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Lectura 64 de 365

Josué 3-5 · Hechos de los Apóstoles 20

Letra: Normal

Josué 3

1Josué madrugó, levantó el campamento de Sitín, llegó hasta el Jordán con todos los hijos de Israel y pernoctaron en la orilla antes de cruzarlo.

2Al cabo de tres días, los responsables fueron por el campamento

3y dieron esta orden a la gente: «Cuando veáis moverse el Arca de la Alianza del Señor, vuestro Dios, transportada por los sacerdotes levitas, empezad a caminar desde vuestros puestos detrás de ella.

4Así sabréis el camino por donde tenéis que ir, porque nunca hasta ahora habéis pasado por él; pero a una distancia del Arca como de unos dos mil codos; no os acerquéis más».

5Josué ordenó al pueblo: «Purificaos, porque mañana el Señor obrará prodigios en medio de vosotros».

6Y a los sacerdotes les dijo: «Alzad el Arca de la Alianza y pasad el río delante de la gente». Ellos alzaron el Arca de la Alianza y marcharon delante de la gente.

7El Señor dijo a Josué: «Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo como estuve con Moisés.

8Tú dales esta orden a los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza: “En cuanto lleguéis a tocar el agua de la orilla del Jordán, deteneos en el Jordán”».

9Josué dijo a los hijos de Israel: «Acercaos aquí a escuchar las palabras del Señor, vuestro Dios».

10Y añadió: «Así conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que va a expulsar ante vosotros a cananeos, hititas, heveos, perizitas, guirgaseos, amorreos y jebuseos.

11Mirad, el Arca de la Alianza del Dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros.

12Elegid doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu.

13Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el Arca del Señor, Dueño de toda la tierra, pisen el agua del Jordán, la corriente de agua del Jordán que viene de arriba quedará cortada y se detendrá formando como un embalse».

14Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza caminaron delante de la gente.

15En cuanto los portadores del Arca de la Alianza llegaron al Jordán y los sacerdotes que la portaban mojaron los pies en el agua de la orilla (el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega), el agua que venía de arriba se detuvo y formó como un embalse que llegaba muy lejos, hasta Adán, un pueblo cerca de Sartán,

16y el agua que bajaba hacia el mar de la Arabá, el mar de la Sal, quedó cortada del todo.

17La gente pasó el río frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, firmes en medio del Jordán, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que acabaron de pasar todos.

Josué 4

1Cuando todo el pueblo acabó de pasar el Jordán, el Señor dijo a Josué:

2«Elegid doce hombres del pueblo, uno de cada tribu,

3y dadles esta orden: “Sacad de aquí, del lecho del Jordán, donde se han posado los pies de los sacerdotes, doce piedras; pasadlas con vosotros y depositadlas en el lugar donde vais a pasar la noche”».

4Llamó Josué a los doce hombres de los hijos de Israel que había elegido, uno de cada tribu,

5y les dijo: «Pasad ante el Arca del Señor, vuestro Dios, hasta el medio del Jordán y cargad al hombro cada uno una piedra, una por cada tribu de los hijos de Israel,

6para que queden como monumento entre vosotros. Cuando el día de mañana os pregunten vuestros hijos: “¿Qué son esas piedras?”,

7les responderéis: “Es que el agua del Jordán quedó cortada ante el Arca de la Alianza del Señor: cuando el Arca atravesaba el Jordán, el agua del Jordán se cortó”. Estas piedras se lo recordarán a los hijos de Israel para siempre».

8Los hijos de Israel lo hicieron así, según las órdenes de Josué: sacaron doce piedras del lecho del Jordán, una por cada tribu de los hijos de Israel, como había mandado el Señor a Josué; las llevaron hasta el lugar donde iban a pasar la noche y las depositaron allí.

9Y Josué erigió doce piedras en medio del Jordán, donde se habían parado los pies de los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza. Allí están todavía hoy.

10Los sacerdotes que llevaban el Arca estuvieron quietos en medio del Jordán hasta que se cumplió todo lo que Josué había mandado al pueblo por orden del Señor (conforme en todo a lo que Moisés había ordenado a Josué). La gente se dio prisa en pasar.

11En cuanto acabaron de pasar todos, pasó el Arca del Señor y los sacerdotes se pusieron a la cabeza del pueblo.

12Los de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manasés pasaron en orden de batalla a la cabeza de los hijos de Israel, como les había mandado Moisés.

13Eran los que pasaron delante del Señor, hacia la llanura de Jericó, unos cuarenta mil guerreros armados, dispuestos para el combate.

14Aquel día, el Señor engrandeció a Josué ante todo Israel y lo respetaron a él como habían respetado a Moisés mientras vivió.

15El Señor dijo a Josué:

16«Manda a los sacerdotes, portadores del Arca del Testimonio, que salgan del Jordán».

17Josué les mandó: «Salid del Jordán».

18Y en cuanto salieron de en medio del Jordán los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza del Señor, nada más poner los pies en tierra, el agua del Jordán volvió a llenar el cauce y corrió como antes, hasta los bordes.

19El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acampó en Guilgal, al este de Jericó.

20Josué erigió en Guilgal las doce piedras sacadas del Jordán.

21Y dijo a los hijos de Israel: «Cuando el día de mañana vuestros hijos pregunten a sus padres: “¿Qué son esas piedras?”,

22se lo explicaréis así a vuestros hijos: “Israel pasó ese Jordán a pie enjuto.

23Es que el Señor vuestro Dios secó ante vosotros las aguas del Jordán hasta que pasasteis, lo mismo que había hecho el Señor, vuestro Dios, con el mar Rojo, que lo secó ante nosotros hasta que lo pasamos.

24Para que todas las naciones del mundo reconozcan cuán poderosa es la mano de Señor y teman siempre al Señor, vuestro Dios”».

Josué 5

1Cuando los reyes amorreos que habitaban al lado occidental del Jordán y los reyes cananeos que vivían en la región costera oyeron que el Señor había secado el agua del Jordán ante los hijos de Israel hasta que pasaron, desfalleció su corazón y les faltó el aliento para hacerles frente.

2En aquella ocasión dijo el Señor a Josué: «Hazte unos cuchillos de pedernal y vuelve a circuncidar (por segunda vez) a los hijos de Israel».

3Josué se hizo unos cuchillos de pedernal y circuncidó a los hijos de Israel en la colina de Aralot.

4Josué llevó a cabo esta circuncisión porque, después de la salida de Egipto, todos los varones que habían salido de Egipto, todos los guerreros, habían muerto por el camino, en el desierto.

5Toda la población que había salido de Egipto estaba circuncidada, pero los nacidos en el desierto, por el camino, después de la salida de Egipto, estaban sin circuncidar.

6Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que pereció toda la generación de guerreros salidos de Egipto. No obedecieron la voz del Señor y el Señor les uró que no les dejaría ver la tierra que había prometido a sus padres que nos la daría a nosotros, una tierra que mana leche y miel.

7En su lugar puso el Señor a los hijos de aquellos; y estos son los que Josué circuncidó, porque estaban sin circuncidar, ya que no los habían circuncidado durante el viaje.

8Cuando todos acabaron de circuncidarse, se quedaron en el campamento guardando reposo, hasta que se curaron.

9Entonces dijo el Señor a Josué: «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto». Por eso se llama aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy.

10Los hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.

11Al día siguiente a la Pascua, comieron ya de los productos de la tierra: ese día, panes ácimos y espigas tostadas.

12Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

13Sucedió que, estando ya cerca de Jericó, Josué alzó los ojos y vio a un hombre en pie frente a él, con la espada desenvainada en la mano. Josué se adelantó hacia él y le preguntó: «¿Eres de los nuestros o del enemigo?». Contestó aquel:

14«No. Soy el general del ejército del Señor y acabo de llegar». Josué cayó rostro en tierra, adorándolo. Después le preguntó: «¿Qué manda mi señor a su siervo?».

15El general del ejército del Señor le contestó: «Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es sagrado». Josué lo hizo así.

Hechos de los Apóstoles 20

1Cuando se hubo apaciguado el tumulto, Pablo hizo venir a los discípulos y los animó y, después de despedirse, salió para Macedonia.

2Después de recorrer aquella región, animando a los discípulos con largos discursos, vino a Grecia,

3donde pasó tres meses. Como los judíos organizaron una conspiración contra él cuando estaba a punto de embarcarse para Siria, decidió regresar a través de Macedonia.

4Lo acompañaban Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo.

5Estos se adelantaron y nos esperaron en Tróade.

6Nosotros, por nuestra parte, al terminar los días de los Ácimos, nos hicimos a la mar en Filipos y en cinco días nos unimos a ellos en Tróade, donde nos detuvimos siete días.

7El primer día de la semana, nos reunimos para la fracción del pan; Pablo les estuvo hablando y, como iba a marcharse al día siguiente, prolongó el discurso hasta medianoche.

8Había lámparas en abundancia en la sala de arriba, donde estábamos reunidos.

9Un muchacho, de nombre Eutiquio, estaba sentado en la ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, al muchacho le iba entrando un sueño cada vez más pesado; al final, vencido por el sueño, se cayó del tercer piso abajo. Lo recogieron ya muerto,

10pero Pablo bajó, se echó sobre él y, abrazándolo, dijo: «No os alarméis, sigue con vida».

11Volvió a subir, partió el pan y lo comió. Estuvo conversando largamente hasta el alba y, por fin, se marchó.

12Por lo que hace al muchacho, lo trajeron vivo, con gran consuelo de todos.

13Nosotros nos adelantamos a embarcarnos y zarpamos con rumbo a Aso, donde habíamos de recoger a Pablo; así lo había decidido, pues quería hacer el camino a pie.

14Cuando se reunió con nosotros en Aso, lo recogimos y llegamos a Mitilene.

15Desde allí nos hicimos a la mar y pasamos al día siguiente frente a Quíos; al otro día tocamos puerto en Samos y al día siguiente llegamos a Mileto.

16Pablo se había propuesto no hacer escala en Éfeso para no tener que demorarse en Asia, pues tenía prisa por estar en Jerusalén, si era posible, el día de Pentecostés.

17Desde Mileto, envió recado a Éfeso para que vinieran los presbíteros de la Iglesia.

18Cuando se presentaron, les dijo: «Vosotros habéis comprobado cómo he procedido con vosotros todo el tiempo que he estado aquí, desde el primer día en que puse el pie en Asia,

19sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio de las pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos;

20cómo no he omitido por miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar, predicando y enseñando en público y en privado,

21dando solemne testimonio tanto a judíos como a griegos, para que se convirtieran a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús.

22Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu. No sé lo que me pasará allí,

23salvo que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones.

24Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios.

25Y ahora, mirad: sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino, volverá a ver mi rostro.

26Por eso testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos:

27pues no tuve miedo de anunciaros enteramente el plan de Dios.

28Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo.

29Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño.

30Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí.

31Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.

32Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados.

33De ninguno he codiciado dinero, oro ni ropa.

34Bien sabéis que estas manos han bastado para cubrir mis necesidades y las de los que están conmigo.

35Siempre os he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”».

36Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos ellos.

37Entonces todos comenzaron a llorar y, echándose al cuello de Pablo, lo besaban;

38lo que más pena les daba de lo que había dicho era que no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta la nave.