Lectura 82 de 365
1 Samuel 8-10 · Romanos 10
1 Samuel 8
1Cuando Samuel se hizo anciano, nombró a sus hijos jueces de Israel.
2Su hijo primogénito se llamaba Joel y el segundo, Abías. Ejercieron de jueces en Berseba.
3Ahora bien, sus hijos no siguieron sus caminos. Tendieron al lucro, aceptando regalos y torciendo el derecho.
4Se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Ramá, donde estaba Samuel.
5Le dijeron: «Tú eres ya un anciano y tus hijos no siguen tus caminos. Nómbranos, por tanto, un rey, para que nos gobierne, como se hace en todas las naciones».
6A Samuel le pareció mal que hubieran dicho: «Danos un rey, para que nos gobierne». Y oró al Señor.
7El Señor dijo a Samuel: «Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos.
8Según han actuado, desde el día que los hice subir de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así hacen también contigo.
9Escucha, pues, su voz. Pero adviérteles con claridad y exponles el derecho del rey que reinará sobre ellos».
10Samuel transmitió todas las palabras del Señor al pueblo, que le había pedido un rey.
11Samuel explicó: «Este es el derecho del rey que reinará sobre vosotros: se llevará a vuestros hijos para destinarlos a su carroza y a su caballería, y correrán delante de su carroza.
12Los destinará a ser jefes de mil o jefes de cincuenta, a arar su labrantío y segar su mies, a fabricar sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.
13Tomará a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.
14Se apoderará de vuestros mejores campos, viñas y olivares, para dárselos a sus servidores.
15Cobrará el diezmo de vuestros olivares y viñas, para dárselo a sus eunucos y servidores.
16Se llevará a vuestros mejores servidores, siervas y jóvenes, así como vuestros asnos, para emplearlos en sus trabajos.
17Cobrará el diezmo de vuestro ganado menor, y vosotros os convertiréis en esclavos suyos.
18Aquel día os quejaréis a causa del rey que os habéis escogido. Pero el Señor no os responderá».
19El pueblo se negó a hacer caso a Samuel y contestó: «No importa. Queremos que haya un rey sobre nosotros.
20Así seremos como todos los otros pueblos. Nuestro rey nos gobernará, irá al frente y conducirá nuestras guerras».
21Samuel oyó todas las palabras del pueblo y las transmitió a oídos del Señor.
22El Señor dijo a Samuel: «Escucha su voz y nómbrales un rey». Samuel ordenó a las gentes de Israel: «Vuelva cada cual a su ciudad».
1 Samuel 9
1Había un hombre de Benjamín, de nombre Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afij, hijo de un benjaminita. Era un hombre de buena posición.
2Tenía un hijo llamado Saúl, fornido y apuesto. No había entre los hijos de Israel nadie mejor que él. De hombros para arriba, sobrepasaba a todo el pueblo.
3Las borricas de Quis, padre de Saúl, se habían extraviado; por ello ordenó a su hijo: «Toma contigo a uno de los criados, ponte en camino y vete a buscar las borricas».
4Atravesaron la montaña de Efraín y recorrieron la comarca de Salisá, sin encontrarlas. Atravesaron la comarca de Saalín y el territorio benjaminita, pero no dieron con ellas.
5Al llegar a la comarca de Suf, Saúl dijo al criado que estaba con él: «Vamos a volvernos, no sea que mi padre deje de ocuparse de las borricas y esté inquieto por nosotros».
6Le contestó el criado: «Precisamente hay un hombre de Dios en esta ciudad. Es un hombre estimado; cuanto predice sucede sin falta. Vayamos allá. Quizá nos aclare algo respecto al viaje que estamos haciendo».
7Saúl le dijo: «Vamos, pues. Pero ¿qué llevaremos a ese hombre? Porque se ha agotado el pan de los zurrones y no tenemos nada que llevar como obsequio al hombre de Dios. ¿Qué nos queda?».
8El criado volvió a decirle: «Tengo en mi poder unos tres gramos de plata. Se lo daré al hombre de Dios, para que nos aclare algo acerca del viaje».
9(Antiguamente, en Israel, la persona que iba a consultar a Dios decía: «Vamos a ver al vidente». Pues al profeta de hoy se le llamaba entonces vidente).
10Saúl dijo al criado: «Tu propuesta es acertada. Hala, vayamos». Y se encaminaron a la ciudad donde se encontraba el hombre de Dios.
11Mientras subían la cuesta de la ciudad, encontraron unas jóvenes que salían en busca de agua, y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?».
12Les respondieron: «Sí, está aquí. Date prisa. Ha venido a la ciudad, porque hoy celebra el pueblo un sacrificio en el altozano.
13Al entrar en la ciudad, le encontraréis antes de que suba al altozano a comer. El pueblo no se pondrá a comer hasta que llegue, dado que ha de bendecir el sacrificio. Después se pondrán a comer los invitados. Subid ahora y lo encontraréis al momento».
14Subieron a la ciudad. Y justo al entrar, Samuel salía a su encuentro, para subir al altozano.
15Un día antes de la llegada de Saúl, el Señor había hecho esta revelación a Samuel:
16«Mañana a esta hora te enviaré a un hombre de la tierra de Benjamín, para que lo unjas como jefe de mi pueblo Israel. Salvará a mi pueblo de la mano de los filisteos, porque he visto a mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí».
17En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió: «Ese es el hombre de quien te hablé. Ese gobernará a mi pueblo».
18Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: «Haz el favor de indicarme dónde está la casa del vidente».
19Samuel respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano y comeréis hoy conmigo. Mañana te dejaré marchar y te aclararé cuanto te preocupa.
20Por lo que se refiere a las borricas que se te extraviaron, hoy hace tres días, no te preocupes por ellas, porque han aparecido. ¿De quién es cuanto hay de preciado en Israel? ¿No es tuyo y de la casa de tu padre?».
21Saúl respondió: «¿No soy yo benjaminita, de la más pequeña de las tribus de Israel, y mi familia la más pequeña de las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué me dices eso?».
22Samuel se llevó con él a Saúl y a su criado, los introdujo en la sala y les dio un puesto a la cabecera de los convidados. Eran unas treinta personas.
23Samuel advirtió al cocinero: «Sirve la ración que te entregué, de la que te dije: resérvala junto a ti».
24El cocinero sacó el pernil y la cola y los puso ante Saúl. Samuel le dijo: «Ahí tienes lo que ha quedado: come. Se te reservó para esta ocasión, cuando propuse invitar al pueblo». Saúl comió con Samuel aquel día.
25Después bajaron del altozano a la ciudad y siguió hablando con Saúl en la azotea.
26Se levantaron temprano y, al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl a la azotea: «Levántate, quiero despedirte». Se levantó Saúl y salieron fuera los dos, él y Samuel.
27Cuando bajaban por el extremo de la ciudad, le dijo Samuel: «Manda al criado que pase delante de nosotros. —Y pasó—. Tú, detente un momento; quiero comunicarte una palabra de Dios».
1 Samuel 10
1Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y le besó, diciendo: «El Señor te unge como jefe sobre su heredad.
2Hoy, cuando te vayas de mi lado, encontrarás a dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el término de Benjamín, en Selsaj, que te dirán: “Han aparecido las borricas que saliste a buscar. Tu padre se ha desentendido del asunto de las borricas y está, en cambio, inquieto por vosotros, preguntándose: ¿qué puedo hacer por mi hijo?”.
3Desde allí, seguirás adelante, y cuando llegues a la encina del Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a visitar a Dios en Betel. Uno lleva tres cabritos, el otro tres tortas de pan y el otro un odre de vino.
4Te saludarán y te darán dos panes que recibirás de su mano.
5Después llegarás a Guibeá de Dios, donde se encuentra una guarnición filistea. Al entrar en la ciudad, tropezarás con una agrupación de profetas, que bajan del altozano, precedidos de arpas, tambores, flautas y cítaras, todos ellos profetizando.
6Entonces vendrá sobre ti el espíritu del Señor, profetizarás con ellos y te convertirás en otro hombre.
7Cuando te sucedan estas señales, haz lo que se te ponga a mano, porque Dios está contigo.
8Bajarás antes que yo a Guilgal. Yo bajaré luego a tu lado, para ofrecer holocaustos y hacer sacrificios de comunión. Esperarás siete días, hasta que llegue a tu lado para indicarte lo que has de hacer».
9Al volver la espalda, para alejarse de Samuel, Dios le cambió el corazón, y aquel mismo día se cumplieron todas las señales.
10Cuando llegaron a Guibeá, salió a su encuentro una agrupación de profetas. Vino sobre él el espíritu de Dios y empezó a profetizar entre ellos.
11Todos cuantos le conocían de antes vieron que estaba profetizando con los profetas, y se comentó entre el pueblo: «¿Qué le ha sucedido al hijo de Quis? ¿También Saúl está entre los profetas?».
12Uno de allí replicó: «¿Quién es su padre?». De modo que se hizo proverbial: «¿También Saúl entre los profetas?».
13Al acabar de profetizar, llegó al altozano.
14El tío de Saúl les preguntó a él y a su criado: «¿Adónde habéis ido?». Respondió: «A buscar las borricas. Pero no vimos nada y fuimos adonde estaba Samuel».
15Su tío le dijo: «Cuéntame, por favor, lo que os dijo Samuel».
16Saúl le respondió: «Nos indicó que las borricas habían aparecido». Pero no le contó nada de lo que le había dicho Samuel respecto a la realeza.
17Samuel convocó al pueblo ante el Señor en Mispá.
18Y dijo a los hijos de Israel: «Así dice el Señor, Dios de Israel: yo hice subir a Israel de Egipto y os libré del poder de los egipcios y del poder de todos los reinos que os oprimían.
19Pero vosotros habéis rechazado hoy a vuestro Dios, el que os salvó de todos vuestros males y aflicciones, y le habéis dicho: designa un rey sobre nosotros. Pues bien, presentaos ante el Señor, según vuestras tribus y familias».
20Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel y le tocó la suerte a la tribu de Benjamín.
21Mandó acercarse a la tribu de Benjamín, según sus familias, y le tocó la suerte a la familia de Matrí. Finalmente, le tocó la suerte a Saúl, hijo de Quis. Lo buscaron, pero no apareció.
22Consultaron de nuevo al Señor: «¿Va a venir aquí ese hombre?». El Señor respondió: «Está escondido entre el bagaje».
23Corrieron a sacarlo de allí, y compareció en medio del pueblo. Sobrepasaba a todos los del pueblo del hombro para arriba.
24Samuel dijo entonces al pueblo: «Estáis viendo al que os ha escogido el Señor. No hay como él en todo el pueblo». Todos aclamaron: «Viva el rey».
25Samuel expuso al pueblo el derecho de la monarquía, lo escribió en un libro y lo depositó ante el Señor. Despidió luego a la gente, cada cual a su casa.
26También Saúl se marchó a su casa de Guibeá. Con él fueron los valientes a quienes Dios había tocado el corazón.
27Sin embargo, algunos desalmados dijeron: «¿De qué va a salvarnos este?». Lo menospreciaron y no le presentaron regalo alguno. Saúl hizo como que no oía.
Romanos 10
1Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios en favor suyo es que se salven.
2Pues puedo testificar en su favor que tienen celo de Dios, aunque no según un conocimiento adecuado.
3En efecto, desconociendo la justicia de Dios y buscando establecer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios;
4pues el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.
5Porque acerca de la justicia que viene de la ley, escribe Moisés que la persona que hace estas cosas vivirá por ellas;
6en cambio, la justicia que procede de la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?, es decir, para hacer bajar a Cristo.
7O ¿quién bajará al abismo?, es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
8Pero ¿qué es lo que dice? La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que anunciamos.
9Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
10Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación.
11Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido.
12En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan,
13pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.
14Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?
15y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!
16Pero no todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?
17Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.
18Pero digo yo: ¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario: A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras.
19Pero digo yo: ¿Es que Israel no comprendió? Moisés es el primero que afirma: Os daré celos con uno que no es pueblo, os provocaré con un pueblo insensato.
20Isaías por su parte se atreve a decir: Fui hallado entre los que no me buscaban; me hice manifiesto a los que no preguntaban por mí.
21Y a Israel le dice: Todo el día he extendido mi mano a un pueblo incrédulo y rebelde.