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Lectura 83 de 365

1 Samuel 11-13 · Romanos 11

Letra: Normal

1 Samuel 11

1Najas, el amonita, subió y acampó contra Yabés de Galaad. Los de Yabés propusieron entonces a Najas: «Haz un pacto con nosotros y te serviremos».

2Respondió Najas, el amonita: «Pactaré con vosotros con la condición de sacaros a todos el ojo derecho. Lo convertiré en escarnio para todo Israel».

3Los ancianos de Yabés contestaron: «Concédenos siete días, para que podamos enviar mensajeros a todo el territorio de Israel. Si no encontramos quien nos salve, nos rendiremos a ti».

4Llegaron los mensajeros a Guibeá de Saúl y repitieron el mensaje ante el pueblo. Y todos alzaron la voz y rompieron a llorar.

5Saúl, que llegaba entonces del campo tras los bueyes, preguntó: «¿Qué le ocurre al pueblo para estar llorando?». Y le contaron el mensaje de la gente de Yabés.

6Al oír aquellas palabras, vino sobre él el espíritu de Dios y estalló en cólera.

7Tomó la pareja de bueyes y la hizo pedazos. Y repartiéndolos por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, hizo saber: «Así se hará a los bueyes de los que no sigan a Saúl y Samuel». El temor del Señor cayó entonces sobre el pueblo, de modo que salieron como un solo hombre.

8Pasó revista en Bezec, resultando ser trescientos mil los hijos de Israel y treinta mil los judaítas.

9Luego encargó a los mensajeros que habían venido: «Así habréis de decir a las gentes de Yabés de Galaad: mañana os llegará el auxilio al calentar el sol». Llegaron los mensajeros y se lo comunicaron a las gentes de Galaad, que se llenaron de alegría.

10Los de Yabés le dijeron a Najas: «Mañana saldremos hacia vosotros y podréis hacernos lo que mejor os parezca».

11A la mañana siguiente dispuso Saúl al pueblo en tres grupos, que penetraron en el campamento de madrugada y batieron a los amonitas hasta que calentó el día. Los supervivientes se desperdigaron, de modo que no quedaron dos juntos.

12El pueblo dijo a Samuel: «¿Quién es el que decía: “¿Saúl va a reinar entre nosotros?”. Entregadnos a esos hombres para matarlos».

13Pero Saúl respondió: «Nadie ha de morir, porque el Señor ha salvado hoy a Israel».

14Samuel dijo al pueblo: «Hala, vayamos a Guilgal. Allí instauraremos la monarquía».

15El pueblo marchó a Guilgal. Y en Guilgal proclamaron rey a Saúl en presencia del Señor. Allí mismo ofrecieron sacrificios pacíficos al Señor. Saúl y todas las gentes de Israel desbordaban de alegría.

1 Samuel 12

1Luego les dijo: «Ya veis que os hice caso en todo cuanto me pedisteis, y os he nombrado un rey.

2Desde ahora el rey os guiará. Yo estoy viejo y encanecido, y mis hijos están con vosotros. He caminado ante vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy.

3Aquí estoy. Declarad contra mí ante el Señor y ante su ungido. ¿A quién he tomado el buey o a quién el asno? ¿A quién he oprimido o a quién he hecho mal? ¿De quién he aceptado soborno para hacer la vista gorda a su caso? Yo os lo restituiré».

4Respondieron: «No nos has oprimido, ni nos has maltratado, ni has aceptado nada de nadie».

5Les dijo: «El Señor y su ungido sean hoy testigos contra vosotros de que no habéis encontrado nada en mi mano». Respondieron: «Sean testigos».

6Samuel siguió diciendo al pueblo: «Testigo sea el Señor, que actuó con Moisés y Aarón, que hizo subir a vuestros padres de la tierra de Egipto.

7Y ahora, compareced, pues quiero pleitear con vosotros ante el Señor recordándoos todos los beneficios que el Señor os ha hecho a vosotros y a vuestros padres.

8Cuando llegó Jacob a Egipto y más tarde vuestros padres clamaron al Señor, el Señor envió a Moisés y a Aarón, que hicieron salir a vuestros padres de Egipto y los introdujeron en este lugar.

9Ellos olvidaron después al Señor, vuestro Dios, que los entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, y en manos de los filisteos y del rey de Moab, y lucharon contra ellos.

10Entonces clamaron al Señor: “Hemos pecado abandonando al Señor y sirviendo a los baales y a las astartés. Pero ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te serviremos”.

11Envió entonces el Señor a Jerubaal, a Bedán, a Jefté y a Samuel. Y os libró de los enemigos de alrededor y pudisteis vivir tranquilos.

12Y con todo esto, al ver venir contra vosotros a Najas, rey de los amonitas, me pedisteis que os gobernara un rey, siendo así que vuestro rey era el Señor, vuestro Dios.

13Ahora ved ante vosotros al rey que habéis elegido y habéis pedido. El Señor os ha dado ese rey.

14Si teméis al Señor, le servís y escucháis su voz sin rebelaros contra sus mandatos, subsistiréis, tanto vosotros como el rey que reine sobre vosotros después del Señor, vuestro Dios.

15Pero si no escucháis la voz del Señor, y os rebeláis contra sus mandatos, la mano del Señor será dura con vosotros y con vuestros padres.

16Y ahora, presentaos y contemplad el gran prodigio que el Señor va a realizar ante vuestros ojos.

17¿No es hoy la siega del trigo? Voy a invocar al Señor, para que mande truenos y lluvia, y así comprendáis y veáis cuán grande ha sido el pecado que habéis cometido a los ojos del Señor pidiendo un rey para vosotros».

18Samuel invocó al Señor, y el Señor mandó truenos y lluvia aquel día. Entonces todo el pueblo se sintió atemorizado ante el Señor y ante Samuel.

19El pueblo pidió a Samuel: «Intercede por tus servidores ante el Señor, tu Dios, para que no muramos. Pues hemos añadido a todos nuestros pecados la maldad de pedirnos un rey».

20Samuel les contestó: «No temáis. Ciertamente habéis cometido esta maldad. Ahora bien, no os apartéis más del Señor y servidle de todo corazón.

21No os desviéis siguiendo la nada, que ni aprovecha ni puede librar, pues nada es.

22El Señor, en cambio, no abandonará a su pueblo en consideración a su gran nombre, porque se decidió a haceros su pueblo.

23Por mi parte, lejos de mí pecar contra el Señor, dejando de interceder por vosotros y de enseñaros el camino del bien y la rectitud.

24Temed solo al Señor y servidle sinceramente, con todo vuestro corazón, pues habéis visto lo mucho que ha hecho ante vosotros.

25Pero, si os obstináis en obrar mal, pereceréis tanto vosotros como vuestro rey».

1 Samuel 13

1Saúl tenía edad cuando empezó a reinar, y reinó dos años sobre Israel.

2Escogió para sí tres mil hombres de Israel. Dos mil estaban con Saúl en Micmás y en la montaña de Betel, y mil estaban con Jonatán en Guibeá de Benjamín. Al resto del pueblo lo despidió, cada cual a su tienda.

3Jonatán derrotó a la guarnición filistea que había en Guibeá y los filisteos se enteraron. Saúl hizo sonar el cuerno por todo el país, pregonando: «Que lo oigan los hebreos».

4Todo Israel oyó proclamar: «Saúl ha derrotado a la guarnición filistea y, por ello, Israel se les ha hecho odioso». El pueblo se movilizó tras Saúl en Guilgal.

5Los filisteos se reunieron para luchar contra Israel: treinta mil carros, seis mil jinetes y una tropa numerosa como la arena de la orilla del mar. Subieron y acamparon en Micmás, a oriente de Betavén.

6Cuando la gente de Israel vio que estaban en aprieto y que el pueblo era maltratado, se escondieron en cuevas, agujeros, roquedales, fosas y cisternas.

7Los hebreos atravesaron el Jordán hacia la tierra de Gad y Galaad.Saúl se encontraba todavía en Guilgal, mientras el pueblo que le seguía estaba atemorizado.

8Esperó siete días, conforme al plazo fijado por Samuel, pero este no acababa de llegar a Guilgal y el pueblo comenzó a dispersarse de su lado.

9Entonces dijo Saúl: «Acercadme los animales para el holocausto y los sacrificios pacíficos». Y ofreció el holocausto.

10Cuando acabó de ofrecer el holocausto, llegó Samuel y Saúl salió a su encuentro, para saludarlo.

11Samuel preguntó: «¿Qué has hecho?». Saúl respondió: «Como veía que el pueblo se estaba dispersando lejos de mí, que tú no llegabas en el día convenido, y que los filisteos se estaban reuniendo en Micmás,

12me dije: los filisteos van a bajar ahora contra mí a Guilgal y aún no he aplacado al Señor. Entonces me atreví a ofrecer el holocausto».

13Samuel le dijo: «Has sido un insensato. No has guardado el mandato que el Señor, tu Dios, te había ordenado. Por ello, aunque el Señor había establecido para siempre tu realeza sobre Israel,

14esta ya no se mantendrá en pie. El Señor se ha buscado un hombre según su corazón y le ha nombrado jefe sobre su pueblo, porque no has cumplido lo que te ordenó el Señor».

15Y Samuel se levantó, para subir de Guilgal a Guibeá de Benjamín.Saúl pasó revista a la tropa que estaba con él, unos seiscientos hombres.

16Saúl, su hijo Jonatán y su tropa estaban asentados en Guibeá de Benjamín, mientras los filisteos habían acampado en Micmás.

17La fuerza de choque salió del campamento de los filisteos en tres grupos. El primero se dirigió por el camino de Ofrá hacia la zona de Sual.

18Otro se dirigió por el camino de Bet Jorón y el tercero tomó el camino de la frontera próxima al valle de los Seboín, hacia el desierto.

19Por entonces no se encontraba un herrero en todo el territorio de Israel, porque los filisteos habían decidido que los hebreos no fabricaran espadas ni lanzas.

20Por eso, todo Israel tenía que bajar adonde estaban los filisteos para afilar cada cual su reja de arado, su azada, su hacha y su pico.

21El precio era unos ocho gramos de plata por las rejas, las azadas, por reforzar con bronce las puntas, por las hachas y arreglar las aguijadas.

22Y así, el día del combate no se encontró más espada ni lanza en mano de toda la tropa que la de Saúl y la de su hijo Jonatán.

23Entre tanto, un destacamento de los filisteos salió hacia el paso de Micmás.

Romanos 11

1Y digo yo: ¿Acaso habrá desechado Dios a su pueblo? De ningún modo: que también yo soy israelita, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Benjamín.

2Dios no ha rechazado a su pueblo, al que había elegido de antemano. ¿O es que no sabéis lo que dice la Escritura cuando Elías se queja a Dios contra Israel?

3Señor, han matado a tus profetas, han derribado tus altares; he quedado yo solo y buscan mi vida.

4Pero ¿qué le responde el oráculo? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal.

5Así, pues, también en la actualidad ha quedado un resto, elegido por gracia.

6Y si es por gracia, no lo es en virtud de las obras; de otro modo, no es ya gracia.

7Entonces, ¿qué? Que Israel no consiguió lo que buscaba, mientras que sí lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron,

8según está escrito: Dios les dio un espíritu de embotamiento, ojos para no ver y oídos para no oír hasta el día de hoy.

9Y David dice: Que su mesa se convierta en trampa y en lazo, en ocasión de tropiezo y en retribución para ellos;

10que sus ojos se oscurezcan hasta no ver y que su espalda se vaya encorvando continuamente.

11Digo, pues: ¿acaso cometieron delito para caer? De ningún modo. Lo que ocurre es que, por su caída, la salvación ha pasado a los gentiles, para darles celos a ellos.

12Pero si su caída ha significado una riqueza para el mundo y su pérdida, una riqueza para los gentiles, ¡cuánto más significará su plenitud!

13Ahora bien, a vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio,

14por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.

15Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

16Si las primicias son santas, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

17Por otra parte, si algunas de las ramas fueron desgajadas, mientras que tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en su lugar y hecho partícipe de la raíz y de la savia del olivo,

18no te enorgullezcas en contra de las ramas. Y si te enorgulleces, piensa que no eres tú quien sostiene a la raíz, sino que la raíz te sostiene a ti.

19Pero objetarás: las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.

20De acuerdo: fueron desgajadas por su incredulidad, mientras que tú te mantienes por la fe; pero no te engrías por ello; más bien, teme.

21Pues si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ver si tampoco te perdona a ti.

22En fin, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron; contigo, bondad de Dios, si permaneces en la bondad; de otro modo, también tú serás desgajado.

23En cuanto a aquellos, si no permanecen en la incredulidad, serán injertados, pues Dios es poderoso para volver a injertarlos.

24Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre natural, para ser injertado, contra tu naturaleza, en un olivo excelente, ¡cuánto más serán injertados ellos, según su naturaleza, en su propio olivo!

25Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os engriáis: el endurecimiento de una parte de Israel ha sucedido hasta que llegue a entrar la totalidad de los gentiles

26y así todo Israel será salvo, como está escrito: Llegará de Sión el Libertador; alejará los crímenes de Jacob;

27y esta será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados.

28Según el Evangelio, son enemigos y ello ha revertido en beneficio vuestro; pero según la elección, son objeto de amor en atención a los padres,

29pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

30En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos,

31así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia.

32Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

33¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!

34En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero?

35O ¿quién le ha dado primero para tener derecho a la recompensa?

36Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.