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Lectura 70 de 365

Josué 21-23 · Hechos de los Apóstoles 26

Letra: Normal

Josué 21

1Los cabezas de familia de los levitas se presentaron al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los cabezas de familia de las tribus de los hijos de Israel,

2en Siló, en la tierra de Canaán, y les dijeron: «El Señor ordenó, por medio de Moisés, que se nos dieran ciudades donde residir, con sus pastos para nuestro ganado».

3Los hijos de Israel, según la orden del Señor, dieron a los levitas, de sus heredades, las siguientes ciudades con sus pastos.

4Se echó la suerte para los clanes de Queat. A los levitas hijos del sacerdote Aarón les tocaron trece ciudades de las tribus de Judá, Simeón y Benjamín.

5A los otros hijos de Queat, por clanes, diez ciudades de las tribus de Efraín, de Dan y de la media tribu de Manasés.

6A los hijos de Guersón, por clanes, les tocaron trece ciudades de las tribus de Isacar, Aser, Neftalí y de la media tribu de Manasés, en Basán.

7A los hijos de Merarí, por clanes, les tocaron doce ciudades de las tribus de Rubén, Gad y Zabulón.

8Los hijos de Israel dieron a los levitas por sorteo esas ciudades con sus pastos, como el Señor había ordenado por boca de Moisés.

9De las tribus de Judá y de Simeón les dieron las ciudades que se nombran a continuación.

10Esta fue la parte de los hijos de Aarón, del clan de Queat, de los hijos de Leví (porque la primera suerte fue para ellos):

11les dieron Quiriat Arbá (ciudad del padre de Anac), o sea Hebrón, en la montaña de Judá, con los pastos de alrededor.

12Pero la campiña de esta ciudad con sus aldeas se la habían dado en propiedad a Caleb, hijo de Jefuné.

13A los hijos del sacerdote Aarón les dieron, como ciudad de asilo para los homicidas, Hebrón con sus pastos; además Libná con sus pastos,

14Yatir con sus pastos, Estemoa con sus pastos,

15Jolón con sus pastos, Debir con sus pastos,

16Asán con sus pastos, Yutá con sus pastos y Bet Semes con sus pastos: nueve ciudades de esas dos tribus.

17De la tribu de Benjamín, Gabaón y sus pastos, Gueba y sus pastos,

18Anatot y sus pastos, Almón y sus pastos: cuatro ciudades.

19Total de las ciudades de los sacerdotes hijos de Aarón: trece ciudades con sus pastos.

20A los restantes clanes de los hijos de Queat (a los otros levitas de los hijos de Queat), les tocaron en suerte ciudades de la tribu de Efraín.

21Se les dio, como ciudad de asilo para los homicidas, Siquén con sus pastos, en la montaña de Efraín; además Guécer con sus pastos,

22Quibsáin con sus pastos, Bet Jorón con sus pastos: cuatro ciudades.

23De la tribu de Dan, Eltequé con sus pastos, Guibetón con sus pastos,

24Ayalón con sus pastos, Gat Rimón con sus pastos: cuatro ciudades.

25De la media tribu de Manasés, Tanac con sus pastos y Yibleán con sus pastos: dos ciudades.

26Total: diez ciudades con sus pastos para los restantes clanes de los hijos de Queat.

27A los clanes levíticos de los hijos de Guersón les dieron: de la media tribu de Manasés, como ciudad de asilo para los homicidas, Golán de Basán con sus pastos; además Astarot con sus pastos: dos ciudades.

28De la tribu de Isacar, Quisyón con sus pastos, Daberat con sus pastos,

29Yarmut con sus pastos, En Ganín con sus pastos: cuatro ciudades.

30De la tribu de Aser, Misal con sus pastos, Abdón con sus pastos,

31Jelcat con sus pastos y Rejob con sus pastos: cuatro ciudades.

32De la tribu de Neftalí, como ciudad de asilo para los homicidas, Quedes de Galilea con sus pastos, y además Jamot Dor con sus pastos y Cartán con sus pastos: tres ciudades.

33Total de ciudades de los guersonitas, por clanes: trece ciudades con sus pastos.

34A los clanes de los hijos de Merarí, o sea, al resto de los levitas: de la tribu de Zabulón: Yocneán con sus pastos, Cartá con sus pastos,

35Rimón con sus pastos, Nahalal con sus pastos: cuatro ciudades.

36Al otro lado del Jordán, de la tribu de Rubén, como ciudad de asilo para los homicidas, Béser en la llanura desértica con sus pastos; y además Yahás con sus pastos,

37Quedemot con sus pastos, Mefat con sus pastos: cuatro ciudades.

38De la tribu de Gad, como ciudad de asilo para los homicidas, Ramot de Galaad con sus pastos; además Majanáin con sus pastos,

39Jesbón con sus pastos, Yacer con sus pastos: cuatro ciudades.

40Total de ciudades asignadas por suerte a los clanes de los hijos de Merarí, es decir, al resto de los clanes levíticos: doce ciudades.

41Total de las ciudades de los levitas en medio de la propiedad de los hijos de Israel: cuarenta y ocho ciudades con sus pastos.

42Cada una de las ciudades comprendía, además de la ciudad, los pastos de alrededor. Así todas las ciudades mencionadas.

43Así el Señor dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres. Los israelitas la ocuparon y se instalaron en ella.

44El Señor les concedió paz en todas sus fronteras, tal como había jurado a sus padres, y ninguno de sus enemigos pudo hacerles frente. El Señor puso en sus manos a todos sus enemigos.

45No falló ni una sola de todas las magníficas promesas que el Señor había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió.

Josué 22

1Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a los de la media tribu de Manasés,

2y les dijo: «Habéis cumplido todo lo que os mandó Moisés, siervo del Señor, y a mí también me habéis obedecido en todo lo que os he mandado.

3No habéis abandonado a vuestros hermanos hasta el día de hoy durante tan largo tiempo; habéis cumplido así la orden que os dio el Señor, vuestro Dios.

4Ahora, pues, una vez que el Señor, vuestro Dios, ha dado a vuestros hermanos el descanso que les había prometido, podéis volveros a vuestras tiendas, a la tierra de vuestra propiedad, la que os dio Moisés, siervo del Señor, al otro lado del Jordán.

5Únicamente tened sumo cuidado de guardar los mandatos y la ley que os dio Moisés, siervo del Señor: que améis al Señor, vuestro Dios, que caminéis siempre por sus sendas, que guardéis sus mandamientos y os mantengáis unidos a él y le sirváis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma».

6Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas.

7Moisés había dado su parte en tierras de Basán a media tribu de Manasés; a la otra media se la dio Josué entre sus hermanos, al lado de acá del Jordán. Cuando los mandó Josué a sus tiendas, les dio la bendición

8y les dijo: «Volved a vuestras tiendas llenos de riquezas, con grandes rebaños, con plata y oro, bronce y hierro y ropa abundante; pero repartid con vuestros hermanos el botín cogido a los enemigos».

9Los rubenitas y los gaditas, con la media tribu de Manasés, se volvieron y dejaron a los hijos de Israel en Siló, en la tierra de Canaán, para volver a la tierra de Galaad, a la tierra de su propiedad, en la que se habían instalado, según la orden del Señor dada por medio de Moisés.

10Cuando llegaron a la región del Jordán, todavía en la tierra de Canaán, los rubenitas y los gaditas y la media tribu de Manasés levantaron un altar a orillas del Jordán, un altar como monumento.

11Les llegó la noticia a los hijos de Israel: «Mirad, los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés han levantado un altar, dentro de la tierra de Canaán, en la región del Jordán, del lado de los hijos de Israel».

12Al oír esto los hijos de Israel, se reunió en Siló toda la comunidad para hacerles la guerra.

13Los hijos de Israel enviaron a la región donde estaban los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, la tierra de Galaad, al sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar,

14y con él a diez notables, un notable por cada una de las tribus de Israel: todos eran cabezas de familia en los clanes de Israel.

15Cuando llegaron a donde estaban los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad, les hablaron así:

16«Esto dice la comunidad entera del Señor: ¿Qué prevaricación es esa que habéis cometido hoy contra el Dios de Israel, apartándoos del Señor, construyéndoos un altar, rebelándoos contra el Señor?

17¿No teníamos bastante con el crimen de Peor, que hoy todavía no hemos acabado de borrar, y eso que vino la plaga sobre la comunidad del Señor?

18Si vosotros os apartáis hoy del Señor, si os rebeláis hoy contra el Señor, mañana se encenderá su cólera contra toda la comunidad de Israel.

19Si os parece impura vuestra propiedad, volveos a la tierra de propiedad del Señor, donde ha fijado su morada el Señor, y tened una propiedad entre nosotros. Pero no os rebeléis contra el Señor, no nos hagáis cómplices de vuestra rebeldía levantando un altar aparte del altar del Señor nuestro Dios.

20Cuando prevaricó Acán, hijo de Céraj, con lo consagrado, ¿no se desató la Cólera contra toda la comunidad de Israel, aunque él era solo un individuo? ¿Y no murió él por su crimen?».

21Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés respondieron a los jefes de los clanes de Israel:

22«El Señor, Dios de los dioses, sí, el Señor, Dios de los dioses, lo sabe bien, y que lo sepa también Israel: si ha habido por nuestra parte rebelión o prevaricación contra el Señor, que hoy mismo nos castigue.

23Y, si hemos levantado un altar para apartarnos del Señor y para ofrecer en él holocaustos u oblaciones o sacrificios de comunión, que el Señor nos pida cuentas.

24Pero no. Si lo hemos hecho ha sido porque nos decíamos con preocupación: “El día de mañana vuestros hijos les podrían decir a los nuestros: ‘¿Qué tenéis que ver vosotros con el Señor, el Dios de Israel?

25El Señor ha puesto el Jordán como frontera entre nosotros y vosotros, rubenitas y gaditas. No tenéis parte con el Señor’. Así vuestros hijos apartarían a los nuestros del temor del Señor”.

26Por eso nos hemos dicho: “Vamos a construirnos este altar, pero no para holocaustos, ni sacrificios de comunión,

27sino para que sea testigo entre vosotros y nosotros y entre nuestros descendientes de que rendimos culto al Señor en el lugar de su presencia, con nuestros holocaustos y nuestros sacrificios de comunión. Así no podrán decir el día de mañana vuestros hijos a los nuestros: ‘No tenéis parte con el Señor’”.

28Nos hemos dicho: “Si sucede que el día de mañana nos hablan así a nosotros o a nuestros descendientes, les podremos responder: ‘Fijaos en la forma del altar del Señor que hicieron nuestros padres, que no es como para ofrecer holocaustos ni sacrificios de comunión, sino como testigo entre vosotros y nosotros’.

29Lejos de nosotros rebelarnos contra el Señor y desertar hoy de su servicio, levantando un altar aparte del altar del Señor nuestro Dios erigido delante de su morada, para ofrecer en él holocaustos, oblaciones o sacrificios”».

30Cuando el sacerdote Pinjás, los jefes de la comunidad y los jefes de los clanes de Israel que lo acompañaban oyeron estas palabras de labios de los gaditas, los rubenitas y los manasitas, les pareció bien.

31Y el sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, dijo a los rubenitas, a los gaditas y a los manasitas: «Ahora sabemos que el Señor está en medio de nosotros, pues no habéis cometido tan grande prevaricación contra él y habéis librado así a los hijos de Israel de la mano del Señor».

32El sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, y los jefes, se despidieron de los rubenitas y de los gaditas, y se volvieron de la tierra de Galaad al de Canaán, donde estaban los hijos de Israel, y les informaron de lo ocurrido.

33La cosa pareció bien a los hijos de Israel, los cuales bendijeron a Dios y no hablaron más de hacerles la guerra y devastar el territorio habitado por los rubenitas y los gaditas.

34Los rubenitas y gaditas llamaron al altar «Testigo», diciendo: «Será testigo entre nosotros de que el Señor es Dios».

Josué 23

1Sucedió, mucho tiempo después de que el Señor concediera a Israel la paz con todos los enemigos de alrededor,

2que Josué, que era ya muy viejo, convocó a todo Israel, a sus ancianos, sus jefes, sus jueces y sus escribas, y les dijo: «Yo soy ya muy viejo.

3Vosotros habéis visto todo lo que el Señor, vuestro Dios, ha hecho ante vosotros con todos estos pueblos; pues el Señor, vuestro Dios, era el que combatía por vosotros.

4Mirad, yo os he sorteado, como heredad para vuestras tribus, esos pueblos que quedan por conquistar, (además de todos los pueblos que aniquilé), desde el Jordán hasta el Mar Grande de occidente.

5El mismo Señor, vuestro Dios, os los quitará de delante, los desposeerá de su tierra y vosotros tomaréis posesión de su tierra, como os lo prometió el Señor, vuestro Dios.

6Esforzaos ante todo en observar y cumplir todo lo prescrito en el libro de la ley de Moisés, no desviándoos ni a la derecha ni a la izquierda.

7No os mezcléis con esos pueblos que quedan todavía entre vosotros. No mentéis el nombre de sus dioses ni juréis por ellos. No les déis culto ni os postréis ante ellos.

8Al contrario: manteneos unidos al Señor, vuestro Dios, como habéis hecho hasta el día de hoy.

9El Señor os ha quitado de delante pueblos numerosos y fuertes, y nadie os ha podido resistir hasta el presente.

10Uno solo de vosotros persigue a mil, porque el Señor mismo, vuestro Dios, lucha por vosotros, como os lo ha prometido.

11Procurad con todo empeño, por vuestras vidas, amar al Señor, vuestro Dios.

12Pero, si os desviáis y os unís a ese resto de naciones que quedan todavía entre vosotros, si emparentáis con ellas y entráis en tratos con ellas,

13estad seguros de que el Señor, vuestro Dios, no seguirá quitándoos de delante esos pueblos. Serán para vosotros red, lazo, aguijón en vuestros costados y espina en vuestros ojos, hasta que desaparezcáis de esta espléndida tierra que os ha dado el Señor, vuestro Dios.

14Mirad que yo me voy ya por el camino de todo el mundo. Reconoced con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que no ha fallado ni una sola de todas las promesas que el Señor, vuestro Dios, os había hecho: todas se os han cumplido; no ha fallado ni una sola.

15Pues lo mismo que se os han cumplido todas las espléndidas promesas que os hizo el Señor, vuestro Dios, igualmente acarreará el Señor contra vosotros todas sus amenazas, hasta borraros de la espléndida tierra que os ha dado el Señor, vuestro Dios.

16Si quebrantáis la alianza que el Señor, vuestro Dios, os ha otorgado, si os vais a dar culto a otros dioses y os postráis ante ellos, la ira del Señor se encenderá contra vosotros y pronto desapareceréis de la espléndida tierra que os ha dado».

Hechos de los Apóstoles 26

1Agripa dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu favor». Entonces Pablo, extendiendo la mano, empezó su defensa:

2«Me considero dichoso, rey Agripa, de poder defenderme hoy ante ti de todas las cosas de que me acusan los judíos,

3mayormente porque conoces todas las costumbres y controversias judías; por ello te ruego me escuches con paciencia.

4Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, la cual transcurrió desde el principio entre mi gente y en Jerusalén;

5y, puesto que me conocen ya de antes, de mucho tiempo atrás, si quieren pueden dar testimonio de que yo viví como fariseo, conforme a la secta más estricta de nuestra religión.

6Ahora estoy aquí procesado por la esperanza en la promesa hecha por Dios a nuestros padres,

7que nuestras doce tribus esperan alcanzar dando culto a Dios asiduamente noche y día. Por causa de esta esperanza, ¡oh rey!, soy acusado por los judíos.

8¿Por qué os parece increíble que Dios resucite a los muertos?

9Yo creí que era mi deber actuar con todos los medios contra el nombre de Jesús el Nazareno.

10Así, autorizado por los sumos sacerdotes, lo hice en Jerusalén, encerrando en cárceles a muchos de los santos y dando mi voto cuando eran ajusticiados.

11Repetidas veces, recorriendo todas las sinagogas y ensañándome con ellos, les obligaba a blasfemar, y, rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.

12En este empeño, iba hacia Damasco con poderes y comisión del sumo sacerdote,

13cuando, hacia el mediodía, durante el camino vi, ¡oh rey!, una luz venida del cielo, más brillante que el sol, que me envolvía con su fulgor a mí y a los que caminaban conmigo.

14Caímos todos nosotros por tierra y yo oí una voz que me decía en hebreo: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra el aguijón”.

15Yo dije: “¿Quién eres, Señor?”. Y el Señor respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

16Pero levántate y ponte en pie, pues me he aparecido a ti precisamente para elegirte como servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré.

17Te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a quienes te envío

18para que les abras los ojos, y se vuelvan de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás a Dios; para que reciban el perdón de los pecados y parte en la herencia entre los que han sido santificados por la fe en mí”.

19Así pues, rey Agripa, yo no he sido desobediente a la visión del cielo,

20sino que he predicado primero a los judíos de Damasco, luego a los de Jerusalén y de toda Judea, y por último a los gentiles, que se arrepientan y se conviertan a Dios, haciendo obras dignas de penitencia.

21Por este motivo me prendieron los judíos en el templo y trataron de matarme,

22pero, con la ayuda de Dios, me he mantenido firme hasta hoy dando testimonio a pequeños y grandes, sin decir cosa fuera de lo que los profetas y el mismo Moisés dijeron que debía suceder:

23que el Mesías, habiendo padecido y siendo el primero en resucitar de entre los muertos, anunciaría la luz a su pueblo y a los gentiles».

24Mientras estaba él diciendo esto en su defensa, dice Festo a grandes voces: «Estás loco, Pablo. ¡Las muchas letras te trastornan el juicio!».

25Pero Pablo dijo: «No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que proclamo palabras verdaderas y sensatas.

26Bien conoce todo esto el rey, ante quien hablo con plena franqueza; estimo que no se le oculta nada de esto, pues no ha sucedido en un rincón.

27¿Crees, rey Agripa, en los profetas? Yo sé que crees».

28Contestó Agripa a Pablo: «Por poco me convences para que me haga cristiano».

29Respondió Pablo: «Quisiera Dios que, por poco o por mucho, no solo tú sino todos los que me estáis escuchando hoy llegarais a ser como yo, salvo estas cadenas».

30Se levantaron el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos

31y, cuando se retiraron, decían entre ellos: «Este hombre no está haciendo nada digno de muerte o de prisión».

32Agripa dijo a Festo: «Este hombre podía ser puesto en libertad si no hubiera apelado al César».