Lectura 6 de 365
Génesis 16-18 · Mateo 11-12
Génesis 16
1Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una esclava egipcia llamada Agar.
2Saray dijo a Abrán: «El Señor no me concede hijos, llégate, pues, a mi esclava a ver si tengo hijos por medio de ella». Abrán aceptó la propuesta de Saray.
3Así, a los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Agar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa.
4Él se llegó a Agar y ella concibió. Al verse encinta, le perdió el respeto a su señora.
5Entonces Saray dijo a Abrán: «Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella al verse encinta me desprecia. El Señor juzgue entre nosotros dos».
6Abrán dijo a Saray: «En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca». Saray la maltrató y ella se escapó.
7El ángel del Señor la encontró junto a una fuente en el desierto, la fuente del camino de Sur,
8y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?». Ella respondió: «Vengo huyendo de Saray mi señora».
9El ángel del Señor le dijo: «Vuelve a tu señora y sométete a su poder».
10Y el ángel del Señor añadió: «Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar».
11Y el ángel del Señor concluyó: «Mira, estás encinta, darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción.
12Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; acampará separado de sus hermanos».
13Agar invocó al Señor, que le había hablado, con el nombre de El Roi (Dios que me ve), pues se dijo: «¿No he visto aquí al que me ve?».
14Por eso se denominó aquel pozo Beer Lajay Roi (Pozo del Viviente que me ve). Está entre Cadés y Bared.
15Agar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Agar.
16Abrán tenía ochenta y seis años cuando Agar le engendró a Ismael.
Génesis 17
1Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy Dios todopoderoso, camina en mi presencia y sé perfecto.
2Yo concertaré una alianza contigo: te haré crecer sin medida».
3Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
4«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
5Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos.
6Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
7Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros.
8Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
9El Señor añadió a Abrahán: «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones.
10Esta es la alianza que habréis de guardar, una alianza entre yo y vosotros y tus descendientes: sea circuncidado todo varón entre vosotros.
11Os circuncidaréis la carne del prepucio y esa será la señal de mi alianza con vosotros.
12A los ocho días de nacer serán circuncidados todos los varones de cada generación: los nacidos en casa y los comprados con dinero a extranjeros que no sean de vuestra raza.
13Deberán ser circuncidados los nacidos en casa y los comprados con dinero. Así llevaréis en la carne mi alianza como alianza perpetua.
14Todo varón incircunciso, que no haya circuncidado la carne de su prepucio, será extirpado de mi pueblo, por haber quebrantado mi alianza.
15El Señor dijo a Abrahán: «Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara.
16La bendeciré y te dará un hijo, a quien también bendeciré. De ella nacerán pueblos y reyes de naciones».
17Abrahán cayó rostro en tierra y se sonrió, pensando en su interior: «¿Un centenario va a tener un hijo y Sara va a dar a luz a los noventa?».
18Y Abrahán dijo a Dios: «Ojalá pueda vivir Ismael en tu presencia».
19Dios replicó: «No, es Sara quien te va a dar un hijo; lo llamarás Isaac; con él estableceré mi alianza y con sus descendientes, una alianza perpetua.
20En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré crecer sobremanera, engendrará doce príncipes y lo convertiré en una gran nación.
21Pero mi alianza la concertaré con Isaac, el hijo que te dará Sara, el año que viene por estas fechas».
22Cuando el Señor terminó de hablar con Abrahán, se retiró.
23Entonces Abrahán tomó a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a los comprados con dinero, a todos los varones de su casa, y les circuncidó la carne del prepucio aquel mismo día, como le había dicho Dios.
24Abrahán tenía noventa y nueve años cuando le circuncidaron la carne de su prepucio.
25Su hijo Ismael tenía trece años cuando le circuncidaron la carne de su prepucio.
26Aquel mismo día se hicieron circuncidar Abrahán y su hijo Ismael.
27Y todos los varones de su casa, los nacidos en casa y los comprados con dinero a extranjeros, fueron circuncidados con él.
Génesis 18
1El Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día.
2Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra
3y dijo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo.
4Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol.
5Mientras, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo». Contestaron: «Bien, haz lo que dices».
6Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, prepara tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz unas tortas».
7Abrahán corrió enseguida a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato.
8Tomó también cuajada, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol, ellos comían.
9Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?». Contestó: «Aquí, en la tienda».
10Y uno añadió: «Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». Sara estaba escuchando detrás de la entrada de la tienda.
11Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos.
12Sara se rio para sus adentros, pensando: «Cuando ya estoy agotada, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?».
13Entonces el Señor dijo a Abrahán: «¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “De verdad que voy a tener un hijo, yo tan vieja”?
14¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».
15Pero Sara lo negó: «No me he reído», dijo, pues estaba asustada. Él replicó: «No lo niegues, te has reído».
16Los hombres se levantaron de allí y miraron hacia Sodoma. Abrahán los acompañaba para despedirlos.
17El Señor pensó: «¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer?
18Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, y en él se bendecirán todos los pueblos de la tierra.
19Lo he escogido para que mande a sus hijos, a su casa y a sus sucesores que guarden el camino del Señor, practicando la justicia y el derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido».
20El Señor dijo: «El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave:
21voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré».
22Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.
23Abrahán se acercó y le dijo: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?
24Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él?
25¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».
26El Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».
27Abrahán respondió: «¡Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza!
28Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?». Respondió el Señor: «No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».
29Abrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta». Él dijo: «En atención a los cuarenta, no lo haré».
30Abrahán siguió hablando: «Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?». Él contestó: «No lo haré, si encuentro allí treinta».
31Insistió Abrahán: «Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?». Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré».
32Abrahán continuó: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?». Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré».
33Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su lugar.
Mateo 11
1Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
2Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:
3«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
4Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo:
5los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados.
6¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
7Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?
8¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios.
9Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
10Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.
11En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan.
13Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan;
14él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
15El que tenga oídos, que oiga.
16¿A quién compararé esta generación? Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
17“Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.
18Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”.
19Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».
20Entonces se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
21«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
22Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
23Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
24Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
25En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.
26Sí, Padre, así te ha parecido bien.
27Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
29Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
30Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Mateo 12
1En aquel tiempo atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.
2Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado».
3Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?
4Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes.
5¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa?
6Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
7Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes.
8Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».
9Se dirigió a otro lugar y entró en su sinagoga.
10Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Entonces preguntaron a Jesús para poder acusarlo: «¿Está permitido curar en sábado?».
11Él les respondió: «Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja y que un sábado se le cae en una zanja, ¿no la agarra y la saca?
12Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer bien en sábado».
13Entonces le dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió y quedó restablecida, sana como la otra.
14Al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.
15Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos,
16mandándoles que no lo descubrieran.
17Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:
18«Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones.
19No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.
20La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria;
21en su nombre esperarán las naciones».
22Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y lo curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.
23Y toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?».
24Pero los fariseos al oírlo dijeron: «Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios».
25Pero él, dándose cuenta de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie.
26Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?
27Y si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, ¿vuestros hijos con el poder de quién los expulsan? Por eso ellos os juzgarán.
28Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios.
29¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte?
30El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31Por eso os digo que cualquier pecado o blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
32Y quien diga una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro.
33Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto.
34Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas si sois malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
35El hombre bueno saca del caudal bueno cosas buenas, pero el hombre malo saca del caudal malo cosas malas.
36En verdad os digo que el hombre dará cuenta en el día del juicio de cualquier palabra inconsiderada que haya dicho.
37Porque por tus palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado».
38Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos ver un milagro tuyo».
39Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás.
40Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.
41Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.
42Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
43Cuando el espíritu inmundo sale del hombre anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y no lo encuentra.
44Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Y al volver la encuentra deshabitada, barrida y arreglada.
45Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y se mete a habitar allí; y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo. Así le sucederá a esta generación malvada».
46Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
47Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo».
48Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
49Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».