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Lectura 62 de 365

Deuteronomio 31-33 · Hechos de los Apóstoles 18

Letra: Normal

Deuteronomio 31

1Moisés se dirigió a todo Israel y pronunció estas palabras.

2Les dijo: «Tengo ya ciento veinte años, y ya no puedo salir ni entrar; además el Señor me ha dicho: “No pasarás ese Jordán”.

3El Señor, tu Dios, pasará delante de ti. Él destruirá delante de ti esas naciones y tú las tomarás en posesión. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor.

4El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó.

5El Señor os los entregará y vosotros los trataréis conforme a toda esta prescripción que yo os he mandado.

6¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, pues el Señor, tu Dios, va contigo, no te dejará ni te abandonará».

7Después Moisés llamó a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: «Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, juró dar a tus padres y tú se la repartirás en heredad.

8El Señor irá delante de ti. Él estará contigo, no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes».

9Moisés escribió esta ley y la consignó a los sacerdotes levitas que llevan el Arca de la Alianza del Señor, y a todos los ancianos de Israel,

10y les mandó: «Cada siete años, en una fiesta del Año de la Remisión, en la fiesta de las Tiendas,

11cuando todo Israel acuda a presentarse ante el Señor, tu Dios, en el lugar que él elija, se proclamará esta ley ante todo Israel, a sus oídos.

12Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al emigrante que esté en tus ciudades, para que escuchen y aprendan y teman al Señor, vuestro Dios, y observen todas las palabras de esta ley para cumplirla.

13Y así sus hijos, que no la conocen, la escucharán y aprenderán a temer al Señor, vuestro Dios, todos los días que viváis en la tierra que vais a poseer después de pasar el Jordán».

14El Señor dijo a Moisés: «Está cerca el día de tu muerte. Llama a Josué, presentaos en la Tienda del Encuentro, y yo le daré mis órdenes». Moisés y Josué fueron a presentarse a la Tienda del Encuentro.

15El Señor se les apareció en la Tienda, en una columna de nubes, que fue a colocarse a la entrada de la Tienda.

16El Señor dijo a Moisés: «Tú vas a reunirte con tus padres y este pueblo se levantará y se prostituirá con los dioses extranjeros de la tierra adonde va a entrar, y me abandonará y romperá la alianza que concerté con él.

17Ese día mi ira se encenderá contra él. Los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Será presa fácil y le ocurrirán innumerables males y desgracias. Entonces se preguntará: “¿No me habrán alcanzado estos males porque mi Dios no está en medio de mí?”.

18Y yo, ese día, ocultaré aún más mi rostro por toda la maldad que cometió, pues se volvió hacia otros dioses.

19Y ahora, escribid este cántico, enseñádselo a los hijos de Israel, haced que lo reciten, para que este cántico sea mi testigo contra los hijos de Israel.

20Cuando haya llevado a este pueblo a la tierra que mana leche y miel, que prometí con juramento a sus padres, y coma hasta saciarse, engorde y se vuelva a otros dioses y los sirva, me despreciará y romperá mi alianza;

21entonces, cuando le ocurran innumerables males y desgracias, este cántico dará testimonio contra él, pues su descendencia no se olvidará de recitarlo, porque conozco los planes que ya traza hoy, antes de haberlo llevado a la tierra que prometí con juramento».

22Aquel día Moisés escribió este cántico y lo enseñó a los hijos de Israel.

23El Señor ordenó a Josué, hijo de Nun: «¡Sé fuerte y valiente, que tú has de introducir a los hijos de Israel en la tierra que les prometí con juramento. Yo estaré contigo!».

24Cuando Moisés terminó de escribir en un libro las palabras de esta ley hasta el final,

25mandó a los levitas que llevan el Arca de la Alianza del Señor:

26«Tomad el libro de esta ley y colocadlo junto al Arca de la Alianza del Señor, vuestro Dios. Allí será como un testigo contra ti.

27Porque yo conozco tu rebeldía y tu terquedad. Si hoy, que aún vivo con vosotros, sois rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo seréis después de mi muerte!

28Congregad junto a mí a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros oficiales, que quiero proclamar en su presencia estas palabras y poner contra ellos por testigos al cielo y a la tierra,

29pues sé que, después de mi muerte, os pervertiréis y os apartaréis del camino que os he mandado. En los días venideros, la desgracia saldrá a vuestro encuentro, porque hacéis lo malo a los ojos del Señor, irritándolo con vuestras obras».

30Entonces Moisés proclamó en presencia de toda la asamblea de Israel las palabras de este cántico hasta el final.

Deuteronomio 32

1«Escuchad, cielos, y hablaré; oye, tierra, los dichos de mi boca;

2descienda como lluvia mi doctrina, destile como rocío mi palabra, como llovizna sobre la hierba, como orvallo sobre el césped.

3Voy a proclamar el nombre del Señor: dad gloria a nuestro Dios.

4Él es la Roca, sus obras son perfectas, sus caminos son justos, es un Dios fiel, sin maldad; es justo y recto.

5Hijos degenerados se portaron mal con él, generación malvada y pervertida.

6¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?

7Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas, pregunta a tu padre y te lo contará, a tus ancianos y te lo dirán:

8Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de las naciones, según el número de los hijos de Israel,

9la porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue el lote de su heredad.

10Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos.

11Como el águila incita a su nidada, revoloteando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas.

12El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él.

13Los puso a caballo de sus montañas, los alimentó con las cosechas de sus campos; los crió con miel silvestre, con aceite de rocas de pedernal;

14con requesón de vacas y leche de ovejas, con grasas de corderos y carneros, ganado de Basán y cabritos, con la flor de la harina de trigo, y por bebida, con la sangre fermentada de la uva.

15Comió Jacob hasta saciarse, engordó Jesurún y respingó —estabas gordo, cebado y orondo— y rechazó a Dios, su creador, despreció a su Roca salvadora.

16Le dieron celos con dioses extraños, lo irritaron con sus abominaciones.

17Sacrificaron a demonios, que no son dios, a dioses desconocidos, nuevos, recién llegados, que vuestros padres no veneraron.

18Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz.

19Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas.

20Y dijo: “Les ocultaré mi rostro, y veré cuál es su suerte, porque son una generación pervertida, unos hijos desleales.

21Me han dado celos con un dios que no es dios, me han irritado con sus ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo, con una nación fatua los irritaré.

22En mi nariz está ardiendo el fuego y abrasará hasta el fondo del Abismo, devorará la tierra y sus productos y consumirá los cimientos de los montes.

23Amontonaré desastres sobre ellos, agotaré contra ellos mis saetas.

24Andarán extenuados de hambre, consumidos por la fiebre y la peste; les enviaré dientes de fieras, veneno de quienes se arrastran en el polvo.

25La espada arrebatará a los hijos en las calles, en las casas habrá pavor, en el joven y la doncella, en el lactante y el encanecido”.

26Me dije: “Los aniquilaría, y borraría su memoria entre los hombres”.

27Si no temiese las burlas del enemigo, y la mala interpretación del adversario, no sea que digan: “Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien ha hecho todo esto”.

28Porque es gente que ha perdido el juicio, y que carece de inteligencia.

29Si fueran sabios, comprenderían esto, entenderían su destino.

30¿Cómo puede uno perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil, si no fuera porque los ha vendido su Roca y el Señor los ha entregado?

31Porque su roca no es como nuestra Roca, y nuestros enemigos pueden comprobarlo.

32Su cepa proviene de la viña de Sodoma, de los campos de Gomorra, sus uvas son uvas venenosas y sus racimos son amargos;

33su vino es veneno de serpientes, ponzoña mortal de víboras.

34¿No tengo todo esto guardado, sellado en mis depósitos,

35para mi venganza y recompensa, en el día que tropiecen sus pies? Pues el día de su ruina se acerca, y se precipita su destino.

36El Señor hará justicia a su pueblo, y tendrá piedad de sus siervos). Cuando vea que se debilitan sus manos, y que no hay ya esclavo ni libre,

37dirá: “¿Dónde están sus dioses, la roca donde se refugiaban?

38Los que comían la grasa de sus víctimas y bebían el vino de sus ofrendas, que se levanten para socorreros, que sean vuestro refugio”.

39Pero ahora mirad: soy yo, solo yo, y no hay dios fuera de mí. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero y yo curo, y no hay quien pueda librar de mi mano.

40Levanto mi mano al cielo y digo: “Como vivo yo eternamente,

41cuando afile el rayo de mi espada, y empuñe en mi mano el juicio, tomaré venganza de mis enemigos y daré su paga a los que me aborrecen,

42embriagaré de sangre mis flechas y mi espada devorará carne, de la sangre de caídos y cautivos, de la cabeza de jefes enemigos”.

43Aclamadlo, naciones, con su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, porque tomará venganza de sus enemigos y purificará el suelo de su pueblo».

44Moisés fue y proclamó todas las palabras de este cántico en presencia del pueblo. Josué, hijo de Nun, iba con él.

45Cuando Moisés terminó de proclamar todas estas palabras a todo Israel,

46les dijo: «Tomad a pecho todas las palabras con que hoy doy testimonio contra vosotros y mandad a vuestros hijos observar y cumplir todas las palabras de esta ley.

47Porque no es palabra baladí para vosotros, pues es vuestra vida y por esta palabra se prolongará la vida en la tierra que vais a tomar en posesión, después de pasar el Jordán».

48Aquel mismo día el Señor dijo a Moisés:

49Sube a esa montaña de los Abarín, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo voy a dar en propiedad a los hijos de Israel.

50Después morirás en el monte y te reunirás con los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón murió en el monte Hor y se reunió con los suyos.

51Por haberme sido infieles en medio de los hijos de Israel, en la fuente de Meribá, en Cadés, en el desierto de Sin, y por no haber reconocido mi santidad en medio de los hijos de Israel,

52por eso verás de lejos la tierra, pero no entrarás en la tierra que voy a dar a los hijos de Israel».

Deuteronomio 33

1Esta es la bendición con la que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de morir.

2Dijo:«El Señor vino del Sinaí, surgió ante ellos desde Seír, irradió desde el monte Farán, y con él, diez mil santos; en su diestra, una ley ígnea para ellos.

3Ciertamente él ama a los pueblos, en su mano están todos sus santos; y ellos están a tus pies postrados, cada uno a tus órdenes se levanta.

4Moisés nos entregó una ley, herencia para la asamblea de Jacob.

5Y él fue rey en Jesurún, al reunirse los jefes del pueblo, al unirse las tribus de Israel.

6“¡Viva Rubén y no muera, aunque sean pocos sus hombres!” .

7Y esto dijo para Judá: “Escucha, Señor, la voz de Judá y tráelo a su pueblo; sus manos peleen por él, y sé tú una ayuda contra sus enemigos”.

8Y para Leví dijo: “Tus urim y tus tumim para el varón leal, a quien pusiste a prueba en Masá, desafiaste en las aguas de Meribá;

9que dijo de su padre y de su madre: ‘No los he visto’, y a sus hermanos no reconoció, y de sus hijos no quiso saber. Porque observaron tu palabra y vigilaron sobre tu alianza.

10Enseñarán tus decretos a Jacob y tu ley a Israel; ofrecerán incienso en tu presencia y un sacrificio íntegro en tu altar.

11Bendice, Señor, su posesión y acepta la obra de sus manos. Machaca los lomos a sus rivales, Que sus enemigos no se levanten”.

12Para Benjamín dijo: “Predilecto del Señor, morará seguro junto a él, el Altísimo lo protegerá continuamente y él morará entre sus hombros”.

13Y para José dijo: “Bendita del Señor sea su tierra, con lo más exquisito del cielo, el rocío, y el agua subterránea, almacenada en lo hondo,

14con lo mejor de los productos del sol y lo más exquisito de los frutos de las lunas,

15con lo mejor de las montañas antiguas y lo más exquisito de las colinas eternas,

16con lo mejor de la tierra y de su plenitud; y el favor del que mora en la zarza descienda sobre la cabeza de José, sobre la corona del elegido entre sus hermanos.

17Majestuoso como primogénito de buey, sus cuernos son como cuernos de búfalo; con ellos acorneará a los pueblos, a todos a una hasta los confines de la tierra. Estas son las miríadas de Efraín, estos son los millares de Manasés”.

18Y para Zabulón dijo: “Alégrate, Zabulón, en tus salidas, y tú, Isacar, en tus tiendas.

19Convocarán a pueblos a la montaña, a ofrecer sacrificios legítimos, pues extraerán las riquezas del mar, los tesoros ocultos en la arena”.

20Y para Gad dijo: “Bendito el que ensancha a Gad, se tumba al acecho como una leona y destroza brazos y cráneos.

21Escogió para sí las primicias, la porción reservada al capitán; se presentó a los jefes del pueblo, cumplió la justicia del Señor y sus decretos con Israel”.

22Y para Dan dijo: “Dan es un cachorro de león que salta desde Basán”.

23Y para Neftalí dijo: “Neftalí, saciado del favor y lleno de la bendición del Señor, posee el poniente y el mediodía”.

24Y para Aser dijo: “Bendito Aser entre los hijos, sea el favorito de sus hermanos y bañe sus pies en aceite.

25Tus cerrojos sean de hierro y bronce, y tu fuerza dure mientras vivas.

26Nadie como el Dios de Jesurún, que cabalga por el cielo en tu ayuda y sobre las nubes en su majestad.

27Es un refugio el Dios de antaño, pone por debajo sus brazos eternos; expulsa ante ti al enemigo y dice: ¡Destruye!”.

28Israel habita seguro, tranquilo mora Jacob, en tierra de grano y de mosto, bajo un cielo que destila rocío.

29Dichoso tú, Israel, ¿quién como tú, pueblo salvado por el Señor, tu escudo protector, tu espada victoriosa? Tus enemigos se someterán ante ti y tú pisarás sobre sus espaldas».

Hechos de los Apóstoles 18

1Después de esto dejó Atenas y se fue a Corinto.

2Allí encontró a un tal Áquila, judío natural del Ponto, y a su mujer, Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma. Se juntó con ellos

3y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a vivir y trabajar en su casa; eran tejedores de lona para tiendas de campaña.

4Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos.

5Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, dando testimonio ante los judíos de que Jesús es el Mesías.

6Como ellos se oponían y respondían con blasfemias, Pablo sacudió sus vestidos y les dijo: «Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza. Yo soy inocente y desde ahora me voy con los gentiles».

7Se marchó de allí y se fue a casa de un cierto Ticio Justo, que adoraba a Dios y cuya casa estaba al lado de la sinagoga.

8Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios, al escuchar a Pablo, creían y se bautizaban.

9Una noche dijo el Señor a Pablo en una visión: «No temas, sigue hablando y no te calles,

10pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad».

11Se quedó, pues, allí un año y medio, enseñando entre ellos la palabra de Dios.

12Pero, siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron de común acuerdo contra Pablo y lo condujeron al tribunal

13diciendo: «Este induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la ley».

14Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Galión dijo a los judíos: «Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia;

15pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros. Yo no quiero ser juez de esos asuntos».

16Y les ordenó despejar el tribunal.

17Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal, sin que Galión se preocupara de ello.

18Pablo se quedó allí todavía bastantes días; luego se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria con Priscila y Áquila. En Cencreas se había hecho rapar la cabeza, porque había hecho un voto.

19Llegaron a Éfeso y los dejó allí. Entró en la sinagoga y se puso a hablar con los judíos.

20Le pidieron que se quedase allí más tiempo, pero no accedió,

21sino que se despidió, diciendo: «Volveré otra vez a vosotros, si Dios quiere». Y, embarcando, partió de Éfeso.

22Desembarcó en Cesarea, subió y saludó a la Iglesia y bajó a Antioquía.

23Pasado algún tiempo en Antioquía, marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.

24Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras.

25Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.

26Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios.

27Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes,

28pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.