lo mandó llamar.

32David dijo a Saúl: «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».

33Pero Saúl respondió: «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».

34David replicó a Saúl: «Cuando tu siervo pastoreaba el rebaño de su padre, si venía el león o el oso y se llevaba una oveja del hato,

35yo corría tras él, lo golpeaba y la rescataba de sus fauces. Y si me atacaba, lo agarraba por la melena y lo mataba a golpes.

36Tu siervo ha matado osos y leones. Ese filisteo incircunciso va a ser como uno de ellos, porque ha insultado a los escuadrones del Dios vivo».

37David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo». Entonces Saúl le dijo: «Vete, y que el Señor esté contigo».

38Saúl ordenó armar a David con su propia armadura. Le puso el yelmo de bronce en la cabeza y lo revistió con la coraza.

39Después le ciñó su propia espada sobre la armadura. David intentó caminar así, pero no estaba acostumbrado. Le dijo a Saúl: «No puedo caminar así, porque no estoy acostumbrado». Y se despojó de ellos.

40Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano.

41El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero.

42Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.

43El filisteo le dijo: «¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?». Y maldijo a David por sus dioses.

44El filisteo siguió diciéndole: «Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».

45David le respondió: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado.

46El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel.

47Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».

48Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él.

49David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.

50Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.

51David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.

52Los soldados de Israel y Judá se pusieron en pie, lanzaron el alarido de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada del valle y hasta las puertas de Ecrón. Los filisteos acribillados quedaron tendidos en el camino de Saarayin hasta Gat y Ecrón.

53Los hijos de Israel regresaron de perseguir a los filisteos y saquearon su campamento.

54David cogió la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén. Las armas, las dejó en su tienda.

55Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del filisteo, preguntó a Abner, jefe del ejército: «Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?». Abner respondió: «Por tu vida, majestad, que no lo sé».

56El rey le ordenó: «Pregunta de quién es hijo ese muchacho».

57Cuando David volvió de matar al filisteo, lo tomó Abner y lo condujo ante Saúl. Traía en su mano la cabeza del filisteo.

58Saúl le preguntó: «Muchacho, ¿de quién eres hijo?». David respondió: «Soy hijo de tu siervo Jesé, el de Belén».

1 Samuel 18

1Cuando David acabó de hablar con Saúl, el ánimo de Jonatán quedó unido al de David y lo amó como a sí mismo.

2Aquel día Saúl lo tomó a su servicio, y no le permitió volver a casa de su padre.

3Jonatán hizo un pacto con David, a quien amaba como a sí mismo.

4Se despojó del manto que llevaba y se lo dio a David, lo mismo que sus vestiduras y hasta su espada, su arco y su cinturón.

5Cuando David salía en expedición adonde quiera que le enviaba Saúl, tenía éxito, y Saúl le puso al frente de los soldados. Cayó bien a todo el pueblo y también a los servidores de Saúl.

6A su regreso, cuando David volvía de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando con tambores, gritos de alborozo y címbalos.

7Las mujeres cantaban y repetían al bailar:«Saúl mató a mil, David a diez mil».

8A Saúl lo enojó mucho aquella copla y le pareció mal, pues pensaba: «Han asignado diez mil a David y mil a mí. No le falta más que la realeza».

9Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David.

10Al día siguiente vino sobre Saúl un mal espíritu de Dios y se puso frenético en palacio. Entretanto, David tocaba su instrumento como de costumbre. Saúl, que tenía en mano una lanza,

11la arrojó, pensando: «Clavaré a David contra la pared». Pero David lo esquivó por dos veces.

12Saúl cogió miedo a David, al ver que el Señor estaba con David y se había apartado de él.

13Lo alejó de su lado, nombrándolo jefe de mil. David salía a las campañas y volvía de ellas al frente del ejército.

14Y tenía éxito en todas sus expediciones, porque el Señor estaba con él.

15Al ver Saúl que David tenía mucho éxito, llegó a tenerle miedo.

16En cambio, todo Israel y Judá amaba a David, que salía y volvía de las campañas al frente de ellos.

17Saúl dijo a David: «Ahí tienes a mi hija mayor, Merab. Tómala como esposa, a condición de que te portes como un valiente a mi servicio, peleando las guerras del Señor». Saúl pensaba: «No será mi mano la que se alce contra él, sino la mano de los filisteos».

18David le respondió: «¿Quién soy yo y quién mi parentela, la familia de mi padre en Israel, para llegar a ser yerno del rey?».

19Ahora bien, llegado el momento de entregarle a Merab, hija de Saúl, esta le fue dada como esposa a Adriel, el mejolatita.

20Pero Mical, hija de Saúl, amaba a David. Y cuando se lo dijeron a Saúl, el asunto le pareció bien.

21Saúl pensaba: «Se la entregaré para que le resulte una trampa y caiga sobre él la mano de los filisteos». Saúl le propuso dos veces a David: «Hoy puedes ser mi yerno».

22Luego ordenó a sus servidores: «Decid a David en secreto: “El rey te aprecia y todos sus servidores te estiman. Hazte ahora yerno del rey”».

23Los servidores de Saúl pronunciaron estas palabras a oídos de David. Él respondió: «¿Os parece cosa fácil ser yerno del rey? Yo soy un hombre sencillo y pobre».

24Los servidores de Saúl le informaron: «David ha hablado en estos términos».

25Saúl replicó: «Decid a David: “Al rey no le interesa la dote, sino cien prepucios de filisteos, para vengarse de sus enemigos”». Saúl pensaba que David caería a manos de los filisteos.

26Sus servidores repitieron a David estas palabras y la propuesta le pareció bien, para llegar a ser yerno del rey. No se había cumplido el plazo,

27cuando David se puso en camino con sus hombres, mató doscientos de entre los filisteos y llevó al rey el número completo de prepucios para ser su yerno. Entonces Saúl le entregó por esposa a su hija Mical.

28Saúl se dio perfecta cuenta de que el Señor estaba con David y de que su hija Mical lo amaba.

29Creció aún más el miedo que tenía a David y fue su enemigo de por vida.

30Los príncipes de los filisteos seguían hostigando, pero en cada una de sus salidas David tenía más éxito que todos los servidores de Saúl y su nombre se hizo famoso

1 Samuel 19

1Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David. Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David.

2Y le advirtió: «Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto.

3Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti, veré lo que hay y te lo comunicaré».

4Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo: «No haga daño el rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacia ti.

5Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?».

6Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró: «Por vida del Señor, no morirá».

7Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación. Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.

8La guerra se reanudó. David salió a luchar contra los filisteos y les infligió una gran derrota; los filisteos huyeron ante él.

9Un mal espíritu del Señor vino sobre Saúl, cuando estaba sentado en su casa con la lanza en mano, mientras David tañía.

10Saúl intentó clavar a David en la pared con la lanza. Pero él esquivó a Saúl, que clavó la lanza en la pared. David huyó, poniéndose a salvo aquella noche.

11Saúl mandó emisarios a casa de David, para que lo vigilaran y lo mataran al amanecer. Pero su mujer Mical le avisó: «Si no pones a salvo tu vida esta noche, mañana habrás muerto».

12Mical lo descolgó por una ventana y David emprendió la huida, para ponerse a salvo.

13Mical cogió luego los terafim y los colocó sobre la cama, colocando una estera de pelos de cabra a la cabecera y tapándolo todo con un cobertor.

14Cuando Saúl mandó emisarios a prender a David, ella les dijo: «Está enfermo».

15Saúl envió de nuevo emisarios a visitar a David, y les ordenó: «Traédmelo en la cama, para matarlo».

16Al llegar los emisarios, encontraron los terafim sobre la cama y la estera de pelos de cabra a la cabecera.

17Saúl recriminó a Mical: «¿Por qué me has engañado y has dejado a mi enemigo ponerse a salvo?». Mical respondió: «Él me amenazó: “Déjame marchar o te mato”».

18David huyó y se puso a salvo. Llegó a casa de Samuel en Ramá y le contó todo cuanto le había hecho Saúl. Y marchó con Samuel a habitar en Nayot.

19Cuando avisaron a Saúl de que David se encontraba en Nayot de Ramá,

20mandó emisarios a prenderlo. Divisaron al grupo de profetas en trance de profetizar y a Samuel a la cabeza; el espíritu de Dios vino sobre ellos y se pusieron igualmente a profetizar.

21Se lo comunicaron a Saúl y envió nuevos emisarios, que también se pusieron a profetizar. Saúl envió por tercera vez emisarios, y también se pusieron a profetizar.

22Entonces partió él mismo para Ramá y llegó hasta la gran cisterna que hay en Secu. Preguntó: «¿Dónde están Samuel y David?». Le contestaron: «En Nayot de Ramá».

23Fue allá, a Nayot de Ramá, y también vino sobre él el espíritu de Dios de manera que marchó profetizando hasta entrar en Nayot de Ramá.

24Se despojó de sus vestidos, y quedó profetizando ante Samuel. Permaneció desnudo en tierra todo aquel día y toda aquella noche. Por eso se dice: «¿También Saúl entre los profetas?».

Romanos 13

1Que todos se sometan a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios y las que hay han sido constituidas por Dios.

2De modo que quien se opone a la autoridad resiste a la disposición de Dios; y los que le resisten atraen la condena sobre sí.

3Pues los gobernantes no dan miedo al que hace el bien, sino al que obra el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Haz el bien y recibirás sus alabanzas;

4de hecho, la autoridad es un ministro de Dios para bien tuyo; pero si haces el mal, teme, pues no en vano lleva la espada; ya que es ministro de Dios para aplicar el castigo al que obra el mal.

5Por tanto, hay que someterse, no solo por el castigo, sino por razón de conciencia.

6Por ello precisamente pagáis impuestos, ya que son servidores de Dios, ocupados continuamente en ese oficio.

7Dad a cada cual lo que es debido: si son impuestos, impuestos; si tributos, tributos; si temor, temor; si respeto, respeto.

8A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley.

9De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

10El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

11Comportaos así, reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.

12La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

13Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias.

14Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos.