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Lectura 76 de 365

Jueces 15-17 · Romanos 4

Letra: Normal

Jueces 15

1Algún tiempo después, en la época de la siega de los trigos, Sansón visitó a su esposa, llevando un cabrito. Pidió: «Quiero llegarme a mi esposa, en la alcoba». Pero su suegro no le permitió entrar.

2Y le dijo: «Pensé que la habías aborrecido, y la entregué a tu compañero. Sin embargo, su hermana menor es mejor que ella. Ten a bien que sea tuya en lugar de la otra».

3Sansón replicó: «Esta vez seré inocente ante los filisteos, si les causo algún mal».

4Fue y atrapó trescientos zorros. Tomó teas, juntó rabo con rabo y puso una tea entre cada par de ellos.

5Prendió fuego a las teas y soltó los zorros por las mieses de los filisteos, incendiando gavillas y mieses e incluso viñas y olivos.

6Los filisteos preguntaron: «¿Quién ha hecho esto?». Les respondieron: «Sansón, el yerno del timnita, porque este tomó a su esposa y la dio a su compañero». Entonces subieron los filisteos y los quemaron, a ella y a su padre.

7Sansón les dijo: «Por haber obrado así, no voy a parar hasta que me haya vengado de vosotros».

8Les tundió piernas y muslos, causándoles un gran estrago. Bajó y se estableció en una cueva de la peña de Etán.

9Los filisteos subieron a acampar contra Judá y se desplegaron en Lejí.

10Los de Judá preguntaron: «¿Por qué habéis subido contra nosotros?». Respondieron: «Hemos subido a capturar a Sansón, para tratarlo como él nos ha tratado».

11Tres mil hombres de Judá bajaron a la cueva de la peña de Etán y dijeron a Sansón: «¿No sabes que los filisteos nos dominan? ¿Por qué nos has hecho esto?». Les respondió: «Según me trataron, así los he tratado».

12Le dijeron: «Hemos bajado a maniatarte, para entregarte en manos de los filisteos». Sansón les dijo: «Juradme que no me mataréis».

13Le respondieron: «No, que solo hemos venido a atarte y entregarte en sus manos. No te vamos a matar». Lo ataron con dos cordeles nuevos y lo subieron de la peña.

14Cuando llegó a Lejí, los filisteos salieron gritando a su encuentro. Entonces lo invadió el espíritu del Señor, y los cordeles que tenía en sus brazos fueron como hilos de lino, consumidos por el fuego, y las ataduras de sus manos se deshicieron.

15Encontró una quijada fresca de asno, alargó la mano, la agarró y mató con ella a mil hombres.

16Sansón exclamó:«Con una quijada de asno un montón, dos montones. Con una quijada de asno maté mil hombres».

17Cuando hubo acabado de hablar, tiró la quijada y llamó a aquel lugar Ramat Lejí.

18Después sintió mucha sed e invocó al Señor: «Has logrado esta gran victoria por mano de tu siervo. Pero ahora voy a morir de sed y a caer en manos de los incircuncisos».

19Entonces el Señor agrietó la hoya que hay en Lejí y manó agua de ella. Sansón bebió, recobró el aliento y se reanimó. Por ello se puso el nombre de En Coré a la fuente que hasta el día de hoy se encuentra en Lejí.

20Sansón juzgó veinte años a Israel, en tiempo de los filisteos.

Jueces 16

1Sansón se marchó a Gaza. Vio allí una prostituta y se llegó a ella.

2Les comunicaron la noticia a los de Gaza: «Sansón ha llegado aquí». Lo cercaron y acecharon toda la noche a la puerta de la ciudad. Se mantuvieron callados durante la noche, diciéndose: «Le mataremos a la luz del día».

3Pero Sansón durmió solo hasta la media noche. Entonces se levantó, agarró las hojas del portón de la ciudad con las dos jambas, las arrancó junto con la barra, las cargó sobre sus hombros y las subió a la cumbre del monte que está frente a Hebrón.

4Después de esto se enamoró de una mujer del torrente Sorec, llamada Dalila.

5Los príncipes de los filisteos subieron a verla y le dijeron: «Sedúcelo y averigua en qué reside su enorme fuerza y con qué se le podría atar para doblegarlo. Nosotros te daremos doce kilos y medio de plata cada uno».

6Dalila dijo a Sansón: «Aclárame en qué reside tu enorme fuerza y con qué se te había de atar para doblegarte».

7Sansón le respondió: «Si me ataran con siete cuerdas frescas, que no se hayan secado, me debilitaría y vendría a ser como un hombre cualquiera».

8Los príncipes filisteos le subieron siete cuerdas frescas, que no se habían secado, y lo ataron con ellas.

9Ella, que había apostado unos hombres en la habitación, le gritó: «Los filisteos sobre ti, Sansón». Él rompió las cuerdas como se rompe un hilo de estopa, cuando siente el fuego. Y su fuerza no quedó descubierta.

10Entonces Dalila le dijo: «Te has burlado de mí, y me has mentido. Ahora, pues, dime, por favor, con qué se te habría de atar».

11Le contestó: «Si me ataran bien atado con cuerdas nuevas con las que no se hubiera realizado trabajo alguno, me debilitaría y vendría a ser como un hombre cualquiera».

12Dalila tomó cuerdas nuevas, lo ató con ellas, y gritó: «Los filisteos sobre ti, Sansón», mientras los hombres estaban apostados en la habitación. Pero él rompió las cuerdas de sus brazos como si se tratara de un hilo.

13Dalila le dijo: «Hasta aquí me has engañado y me has mentido. Aclárame con qué se te habría de atar». Le contestó: «Si trenzas siete guedejas de mi cabeza con la urdimbre y las sujetas con una clavija, me debilitaré y vendré a ser como un hombre cualquiera».

14Lo adormeció, trenzó las siete guedejas de su cabeza con la urdimbre, las sujetó con la clavija, y le gritó: «Los filisteos sobre ti, Sansón». Él se despertó de su sueño y arrancó la clavija del telar y la urdimbre.

15Ella se le quejó: «¿Cómo puedes decir que me amas, si tu corazón no está conmigo? Es la tercera vez que me has engañado y no me aclaras en qué reside tu enorme fuerza».

16Y como le asediase todos los días con sus palabras y le importunara tanto, su espíritu se abatió.

17Entonces le puso al descubierto su corazón y le dijo: «La navaja no ha pasado por mi cabeza, pues soy nazir de Dios desde el seno de mi madre. Si me raparan, mi fuerza se alejaría de mí. Me debilitaría y vendría a ser como cualquier hombre».

18Dalila se dio cuenta de que le había abierto completamente el corazón y mandó llamar a los príncipes filisteos: «Subid, porque esta vez me ha abierto completamente el corazón». Los príncipes filisteos subieron allá, llevando la plata en sus manos.

19Lo adormeció sobre sus rodillas y llamó a un hombre que le rapó las siete guedejas de su cabeza. Entonces comenzó a debilitarse y su fuerza se alejó de él.

20Dalila le gritó: «Los filisteos sobre ti, Sansón». Él se despertó de su sueño, pensando: «Saldré como las otras veces y me libraré de ellos». No sabía que el Señor se había alejado de él.

21Los filisteos lo apresaron y le sacaron los ojos. Le bajaron a Gaza y lo ataron con una doble cadena de bronce. En la cárcel estuvo dando vueltas a la muela.

22Ahora bien, después que lo hubieron rapado, el cabello de su cabeza comenzó a crecer.

23Los príncipes de los filisteos se congregaron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón y para hacer un festejo. Decían: «Nuestro dios ha entregado en nuestras manos a Sansón, nuestro enemigo».

24Cuando lo vio la gente, alababan a su dios diciendo: «Nuestro dios ha entregado en nuestras manos al enemigo, que asolaba nuestro territorio y multiplicaba nuestros muertos».

25Cuando ya tenían el corazón alegre, dijeron: «Llamad a Sansón para que nos divierta». Llamaron a Sansón de la cárcel y bailó ante ellos. Luego lo colocaron entre las columnas.

26Sansón dijo al lazarillo: «Déjame tocar las columnas sobre las que se asienta el templo, para que pueda apoyarme en ellas».

27El templo estaba lleno de hombres y mujeres. Se encontraban allí todos los príncipes filisteos. En la azotea había unos tres mil hombres y mujeres, viendo los juegos de Sansón.

28Entonces Sansón invocó al Señor: «Dueño y Señor mío, acuérdate de mí y dame fuerzas solo esta vez, oh Dios, para que de un solo golpe pueda vengarme de los filisteos, por lo de mis dos ojos».

29Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que se asentaba el templo y se apoyó sobre ellas, en una con la derecha y en la otra con la izquierda.

30Entonces gritó: «Muera yo también con los filisteos». Empujó con fuerza, y el templo se desplomó sobre los príncipes y sobre toda la gente que había en él. Los que mató al morir fueron más que los que había matado en vida.

31Sus hermanos y toda la casa paterna bajaron a recogerlo y lo subieron a enterrar entre Sorá y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoj. Sansón había juzgado a Israel diez años.

Jueces 17

1Había un hombre de la montaña de Efraín, llamado Micá.

2En cierta ocasión le dijo a su madre: «Aquellos doce kilos y medio de plata que te robaron y por los que proferiste una maldición e incluso la repetiste a mis oídos, están en mi poder, los cogí yo». Su madre exclamó: «Bendito seas del Señor, hijo mío».

3Él devolvió los doce kilos y medio de plata a su madre, que le dijo: «Yo había consagrado la plata al Señor en favor de mi hijo, para hacer una imagen y el chapeado metálico. Ahora quiero devolvértela».

4Pero él restituyó la plata a su madre. Su madre tomó más de dos kilos de plata y los entregó al fundidor. Este hizo con ello una imagen y el chapeado metálico, que quedó en casa de Micá.

5Dicho Micá tenía una estela sagrada. Hizo un efod y unos terafim, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.

6En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía correcto.

7Había un joven de Belén de Judá, de la estirpe de Judá, que era levita y residía allí como extranjero.

8El hombre se fue de la ciudad de Belén de Judá con intención de encontrar un sitio donde vivir como emigrante. Haciendo su camino, llegó a la montaña de Efraín, hasta la casa de Micá.

9Micá le preguntó: «¿De dónde vienes?». Le contestó: «Soy levita, de Belén de Judá, y voy de camino con el propósito de encontrar un sitio donde vivir como emigrante».

10Micá le dijo: «Quédate conmigo, me servirás de padre y sacerdote. Yo te daré más de cien gramos de plata al año, un juego de vestidos y tu sustento». Pero el levita se marchó.

11Sin embargo, accedió después a morar con aquel hombre. El joven llegó a ser para él como uno de sus hijos.

12Micá consagró al levita. Aquel joven le sirvió de sacerdote, y permaneció en su casa.

13Micá se dijo: «Ahora sé que el Señor me ha de favorecer, pues tengo un levita como sacerdote».

Romanos 4

1¿Qué diremos, pues, que obtuvo Abrahán, nuestro padre según la carne?

2Si Abrahán fue justificado en virtud de las obras, tiene un timbre de gloria, pero no delante de Dios;

3pues, ¿qué dice la Escritura? Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.

4A alguien que trabaja, el jornal no se le cuenta como gracia, sino como algo debido;

5en cambio, a alguien que no trabaja, sino que cree en el que justifica al impío, la fe se le cuenta como justicia.

6Del mismo modo, también David proclama la bienaventuranza de aquel a quien Dios le cuenta la justicia independientemente de las obras.

7Bienaventurados aquellos a quienes se les perdonaron sus maldades y les sepultaron sus delitos;

8bienaventurado aquel a quien el Señor no le ha contado el pecado.

9Pues bien, ¿esta bienaventuranza afecta a la circuncisión o también a la incircuncisión? Pues decimos: A Abrahán se le contó la fe como justicia.

10¿Y cómo se le contó?, ¿estando circuncidado o siendo incircunciso? No estando circuncidado, sino siendo incircunciso.

11Y recibió la señal de la circuncisión, sello de la justicia que se recibe en virtud de la fe y que le fue contada cuando era todavía incircunciso; para que fuera padre de todos los que creen siendo incircuncisos, para que también a ellos se les contara como justicia;

12y padre de los circuncisos, es decir, de aquellos que no solo están circuncidados, sino que además siguen las huellas de la fe que tenía Abrahán, nuestro padre, siendo todavía incircunciso.

13En efecto, no por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.

14Pues si los herederos lo son en virtud de la ley, se vacía la fe y se anula la promesa;

15pues la ley provoca ira; ya que donde no hay ley tampoco hay transgresión.

16Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

17Según está escrito: Te he constituido padre de muchos pueblos; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.

18Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

19Y, aunque se daba cuenta de que su cuerpo estaba ya medio muerto —tenía unos cien años— y de que el seno de Sara era estéril, no vaciló en su fe.

20Todo lo contrario, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios,

21pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete;

22por lo cual le fue contado como justicia.

23Pero que le fue contado no está escrito solo por él;

24también está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesucristo nuestro Señor,

25el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.