Lectura 65 de 365
Josué 6-8 · Hechos de los Apóstoles 21
Josué 6
1Jericó estaba cerrada a cal y canto por miedo a los hijos de Israel. Nadie salía ni entraba.
2El Señor dijo a Josué: «Mira, entrego en tu poder a Jericó, a su rey y a sus valientes guerreros.
3Todos los combatientes, rodead la ciudad, dando una vuelta a su alrededor; así durante seis días.
4Siete sacerdotes llevarán delante del Arca siete trompas de cuerno de carnero. El séptimo día, daréis siete vueltas a la ciudad y los sacerdotes tocarán las trompas.
5Cuando suene el cuerno de carnero y oigáis el sonido de la trompa, todo el pueblo lanzará el alarido de guerra; y se desplomarán las murallas de la ciudad. Y el pueblo la asaltará, cada uno por el lugar que tenga enfrente».
6Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les mandó: «Tomad el Arca de la Alianza y que siete sacerdotes lleven siete trompas de cuerno de carnero delante del Arca del Señor».
7Y luego al pueblo: «Id y dad una vuelta alrededor de la ciudad; y que la vanguardia pase delante del Arca del Señor».
8En cuanto Josué acabó de dar estas órdenes al pueblo, los siete sacerdotes, llevando siete trompas de cuerno de carnero delante del Señor, empezaron a tocar. El Arca de la Alianza del Señor los seguía.
9La vanguardia marchaba delante de los sacerdotes que tocaban las trompas; la retaguardia marchaba detrás del Arca. Según iban caminando, tocaban las trompas.
10Josué había dado esta orden al pueblo: «No gritéis, no alcéis la voz, no se os escape una palabra hasta el momento en que yo os mande lanzar el alarido de guerra; entonces gritaréis».
11Dieron con el Arca del Señor una vuelta a la ciudad, rodeándola una vez y se volvieron al campamento para pasar la noche.
12Josué se levantó de madrugada y los sacerdotes tomaron el Arca del Señor.
13Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompas de cuerno de carnero delante del Arca del Señor iban tocando las trompas según caminaban. Las tropas de vanguardia iban delante de ellos y el resto detrás del Arca del Señor; y tocaban las trompetas según caminaban.
14Aquel segundo día dieron otra vuelta a la ciudad y se volvieron al campamento. Así hicieron seis días.
15El día séptimo, se levantaron al alba y dieron siete vueltas a la ciudad, del mismo modo. Solo que el día séptimo dieron siete vueltas a la ciudad.
16A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompas y Josué ordenó al pueblo: «¡Gritad, que el Señor os da la ciudad!
17La ciudad, con todo lo que hay en ella, está consagrada al exterminio, en honor del Señor. Solo han de quedar con vida la prostituta Rajab y todos los que estén con ella en casa, porque escondió a nuestros emisarios.
18Cuidado no prevariquéis quedándoos con algo de lo consagrado al exterminio; porque acarrearíais la desgracia sobre todo el campamento de Israel, haciéndolo objeto de exterminio.
19Toda la plata y el oro y todos los objetos de bronce o de hierro están consagrados al Señor: ingresarán en su tesoro».
20El pueblo lanzó el alarido de guerra y sonaron las trompas. En cuanto el pueblo oyó el son de la trompa, todo el pueblo lanzó un poderoso alarido de guerra. Las murallas se desplomaron y el ejército se lanzó al asalto de la ciudad, cada uno desde el lugar que tenía enfrente; y la conquistaron.
21Consagraron al exterminio todo lo que había dentro: hombres y mujeres, muchachos y ancianos, vacas, ovejas y burros; todo lo pasaron a cuchillo.
22Josué había encargado a los dos hombres que habían explorado el país: «Id a casa de la prostituta y haced salir de ella a esa mujer con todo lo suyo, como se lo jurasteis».
23Los jóvenes espías fueron y sacaron a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos, con todo lo suyo, y a todos los de su familia, y los dejaron fuera del campamento de Israel.
24Luego prendieron fuego a la ciudad con cuanto había en ella. Solo la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro los depositaron en el tesoro de la casa del Señor.
25Pero Josué respetó la vida a Rajab, la prostituta, así como a la casa de su padre y a todos los suyos. Ella se quedó viviendo en medio de Israel hasta el día de hoy, por haber escondido a los espías que envió Josué a explorar Jericó. En aquella ocasión Josué pronunció este juramento:
26«¡Maldito sea ante el Señor el hombre que reedifique esta ciudad! ¡A costa de su primogénito echará sus cimientos y a costa del hijo menor asentará las puertas!».
27Y el Señor estuvo con Josué, cuya fama se divulgó por toda la comarca.
Josué 7
1Pero los hijos de Israel cometieron un gran delito con lo consagrado. Porque Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Céraj, de la tribu de Judá, se quedó con algo de lo consagrado y el Señor se encolerizó contra los hijos de Israel.
2Josué mandó unos hombres desde Jericó hacia Ay, junto a Bet Avén, al este de Betel, con esta orden: «Subid a explorar la comarca». Los hombres subieron y exploraron Ay.
3Al volver donde estaba Josué le dijeron: «Que no suba toda la gente; para atacar Ay basta con que suban dos o tres mil hombres. No molestes a toda la gente haciéndoles subir, porque ellos son pocos».
4Subieron allá unos tres mil hombres del pueblo, pero tuvieron que huir ante los hombres de Ay.
5Los hombres de Ay les mataron unos treinta y seis hombres y los persiguieron fuera de la puerta de la ciudad hasta Sebarín y los derrotaron en la bajada. Entonces desfalleció el corazón del pueblo y se les derritió.
6Josué se rasgó los vestidos, se postró rostro en tierra delante del Arca del Señor y así estuvo hasta la tarde; con él estaban los ancianos de Israel y todos se echaban polvo sobre las cabezas.
7Dijo Josué: «¡Ah, Señor, Señor! ¿Para qué hiciste pasar el Jordán a este pueblo? ¿Para darnos en manos de los amorreos y acabar con nosotros? ¡Ojalá nos hubiésemos quedado al otro lado del Jordán!
8¡Por favor, Señor! ¿Qué voy a decir después que Israel ha vuelto la espalda ante sus enemigos?
9Se enterarán los cananeos y todos los habitantes del país: nos cercarán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Qué harás tú entonces por el honor de tu nombre?».
10El Señor respondió a Josué: «¡Vamos! ¡Levántate! ¿Por qué estás ahí rostro en tierra?
11Israel ha pecado. Ha violado la alianza que yo les había prescrito. Se han quedado con algo de lo consagrado, lo han robado y lo han escondido metiéndolo entre su ajuar.
12Los hijos de Israel no podrán resistir a sus enemigos; volverán la espalda ante ellos, porque se han hecho objeto de exterminio. Yo no estaré más con vosotros, mientras no hagáis desaparecer de en medio de vosotros lo consagrado.
13Levántate, purifica al pueblo y diles: “Purificaos para mañana, porque así dice el Señor, el Dios de Israel: hay algo consagrado dentro de ti, Israel; no podrás resistir a tus enemigos mientras no extirpéis lo consagrado de en medio de vosotros.
14Mañana por la mañana os presentaréis por tribus y aquella tribu que el Señor señale por suertes se presentará por clanes; el clan que el Señor señale se presentará por familias y la familia que el Señor señale se presentará hombre por hombre.
15El señalado por la suerte como consagrado al exterminio será entregado al fuego con todo lo que le pertenece, por haber quebrantado la alianza del Señor y haber cometido una infamia en Israel”».
16Josué se levantó de mañana y mandó que se presentara Israel por tribus, la suerte señaló a la tribu de Judá.
17Mandó que se presentaran los clanes de Judá y la suerte señaló al clan de Céraj. Mandó que se presentara el clan de Céraj por familias y la suerte señaló a Zabdí.
18Mandó que se presentara la familia de Zabdí, hombre por hombre, y la suerte señaló a Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Céraj, de la tribu de Judá.
19Dijo entonces Josué a Acán: «Hijo mío, da gloria al Señor, Dios de Israel, y ríndele alabanza; confiésame lo que has hecho, no me lo ocultes».
20Acán respondió a Josué: «Es verdad, yo soy el que ha pecado contra el Señor, Dios de Israel. Esto y esto es lo que he hecho:
21vi entre el botín un manto de Senaar precioso, unos dos kilos y medio de plata y un lingote de oro de unos seiscientos gramos de peso, me gustaron y me los guardé. Está todo escondido en tierra en medio de mi tienda, y la plata debajo».
22Josué mandó a unos que fueran corriendo a la tienda y, en efecto, el manto estaba escondido en la tienda y la plata debajo.
23Lo sacaron de la tienda, se lo llevaron a Josué y a todos los hijos de Israel y lo depositaron delante del Señor.
24Entonces Josué cogió a Acán, hijo de Céraj, con la plata, el manto y el lingote de oro, y a sus hijos e hijas, sus bueyes, asnos y ovejas, y su tienda con todo lo suyo, y los subió al valle de Acor. Todo Israel lo acompañaba.
25Josué dijo: «¿Por qué nos has acarreado la desgracia? Que el Señor te haga desgraciado hoy». Y todo Israel lo apedreó (y los quemaron en la hoguera y los apedrearon).
26Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que existe todavía hoy. Así se aplacó el furor de la cólera del Señor. Por eso se llama aquel lugar valle de Acor hasta el día de hoy.
Josué 8
1El Señor dijo a Josué: «¡No tengas miedo ni te acobardes! Toma contigo a toda la gente de guerra para atacar Ay, porque voy a poner en tus manos al rey de Ay, a su pueblo, su ciudad y su territorio.
2Harás con Ay y su rey como hicisteis con Jericó y su rey. Solo que podréis quedaros con el botín y el ganado. Prepara una emboscada por detrás de la ciudad».
3Josué, con toda la gente de guerra, se dispuso a marchar sobre Ay. Escogió Josué treinta mil guerreros valientes y los hizo salir de noche,
4con esta orden: «Mirad, os ocultaréis por detrás de la ciudad, pero sin alejaros mucho de ella, y estad alerta.
5Yo, con toda la gente que queda conmigo, me acercaré a la ciudad. Cuando la gente de Ay salga contra nosotros, como la primera vez, huiremos ante ellos.
6Saldrán tras de nosotros y los alejaremos de la ciudad, porque se dirán: “Huyen delante de nosotros como la primera vez”.
7Entonces vosotros saldréis de la emboscada y os apoderaréis de la ciudad; el Señor, vuestro Dios, os la dará.
8En cuanto toméis la ciudad le daréis fuego. Lo haréis así según la orden del Señor. Mirad que os lo mando yo».
9Los despachó Josué y se fueron a poner la emboscada, apostándose entre Betel y Ay, al oeste de Ay. Josué pasó aquella noche con la gente.
10Se levantó Josué de mañana, pasó revista a la tropa y se dirigió contra Ay; él iba, con los ancianos de Israel, al frente de la tropa.
11Toda la gente de guerra que estaba con él se fue acercando hasta llegar frente a la ciudad y acampó al norte de Ay. El valle quedaba entre ellos y la ciudad.
12(Josué había tomado unos cinco mil hombres y había tendido con ellos una emboscada entre Betel y Ay, al oeste de la ciudad.
13Pero el grueso de la tropa acampó al norte, quedando la emboscada al oeste). Josué pasó aquella noche en medio del valle.
14Cuando vio esto el rey de Ay, se dio prisa: madrugaron y salieron a presentar batalla a Israel en la bajada que da a la Arabá, sin saber que tenían una emboscada detrás de la ciudad.
15Josué y todo Israel se hicieron los derrotados y se dieron a la fuga camino del desierto.
16Entonces toda la gente que estaba en la ciudad salió gritando tras ellos. Al perseguir a Josué, se alejaron de la ciudad.
17No quedó un solo hombre en Ay (ni en Betel) que no saliera en persecución de Israel. Y, por perseguir a Israel, dejaron la ciudad desguarnecida.
18El Señor dijo entonces a Josué: «Apunta hacia Ay con la jabalina que llevas en la mano, porque la voy a poner en tu mano». Josué apuntó hacia la ciudad con la jabalina que llevaba en la mano.
19Tan pronto como extendió la mano, los emboscados salieron corriendo de su escondite y entraron en la ciudad, se apoderaron de ella e inmediatamente la incendiaron.
20Los hombres de Ay volvieron la vista atrás y vieron la humareda que subía de la ciudad hasta el cielo; no tenían escapatoria ni por un lado ni por otro, pues la gente que había huido hacia el desierto se volvió contra los perseguidores.
21Josué y todo Israel, viendo que los emboscados habían tomado la ciudad, de la que subía una humareda, se dieron la vuelta y atacaron a los hombres de Ay.
22Los otros salieron de la ciudad a su encuentro, de modo que los hombres de Ay se encontraron copados por los israelitas, por un lado y por otro. Israel los derrotó hasta no dejar superviviente ni fugitivo.
23Pero al rey de Ay lo prendieron vivo y lo condujeron ante Josué.
24Cuando Israel acabó de matar por el campo y el desierto a todos los habitantes de Ay, que habían salido hasta allí en su persecución, todos los cuales cayeron a filo de espada hasta no quedar uno, se volvieron los hijos de Israel contra Ay y pasaron a su población a filo de espada.
25El total de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil: todos los habitantes de Ay.
26Josué no retiró el brazo que tenía extendido con la jabalina hasta que fueron consagrados al exterminio todos los habitantes de Ay.
27Israel se repartió solamente el ganado y el botín de dicha ciudad, como había ordenado el Señor a Josué.
28Josué incendió Ay y la convirtió para siempre en una ruina, en desolación hasta el día de hoy.
29Al rey de Ay lo colgó de un árbol y lo dejó allí hasta la tarde; a la puesta del sol ordenó Josué que bajaran del árbol el cadáver. Lo tiraron a la entrada de la puerta de la ciudad y amontonaron sobre él un montón enorme de piedras, que existe todavía hoy.
30Entonces Josué construyó un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal,
31como había mandado Moisés, siervo del Señor, a los hijos de Israel, según está escrito en el libro de la ley de Moisés: un altar de piedras sin labrar, no tocadas por el hierro. Y ofrecieron sobre él holocaustos al Señor e inmolaron sacrificios de comunión.
32Josué escribió allí mismo, sobre las piedras, una copia de la ley que Moisés había escrito en presencia de los hijos de Israel.
33Y todo Israel, los ancianos, los escribas y los jueces, que estaban de pie a un lado y otro del Arca ante los sacerdotes levitas portadores del Arca de la Alianza del Señor, y todos, tanto emigrantes como nativos, ocuparon su sitio, la mitad en la falda del monte Garizín y la otra mitad en la falda del monte Ebal, como Moisés, el siervo del Señor, mandó primeramente bendecir al pueblo de Israel.
34Josué leyó todas las palabras de la ley (las bendiciones y las maldiciones), a tenor de lo escrito en el libro de la ley.
35Ni una sola palabra de cuantas Moisés había prescrito dejó Josué de leer en presencia de toda la asamblea de Israel, incluidas las mujeres, los niños y los emigrantes que vivían entre ellos.
Hechos de los Apóstoles 21
1Después de separarnos de ellos, nos hicimos a la mar y, navegando derechos, llegamos a Cos; al día siguiente, a Rodas y de allí a Pátara.
2Encontramos una nave que hacía la travesía a Fenicia, nos embarcamos y nos dimos a la vela.
3Después de avistar Chipre y de dejarla a la izquierda, seguimos navegando rumbo a Siria y arribamos a Tiro, pues allí la nave debía descargar la mercancía.
4Dimos con los discípulos y permanecimos allí siete días. Ellos, movidos por el Espíritu, decían a Pablo que no subiese a Jerusalén,
5pero, cuando pasaron aquellos días, salimos y seguimos el camino, acompañándonos todos ellos con sus mujeres y niños hasta las afueras de la ciudad; en la playa nos pusimos de rodillas y oramos;
6nos despedimos unos de otros y subimos a la nave; ellos se volvieron a sus casas.
7Desde Tiro llegamos a Tolemaida, terminando así el viaje por mar, y, después de saludar a los hermanos, nos quedamos un día con ellos.
8Al día siguiente, partimos de allí y llegamos a Cesarea; entramos en la casa de Felipe, el evangelista, uno de los Siete, y nos quedamos con él.
9Este tenía cuatro hijas vírgenes que profetizaban.
10Permanecimos allí bastantes días; bajó de Judea un profeta de nombre Agabo;
11vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató los pies y las manos y dijo: «Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén y entregarán en manos de los gentiles al hombre a quien pertenece este cinturón».
12Al oír esto, tanto nosotros como los de aquel lugar le rogamos que no subiese a Jerusalén.
13Entonces Pablo respondió, diciendo: «¿Qué hacéis llorando y afligiendo mi corazón? Pues yo estoy dispuesto no solo a que me arresten, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús».
14Como no se dejaba convencer, dejamos de insistir, diciendo: «Hágase la voluntad del Señor».
15Después de estos días, hechos los preparativos del viaje, emprendimos la subida a Jerusalén.
16Nos acompañaron algunos discípulos de Cesarea, que nos llevaron a casa de cierto Nasón de Chipre, antiguo discípulo, donde nos habíamos de alojar.
17Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con agrado.
18Al día siguiente, Pablo entró con nosotros en casa de Santiago; se reunieron también todos los presbíteros.
19Después de saludarlos, les fue contando una a una todas las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio.
20Al oírlo, glorificaban a Dios, y le dijeron: «Hermano, ya estás viendo cuántos miles y miles de entre los judíos han abrazado la fe y todos son fervientes seguidores de la ley.
21Pero han oído decir sobre ti que andas enseñando a todos los judíos que viven entre los gentiles que abandonen a Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni vivan de acuerdo con las costumbres tradicionales.
22¿Qué hacer, pues? De todos modos se van a enterar de que has venido.
23Haz, pues, lo que te vamos a decir: tenemos aquí cuatro hombres que tienen que cumplir un voto.
24Tómalos contigo y purifícate con ellos; y paga por ellos para que se rapen la cabeza. Así conocerán todos que no hay nada de lo que han oído decir de ti sino que tú también procedes correctamente observando la ley.
25En cuanto a los gentiles que han abrazado la fe, les hemos comunicado por carta lo que hemos decidido: que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de la sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas».
26Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres y, al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo para avisar cuándo se cumplían los días de la purificación y cuándo había que presentar la ofrenda por cada uno de ellos.
27Cuando estaban para cumplirse los siete días, los judíos de Asia, que lo vieron en el templo, alborotaron al gentío y agarraron a Pablo,
28gritando: «¡Auxilio, israelitas! Este es el hombre que va enseñando a todos por todas partes contra nuestro pueblo, contra nuestra ley y contra este lugar; e incluso ha llegado a introducir a unos griegos en el templo, profanando este lugar santo».
29Era que antes habían visto con él por la ciudad a Trófimo, el de Éfeso, y pensaban que Pablo lo había introducido en el templo.
30El revuelo cundió por toda la ciudad, y hubo una avalancha de gente; agarraron a Pablo, lo sacaron a rastras fuera del templo e inmediatamente cerraron las puertas.
31Y estando ellos a punto de matarlo, dijeron al tribuno de la cohorte: «Toda Jerusalén anda revuelta».
32Inmediatamente cogió soldados y centuriones y bajó corriendo hacia donde estaban ellos, que, al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
33Entonces el tribuno se acercó, agarró a Pablo y dio orden de que lo ataran con dos cadenas; y empezó a preguntar quién era y qué había hecho.
34Entre la gente, sin embargo, unos gritaban una cosa y otros otra. No pudiendo conseguir información segura a causa de alboroto, ordenó que lo condujeran al cuartel.
35Cuando llegó a las escaleras, tuvo que ser llevado a hombros por los soldados debido a la violencia de la gente,
36pues el pueblo en masa venía detrás, gritando: «Elimínalo».
37Cuando estaban a punto de meterlo en el cuartel, Pablo dice al tribuno: «¿Se me permite decirte una palabra?». Él le contestó: «¿Sabes griego?
38Entonces, ¿no eres tú el egipcio que estos últimos días ha amotinado y llevado al desierto a los cuatro mil sicarios?».
39Pablo repuso: «Yo soy judío, de Tarso de Cilicia, ciudadano de una ciudad ilustre. Te ruego me permitas hablar al pueblo».
40Se lo permitió, y Pablo, de pie sobre las escaleras, pidió silencio con la mano al pueblo. Se hizo un gran silencio y comenzó a hablar en lengua hebrea, diciendo: