Lectura 66 de 365
Josué 9-11 · Hechos de los Apóstoles 22
Josué 9
1En cuanto se enteraron todos los reyes de Cisjordania, de la Montaña, de la Sefelá, de toda la costa del Mar Grande hasta la región del Líbano (hititas, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jebuseos),
2se aliaron como un solo hombre para hacer frente a Josué y a Israel.
3Cuando los habitantes de Gabaón se enteraron de lo que había hecho Josué con Jericó y con Ay,
4recurrieron también ellos a la astucia. Fueron y se proveyeron de víveres, cargaron sus asnos con alforjas viejas y odres de vino viejos, rotos y recosidos;
5se pusieron sandalias viejas y remendadas, y ropas viejas. El pan que llevaban para su sustento era todo él seco y hecho migajas.
6Fueron adonde estaba Josué, al campamento de Guilgal, y le dijeron, a él y a los hombres de Israel: «Venimos de un país lejano: haced, pues, un pacto con nosotros».
7Los hombres de Israel respondieron a aquellos heveos: «¿A ver si habitáis en nuestro territorio? En ese caso, no podemos hacer ningún pacto con vosotros».
8Respondieron a Josué: «Siervos tuyos somos». Josué les dijo: «¿Quiénes sois y de dónde venís?».
9Le respondieron: «Tus siervos vienen de una tierra muy lejana, atraídos por la fama del Señor tu Dios, pues hemos oído hablar de él, de todo lo que hizo en Egipto
10y de todo lo que hizo con los dos reyes amorreos de Transjordania, con Sijón, rey de Jesbón, y con Og, rey de Basán, que vivía en Astarot.
11Nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos han dicho: “Coged provisiones para el viaje, id a su encuentro y decidles: Siervos vuestros somos: haced, pues, un pacto con nosotros”.
12Nuestro pan estaba caliente cuando hicimos provisión de él en nuestras casas para el viaje, cuando partimos para salir a vuestro encuentro: miradlo ahora duro y hecho migajas.
13Estos odres de vino eran nuevos cuando los llenamos y ahora están rotos; nuestras sandalias y nuestros vestidos están gastados por lo largo del camino».
14Los israelitas tomaron de las provisiones de ellos, aunque sin consultar el oráculo del Señor.
15De este modo, Josué estableció una alianza de paz con ellos y se comprometió a respetar sus vidas; y los jefes de la comunidad se lo juraron.
16Pero tres días después de cerrado este pacto, supieron que vivían cerca y habitaban en territorio de Israel.
17Los hijos de Israel partieron del campamento y llegaron al tercer día a las ciudades de ellos, que eran Gabaón, Quefirá, Beerot y Quiriat Yearín.
18Los hijos de Israel no los mataron, porque los jefes de la comunidad se lo habían jurado por el Señor, Dios de Israel. Pero toda la comunidad murmuró de los jefes.
19Los jefes declararon a la comunidad: «Nosotros se lo hemos jurado por el Señor, Dios de Israel; no podemos, pues, hacerles ningún daño.
20Lo que vamos a hacer con ellos es esto: les respetaremos la vida y así no descargará sobre nosotros la cólera por quebrar el juramento que les hemos hecho».
21Y añadieron los jefes: «Que queden con vida, pero que sean leñadores y aguadores para toda la comunidad». Según lo que habían dicho los jefes,
22Josué llamó a los gabaonitas y les dijo: «¿Por qué nos habéis engañado diciendo: “Vivimos muy lejos de vosotros”, siendo así que habitáis en nuestro territorio?
23Sois, pues, unos malditos y nunca dejaréis de servir como leñadores y aguadores de la casa de mi Dios».
24Le respondieron a Josué: «Es que nosotros tus siervos nos habíamos enterado de lo que había dicho el Señor, tu Dios, a Moisés su siervo, que os daría todo este país y exterminaría a vuestra llegada a todos sus habitantes. Cuando llegasteis, temimos por nuestras vidas y por eso hemos hecho esto.
25Ahora, aquí estamos en tus manos: haz con nosotros lo que te parezca bueno y justo».
26Así hizo con ellos, los salvó de la mano de los hijos de Israel y no los mataron.
27Aquel día los puso Josué de leñadores y aguadores de la comunidad y del altar del Señor en el lugar que el Señor había de elegir, hasta el día de hoy.
Josué 10
1Cuando Adonisédec, rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado Ay y la había consagrado al exterminio (haciendo con Ay y su rey lo mismo que con Jericó y su rey) y que los de Gabaón habían hecho una alianza de paz con Israel y convivían con los israelitas,
2se asustó enormemente. Porque Gabaón era una ciudad importante, como cualquier capital real, mayor que Ay, y todos sus hombres eran valientes.
3Entonces Adonisédec, rey de Jerusalén, envió este mensaje a Ohán, rey de Hebrón, a Pirán, rey de Yarmut, a Yafia, rey de Laquis, y a Debir, rey de Eglón:
4«Venid en mi ayuda, a ver si derrotamos a Gabaón, que ha hecho las paces con Josué y los hijos de Israel».
5Entonces los cinco reyes, el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Yarmut, el de Laquis y el de Eglón, se juntaron, subieron con sus ejércitos, acamparon frente a Gabaón y la atacaron.
6Los de Gabaón despacharon emisarios a Josué, al campamento de Guilgal, con este ruego: «No abandones a tus siervos. Ven enseguida a salvarnos. Ayúdanos, porque se han aliado contra nosotros todos los reyes amorreos de la montaña».
7Entonces Josué subió desde Guilgal con toda la gente armada y con todos los guerreros más valientes,
8y el Señor le dijo: «No les tengas miedo, que yo te los doy; ninguno de ellos podrá resistirte».
9Josué caminó toda la noche desde Guilgal y cayó sobre ellos de repente.
10El Señor los desbarató ante Israel, que les infligió una severa derrota en Gabaón y los persiguió por la cuesta de Bet Jorón, destrozándolos hasta Acecá (y hasta Maquedá).
11Y, cuando iban huyendo de los hijos de Israel por la cuesta de Bet Jorón, el Señor les lanzó desde el cielo un gran pedrisco en el camino hasta Acecá, del que murieron. Y murieron más por el pedrisco que por la espada de los hijos de Israel.
12El día en que el Señor puso a los amorreos en manos de los hijos de Israel, Josué habló al Señor y gritó en presencia de Israel: «¡Detente, sol, en Gabaón! ¡Y tú, luna, en el valle de Ayalón!».
13Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que el pueblo se vengó de los enemigos. Así está escrito en el Libro del Justo: «El sol se detuvo en medio del cielo y tardó un día entero en ponerse».
14Ni hubo antes ni ha habido después un día como aquel, en que el Señor obedeciera a la voz de un hombre. Es que el Señor luchaba por Israel.
15Josué volvió con todo Israel al campamento de Guilgal.
16Los cinco reyes habían huido y se habían escondido en la cueva de Maquedá.
17Y se informó a Josué: «Han sido descubiertos los cinco reyes: están escondidos en la cueva de Maquedá».
18Josué ordenó: «Rodad unas piedras grandes a la entrada de la cueva y poned junto a ella hombres que la custodien.
19Y vosotros no os quedéis quietos: perseguid a vuestros enemigos, cortadles la retirada, no les dejéis entrar en sus ciudades, porque el Señor vuestro Dios os los ha dado».
20Cuando Josué y los hijos de Israel les causaron aquella grandísima derrota, hasta acabar con ellos, los que lograron escapar se refugiaron en las plazas fuertes.
21Todo el pueblo volvió sano y salvo al campamento de Josué, en Maquedá. Y no hubo quien moviera a los hijos de Israel.
22Dijo entonces Josué: «Destapad la boca de la cueva y sacadme a esos cinco reyes».
23Así lo hicieron; sacaron de la cueva a los cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Yarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón.
24Cuando sacaron a los reyes y se los presentaron a Josué, este llamó a todos los hombres de Israel y dijo a los capitanes de tropa que le habían acompañado: «Acercaos y poned vuestros pies sobre la nuca de esos reyes». Ellos se acercaron y pusieron los pies sobre las nucas de ellos.
25Josué añadió: «No tengáis miedo, ni os acobardéis; sed valientes y decididos, porque de igual manera tratará el Señor a todos los enemigos contra los que tenéis que combatir».
26Acto seguido, Josué los hirió de muerte y los colgó de cinco árboles, de los que quedaron colgados hasta la tarde.
27A la puesta del sol, a una orden de Josué, los descolgaron de los árboles y los arrojaron a la cueva en donde se habían escondido. Y rodaron unas piedras grandes a la entrada de la cueva: allí están todavía hoy.
28Aquel mismo día Josué tomó Maquedá y la pasó a cuchillo, consagrando al exterminio la ciudad, a su rey y a todos los seres vivientes que había en ella. No dejó escapar a nadie. Trató al rey de Maquedá como había tratado al rey de Jericó.
29De Maquedá pasó Josué, con todo Israel, a Libná y la atacó.
30Y el Señor dio también la ciudad y su rey a Israel, que la pasó a cuchillo con todos los seres vivientes que había en ella: no dejó ni uno solo con vida. Trató Josué a su rey como había tratado al rey de Jericó.
31De Libná pasó Josué, con todo Israel, a Laquis, la asedió y atacó.
32El Señor dio Laquis a Israel, que la tomó al segundo día y la pasó a cuchillo con todos los seres vivientes que había en ella, lo mismo que habían hecho con Libná.
33Entonces Horán, rey de Guécer, subió en ayuda de Laquis, pero Josué lo derrotó a él y a su gente, hasta no dejar ni un superviviente.
34De Laquis pasó Josué, con todo Israel, a Eglón. La sitiaron y la atacaron.
35La tomaron aquel mismo día y la pasaron a cuchillo. Josué consagró al exterminio aquel día a todos los seres vivientes que había en ella, lo mismo que había hecho con Laquis.
36De Eglón subió Josué, con todo Israel, a Hebrón. La atacaron,
37la tomaron y la pasaron a cuchillo, así como a su rey, a todos sus poblados y a todos los seres vivientes que había en ella. No dejó ningún superviviente, igual que había hecho con Eglón. La consagró al exterminio, así como a todos los seres vivientes que había en ella.
38Entonces Josué, con todo Israel, se volvió contra Debir y la atacó.
39Se apoderó de ella, de su rey y de todos sus poblados; los pasaron a cuchillo y consagraron al exterminio a todos los seres vivientes que había en ella, sin dejar uno solo con vida. Como había tratado a Hebrón, así trató a Debir y a su rey (y como había tratado a Libná y a su rey).
40Así fue como conquistó Josué todo el país: la Montaña, el Negueb, la Sefelá y las estribaciones de la montaña, con todos sus reyes, sin dejar un solo superviviente. Consagró al exterminio a todos los seres vivientes, como el Señor, Dios de Israel, le había ordenado.
41Josué conquistó desde Cadés Barnea hasta Gaza y toda la región de Gosén hasta Gabaón.
42Se apoderó Josué de todos aquellos reyes y de sus territorios en una sola ofensiva, porque el Señor, el Dios de Israel, peleaba en favor de Israel.
43Después Josué se volvió, con todo Israel, al campamento de Guilgal.
Josué 11
1Cuando se enteró Yabín, rey de Jasor, mandó aviso a Yobab, rey de Madón, al rey de Simerón, al rey de Axaf
2y a los reyes del norte de la montaña, del valle al sur de Kinerot, de la Sefelá y del distrito de Dor, al oeste;
3a los cananeos de oriente y occidente; a los amorreos, los heveos, los perizitas, a los jebuseos de la montaña; a los hititas de las faldas del Hermón, en la región de Mispá.
4Partieron estos con todas sus tropas: una muchedumbre innumerable como la arena de la playa, con muchísimos caballos y carros.
5Reunidos todos estos reyes, fueron a acampar en un único campamento cerca del arroyo de Merón para luchar contra Israel.
6El Señor dijo entonces a Josué: «No les tengas miedo, porque mañana, a esta misma hora, haré que caigan todos ellos muertos ante Israel; tú les desjarretarás los caballos y les quemarás los carros».
7Josué, con toda su gente de guerra, los alcanzó de improviso junto al arroyo de Merón y cayó sobre ellos.
8El Señor los entregó a Israel, que los derrotó y persiguió por el Oeste hasta Sidón la Grande y Misrefot, y por el Este hasta el valle de Mispá. Los derrotó hasta que no quedó ninguno vivo.
9Josué los trató como le había dicho el Señor: les desjarretó los caballos y les quemó los carros.
10Luego Josué se volvió y tomó Jasor y mató a su rey a espada. (Jasor era antiguamente la capital de todos aquellos reinos).
11Pasaron a cuchillo a todos los seres vivientes que habitaban en ella, consagrándolos al exterminio. No quedó alma viva. Y Jasor fue entregada a las llamas.
12Josué se apoderó de todas las ciudades de aquellos reyes y de todos sus reyes, y las pasó a cuchillo, consagrándolas al exterminio, según le había ordenado Moisés, siervo del Señor.
13Pero Israel no incendió ninguna de las ciudades emplazadas sobre colinas; con la única excepción de Jasor, que fue incendiada por Josué.
14El botín de esas ciudades, incluido el ganado, se lo repartieron los hijos de Israel. Pero pasaron a cuchillo a todas las personas hasta acabar con todas. No dejaron una sola con vida.
15Lo que el Señor había ordenado a su siervo Moisés, este se lo ordenó a Josué y Josué lo cumplió; no descuidó nada de cuanto el Señor había ordenado a Moisés.
16Así fue como se apoderó Josué de todo el país: de la montaña, de todo el Negueb, de toda la región de Gosén, de la Sefelá y de la Arabá, de la montaña de Israel y de su llanura,
17desde el monte Jalac, hacia Seír, hasta Baalgad, en el valle del Líbano, al pie del monte Hermón. Se apoderó de todos sus reyes y los ajustició.
18Largo tiempo estuvo Josué haciendo la guerra a todos aquellos reyes.
19Ninguna ciudad hizo las paces con los hijos de Israel, excepto los heveos que vivían en Gabaón: de todas las demás se apoderaron por la fuerza.
20Porque era designio del Señor endurecer su corazón para que se opusieran a Israel y así fueran consagradas al exterminio sin remisión y fueran exterminadas, como había mandado el Señor a Moisés.
21Luego fue Josué y exterminó a los anaquitas de la Montaña, de Hebrón, Debir y Anab, de toda la montaña de Judá y de toda la montaña de Israel: los consagró al exterminio con sus ciudades.
22No quedó ni un anaquita en tierra de los hijos de Israel; solo quedaron en Gaza, Gad y Asdod.
23Josué se apoderó de todo el país, como el Señor le había dicho a Moisés, y se lo dio en heredad a los hijos de Israel, repartido en los lotes correspondientes a cada tribu. Y, acabada la guerra, el país quedó en paz.
Hechos de los Apóstoles 22
1«Hermanos israelitas y padres: escuchad la defensa que hago ahora ante vosotros».
2Al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron mayor silencio. Y continuó:
3«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad; me formé a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto celo como vosotros mostráis hoy.
4Yo perseguí a muerte este Camino, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres,
5como pueden atestiguar en favor mío el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y me puse en camino con el propósito de traerme encadenados a Jerusalén a los que encontrase allí, para que los castigaran.
6Pero yendo de camino, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor;
7caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”.
8Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?”. Y me dijo: “Yo soy Jesús el Nazareno a quien tú persigues”.
9Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba.
10Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”. El Señor me respondió: “Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas”.
11Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco.
12Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, recomendado por el testimonio de todos los judíos residentes en la ciudad,
13vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: “Saúl, hermano, recobra la vista”. Inmediatamente recobré la vista y lo vi.
14Él me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios,
15porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
16Ahora, ¿qué te detiene? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre”.
17Regresé a Jerusalén y, mientras oraba en el templo, caí en éxtasis
18y lo vi que me decía: “Date prisa y sal inmediatamente de Jerusalén, pues no recibirán tu testimonio acerca de mí”.
19Yo respondí: “Señor, ellos saben que yo andaba por la sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en ti;
20y cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, yo también me encontraba presente, aprobándolo y guardando los vestidos de los que lo mataban”.
21Pero él me dijo: “Ponte en camino, porque yo te voy a enviar lejos, a los gentiles”».
22Lo estuvieron escuchando hasta estas palabras y entonces alzaron sus voces diciendo: «Quita de la tierra a ese, pues no merece vivir».
23Y como ellos siguiesen gritando, agitando sus vestidos y echando polvo al aire,
24el tribuno ordenó que lo llevasen dentro del cuartel y dijo que lo sometieran a los azotes para averiguar por qué motivo gritaban así contra él.
25Mientras lo estiraban con las correas, preguntó Pablo al centurión que estaba presente: «¿Os está permitido azotar a un ciudadano romano sin previa sentencia?».
26Al oírlo, el centurión fue a avisar al tribuno: «Mira bien lo que vas a hacer, pues ese hombre es ciudadano romano».
27Acudió el tribuno y le pregunto: «Dime, ¿tú eres romano?». Él respondió: «Sí».
28El tribuno añadió: «Yo adquirí esta ciudadanía por una gran suma». Pablo contestó: «Pues yo nací con ella».
29Los que iban a atormentarlo para hacerlo hablar se retiraron enseguida, y el tribuno tuvo miedo al darse cuenta de que lo había encadenado siendo ciudadano romano.
30Al día siguiente, queriendo conocer con certeza los motivos por los que lo acusaban los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno y, bajando a Pablo, lo presentó ante ellos.