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Lectura 69 de 365

Josué 18-20 · Hechos de los Apóstoles 25

Letra: Normal

Josué 18

1La comunidad de los hijos de Israel en pleno se reunió en Siló, donde alzaron la Tienda del Encuentro. Todo el país les estaba sometido.

2Pero quedaban aún entre los hijos de Israel siete tribus a las que no se les había asignado todavía heredad.

3Dijo, pues, Josué a los hijos de Israel: «¿Hasta cuándo vais a estar con los brazos cruzados sin ir a tomar posesión de la tierra que os ha dado el Señor, Dios de vuestros padres?

4Escoged tres hombres por cada tribu; yo los enviaré para que vayan a recorrer el país, hagan una descripción del mismo por heredades; y después que me lo traigan.

5Dividirán el territorio en siete lotes. Judá se quedará en su territorio al sur y la casa de José se quedará en el suyo al norte.

6Vosotros haced la descripción del país repartiéndolo en siete lotes y traédmelo para que lo eche aquí a suertes, en presencia del Señor nuestro Dios.

7Porque los levitas no tienen su parte entre vosotros, pues el ser sacerdotes del Señor es su heredad; y Gad, Rubén y media tribu de Manasés, han recibido ya en Transjordania la heredad que les asignó Moisés, siervo del Señor».

8Los hombres se pusieron en camino. Josué dio esta orden a los que iban a hacer la descripción del país: «Id a recorrer el país y haced un descripción; cuando volváis, os sortearé el territorio aquí, delante del Señor, en Siló».

9Fueron los hombres, recorrieron la comarca e hicieron su descripción, ciudad por ciudad, en siete lotes, en un escrito que llevaron a Josué, al campamento de Siló.

10Josué se lo echó a suertes en Siló, delante del Señor, y repartió allí la tierra entre los hijos de Israel, por lotes.

11El primer lote tocó en suerte a la tribu de los hijos de Benjamín, por clanes. Los límites de su suerte estaban comprendidos entre los de los hijos de Judá y los de los hijos de José.

12Su límite, por el lado norte, partía del Jordán, subía hacia el oeste por el flanco norte de Jericó, hasta alcanzar la montaña, y venía a salir al desierto de Bet Avén.

13De allí pasaba el límite hacia Luz, por el sur de Luz (o sea, Betel), y bajaba a Atarot Adar por el monte que hay al sur de Bet Jorón de Abajo.

14Torcía el límite y volvía por el oeste hacia el sur, desde el monte que está frente a Bet Jorón, para ir a salir hacia Quiriat Baal (o sea, Quiriat Yearín), ciudad que pertenecía a los hijos de Judá. Esa era la frontera por el lado oeste.

15Y por el lado sur: desde el extremo de Quiriat Yearín, el límite salía cerca de la fuente del arroyo de Neftóaj,

16luego bajaba por junto al monte que está frente al valle de Ben Hinnón, al norte del valle de Refaín, al valle de Hinnón por el flanco sur de los jebuseos y seguía bajando hasta En Roguel.

17Doblaba luego al norte hacia En Semes para salir al círculo de piedras que hay frente a la cuesta de Adumín; bajaba a la Peña de Boján, hijo de Rubén;

18pasaba luego hacia la vertiente de Bet Arabá por el norte y bajaba hacia la Arabá;

19pasaba por el norte de la pendiente de Bet Joglá, e iba a dar en la lengua septentrional del mar de la Sal, en la desembocadura del Jordán. Ese era el límite meridional.

20El Jordán era el límite por el este. Esa fue la heredad de los hijos de Benjamín, por clanes, y ese el trazado de sus fronteras.

21Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por clanes, fueron: Jericó, Bet Joglá, Émec Quesís;

22Bet Arabá, Semaráin, Betel;

23Avín, Pará, Ofrá;

24Quefar Amoní, Ofní, Gabá: doce ciudades con sus aldeas.

25Gabaón, Ramá, Berot,

26Mispé, Quefirá, Mosá;

27Requen, Yirpel, Taralá;

28Sela Alef, el Jebuseo (es decir, Jerusalén), Guibeá y Quiriat: catorce ciudades con sus aldeas. Esa fue la heredad de los hijos de Benjamín, por clanes.

Josué 19

1El segundo lote le tocó a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, por clanes: su heredad quedaba en medio de la heredad de los hijos de Judá.

2Les correspondió como heredad: Berseba, Seba, Moladá;

3Jasar Sual, Balá, Asén;

4Eltolad, Betul, Jormá;

5Siquelag, Bet Markabot; Jasar Susá;

6Bet Lebaot y Sarujén: trece ciudades con sus aldeas.

7Ayín, Rimón, Eter y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas.

8Además, todas las aldeas de los alrededores de estas ciudades hasta Baalat Beer y Ramá del Negueb. Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, por clanes.

9La heredad de los hijos de Simeón se tomó del lote de los hijos de Judá, porque el lote de los hijos de Judá era demasiado grande. Por eso los hijos de Simeón recibieron su heredad en medio de la heredad de los hijos de Judá.

10El tercer lote les tocó a los hijos de Zabulón, por clanes: su territorio llegaba hasta Sarid;

11su frontera subía por el oeste hacia Maralá y tocaba en Dabéset y luego en el torrente que hay frente a Yocneán.

12De Sarid volvía hacia el este, hacia la salida del sol, hasta el término de Quislot Tabor, seguía hacia Daberat y subía a Yafiá.

13De allí pasaba hacia el este, al oriente, por Guitá Jéfer y por Itacasín, iba hacia Rimón y torcía hacia Neá.

14El límite volvía por el norte hacia Janatón e iba a salir al valle de Yiftajel.

15Además, Catat, Nahalal, Simerón, Yidalá y Belén: doce ciudades con sus aldeas.

16Esa fue la heredad de los hijos de Zabulón, por clanes: esas ciudades con sus aldeas.

17El cuarto lote le tocó a Isacar, a los hijos de Isacar, por clanes.

18Su territorio comprendía Yezrael, Quesulot, Sunén;

19Jafaráin, Sión, Anajará,

20Rabit, Quisyón, Ebes;

21Rémet, En Ganín, En Jadá y Bet Pasés.

22Su frontera llegaba al Tabor, Sajasima y Bet Semes, y terminaba en el Jordán; dieciséis ciudades con su aldeas.

23Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Isacar, por clanes: las ciudades con sus aldeas.

24El quinto lote le tocó a la tribu de los hijos de Aser, por clanes.

25Su territorio comprendía: Jelcat, Jalí, Beten, Axaf,

26Alamélec, Amad y Misal; llegaba al Carmelo por el oeste y al río Libnat;

27volvía luego hacia el este hasta Bet Dagón y llegaba por el norte a Zabulón y al valle de Yiftajel, a Bet Emec y Neyel, yendo a parar a Kabul por el sur, con

28Abdón, Rejob, Jamón y Caná, hasta Sidón la Grande.

29El límite volvía hacia Ramá hasta la plaza fuerte de Tiro y hasta Josá, e iba a terminar en el mar. Majaleb, Accib,

30Umá, Afec, Rejob: veintidós ciudades con sus aldeas.

31Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Aser, por clanes: esas ciudades con sus aldeas.

32A los hijos de Neftalí les tocó el lote sexto; a los hijos de Neftalí, por clanes.

33Su frontera iba de Jélef y de la Encina de Sananín y Adamí Néqueb y Yabnel hasta Lacún e iba a salir al Jordán.

34Volvía el límite hacia el oeste por Aznot Tabor y de allí salía a Jucoc; lindaba con Zabulón al sur, con Aser al oeste y con el Jordán al este.

35Las plazas fuertes eran: Asidín, Ser, Jamat, Racat, Kinéret,

36Adamá, Ramá, Jasor;

37Quedes, Edreí, En Jasor,

38Yirón, Migdalel, Jorén, Bet Anat, Bet Semes: diecinueve ciudades con sus aldeas.

39Esa fue la heredad de los hijos de Neftalí, por clanes: las ciudades con sus aldeas.

40El lote séptimo le tocó a la tribu de los hijos de Dan, por clanes.

41El territorio de su heredad comprendía: Sorá, Estaol, Ir Semes;

42Salabín, Ayalón, Yitlá;

43Elón, Timná, Ecrón,

44Eltequé, Guibetón, Balat;

45Yud, Bené Berac, Gat Rimón;

46y Me-Yarcón y Racón, con el territorio enfrente de Jafa.

47Pero aquel territorio les resultó incómodo a los hijos de Dan. Por eso, los hijos de Dan subieron a atacar Lesen; la tomaron y la pasaron a cuchillo. Tomada la ciudad, se establecieron en ella. Y a Lesen la llamaron Dan, en recuerdo del nombre de Dan, el padre de ellos.

48Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Dan, por clanes: esas ciudades con sus aldeas.

49Así acabaron de sortear el país por demarcaciones. Y los hijos de Israel le dieron a Josué, hijo de Nun, una heredad en medio de ellos.

50Según la orden del Señor, le dieron la ciudad que había pedido, Timná Séraj, en la montaña de Efraín. Reconstruyó la ciudad y se estableció en ella.

51Esas son las heredades que el sacerdote Eleazar, con Josué, hijo de Nun, y los cabezas de familia sortearon entre las tribus de los hijos de Israel, en Siló, en presencia del Señor, a la entrada de la Tienda del Encuentro. Así se llevó a cabo el reparto de la tierra.

Josué 20

1El Señor dijo a Josué:

2«Di a los hijos de Israel: “Señalad las ciudades de asilo, de las que os hablé por medio de Moisés,

3donde pueda refugiarse el homicida que haya matado a alguien por inadvertencia, sin querer, y que os sirvan de asilo para escapar del vengador de la sangre.

4El homicida escapará a una de esas ciudades: se detendrá a la entrada de la puerta de la ciudad y expondrá su caso a los ancianos de la ciudad. Estos lo admitirán en su ciudad y le señalarán una casa para que viva con ellos.

5Si el vengador de la sangre llega en su persecución, no le entregarán al homicida, pues hirió a su prójimo sin querer y no le tenía odio anteriormente.

6El homicida deberá permanecer en la ciudad hasta que comparezca en juicio ante la comunidad y muera el sumo sacerdote que esté en funciones por aquel tiempo. Entonces el homicida podrá volver a su ciudad y a su casa, a la ciudad de la que huyó”».

7Los israelitas designaron como ciudades sagradas: Cadés en Galilea, en la montaña de Neftalí; Siquén, en la montaña de Efraín, Quiriat Arbá (o sea Hebrón), en la montaña de Judá.

8En Transjordania, al este de Jericó, señalaron: Béser, en la llanura desértica de la tribu de Rubén; Ramot de Galaad, en la tribu de Gad, y Golán de Basán, en la tribu de Manasés.

9Estas son las ciudades designadas para todos los hijos de Israel, así como para los emigrantes que vivan entre ellos, para que pueda encontrar en ellas asilo cualquiera que haya matado a alguien por inadvertencia y no muera a manos del vengador de la sangre, hasta que comparezca ante la comunidad.

Hechos de los Apóstoles 25

1A los tres días de haber llegado a la provincia, subió Festo a Jerusalén desde Cesarea.

2Los sumos sacerdotes y los principales de los judíos presentaron acusación contra Pablo y le rogaban

3que, en contra de los deseos de Pablo, les concediera la gracia de traerlo a Jerusalén; entre tanto, ellos preparaban una emboscada para matarlo en el camino.

4Pero Festo respondió que Pablo estaba bajo custodia en Cesarea, y que él mismo iba a partir en breve.

5«Que bajen conmigo los de más autoridad entre vosotros —dijo—, y si hay algo irregular en ese hombre, que presenten acusación».

6Después de permanecer entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea. Al día siguiente, sentándose en el tribunal, ordenó que fuera traído Pablo.

7Una vez allí, lo rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén presentando contra él muchas y graves acusaciones que no podían probar,

8alegando Pablo en su defensa: «No he cometido delito ni contra la ley de los judíos ni contra el templo ni contra César».

9Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo, diciendo: «¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allí de estas cosas en mi presencia?».

10Pablo dijo: «Estoy ante el tribunal de César, que es donde tengo que ser juzgado. A los judíos no les he ofendido en nada, como tú mismo sabes muy bien.

11Por tanto, si soy reo de algún delito o he cometido algo digno de muerte, no rehúso morir; pero si no hay nada de lo que estos me acusan, nadie me puede entregar a ellos. Apelo al César».

12Entonces Festo, tras deliberar con el consejo, respondió: «Has apelado al César; irás al César».

13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo.

14Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso

15y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena.

16Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación.

17Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.

18Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía;

19se trataba solo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo.

20Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí de esto.

21Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida el Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César».

22Agripa dijo a Festo: «También a mí me gustaría oír a ese hombre». «Mañana lo oirás», dijo.

23Al día siguiente llegaron Agripa y Berenice con mucha pompa y entraron en la sala de audiencias junto con los tribunos y las personas importantes de la ciudad. Festo ordenó que fuera traído Pablo.

24Y dijo Festo: «Rey Agripa y todos los que os encontráis aquí presentes con nosotros: estáis viendo al hombre contra quien acudió a mí toda la multitud de los judíos tanto en Jerusalén como aquí, clamando que no debe seguir con vida.

25Yo, por mi parte, comprendí que no había cometido nada digno de muerte, pero, como él ha apelado al Augusto, he decidido enviarlo.

26Sin embargo, no tengo información segura que transmitirle; por ello lo he presentado ante vosotros, especialmente ante ti, rey Agripa, para que se le interrogue y saber qué escribir,

27porque me parece fuera de razón enviar un preso sin informar de la causa que hay en su contra».