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Lectura 73 de 365

Jueces 6-8 · Romanos 1

Letra: Normal

Jueces 6

1Los hijos de Israel obraron mal a los ojos del Señor y él los entregó durante siete años en manos de Madián.

2Madián dejó sentir su poder sobre Israel y, por su causa, los hijos de Israel se refugiaron en las cavernas que hay en los montes, en las cuevas y en los riscos.

3Cada vez que Israel sembraba, Madián, Amalec y los hijos de Oriente subían contra él.

4Acampaban frente a ellos y saqueaban la cosecha del país hasta la entrada de Gaza. Y no dejaban víveres en Israel, ni oveja, ni buey, ni asno.

5Pues subían con sus ganados y sus tiendas, numerosos como langostas. Ellos y sus camellos eran innumerables, y llegaban al país para devastarlo.

6Israel se empobreció muchísimo a causa de Madián y los hijos de Israel clamaron al Señor.

7En cuanto los hijos de Israel clamaron al Señor por causa de Madián,

8les mandó un profeta, que les dijo: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo os hice subir de Egipto y os saqué de la casa de la esclavitud.

9Os libré de la mano de los egipcios y de todos vuestros opresores; los expulsé delante de vosotros y os entregué su país.

10Os dije: yo soy el Señor, vuestro Dios, no veneréis a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis, pero no escuchasteis mi voz”».

11Vino, entonces, el ángel del Señor y se sentó bajo el terebinto que hay en Ofrá, perteneciente a Joás, de los de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba desgranando el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.

12Se le apareció el ángel del Señor y le dijo: «El Señor esté contigo, valiente guerrero».

13Gedeón respondió: «Perdón, mi señor; si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sucedido todo esto? ¿Dónde están todos los prodigios que nos han narrado nuestros padres, diciendo: el Señor nos hizo subir de Egipto? En cambio ahora, el Señor nos ha abandonado y nos ha entregado en manos de Madián».

14El Señor se volvió hacia él y le dijo: «Ve con esa fuerza tuya y salva a Israel de las manos de Madián. Yo te envío».

15Gedeón replicó: «Perdón, mi Señor, ¿con qué voy a salvar a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo soy el menor de la casa de mi padre».

16El Señor le dijo: «Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como a un solo hombre».

17Gedeón insistió: «Si he hallado gracia a tus ojos, dame una señal de que eres tú el que estás hablando conmigo.

18Te ruego que no te retires de aquí hasta que vuelva a tu lado, traiga mi ofrenda y la deposite ante ti». El Señor respondió: «Permaneceré sentado hasta que vuelvas».

19Gedeón marchó a preparar un cabrito y panes ácimos con unos cuarenta y cinco kilos de harina. Puso la carne en un cestillo, echó la salsa en una olla, lo llevó bajo la encina y se lo presentó.

20El ángel de Dios le dijo entonces: «Coge la carne y los panes ácimos, deposítalos sobre aquella peña, y vierte la salsa». Así lo hizo.

21El ángel del Señor alargó la punta del bastón que tenía en la mano, tocó la carne y los panes ácimos, y subió un fuego de la peña que consumió la carne y los panes ácimos. Después el ángel del Señor desapareció de sus ojos.

22Cuando Gedeón reconoció que se trataba del ángel del Señor, dijo: «¡Ay, Señor mío, Señor, que he visto cara a cara al ángel del Señor!».

23El Señor respondió: «La paz contigo, no temas, no vas a morir».

24Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo llamó «el Señor paz». Todavía hoy existe en Ofrá de Abiezer.

25Aquella noche le dijo el Señor: «Coge el novillo adulto de tu padre y el novillo de siete años del segundo parto, derriba el altar de Baal, propiedad de tu padre, y tala la Asera que está sobre él.

26Erige luego un altar en hilera al Señor, tu Dios, en lo alto de esa fortificación. Coge el novillo del segundo parto y ofrécelo en holocausto con la leña de la Asera que hayas talado».

27Gedeón escogió diez de sus siervos e hizo como le había ordenado el Señor. Ahora bien, lo llevó a cabo de noche y no de día, por miedo a la casa de su padre y a los hombres de la ciudad.

28Cuando los hombres de la ciudad se levantaron temprano, encontraron demolido el altar de Baal, talada la Asera que había sobre él, y el novillo del segundo parto ofrecido sobre el altar levantado.

29Se dijeron unos a otros: «¿Quién ha hecho tal cosa?». Hicieron averiguaciones y consultas, que les llevaron a concluir: «Gedeón, hijo de Joás, hizo tal cosa».

30Los hombres de la ciudad dijeron a Joás: «Saca a tu hijo para que muera, pues ha demolido el altar de Baal y ha talado la Asera que había sobre él».

31Joás respondió a todos cuantos se encontraban ante él: «¿Acaso pretendéis defender a Baal? ¿Es que vais a salvarlo vosotros? El que intente defenderlo morirá antes del amanecer. Si es dios, que se defienda a sí mismo, pues se ha demolido su altar».

32Por eso, aquel día le pusieron a Gedeón el nombre de Jerubaal, diciendo: «Que luche Baal con él, puesto que ha demolido su altar».

33Madián, Amalec y los hijos de Oriente se juntaron a una, cruzaron el Jordán y acamparon en el valle de Yezrael.

34El espíritu del Señor revistió a Gedeón, que tocó el cuerno, y Abiezer se incorporó tras él.

35Despachó mensajeros a todo Manasés, que también se le unió. Despachó mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, y subieron a su encuentro.

36Gedeón dijo a Dios: «Si vas a ser tú el que salve a Israel por mi mano, según has dicho,

37mira, voy a dejar un vellón de lana en la era. Si cae rocío únicamente sobre el vellón, y todo el suelo queda seco, sabré que salvarás a Israel por mi mano, tal y como has dicho».

38Así ocurrió. Se levantó de madrugada, estrujó el vellón y exprimió el rocío del vellón, llenando una cazuela de agua.

39Gedeón dijo a Dios: «No se encienda tu ira contra mí, si hablo una vez más. Permíteme que pruebe solo otra vez con el vellón. Quede seco solo el vellón, mientras que en todo el suelo haya rocío».

40Y así lo hizo el Señor aquella noche. Quedó únicamente seco el vellón y cayó rocío en todo el suelo.

Jueces 7

1Jerubaal, es decir Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él madrugaron y acamparon en En Jarod, quedando el campamento de Madián al norte del suyo, junto a la colina de Moré, en el valle.

2El Señor dijo a Gedeón: «Es mucha la gente que está contigo, como para que yo entregue a Madián en tu mano. No vaya a engreírse Israel ante mí, diciendo: “Mi mano me ha salvado”».

3Ahora, pues, pregona a oídos del pueblo: «Quien tenga miedo y tiemble, vuelva y márchese por el monte Galaad». Se volvieron veintidós mil del pueblo y quedaron diez mil.

4Mas el Señor dijo a Gedeón: «Es todavía mucha gente. Haz que bajen a la fuente y allí los seleccionaré. Y del que yo te diga: “Ese ha de ir contigo”, ese irá contigo; y del que te diga: “Ese no ha de ir contigo”, ese no irá contigo».

5Gedeón hizo que el pueblo bajara a la fuente y el Señor le dijo: «A todo el que beba lamiendo el agua con su lengua, como lame el perro, lo pondrás aparte, y lo mismo a cuantos doblen la rodilla para beber».

6El número de los que lamieron el agua llevándola con las manos a la boca fue de trescientos. El resto de la gente dobló la rodilla para beber agua.

7El Señor declaró a Gedeón: «Os salvaré con los trescientos hombres que han lamido y entregaré a Madián en tu mano. El resto de la gente, que cada uno se vuelva a su casa».

8Entonces cogieron en sus manos las vituallas del pueblo y los cuernos. Despidió a todos los demás israelitas, cada cual a su tienda, y retuvo a los trescientos hombres. El campamento de Madián se encontraba más abajo del suyo, en el valle.

9El Señor le dijo aquella noche: «Levántate, baja al campamento, pues voy a entregarlo en tus manos.

10Y si tienes miedo de bajar, desciende hasta el campamento con tu criado Furá.

11Cuando escuches lo que hablan, se fortalecerá tu mano y bajarás contra el campamento». Él y su criado Furá bajaron hasta el extremo de las avanzadillas del campamento.

12Madián, Amalec y todos los hijos de Oriente estaban echados en el valle, numerosos como las langostas, y sus camellos eran incontables, tan numerosos como la arena de la orilla del mar.

13Al llegar Gedeón, uno estaba contando un sueño a su compañero. Decía: «He tenido un sueño. Una hogaza de pan de cebada rodaba por el campamento de Madián. Llegó hasta la tienda, la golpeó y se vino abajo. La volcó y la tienda se desmontó».

14Su compañero tomó la palabra y dijo: «Eso no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, el israelita. Dios ha entregado en su mano a Madián y a todo el campamento».

15Al oír Gedeón el relato del sueño y su interpretación, se postró. Volvió al campamento de Israel y ordenó: «¡Levantaos, pues el Señor ha entregado en vuestras manos el campamento de Madián!».

16Dividió los trescientos hombres en tres cuerpos y puso en manos de todos ellos cuernos y cántaros vacíos con antorchas en el interior de los cántaros.

17Les ordenó: «Miradme y haced lo mismo. Cuando llegue al extremo del campamento, haced lo mismo que yo.

18Tocaré el cuerno con todos los que estén conmigo. Entonces, también vosotros tocaréis el cuerno alrededor del campamento y exclamaréis: ¡por el Señor y por Gedeón!».

19Gedeón y los cien hombres que estaban con él llegaron al extremo del campamento al comienzo de la segunda vigilia, cuando acababan de relevarse los centinelas. Tocaron los cuernos y rompieron los cántaros que llevaban en las manos.

20Los tres grupos tocaron los cuernos y rompieron los cántaros. Cogieron en la izquierda las antorchas y en la derecha los cuernos para tocar, y gritaron: «¡Espada para el Señor y para Gedeón!».

21Permanecieron cada cual en su puesto, alrededor del campamento. Todos los del campamento corrían y, dando gritos, huían.

22Los trescientos tocaron los cuernos y el Señor hizo que esgrimieran la espada unos contra otros en todo el campamento y que huyeran hasta Bet Sitá, hacia Sererá, hasta la ribera de Abel Mejolá, en dirección de Tabat.

23Los israelitas de Neftalí, de Aser y de todo Manasés se reunieron y persiguieron a Madián.

24Gedeón despachó mensajeros a toda la montaña de Efraín, para decir: «Bajad al encuentro de Madián y tomadles los puntos de agua hasta Bet Bará y el Jordán». Se reunieron todos los hombres de Efraín y tomaron los puntos de agua hasta Bet Bará y el Jordán.

25Capturaron a dos príncipes de Madián, a Oreb y a Zeeb. Mataron a Oreb en la roca de Oreb y a Zeeb lo mataron en el trujal de Zeeb. Persiguieron luego a Madián, y trajeron a Gedeón las cabezas de Oreb y Zeeb de allende el Jordán.

Jueces 8

1Los hombres de Efraín se quejaron a Gedeón: «¿Por qué has hecho esto con nosotros, no convocándonos cuando fuiste a luchar contra Madián?». Y discutieron violentamente con él.

2Les contestó: «¿Se puede comparar lo que he hecho yo con lo que habéis hecho vosotros? ¿Acaso no es mejor el rebusco de Efraín que la vendimia de Abiezer?

3Dios ha entregado en vuestras manos a los príncipes de Madián, a Oreb y a Zeeb. ¿Qué he podido hacer comparable a vosotros?». Dichas estas palabras, se apaciguó su ánimo.

4Gedeón llegó después al Jordán. Y lo cruzó con los trescientos hombres que iban con él. Como estaban agotados, casi no podían continuar la persecución.

5Gedeón dijo entonces a los habitantes de Sucot: «Dadnos, por favor, hogazas de pan para los que siguen mis pasos, pues están agotados. Yo voy tras Zébaj y Salmuná, reyes de Madián».

6Los príncipes de Sucot respondieron: «¿Acaso están en tus manos las palmas de Zébaj y de Salmuná, como para que hayamos de dar pan a tu tropa?».

7Gedeón replicó: «Pues bien, en cuanto el Señor entregue a Zébaj y a Salmuná en mi mano, trillaré vuestras carnes con espinos y cardos del desierto».

8Subió de allí a Penuel y les habló de igual modo. Los hombres de Penuel respondieron como las gentes de Sucot.

9Y dijo a los de Penuel: «Cuando vuelva en paz, derribaré esta torre».

10En cuanto a Zébaj y a Salmuná, se encontraban en Carcor con su campamento, unos quince mil hombres que quedaban de todo el campamento de los hijos de Oriente. Los caídos habían sido ciento veinte mil hombres armados de espada.

11Gedeón subió por el camino de los que habitan en tiendas, al este de Nóbaj y Yogbohá, y batió al campamento, pues la tropa estaba confiada.

12Zébaj y Salmuná huyeron, pero fue tras ellos. Capturó a los dos reyes de Madián, Zébaj y Salmuná, y amedrentó a toda la tropa.

13Gedeón, hijo de Joás, regresó de la campaña por la subida de Jeres.

14Capturó a un muchacho de las gentes de Sucot y le interrogó. Él le escribió el nombre de los príncipes de Sucot y de sus ancianos: setenta y siete hombres.

15Llegó luego donde estaban las gentes de Sucot y dijo: «He aquí a Zébaj y a Salmuná, por cuya causa me ofendisteis, diciendo: “¿Están acaso en tus manos las palmas de Zébaj y Salmuná como para que hayamos de dar pan a tu gente desfallecida?”».

16Cogió a los ancianos de la ciudad y dio una lección a las gentes de Sucot con espinos y cardos del desierto.

17Derribó la torre de Penuel y mató a las gentes de la ciudad.

18Dijo luego a Zébaj y a Salmuná: «¿Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?». Respondieron: «Eran como tú. Cada uno tenía prestancia de hijo de rey».

19Él les dijo: «Eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Por vida del Señor!, si los hubieseis dejado vivos, no os mataría».

20Después ordenó a Yéter, su primogénito: «¡Vamos, mátalos!». Pero el muchacho no desenvainó su espada, pues tenía mucho miedo; era todavía joven.

21Entonces Zébaj y Salmuná dijeron: «Vamos, arremete contra nosotros, pues el hombre se mide por su bravura». Gedeón se levantó y mató a Zébaj y a Salmuná. Luego recogió las lunetas del pescuezo de sus camellos.

22Los israelitas dijeron a Gedeón: «Manda tú sobre nosotros, y lo mismo tu hijo y el hijo de tu hijo, pues nos has salvado de la mano de Madián».

23Pero Gedeón les respondió: «Ni yo ni mi hijo mandaremos sobre vosotros. El Señor es quien mandará sobre vosotros».

24Y seguidamente Gedeón les pidió: «Quiero haceros un ruego: que cada uno me dé un anillo de su botín» —los vencidos llevaban anillos de oro porque eran ismaelitas—.

25Respondieron: «Los entregaremos de buen grado». Extendieron un manto y cada uno echó allí el anillo de su botín.

26El peso de los anillos de oro que había pedido fue de unos diecinueve kilos de oro, aparte de las lunetas, los pendientes y vestidos de púrpura que llevaban los reyes de Madián, y de los collares que llevaban al pescuezo sus camellos.

27Gedeón hizo con todo ello un efod que erigió en su ciudad, en Ofrá. Todo Israel se prostituyó ante el efod, de modo que se convirtió en una trampa para Gedeón y su casa.

28Madián quedó sometido a los hijos de Israel y no volvió a levantar cabeza. El país estuvo en paz cuarenta años, mientras vivió Gedeón.

29Jerubaal, hijo de Joás, se fue a vivir a su casa.

30Gedeón tuvo setenta hijos, nacidos de él, pues tenía muchas mujeres.

31En cuanto a la concubina que vivía en Siquén, también le engendró un hijo, a quien puso de nombre Abimélec.

32Gedeón, hijo de Joás, murió en buena vejez y fue enterrado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofrá de Abiezer.

33Muerto Gedeón, los hijos de Israel volvieron a prostituirse tras los baales, y adoraron como dios a Baal Berit.

34Los hijos de Israel no se acordaron del Señor, su Dios, que les había librado de la mano de todos los enemigos de alrededor,

35ni obraron lealmente con la casa de Jerubaal, es decir, Gedeón, por todo el bien que había hecho a Israel.

Romanos 1

1Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios,

2que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas

3y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne,

4constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

5Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre.

6Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo.

7A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

8En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo; lo hago por todos vosotros, porque vuestra fe se proclama en todo el mundo.

9Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu anunciando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de que me acuerdo incesantemente de vosotros,

10rogándole siempre en mis oraciones que, si es su voluntad, encuentre algún día la ocasión propicia para ir a vosotros.

11Pues tengo ganas de veros, para comunicaros algún don espiritual que os fortalezca;

12para compartir con vosotros el mutuo consuelo de la fe común: la vuestra y la mía.

13No quiero que ignoréis, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir a visitaros —aunque hasta el momento me lo han impedido—; mi propósito era obtener algún fruto entre vosotros, como lo he obtenido entre los demás gentiles.

14Me siento deudor de griegos y bárbaros, de sabios e ignorantes;

15de ahí mi propósito de anunciaros el Evangelio también a vosotros, los que estáis en Roma.

16Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego.

17Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: El justo por la fe vivirá.

18La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que tienen la verdad prisionera de la injusticia.

19Porque lo que de Dios puede conocerse les resulta manifiesto, pues Dios mismo se lo manifestó.

20Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables,

21pues, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios ni le dieron gracias; todo lo contrario, se ofuscaron en sus razonamientos, de tal modo que su corazón insensato quedó envuelto en tinieblas.

22Alardeando de sabios, resultaron ser necios

23y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.

24Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos;

25es decir, cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre. Amén.

26Por esto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza;

27de igual modo los hombres, abandonando las relaciones naturales con la mujer, se abrasaron en sus deseos, unos de otros, cometiendo la infamia de las relaciones de hombres con hombres y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su extravío.

28Y, como no juzgaron conveniente prestar reconocimiento a Dios, los entregó Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene:

29llenos de toda clase de injusticia, maldad, codicia, malignidad; henchidos de envidias, de homicidios, discordias, fraudes, perversiones; difamadores,

30calumniadores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,

31insensatos, desleales, crueles, despiadados;

32los cuales, aunque conocían el veredicto de Dios según el cual los que hacen estas cosas son dignos de muerte, no solo las practican sino que incluso aprueban a los que las hacen.