Lectura 75 de 365
Jueces 12-14 · Romanos 3
Jueces 12
1Los efraimitas fueron convocados y pasaron a Safón. Le dijeron a Jefté: «¿Por qué marchaste a luchar contra los amonitas y no nos convocaste para ir contigo? Daremos fuego a tu casa contigo».
2Jefté les contestó: «Yo era un hombre de encarnizada contienda, lo mismo que mi pueblo y los amonitas. Os pedí ayuda, pero no me salvasteis de su mano.
3Cuando vi que no tenía ayuda de nadie, arriesgué mi vida, ataqué a los amonitas y el Señor los entregó en mi mano. ¿Por qué subís hoy contra mí para hacerme la guerra?».
4Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y declaró la guerra a Efraín. Los hombres de Galaad derrotaron a los de Efraín, que repetían: «Vosotros sois fugitivos de Efraín, gentes de Galaad en medio de Efraín, en medio de Manasés».
5Galaad tomó los vados del Jordán a Efraín. Y cuando uno de los escapados de Efraín pedía: «Quiero cruzar», los galaaditas le preguntaban: «¿Eres efraimita?»; si él respondía: «No»,
6le volvían a decir: «Pronuncia, por favor, shibbolet»; pero él pronunciaba: sibbolet, pues no podía pronunciar correctamente esa palabra. Entonces, lo agarraban y lo degollaban en los vados del Jordán. Cayeron entonces cuarenta y dos mil efraimitas.
7Jefté juzgó seis años a Israel. Murió Jefté, el galaadita, y lo enterraron en su ciudad de Galaad.
8Después de él, juzgó a Israel Ibsán de Belén.
9Tenía treinta hijos y treinta hijas. A estas las envió fuera para que tomaran marido, mientras que para sus hijos hizo traer treinta muchachas de fuera. Juzgó a Israel siete años.
10Murió Ibsán y lo enterraron en Belén.
11Después de él juzgó a Israel Elón, el de Zabulón. Juzgó a Israel diez años.
12Elón, el de Zabulón, murió y lo enterraron en Ayalón, en la tierra de Zabulón.
13Después de él, juzgó a Israel Abdón, hijo de Hilel, el piratonita.
14Tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta borricos. Juzgó a Israel ocho años.
15Abdón, hijo de Hilel, el piratonita, murió y lo enterraron en Piratón, en la tierra de Efraín, en la montaña amalecita.
Jueces 13
1Los hijos de Israel volvieron a obrar mal a los ojos del Señor y el Señor los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años.
2Había en Sorá un hombre de estirpe danita, llamado Manoj. Su esposa era estéril y no tenía hijos.
3El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Eres estéril y no has engendrado. Pero concebirás y darás a luz un hijo.
4Ahora, guárdate de beber vino o licor, y no comas nada impuro,
5pues concebirás y darás a luz un hijo. La navaja no pasará por su cabeza, porque el niño será un nazir de Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos».
6La mujer dijo al esposo: «Ha venido a verme un hombre de Dios. Su semblante era como el semblante de un ángel de Dios, muy terrible. No le pregunté de dónde era, ni me dio a conocer su nombre.
7Me dijo: «He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora, pues, no bebas vino o licor, y no comas nada impuro; porque el niño será nazir de Dios desde el seno materno hasta el día de su muerte».
8Manoj imploró así al Señor: «Te ruego, Señor mío, que venga nuevamente a nosotros el hombre de Dios que enviaste, para que nos indique qué hemos de hacer con el niño que nazca».
9Dios escuchó la voz de Manoj, y el ángel de Dios se presentó de nuevo a la mujer, cuando se encontraba en el campo. Su esposo Manoj no estaba con ella.
10Al punto, la mujer corrió a anunciárselo a su marido. Le dijo: «Se me ha aparecido el hombre que vino a verme el otro día».
11Manoj se levantó y siguió a su esposa. Llegó donde estaba el hombre y le preguntó: «¿Eres tú el hombre que habló a mi esposa?». Respondió: «Yo soy».
12Manoj dijo: «Ahora que se van a cumplir tus palabras, ¿cuál será la norma de vida del niño y el comportamiento respecto a su misión?».
13El ángel del Señor le respondió: «La mujer ha de guardarse de todo cuanto le dije.
14No probará nada que provenga del fruto de la vid. No beberá vino o licor, ni probará nada impuro. Guardará cuanto le ordené».
15Manoj dijo al ángel del Señor: «Permítenos retenerte y que te preparemos un cabrito».
16Pero el ángel del Señor le respondió: «Aunque me retengas, no probaré tu pan. Pero, si quieres ofrecer un holocausto al Señor, hazlo». Y es que Manoj no sabía que se trataba del ángel del Señor.
17Manoj le preguntó: «¿Cuál es tu nombre, para que podamos honrarte, cuando se cumplan tus palabras?».
18El ángel del Señor le respondió: «¿Por qué preguntas mi nombre? Es misterioso».
19Manoj tomó el cabrito y la ofrenda, y lo ofreció sobre la peña al Señor que obra misteriosamente. Manoj y su esposa observaban.
20Al subir al cielo la llama del altar, subió el ángel del Señor con la llama del altar. Cuando Manoj y su esposa lo vieron, cayeron rostro a tierra.
21Y el ángel del Señor no volvió a aparecérseles. Entonces supo Manoj que se trataba del ángel del Señor.
22Y le dijo a su esposa: «Seguramente vamos a morir, pues hemos visto a Dios».
23Pero su esposa repuso: «Si el Señor hubiera querido matarnos, no habría recibido de nuestras manos ni el holocausto ni la ofrenda, ni nos habría mostrado todo esto, ni nos habría hecho oír algo semejante».
24La mujer dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Sansón. El niño creció, y el Señor lo bendijo.
25El espíritu del Señor comenzó a agitarlo en Majné Dan, entre Sorá y Estaol.
Jueces 14
1Sansón bajó a Timná y allí se fijó en una mujer filistea.
2Subió, y se lo contó a sus padres. Les dijo: «He visto en Timná una mujer filistea. Pedídmela como esposa».
3Sus padres le contestaron: «¿No hay mujeres entre tus parientes y en todo el pueblo, para que tengas que ir a desposarte con una mujer de los incircuncisos filisteos?». Pero Sansón replicó a su padre: «Pídeme a esta, que es la que me agrada».
4Ni su padre ni su madre sabían que esto venía del Señor, que estaba buscando un pretexto contra los filisteos, que dominaban por entonces a Israel.
5Sansón bajó a Timná con sus padres. Cuando llegaron a las viñas de Timná, un león joven salió rugiendo a su encuentro.
6Le invadió, entonces, el espíritu del Señor, y despedazó al león como se despedaza un cabrito, sin nada en la mano. Pero no contó a sus padres lo que había hecho.
7Bajó luego y habló con la mujer que le agradaba.
8Volvió al cabo de los días para desposarla, dando un rodeo para ver el cadáver del león. Y vio que en la osamenta de león había un enjambre de abejas con miel.
9La extrajo con las manos y siguió su camino comiendo. Llegó donde estaban sus padres, les dio y comieron. Pero nos les contó que había extraído la miel de la osamenta del león.
10Su padre bajó luego adonde vivía la mujer y Sansón celebró allí un banquete, como suelen hacer los mozos.
11En cuanto lo vieron, eligieron treinta compañeros, para que estuvieran con él.
12Sansón les dijo: «Permitidme que os proponga un enigma. Si lo descubrís y acertáis en los siete días que dura el banquete, os daré treinta túnicas y treinta mudas de vestidos.
13Pero si no sois capaces de descubrirlo, vosotros me daréis treinta túnicas y treinta mudas de vestidos». Le respondieron: «Propón tu enigma y lo escucharemos».
14Les dijo:«Del que come salió comida y del fuerte salió dulzura».En tres días no lograron descubrir el enigma.
15Y al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: «Engaña a tu esposo, para que nos aclare el enigma. Si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis invitado para despojarnos?».
16La mujer de Sansón se puso a llorarle: «Solo me tienes odio y no me amas. Has propuesto un enigma a los de mi pueblo y no me lo has desvelado». Le respondió: «No se lo he desvelado ni a mi padre ni a mi madre, ¿y te lo voy a desvelar a ti?».
17Le estuvo llorando los siete días del convite. Al séptimo se lo desveló, cansado de su importunidad. Y ella desveló el enigma a los de su pueblo.
18Las gentes de la ciudad le dijeron el séptimo día, antes de ponerse el sol:«¿Qué más dulce que la miel y qué más fuerte que el león?».Él les dijo:«Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais descubierto mi enigma».
19Lo invadió entonces el espíritu del Señor. Bajó a Ascalón, mató a treinta de sus hombres y tomó sus despojos. Luego entregó las mudas de vestidos a los que habían descifrado el enigma. Después subió a la casa de su padre, ardiendo de ira.
20En cuanto a la mujer de Sansón, tomó como marido a uno de los amigos de él, que era uno de sus guardianes.
Romanos 3
1¿Cuál es, pues, la ventaja del judío o cuál la utilidad de la circuncisión? Muchas y en cualquier aspecto.
2Ante todo, que les han sido confiados los oráculos de Dios.
3Entonces, ¿qué? Si algunos fueron infieles, ¿acaso anulará su infidelidad la fidelidad de Dios?
4De ningún modo. Más bien, él aparecerá como verdadero y todos los hombres como falsos; según está escrito: Para que seas juzgado en tus palabras y triunfes cuando te juzguen.
5Y si nuestra injusticia sirve para mostrar la justicia de Dios, ¿qué vamos a decir? ¿Que Dios es injusto cuando descarga su ira? (estoy expresándome en términos humanos).
6De ningún modo; y si no, ¿cómo va a juzgar Dios al mundo?
7Ahora bien, si la verdad de Dios queda resaltada con mi mentira y ello contribuye a su gloria, ¿por qué se me sigue juzgando como pecador?
8Y ¿por qué no hacer el mal para que venga el bien? Esto es lo que algunos afirman calumniosamente que nosotros decimos. Estos tales tienen bien merecida su condena.
9Entonces, ¿qué? ¿Tenemos alguna ventaja? No del todo. Ya que hemos dejado bien sentado que tanto judíos como griegos, todos están bajo el pecado,
10según está escrito que: No hay nadie justo, ni uno solo;
11no hay nadie sensato; no hay nadie que busque a Dios.
12Todos se extraviaron, a una se han pervertido; no hay nadie que haga el bien; no hay ni siquiera uno.
13Una tumba abierta es su garganta, con sus lenguas urden engaños; veneno de áspides bajo sus labios;
14su lengua rebosa malicia y amargura,
15sus pies son veloces para derramar sangre;
16ruina y destrucción en sus caminos.
17Y no conocen el camino de la paz.
18No hay temor de Dios ante sus ojos.
19Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley lo dice para quienes viven en el ámbito de la ley, a fin de que toda boca enmudezca y todo el mundo aparezca como reo ante Dios.
20Puesto que por las obras de la ley ningún viviente será justificado ante él, pues a través de la ley solo se logra el conocimiento del pecado.
21Pero ahora, sin la ley se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas;
22justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción,
23ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios,
24y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.
25Dios lo constituyó medio de propiciación mediante la fe en su sangre, para mostrar su justicia pasando por alto los pecados del pasado
26en el tiempo de la paciencia de Dios; actuó así para mostrar su justicia en este tiempo, a fin de manifestar que era justo y que justifica al que tiene fe en Jesús.
27Y ahora, ¿dónde está la gloria? Queda eliminada. ¿En virtud de qué ley? ¿De la ley de las obras? No, sino en virtud de la ley de la fe.
28Pues sostenemos que el hombre es justificado por la fe, sin obras de la Ley.
29¿Acaso Dios lo es solo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? También lo es de los gentiles,
30si es verdad que no hay más que un Dios, el cual justifica a los circuncisos en virtud de la fe y a los no circuncisos también por la fe.
31Entonces, ¿qué?, ¿privamos a la ley de su valor mediante la fe? De ningún modo. Más bien confirmamos la ley.