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Lectura 7 de 365

Génesis 19-21 · Mateo 13-14

Letra: Normal

Génesis 19

1Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer, mientras Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para ir a su encuentro, se postró rostro en tierra

2y dijo: «Señores míos, os ruego que vengáis a casa de vuestro servidor, para pasar la noche y lavaros los pies; por la mañana seguiréis vuestro camino». Ellos contestaron: «No, pasaremos la noche en la plaza».

3Pero él insistió tanto que fueron con él y entraron en su casa. Les preparó una comida, coció panes ácimos y comieron.

4Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa, desde los jóvenes a los viejos, todo el pueblo sin excepción.

5Y gritaban a Lot y le decían: «¿Dónde están los hombres que han entrado en tu casa esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos».

6Lot salió adonde estaban ellos, a la entrada, cerrando la puerta tras de sí,

7y dijo: «Por favor, hermanos míos, no cometáis esta maldad.

8Mirad, tengo dos hijas que aún no han conocido varón; os las sacaré para que las tratéis como os parezca bien, pero no hagáis nada a estos hombres que se han cobijado bajo mi techo».

9Pero ellos contestaron: «¡Quita allá!». Y añadieron: «Este individuo ha venido como inmigrante y pretende ser juez. Ahora te trataremos peor que a ellos». Y forcejearon con Lot, acercándose a forzar la puerta.

10Entonces los visitantes alargaron sus manos, metieron a Lot en casa y cerraron la puerta;

11y a los que estaban ante la puerta, desde el menor hasta el mayor, los cegaron con un resplandor, de modo que, por más que tanteaban, no daban con la puerta.

12Los visitantes dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus yernos, hijos, hijas y todo cuanto poseas en la ciudad,

13porque vamos a destruir este lugar, pues el clamor contra ellos ante el Señor es enorme, y el Señor nos ha enviado para destruirlo».

14Lot salió a hablar con sus yernos, prometidos de sus hijas, y les dijo: «Levantaos, salid de este lugar, porque el Señor va a destruir la ciudad». Pero sus yernos lo tomaron a broma.

15Al amanecer, los ángeles urgieron a Lot: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, no vayas a perecer por culpa de la ciudad».

16Y como no se decidía, los hombres los tomaron de la mano a él, a su mujer y a sus dos hijas, por la misericordia del Señor hacia él,

17y lo sacaron, poniéndolo fuera de la ciudad y diciéndole: «Ponte a salvo; por tu vida, no mires atrás ni te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer».

18Lot les respondió: «No, Señor mío.

19Aunque tu siervo ha alcanzado tu favor, pues me has tratado con gran misericordia, salvándome la vida, yo no puedo ponerme a salvo en los montes; la desgracia me alcanzará y moriré.

20Mira, cerca de aquí hay una ciudad pequeña, donde puedo refugiarme. ¡Permíteme escapar allá! ¿No es acaso muy pequeña? Así yo salvaré la vida».

21Le contestó: «Accedo a lo que pides, no arrasaré la ciudad que dices.

22Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues allá». Por eso la ciudad se llama Soar.

23Salía el sol sobre la tierra cuando Lot llegó a Soar.

24El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo.

25Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.

26La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal.

27Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del Señor.

28Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno.

29Cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abrahán y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades donde había vivido Lot.

30Lot subió de Soar y se estableció en los montes con sus dos hijas, pues tenía miedo de vivir en Soar. Se estableció en una cueva con sus dos hijas.

31La mayor dijo a la menor: «Nuestro padre es viejo y no hay en el país ningún hombre que se una a nosotras, como se acostumbra en todas partes.

32Ven, emborrachemos a nuestro padre y acostémonos con él; así tendremos descendencia de él».

33Aquella noche emborracharon a su padre y la mayor fue y se acostó con él, sin que él se diera cuenta al acostarse y levantarse ella.

34Al día siguiente la mayor dijo a la menor: «Puesto que anoche dormí yo con mi padre, esta noche lo emborracharemos también, y tú te acuestas con él para tener descendencia de él».

35Aquella noche también emborracharon a su padre y la menor fue y se acostó con él, sin que él se diera cuenta al acostarse y levantarse ella.

36Las dos hijas de Lot concibieron de su padre.

37La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab. Es el antepasado del Moab actual.

38También la menor dio a luz un hijo y lo llamó Amón. Es el antepasado de los actuales amonitas.

Génesis 20

1Abrahán partió de allí hacia la región del Negueb y se estableció entre Cadés y Sur. Mientras estaba residiendo en Guerar,

2Abrahán dijo de su mujer Sara: «Es mi hermana». Abimélec, rey de Guerar, mandó que le trajeran a Sara.

3Pero Dios se le apareció de noche, en sueños, a Abimélec y le dijo: «Vas a morir por haber tomado esa mujer, pues está casada».

4Abimélec, que no se había acercado a ella, dijo: «Señor, ¿vas a matar también a gente inocente?

5¿No me dijo él: “Es mi hermana”, y ella misma dijo: “Es mi hermano”? Lo he hecho de buena fe y con manos limpias».

6Dios le respondió en sueños: «También yo sé que lo has hecho de buena fe; incluso yo mismo te he preservado de pecar contra mí; por eso no he permitido que la toques.

7Ahora devuelve la mujer de ese hombre, porque es un profeta e intercederá por ti y vivirás; pero si no se la devuelves, debes saber que moriréis tú y todos los tuyos».

8Abimélec se levantó temprano, llamó a todos sus servidores y les contó todo lo sucedido. Y los hombres se asustaron mucho.

9Luego Abimélec llamó a Abrahán y le dijo: «¿Qué nos has hecho? ¿Qué mal te he hecho para que nos hayas expuesto a mí y a mi reino a un pecado tan grande? Lo que has hecho conmigo no se debe hacer».

10Abimélec preguntó aún a Abrahán: «¿Qué miras tenías para hacer tal cosa?».

11Abrahán respondió: «Pensé: “seguramente no existe temor de Dios en este lugar y me matarán por causa de mi mujer”.

12Además, en realidad, es mi hermana, hija de mi padre, aunque no de mi madre, y la tomé por mujer.

13Cuando Dios me hizo vagar lejos de mi casa paterna, le dije: “Hazme este favor: en todos los sitios adonde lleguemos di que soy tu hermano”».

14Entonces Abimélec tomó ovejas y vacas, siervos y siervas, y se las dio a Abrahán; y le devolvió a Sara, su mujer.

15Después dijo Abimélec: «Ahí tienes mi país a tu disposición; instálate donde mejor te parezca».

16A Sara le dijo: «He entregado a tu hermano mil monedas de plata; serán como un velo en los ojos para ti y para todos los que están contigo. Quedas rehabilitada».

17Abrahán rogó a Dios, y Dios curó a Abimélec, a su mujer y a sus concubinas, que tuvieron hijos,

18pues el Señor había cerrado la matriz a todas en casa de Abimélec, por causa de Sara, mujer de Abrahán.

Génesis 21

1El Señor visitó a Sara, como había dicho. El Señor cumplió con Sara lo que le había prometido.

2Sara concibió y dio a Abrahán un hijo en su vejez, en el plazo que Dios le había anunciado.

3Abrahán llamó Isaac al hijo que le había nacido, el que le había dado Sara.

4Abrahán circuncidó a su hijo Isaac el octavo día, como le había mandado Dios.

5Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.

6Sara dijo: «Dios me hizo reír; todo el que lo oiga, reirá conmigo».

7Y añadió: «¿Quién le habría dicho a Abrahán que Sara iba a amamantar hijos?, pues le he dado un hijo en su vejez».

8El chico creció y lo destetaron. Abrahán dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac.

9Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrahán jugaba con Isaac,

10Sara dijo a Abrahán: «Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac».

11Abrahán se llevó un disgusto, pues era hijo suyo.

12Pero Dios dijo a Abrahán: «No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia.

13Pero también al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo».

14Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba.

15Cuando se agotó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas;

16se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo: «No puedo ver morir al niño». Se sentó aparte y, alzando la voz, rompió a llorar.

17Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo; le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del chico, allí donde está.

18Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande».

19Dios le abrió los ojos y vio un pozo de agua; ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.

20Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

21Vivió en el desierto de Farán y su madre tomó para él una mujer egipcia.

22Por aquel tiempo, Abimélec con Picol, jefe de su tropa, dijo a Abrahán: «Dios está contigo en todo lo que haces.

23Ahora, pues, júrame por Dios aquí mismo que no me engañarás a mí, ni a mis parientes, ni a mi raza, sino que me tratarás a mí y a la tierra en que estás residiendo como emigrante, con la misma lealtad con que yo te he tratado».

24Abrahán respondió: «Lo juro».

25Pero Abrahán se quejó a Abimélec por causa del pozo de agua del que se habían apoderado.

26Abimélec le dijo: «No sé quién lo hizo. Además tampoco tú me habías informado, ni yo lo había oído hasta hoy».

27Entonces Abrahán tomó ovejas y vacas, se las dio a Abimélec y los dos concertaron una alianza.

28Abrahán apartó siete corderas del rebaño

29y Abimélec preguntó a Abrahán: «¿Qué significan esas siete corderas que has apartado?».

30Respondió: «Tú recibirás de mi mano esas siete corderas, como testimonio de que yo cavé este pozo».

31Por eso se llama aquel lugar Berseba, porque allí juraron los dos.

32Concluida la alianza en Berseba, Abimélec y Picol, jefe de su tropa, se volvieron a la tierra de los filisteos.

33Abrahán plantó un tamarisco en Berseba e invocó allí el nombre del Señor Dios Eterno.

34Abrahán residió mucho tiempo en la tierra de los filisteos.

Mateo 13

1Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar.

2Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

3Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar.

4Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron.

5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida;

6pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

7Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.

8Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

9El que tenga oídos, que oiga».

10Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?».

11Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.

12Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.

13Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.

14Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;

15porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

16Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.

17En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:

19si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

20Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría;

21pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.

22Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.

23Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.

26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.

27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.

29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.

30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo;

32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta».

34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada,

35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».

36Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno;

39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles.

40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos:

41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad,

42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

44El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

45El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas,

46que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

47El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces:

48cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

49Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos

50y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».

52Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

53Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

54Fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros?

55¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

56¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».

57Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta».

58Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.

Mateo 14

1En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús

2y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

3Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo;

4porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella.

5Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

6El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes,

7que juró darle lo que pidiera.

8Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

9El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran,

10y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

11Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

12Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

13Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.

14Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

15Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».

16Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».

17Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».

18Les dijo: «Traédmelos».

19Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

20Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.

21Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

22Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

23Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

24Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

25A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar.

26Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

27Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

28Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

29Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús;

30pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».

31Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

32En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

33Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

34Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.

35Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos.

36Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.