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Lectura 84 de 365

1 Samuel 14-16 · Romanos 12

Letra: Normal

1 Samuel 14

1Cierto día Jonatán, hijo de Saúl, dijo a su joven escudero: «Anda, pasemos hasta la guarnición filistea que se encuentra al otro lado». Pero no informó a su padre.

2Saúl se encontraba en el extremo de Guibeá, bajo el granado que hay en Migrón, y llevaba consigo unos seiscientos hombres.

3Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Pinjás, hijo de Elí, sacerdote del Señor en Siló, era el que llevaba el efod. El pueblo no sabía que Jonatán se había ido.

4Entre las gargantas por las que Jonatán buscaba pasar a la guarnición de los filisteos había un saliente rocoso a cada lado: uno se llamaba Bosés y el otro Sene.

5Uno de los salientes se levantaba al norte, frente a Micmás, y el otro al sur, frente a Guibeá.

6Jonatán dijo entonces a su joven escudero: «Anda, pasemos hasta la guarnición de esos incircuncisos. Tal vez el Señor actúe en favor nuestro. Pues no le es difícil dar la victoria con muchos o con pocos».

7El escudero respondió: «Obra en todo según tu corazón. Adelántate, que estoy contigo, según tu deseo».

8Jonatán dijo: «Vamos a pasar hacia esos hombres y nos dejaremos ver por ellos.

9Si nos dicen: “Deteneos hasta que lleguemos junto a vosotros”, nos quedaremos donde estamos y no subiremos hasta ellos.

10Pero si nos dicen: “Subid hacia nosotros”, subiremos, pues el Señor los ha entregado en nuestras manos. Esta será nuestra señal».

11Los dos se dejaron ver por la guarnición filistea. Entonces los filisteos comentaron: «Los hebreos salen de los escondrijos donde se habían escondido».

12Los de la guarnición gritaron a Jonatán y a su escudero: «Subid hasta nosotros para que os enseñemos una cosa». Jonatán dijo entonces a su escudero: «Sube tras de mí, porque el Señor los ha entregado en manos de Israel».

13Jonatán subió valiéndose de pies y manos y detrás de él su escudero. E iban cayendo los filisteos ante Jonatán, mientras su escudero los remataba.

14Los hombres que Jonatán y su escudero mataron en este primer golpe fueron unos veinte, en un espacio como la mitad de un campo de labor de una yugada.

15Cundió el pánico en el campamento, en el campo y en toda la gente. Se sobresaltaron también la guarnición y la fuerza de choque. El país se estremeció y sobrevino un terror de parte de Dios.

16Los centinelas de Saúl en Guibeá de Benjamín vieron que una multitud de gente iba de acá para allá, presa de agitación.

17Entonces Saúl ordenó a la gente que estaba con él: «Pasad revista y ved quién de los nuestros se ha marchado». Pasaron revista y no aparecieron ni Jonatán ni su escudero.

18Saúl mandó a Ajías: «Acerca el Arca de Dios». El Arca de Dios se encontraba entonces con los hijos de Israel.

19Mientras Saúl estaba hablando al sacerdote, el tumulto en el campamento filisteo fue a más. Saúl ordenó al sacerdote: «Aparta tu mano».

20Saúl y toda su gente se reagruparon y llegaron al lugar de la refriega. Resulta que la espada de cada uno se había vuelto contra el otro, originándose un desconcierto enorme.

21Los hebreos que habían estado antes al servicio de los filisteos y los de los alrededores que habían subido con ellos al campamento estaban también con los israelitas de Saúl y Jonatán.

22Y los hombres de Israel que se habían escondido en la montaña de Efraín, al oír que habían huido los filisteos, también los hostigaron.

23El Señor salvó aquel día a Israel. La guerra se extendió hasta Betavén.

24Los hombres de Israel se encontraban extenuados aquel día, porque Saúl había conjurado a la tropa, diciendo: «Maldito el que pruebe bocado antes de que llegue la tarde y me haya vengado de mis enemigos». Y el pueblo no probó bocado.

25Todo el mundo entró en el bosque y había miel en la superficie del suelo.

26La tropa entró en el bosque, que destilaba miel. Pero nadie llevó su mano a la boca, porque temían el juramento.

27Jonatán no había escuchado lo que su padre les había hecho jurar. Alargó el extremo del bastón que tenía en la mano, lo mojó en el panal de miel y se llevó la mano a la boca, mientras sus ojos comenzaron a brillar.

28Entonces uno de la tropa tomó la palabra y le dijo: «Tu padre ha hecho jurar, diciendo: “Maldito el hombre que pruebe bocado hoy”, a pesar de que la tropa estaba desfallecida».

29Jonatán respondió: «Mi padre ha traído la desgracia al país. Mirad cómo han comenzado a brillar mis ojos por haber probado un poco de esa miel.

30¡Cuánto mayor hubiera sido la derrota de los filisteos, si la tropa hubiera comido hoy del botín tomado a sus enemigos!».

31Aquel día batieron a los filisteos, desde Micmás a Ayalón. Y la tropa, completamente agotada,

32se lanzó al botín y se apropió de ovejas, vacas y becerros. Los degollaron en tierra y los comían con la sangre.

33Se lo comunicaron a Saúl: «La tropa está pecando contra el Señor al comer con sangre». Saúl dijo: «Habéis sido infieles. Rodadme hoy una piedra grande».

34Luego ordenó: «Desperdigaos entre la gente y decidles: “Que cada uno me traiga su toro y su oveja para degollarlos aquí y comerlos sin que pequéis contra el Señor, tomando la sangre”». Cada uno trajo aquella noche el toro que tenía y los degollaron allí mismo.

35Saúl construyó un altar al Señor. Así empezó a construir altares al Señor.

36Entonces Saúl propuso: «Bajemos de noche contra los filisteos y saqueémoslos hasta el amanecer, de modo que no quede ni uno». Dijeron: «Haz lo que te parezca bien». El sacerdote ordenó: «Acerquémonos a consultar a Dios».

37Saúl consultó a Dios: «¿He de bajar contra los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?». Pero no le respondió aquel día.

38Saúl ordenó: «Acercaos acá todos los jefes del pueblo, averiguad y ved quién ha cometido hoy este pecado.

39Pues vive el Señor, el salvador de Israel, que ese tal morirá ciertamente, aunque se trate de mi hijo Jonatán». Y ninguno del pueblo le replicó.

40Dijo a todo Israel: «Vosotros estaréis de un lado. Yo y mi hijo Jonatán estaremos del otro lado». El pueblo respondió: «Haz lo que te parezca bien».

41Entonces dijo Saúl al Señor, Dios de Israel: «¿Por qué no respondes hoy a tu siervo? Si la culpa está en mí o en mi hijo Jonatán, que salga urim; si está en tu pueblo, que salga tumim». Cayó la suerte en Jonatán y Saúl, y el pueblo quedó libre.

42Saúl dijo: «Echad a suertes entre mi hijo Jonatán y yo». Y le tocó la suerte a Jonatán.

43Saúl le preguntó: «Dime qué has hecho». Jonatán contestó: «Probé un poco de miel con el extremo del bastón que llevo en mi mano. Aquí estoy dispuesto a morir».

44Saúl declaró: «Que Dios me castigue, si no mueres sin remisión, Jonatán».

45Pero el pueblo dijo a Saúl: «¿Va a morir Jonatán, que ha logrado esta gran victoria en Israel? Nada de eso. Vive el Señor que no ha de caer al suelo ni un solo cabello de su cabeza, porque hoy ha obrado con la ayuda de Dios». El pueblo libró a Jonatán y no murió.

46Saúl dejó de perseguir a los filisteos. Y estos volvieron a su territorio.

47Cuando Saúl alcanzó el reino sobre Israel, luchó contra todos los enemigos de su alrededor, contra Moab, contra los amonitas, contra Edón, contra los reyes de Soba y contra los filisteos. Y fuera adonde fuera, siempre vencía.

48Con el uso de la fuerza batió a Amalec y salvó a Israel de manos de los que lo saqueaban.

49Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Yisví y Malquisúa. Y sus dos hijas se llamaban Merab, la primogénita, y Mical, la pequeña.

50Su mujer se llamaba Ajinoán, hija de Ajimaas. Y el jefe de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl.

51Quis, el padre de Saúl, y Ner, el padre de Abner, eran hijos de Abiel.

52La guerra contra los filisteos fue encarnizada en los días de Saúl. En cuanto veía algún hombre valiente y aguerrido, Saúl lo reclutaba para él.

1 Samuel 15

1Samuel dijo a Saúl: «El Señor me ha enviado a ti, para ungirte rey sobre su pueblo Israel. Escucha las palabras del Señor.

2Así dice el Señor del universo: “Voy a pedir cuentas a Amalec de lo que hizo a Israel, cerrándole el camino, cuando subía de Egipto.

3Ve ahora y bate a Amalec. Entregaréis al anatema todo cuanto tiene, sin perdonarlo. Darás muerte a hombres y mujeres, a muchachos, niños de pecho, a vacas y ovejas, a camellos y asnos”».

4Saúl convocó al pueblo y les pasó revista en Telán: doscientos mil de a pie y diez mil hombres de Judá.

5Llegó a una ciudad de Amalec y atacó por el torrente.

6Entonces dijo a los quenitas: «Andad, retiraos, salid de entre los amalecitas, para que no os coja entre ellos. Pues os portasteis lealmente con los hijos de Israel, cuando subían de Egipto». Los quenitas se retiraron de Amalec.

7Saúl batió luego a Amalec, desde Javila a la entrada de Sur, que está frente a Egipto.

8Capturó vivo a Agag, rey de Amalec. En cambio, entregó al anatema a todo el pueblo, exterminándolo completamente a filo de espada.

9Pero Saúl y el pueblo perdonaron a Agag y a lo más selecto de las vacas y de las ovejas, de los segundos partos, de los corderos y todo lo bueno. Y no quisieron entregar al anatema sino los objetos despreciables y de poco valor.

10El Señor dirigió la palabra a Samuel:

11«Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, pues me ha dado la espalda y no cumple mis mandatos». Samuel se entristeció e invocó al Señor durante la noche.

12A la mañana siguiente, madrugó Samuel para ir al encuentro de Saúl. Pero le advirtieron: «Saúl se ha marchado a Carmel donde erigió un monumento, luego ha dado la vuelta, y ha cruzado a Guilgal».

13Samuel llegó junto a Saúl y le saludó Saúl: «Bendito seas del Señor. He cumplido las órdenes del Señor».

14Samuel preguntó: «¿Qué significan esos balidos de oveja y esos mugidos de vaca que estoy oyendo?».

15Saúl respondió: «Los han traído de Amalec. El pueblo ha dejado con vida lo más selecto de las ovejas y vacas, para ofrecerlo en sacrificio al Señor, tu Dios. El resto fue entregado al anatema».

16Samuel replicó: «Voy a comunicarte lo que me ha manifestado el Señor esta noche». Saúl contestó: «Habla».

17Samuel siguió diciendo: «¿No es cierto que siendo pequeño a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel.

18El Señor te envió con esta orden: “Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos”.

19¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?».

20Saúl replicó: «Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec.

21El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal».

22Samuel exclamó:«¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros.

23Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey».

24Saúl contestó a Samuel: «He pecado, desobedeciendo el mandato del Señor y tus palabras, pero tuve miedo del pueblo y le hice caso.

25Por favor, perdona mi pecado y ven conmigo para postrarme ante el Señor».

26Samuel le contestó: «No iré contigo. Has rechazado la palabra del Señor y el Señor te ha rechazado como rey de Israel».

27Samuel se dio la vuelta para marcharse. Pero Saúl le agarró la orla del manto y este se desgarró.

28Samuel le dijo: «El Señor te ha arrancado hoy el reino de Israel y lo ha entregado a otro mejor que tú.

29Y la gloria de Israel ni miente ni se arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse».

30Saúl contestó: «He pecado. Pero, al menos, hónrame ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel, y ven conmigo, para postrarme ante el Señor, tu Dios».

31Samuel fue con Saúl y este se postró ante el Señor.

32Samuel ordenó: «Acercadme a Agag, rey de Amalec». Agag se acercó confiado, mientras se decía: «Se ha alejado la amargura de la muerte».

33Samuel le dijo: «Lo mismo que tu espada dejó a mujeres sin hijos, así quedará tu madre sin hijos entre ellas». Y Samuel descuartizó a Agag en presencia del Señor, en Guilgal.

34Luego marchó a Ramá y Saúl subió a su casa, a Guibeá de Saúl.

35Samuel no volvió a ver a Saúl, hasta el día de su muerte. Pero sufría por él, porque el Señor se había arrepentido de haber constituido a Saúl como rey sobre Israel.

1 Samuel 16

1El Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy yo el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

2Samuel respondió: «¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata». El Señor respondió: «Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor.

3Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale».

4Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor. Una vez llegado a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro. Preguntaron: «¿Es de paz tu venida?».

5Respondió: «Sí. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio». Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.

6Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor».

7Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».

8Jesé llamó a Abinadab y lo presentó a Samuel, pero le dijo: «Tampoco a este lo ha elegido el Señor».

9Jesé presentó a Samá. Y Samuel dijo: «El Señor tampoco ha elegido a este».

10Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos».

11Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga».

12Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

13Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante. Samuel emprendió luego el camino de Ramá.

14El espíritu del Señor se retiró de Saúl. Y un mal espíritu comenzó a atormentarlo por mandato del Señor.

15Los servidores de Saúl le dijeron: «Vemos cómo te está atormentando un mal espíritu de Dios.

16Ordene nuestro señor a sus servidores buscar un hombre que sepa tañer la cítara. Y cuando venga sobre ti el mal espíritu de Dios, tañerá con su mano y te vendrá bien».

17Saúl ordenó a sus servidores: «Buscadme un hombre diestro en el tañer y traédmelo».

18Uno de los criados dijo: «Conozco a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tañer; además es fuerte, valiente y hombre de guerra, juicioso en el hablar y de buena presencia. El Señor está con él».

19Saúl despachó mensajeros a Jesé, para que le dijesen: «Envíame a tu hijo David, que anda con el rebaño».

20Jesé preparó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y se lo envió a Saúl con su hijo David.

21David llegó adonde estaba Saúl y se puso a su servicio. Este llegó a estimarle mucho y le hizo su escudero.

22Saúl mandó entonces a decirle a Jesé: «Permite que David se quede a mi lado, porque ha encontrado gracia a mis ojos».

23Y cuando venía el espíritu de Dios sobre Saúl, cogía David la cítara y tañía con su mano. Saúl se calmaba, quedaba tranquilo y el mal espíritu se retiraba de él.

Romanos 12

1Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.

2Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

3Por la gracia de Dios que me ha sido dada os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene, sino estimaos moderadamente, según la medida de la fe que Dios otorgó a cada cual.

4Pues, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función,

5así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros.

6Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe;

7el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza;

8el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto.

9Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno.

10Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo;

11en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor.

12Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración;

13compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.

14Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

15Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.

16Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios.

17A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente.

18En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo.

19No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor.

20Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza.

21No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.