Lectura 67 de 365
Josué 12-14 · Hechos de los Apóstoles 23
Josué 12
1Estos son los reyes de la tierra que fueron derrotados por los hijos de Israel y despojados de sus tierras en Transjordania, desde el río Arnón hasta el monte Hermón, incluida toda la Arabá oriental:
2Sijón, rey de los amorreos, que residía en Jesbón. Sus dominios eran desde Aroer, a orillas del río Arnón, desde el mismo río, y la mitad de Galaad hasta el río Yaboc, que hace de frontera con los amonitas,
3la Arabá desde el este del mar de Kineret hasta el este del mar de la Arabá o mar de la Sal, camino de Bet Jesimot, hasta el pie de las estribaciones del Fasga por el sur.
4Y Og, rey de Basán, uno de los últimos refaítas, que residía en Astarot y en Edreí.
5Sus dominios eran: el monte Hermón, Salcá y todo Basán hasta la frontera de los guesureos y los maacatitas, y la mitad de Galaad hasta la frontera de Sijón, rey de Jesbón.
6Moisés, siervo del Señor, y los hijos de Israel los habían derrotado, y Moisés, siervo del Señor, había dado sus tierras en propiedad a las tribus de Rubén y Gad y a media tribu de Manasés.
7Y estos son los reyes de la tierra, vencidos por Josué y los hijos de Israel, en Cisjordania, desde Baal Gad, en el valle del Líbano, hasta el monte Jalac, que se alza hacia Seír. Sus tierras se las dio Josué en heredad a las tribus de Israel por lotes:
8en la montaña, en la Sefelá, en la Arabá, en las estribaciones de la montaña, en el desierto, en el Negueb: eran hititas, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jebuseos:
9el rey de Jericó, uno; el rey de Ay, junto a Betel, uno;
10el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno;
11el rey de Yarmut, uno; el rey de Laquis, uno;
12el rey de Eglón, uno; el rey de Guécer, uno;
13el rey de Debir, uno; el rey de Guéder, uno;
14el rey de Jormá, uno; el rey de Arad, uno;
15el rey de Libná, uno; el rey de Adulán, uno;
16el rey de Maquedá, uno; el rey de Betel, uno;
17el rey de Tapuaj, uno; el rey de Jéfer, uno;
18el rey de Afec, uno; el rey de Sarón, uno;
19el rey de Merón, uno; el rey de Jasor, uno;
20el rey de Simrón Merón, uno; el rey de Axaf, uno;
21el rey de Tanac, uno; el rey de Meguido, uno;
22el rey de Quedes, uno; el rey de Yocneán, en el Carmelo, uno;
23el rey de Dor, en el distrito de Dor, uno; el rey de Goyín, en Galilea, uno;
24el rey de Tirsá, uno. Total de reyes: treinta y uno.
Josué 13
1Josué era ya viejo, cargado de años. Y el Señor le dijo: «Eres ya viejo; tienes muchos años y queda todavía mucha tierra por conquistar.
2Esta es la tierra que queda: todos los distritos de los filisteos y todo lo de los guesuritas.
3Desde el Sijor, en la frontera de Egipto, hasta el término de Ecrón por el Norte, zona considerada como de los cananeos. Los cinco principados de los filisteos: Gaza, Asdod, Ascalón, Gat y Ecrón. Los avitas
4al Sur. Toda la región de los cananeos, desde Ará, que es de los sidonios, hasta Afec y hasta la frontera de los amorreos.
5Y la región de los guiblitas. Y todo el Líbano oriental, desde Baal Gad, al pie del monte Hermón, hasta el Paso de Jamat.
6Yo expulsaré ante los hijos de Israel a todos los habitantes de la montaña, desde el Líbano hasta Misrefot al occidente y a todos los sidonios. Tú no tienes más que repartir entre los israelitas, por suertes, la tierra como heredad, según te he ordenado.
7Reparte, pues, esta tierra como heredad entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés».
8La otra media tribu de Manasés, como los de Rubén y los de Gad, había recibido ya la parte de la heredad que se les había asignado en Transjordania, en el reparto que les había hecho Moisés, siervo del Señor:
9el territorio que va desde Aroer, a orillas del río Arnón, incluida la ciudad que está en medio de la vaguada, toda la llanura que va de Mádaba hasta Dibón;
10todas las ciudades de Sijón, el rey de los amorreos que había reinado en Jesbón, hasta la frontera de los amonitas.
11También Galaad y el territorio de los guesureos y los maacatitas, con toda la zona montañosa del Hermón y todo Basán hasta Salcá;
12y en Basán, todo el reino de Og, que había reinado en Astarot y en Edreí, y era el último residuo de los refaítas. Moisés los había derrotado y expulsado.
13Pero los hijos de Israel no pudieron expulsar ni a los guesureos ni a los maacatitas, de manera que Guesur y Macá siguen viviendo todavía hoy en medio de Israel.
14Solo a la tribu de Leví no le asignó Moisés heredad: el Señor, Dios de Israel, es su heredad, como se lo había prometido.
15A la tribu de los hijos de Rubén les había asignado Moisés una heredad, por clanes.
16Su territorio comprendía desde Aroer, a orillas del río Arnón, incluida la ciudad que está en medio de la vaguada, toda la llanura hasta Mádaba;
17Jesbón con todas las ciudades de la llanura: Dibón, Bamot Baal, Bet Baal Meón,
18Yasá, Quedemot, Mefat,
19Quiriatáin, Sibmá y Seret Sajar, en el monte y en el valle;
20Bet Peor, las laderas del Fasga, Bet Jesimot,
21todas las ciudades de la llanura y todo el reino de Sijón, rey de los amorreos, que había reinado en Jesbón y a quien venció Moisés, igual que a los jefes de Madián: Eví, Requen, Sur, Jur y Rebá, vasallos de Sijón, que habitaban en el país.
22(Al adivino Balaán, hijo de Beor, los hijos de Israel lo habían pasado a cuchillo junto con los demás).
23Así que el territorio de los rubenitas lindaba con el Jordán. Esa fue la heredad de los hijos de Rubén, por clanes: las ciudades con sus aldeas.
24A la tribu de Gad (a los gaditas), les había asignado Moisés una heredad, por clanes.
25Su territorio comprendía: Yacer, todas las ciudades de Galaad, la mitad de la tierra de los amonitas, hasta Aroer, que está enfrente de Rabá;
26y desde Jesbón hasta Ramat Mispá y Betonín; desde Majanáin hasta el término de Lo Debar.
27Y en el valle: Bet Jarán, Bet Nimrá, Sucot, Safón y el resto del reino de Sijón, rey de Jesbón. El Jordán era el límite hasta la punta del mar de Kinéret, por el lado oriental del Jordán.
28Esa fue la heredad de los hijos de Gad, por clanes: las ciudades con sus aldeas.
29A la media tribu de Manasés le había asignado Moisés una heredad, por clanes.
30Su territorio comprendía, desde Majanáin, todo el Basán: todo el territorio de Og, rey de Basán, todas las Aldeas de Yaír en Basán: sesenta ciudades.
31La mitad de Galaad, Astarot y Edreí, ciudades del reino de Og en Basán, fueron para los hijos de Maquir, hijo de Manasés (para la mitad de los maquiritas), por clanes.
32Esa fue la tierra que asignó Moisés en heredad en las estepas de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó.
33Pero a la tribu de Leví no le asignó Moisés ninguna heredad: el Señor, el Dios de Israel, es su heredad, como les había prometido.
Josué 14
1Esta es la heredad que recibieron los hijos de Israel en la tierra de Canaán, heredad que les repartieron el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun, y los cabezas de familia de las tribus de Israel.
2El reparto a las nueve tribus y media se hizo a suertes, como el Señor había dispuesto por medio de Moisés.
3Porque Moisés había asignado ya su heredad a las dos tribus y media de Transjordania, sin dar a los levitas ninguna heredad entre ellas.
4(Los hijos de José vinieron a formar dos tribus: Manasés y Efraín). A los levitas no se les dio ninguna parte en el territorio sino solo ciudades donde residir, con los pastos correspondientes para los ganados y rebaños.
5Los hijos de Israel hicieron el reparto de la tierra como el Señor había mandado a Moisés.
6Los hijos de Judá se presentaron a Josué en Guilgal. Y Caleb, hijo de Jefuné el queniceo, le dijo: «Ya sabes el encargo que hizo el Señor a Moisés, el hombre de Dios, acerca de ti y de mí en Cadés Barnea.
7Cuarenta años tenía yo cuando Moisés, siervo del Señor, me envió desde Cadés Barnea a reconocer esta tierra y yo le di mi informe con toda sinceridad.
8Los hermanos que habían subido conmigo desanimaron al pueblo, pero yo me mantuve fiel al Señor, mi Dios.
9Aquel día Moisés me hizo este juramento: “Te juro que la tierra que han pisado tus pies será heredad tuya y de tus hijos para siempre, porque has sido fiel al Señor, mi Dios”.
10Pues bien, mira cómo el Señor me ha conservado la vida, según me lo prometió. Hace ya cuarenta y cinco años que el Señor le dio ese encargo a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto, y ahora tengo ochenta y cinco años.
11Todavía estoy tan fuerte como el día en que me envió Moisés. Conservo todo mi vigor de entonces para combatir y para hacer lo que sea.
12Dame, pues, ya esa montaña que me prometió el Señor aquel día. Tú oíste aquel día cómo hay en ella anaquitas y ciudades grandes y fortificadas. Que el Señor esté conmigo y yo los expulsaré, como él me lo prometió».
13Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefuné, y le dio Hebrón en heredad.
14Por eso Hebrón sigue siendo hasta el día de hoy heredad de Caleb, hijo de Jefuné el queniceo, por haber sido fiel al Señor, Dios de Israel.
15Hebrón se llamaba antiguamente Quiriat Arbá. Arbá era el hombre más alto de los anaquitas. Y, acabada la guerra, el país quedó en paz.
Hechos de los Apóstoles 23
1Pablo, mirando fijamente al Sanedrín, dijo: «Hermanos, yo, hasta este día, he procedido ante Dios con conciencia buena e íntegra».
2El sumo sacerdote Ananías ordenó a sus ayudantes que lo golpeasen en la boca.
3Entonces Pablo le dijo: «A ti te va a golpear Dios, muro blanqueado. Tú te sientas para juzgarme según la ley, ¿y actuando contra la ley ordenas que me golpeen?».
4Los presentes dijeron: «¿Insultas al sumo sacerdote de Dios?».
5Respondió Pablo: «Hermanos, no sabía que era sumo sacerdote, pues está escrito: No hablarás mal del jefe de tu pueblo».
6Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».
7Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida.
8(Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas).
9Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».
10El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
11La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».
12Al amanecer, los judíos tramaron una conspiración, comprometiéndose bajo anatema a no comer ni beber hasta que no mataran a Pablo.
13Eran más de cuarenta los que se habían comprometido en esta conjuración.
14Estos, pues, se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Nos hemos comprometido bajo anatema a no probar bocado hasta que no hayamos matado a Pablo.
15Vosotros, por vuestra parte, de acuerdo con el Sanedrín, indicad al tribuno que lo haga bajar ante vosotros, con pretexto de examinar con más detalle su caso. Nosotros estamos dispuestos a matarlo antes de que llegue».
16Pero el hijo de la hermana de Pablo se enteró de la emboscada y, presentándose y entrando en el cuartel, informó a Pablo.
17Pablo, llamando a uno de los centuriones, le dijo: «Conduce a este joven ante el tribuno, pues tiene que informarle de algo».
18Entonces él, tomándolo consigo, lo condujo al tribuno y dijo: «El preso Pablo me llamó y me rogó que condujera ante ti este joven, que tiene que decirte algo».
19El tribuno, tomándolo de la mano y retirándose aparte, le preguntó: «¿De qué tienes que informarme?».
20Le respondió: «Los judíos han acordado pedirte que mañana hagas bajar a Pablo ante el Sanedrín con pretexto de examinar con más detalle su caso.
21Pero no te fíes de ellos, pues lo esperan emboscados más de cuarenta hombres, que se han comprometido bajo anatema a no comer ni beber hasta que lo maten; ya están listos, solo esperan que des tu consentimiento».
22Entonces el tribuno despidió al joven ordenándole: «No digas a nadie que me has contado esto».
23Y llamando a dos de los centuriones, les dijo: «Preparad para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros para marchar a Cesarea».
24Ordenó también que prepararan cabalgaduras para que las montara Pablo y lo llevaran a salvo al gobernador Félix.
25Y escribió una carta en estos términos:
26«Claudio Lisias saluda al excelentísimo gobernador Félix.
27Los judíos habían apresado y estaban a punto de matar a este hombre, cuando yo, al saber que era ciudadano romano, he intervenido con los soldados y lo he liberado.
28Queriendo averiguar la causa por la que lo acusaban, lo hice bajar ante su Sanedrín,
29y hallé que lo acusaban de cuestiones de su ley, pero que no tenía ningún delito digno de muerte o prisión.
30Al ser informado de que existía una conspiración contra este hombre, al punto te lo he mandado y he ordenado a sus acusadores que aleguen ante ti lo que tengan contra él».
31Los soldados, pues, de acuerdo con lo que se les había ordenado, tomando a Pablo, lo condujeron de noche hasta Antípatris.
32Al día siguiente, dejando que los jinetes se fuesen con él, regresaron al cuartel.
33Cuando aquellos llegaron a Cesarea, después de entregar la carta al gobernador, le presentaron también a Pablo.
34Después de leerla, preguntó a qué provincia pertenecía, y, al saber que era de Cilicia,
35dijo: «Te oiré cuando vengan tus acusadores». Y ordenó que se lo custodiara en el pretorio de Herodes.