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Lectura 61 de 365

Deuteronomio 28-30 · Hechos de los Apóstoles 17

Letra: Normal

Deuteronomio 28

1Si escuchas de verdad la voz del Señor, tu Dios, observando y cumpliendo todos los preceptos que yo te mando hoy, el Señor, tu Dios, te elevará por encima de todas las naciones de la tierra,

2y vendrán sobre ti y te alcanzarán, por haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, todas estas bendiciones:

3Bendito serás en la ciudad y bendito serás en el campo.

4Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo y el fruto de tu ganado, el parto de tus vacas y las crías de tu rebaño.

5Bendita tu cesta y tu artesa.

6Bendito serás cuando entres y bendito serás cuando salgas.

7El Señor te entregará derrotados a los enemigos que se alcen contra ti: vendrán contra ti por un camino y por siete caminos huirán ante ti.

8El Señor mandará la bendición sobre ti, en tus graneros y en tus empresas, y te bendecirá en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

9El Señor te constituirá su pueblo santo, como te ha jurado, si observas los preceptos del Señor, tu Dios, y sigues sus caminos.

10Y todos los pueblos de la tierra verán que el nombre del Señor es invocado sobre ti y te temerán.

11El Señor te colmará de bienes con el fruto de tu vientre, con el fruto de tu ganado y con el fruto de tu suelo, en la tierra que el Señor juró a tus padres que te daría.

12El Señor te abrirá su rico tesoro, el cielo, dando a su tiempo la lluvia de la tierra y bendiciendo todas tus tareas. Prestarás a muchas naciones y tú no pedirás prestado.

13El Señor te pondrá a la cabeza y no a la cola, estarás siempre encima y nunca estarás debajo, si escuchas los preceptos del Señor, tu Dios, que yo te mando hoy observar y cumplir,

14y no te apartas a derecha ni a izquierda de todas las palabras que yo os mando hoy, yendo en pos de otros dioses para servirlos.

15Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios, observando y cumpliendo todos los preceptos y mandatos que yo te mando hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones:

16Maldito serás en la ciudad y maldito serás en el campo.

17Maldita tu cesta y tu artesa.

18Maldito el fruto de tu vientre y el fruto de tu suelo, el parto de tus vacas y las crías de tu rebaño.

19Maldito serás cuando entres y maldito serás cuando salgas.

20El Señor enviará contra ti la maldición, la angustia y la amenaza en todas las tareas que emprendas hasta que seas destruido y perezcas pronto, debido a tus malas acciones por las que me abandonaste.

21El Señor hará que se te pegue la peste hasta que te consuma sobre la tierra adonde vas a entrar para tomarla en posesión.

22El Señor te herirá de tisis, fiebre, inflamación, gangrena, sequía, añublo y tizón que te perseguirán hasta destruirte.

23El cielo sobre tu cabeza será de bronce y la tierra bajo tus pies, de hierro.

24El Señor transformará la lluvia de tu tierra en polvo y arena, que caerán del cielo sobre ti hasta destruirte.

25El Señor te entregará derrotado ante tus enemigos: saldrás contra ellos por un camino y por siete caminos huirás ante ellos, y serás el espanto de todos los reinos de la tierra.

26Tu cadáver será pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra, sin que nadie las espante.

27El Señor te herirá con la úlcera egipcia, con tumores, sarna y tiña, que no podrás curar.

28El Señor te herirá de locura, ceguera y turbación de la mente:

29andarás a tientas a mediodía como a tientas anda el ciego en su tiniebla y no triunfarás en tus caminos. Estarás siempre oprimido y explotado, sin que nadie te socorra.

30Te casarás con una mujer, pero otro hombre cohabitará con ella; edificarás una casa, pero no la habitarás; plantarás una viña, pero no la vendimiarás.

31Tu buey será degollado ante tus ojos, pero no comerás de él; tu asno será arrebatado en tu presencia, y no se te devolverá; tu rebaño será entregado a tus enemigos, y nadie te socorrerá.

32Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán y se consumirán por ellos todo el día, sin que puedas echarles una mano.

33El fruto de tu suelo y de todo tu trabajo se lo tragará un pueblo que no conoces, y serás solo un oprimido y un explotado toda la vida.

34Te volverás loco ante el espectáculo que contemplarán tus ojos.

35El Señor te herirá de úlcera maligna, que no podrás curar, en las rodillas y en los muslos, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla.

36El Señor te llevará, a ti y al rey que hayas establecido sobre ti, a una nación que no conocíais ni tú ni tus padres, y servirás allí a otros dioses de madera y de piedra.

37Serás el espanto, la irrisión y la burla de todos los pueblos adonde te conduzca el Señor.

38Echarás mucha semilla en el campo y cosecharás poco, porque la devorará la langosta.

39Plantarás y cultivarás viñas, pero no beberás ni almacenarás vino, porque se lo tragará el gusano.

40Tendrás olivos en todo tu territorio, pero no te ungirás con aceite, porque se caerán tus olivas.

41Engendrarás hijos e hijas, pero no serán para ti, porque marcharán al cautiverio.

42Los bichos se apoderarán de todos tus árboles y de los frutos de tu suelo.

43El emigrante que viva entre los tuyos se alzará sobre ti, cada vez más arriba, y tú caerás, cada vez más abajo.

44Él te prestará y tú no le podrás prestar; él estará a la cabeza y tú estarás a la cola.

45Todas estas maldiciones vendrán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán, hasta destruirte, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, observando los preceptos y mandatos que él te mandó

46y serán como signo y prodigio contra ti y tu descendencia, por siempre.

47Por no haber servido al Señor, tu Dios, con alegría y gratitud, en total abundancia,

48servirás a los enemigos que el Señor mandará contra ti, en hambre y sed, desnudez y escasez total y pondrá en tu cuello un yugo de hierro, hasta destruirte.

49El Señor alzará contra ti una nación venida de lejos, desde el cabo de la tierra, que se lanzará como un águila, una nación cuya lengua no comprendes,

50una nación de semblante feroz, que no respetará al anciano ni se compadecerá del muchacho,

51que devorará el fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo, hasta destruirte; que no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni el parto de tus vacas, ni las crías de tu rebaño, hasta destruirte.

52Te sitiará en todas tus ciudades, hasta que se derrumben en toda tu tierra las murallas altas y fortificadas en las que tú confiabas; te sitiará en todas tus ciudades, en toda la tierra que el Señor, tu Dios, te dará.

53En el aprieto del asedio con que te estrechará tu enemigo, comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos e hijas que el Señor, tu Dios, te haya dado.

54El hombre más delicado y refinado mirará con malos ojos a su hermano, a la mujer que reposaba en su seno y al resto de los hijos que le queden,

55por tener que compartir con ellos la carne de los hijos que se coma, al no haberle quedado ya nada, en el aprieto del asedio con que te estreche tu enemigo en todas tus ciudades.

56La mujer más delicada y refinada, que apenas si posaba la planta del pie en la tierra, de tanta delicadeza y finura, mirará con malos ojos al esposo que reposaba en su seno, a su hijo y a su hija,

57a la placenta que le sale de entre las piernas y al hijo que acaba de parir, porque desearía comérselos a escondidas, al faltarle todo, en el aprieto del asedio con que te estreche tu enemigo en tus ciudades.

58Si no observáis y cumplís todas las palabras de esta ley escritas en este libro, temiendo este nombre terrible y glorioso: “El Señor, tu Dios”,

59el Señor os afligirá a ti y a tus descendientes con plagas extraordinarias, plagas enormes y persistentes, enfermedades malignas y permanentes.

60Él hará que se vuelvan contra ti todas las epidemias de Egipto, ante las que te horrorizaste, y te las pegará.

61Más aún, el Señor acarreará contra ti todas las enfermedades y plagas que no se mencionan en este libro de la ley, hasta destruirte.

62Quedaréis solo unos pocos, después de haber sido numerosos como las estrellas del cielo, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios.

63Como el Señor gozó haciéndoos el bien y multiplicándoos, así gozará arruinándoos y destruyéndoos; seréis arrancados de la tierra adonde vas a entrar para tomarla en posesión.

64El Señor te dispersará entre todos los pueblos, de un extremo a otro de la tierra, y allí servirás a otros dioses de madera y piedra que no conocíais ni tú ni tus padres.

65En esos pueblos, no descansarás ni habrá reposo para la planta de tu pie, y el Señor te dará allí un corazón angustiado, ojos apagados y espíritu abatido.

66Sentirás que tu vida estará pendiente de un hilo, temblarás día y noche y no te fiarás de tu vida.

67Por la mañana dirás: “Ojalá fuera tarde”. Y por la tarde dirás: “Ojalá fuera mañana”, por el terror que estremecerá tu corazón y por el espectáculo que verán tus ojos.

68El Señor te hará volver en naves a Egipto por la ruta de la que yo te había dicho: «No volverás a verla más» y allí seréis puestos en venta como esclavos y esclavas a vuestros enemigos, pero no habrá comprador»

69Estas son las palabras de la alianza que el Señor mandó a Moisés concertar con los hijos de Israel en la tierra de Moab, aparte de la alianza que concertó con ellos en el Horeb.

Deuteronomio 29

1Moisés convocó a todo Israel y les dijo: «Vosotros habéis visto todo lo que hizo el Señor a vuestros ojos en la tierra de Egipto con el faraón, con todos sus servidores y con todo su país:

2aquellas grandes pruebas que vieron vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios;

3pero el Señor no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para escuchar, hasta hoy.

4Yo os he conducido cuarenta años por el desierto; no se os gastaron los vestidos que llevabais ni se os estropearon las sandalias de los pies;

5no comisteis pan ni bebisteis vino ni licor; para que reconozcáis que yo soy el Señor, vuestro Dios.

6Al llegar a este lugar, Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, salieron a nuestro encuentro en son de guerra, y los derrotamos.

7Nos adueñamos de sus territorios y se los dimos en heredad a los rubenitas, a los gaditas y a media tribu de Manasés.

8Observad, pues, las palabras de esta alianza y cumplidlas, para que prosperéis en todas vuestras obras.

9Os habéis colocado hoy en presencia del Señor, vuestro Dios, todos vosotros —vuestros jefes de tribu, vuestros ancianos, vuestros magistrados y todos los hombres de Israel;

10vuestros niños, vuestras mujeres y los emigrantes que están en el campamento, desde tu leñador hasta tu aguador—,

11para entrar en la alianza del Señor, tu Dios —y en el juramento imprecatorio—, que el Señor, tu Dios, concierta hoy contigo,

12a fin de constituirte hoy su pueblo, y ser él tu Dios, como te dijo y como había jurado a tus padres, a Abrahán, Isaac y Jacob.

13No solo con vosotros concierto yo esta alianza, con sus imprecaciones,

14sino también con el que está hoy aquí con nosotros, en presencia del Señor, y con el que hoy no está aquí con nosotros.

15Vosotros sabéis que habitamos en la tierra de Egipto y que pasamos por medio de otros pueblos

16y vimos sus monstruos y sus ídolos, de madera y piedra, de plata y oro.

17Que no haya nadie entre vosotros, hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, nuestro Dios, yendo a servir a los dioses de esas naciones; que no arraiguen en vosotros plantas amargas y venenosas.

18Que nadie, al escuchar las palabras de esta imprecación, se felicite diciendo por dentro: “Tendré paz, aunque siga en la obstinación de mi corazón”, pues la riada se llevará lo secano,

19porque el Señor no está dispuesto a perdonarlo. La ira del Señor y su celo se encenderán contra ese hombre, caerá sobre él toda imprecación escrita en este libro y el Señor borrará su nombre bajo el cielo.

20El Señor lo apartará, para su perdición, de todas las tribus de Israel, conforme a las imprecaciones de la alianza, escritas en el libro de esta ley.

21La generación venidera —vuestros hijos que surjan después de vosotros y el extranjero que venga de un país lejano, al ver las plagas de esta tierra y las enfermedades con que las castigará el Señor:

22azufre y sal, tierra calcinada donde no se siembra, ni brota ni crece la hierba, catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboín, arrasadas por la ira y la cólera del Señor— se preguntará

23junto con todas las naciones: “¿Por qué trató el Señor así a esta tierra? ¿Qué significa esta cólera terrible?”.

24Y les responderán: “Porque abandonaron la alianza que el Señor Dios de sus padres concertó con ellos al sacarlos de la tierra de Egipto

25y fueron a servir a otros dioses y se postraron ante ellos —dioses que no conocían y que él no les había asignado—;

26por eso la ira del Señor se encendió contra esta tierra, haciendo recaer sobre ella todas las imprecaciones escritas en este libro;

27por eso, el Señor los arrancó de su suelo con ira, furor y gran indignación, y los arrojó a otra tierra, como sucede hoy”.

28Lo oculto es del Señor, nuestro Dios; lo revelado es nuestro y de nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

Deuteronomio 30

1Cuando se cumplan en ti todas estas palabras —la bendición y la maldición que te he propuesto— y las medites en tu corazón, en medio de los pueblos adonde te expulsará el Señor, tu Dios,

2si te vuelves hacia el Señor, tu Dios, y escuchas su voz, conforme a todo lo que yo te mando hoy, con todo tu corazón y con toda tu alma, tú y tus hijos,

3el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y se compadecerá de ti; volverá y te reunirá de en medio de todos los pueblos por donde el Señor, tu Dios, te dispersó.

4Aunque tus dispersos se encuentren en los confines del cielo, de allí te reunirá el Señor, tu Dios, y de allí te recogerá.

5El Señor, tu Dios, te traerá a la tierra que poseyeron tus padres y la poseerás; te hará el bien y te hará crecer más que tus padres.

6El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el de tus descendientes para que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y así vivas.

7El Señor, tu Dios, hará recaer todas estas imprecaciones sobre tus enemigos, los que te habían perseguido con saña,

8y tú volverás a escuchar la voz del Señor, tu Dios, y cumplirás todos los preceptos suyos que yo te mando hoy.

9El Señor, tu Dios, te hará prosperar en todas tus empresas, en el fruto de tu vientre, el fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo, porque el Señor, tu Dios, volverá a complacerse en tu bienestar, como lo hizo en el bienestar de tus padres,

10si escuchas la voz del Señor, tu Dios, observando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el libro de esta ley, y si vuelves al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.

11Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable.

12No está en el cielo, para poder decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”.

13Ni está más allá del mar, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?”.

14El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas.

15Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal.

16Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.

17Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves,

18yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.

19Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia,

20amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Hechos de los Apóstoles 17

1Después de atravesar Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.

2Pablo, según su costumbre, se reunió con ellos y por tres sábados discutió con ellos apoyándose en las Escrituras,

3explicándolas y probando que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos y que «este Mesías es Jesús a quien yo anuncio».

4Algunos de ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas, al igual que un gran número de griegos adoradores de Dios y no pocas mujeres distinguidas.

5Pero los judíos, llenos de envidia, echando mano de algunos maleantes de la calle, armaron motines, alborotaron la ciudad y, llegándose a casa de Jasón, los buscaban para llevarlos ante el pueblo.

6Al no encontrarlos, condujeron a Jasón y a los hermanos ante los magistrados, vociferando: «Estos que han revolucionado el mundo se han presentado también aquí

7y Jasón los ha alojado. Todos estos actúan contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús».

8Al oír esto, el pueblo y los magistrados de la ciudad se alborotaron,

9pero, después de recibir una fianza de parte de Jasón y los demás, los soltaron.

10Enseguida, de noche, los hermanos hicieron salir para Berea a Pablo y Silas, los cuales, al llegar allí, se dirigieron a la sinagoga de los judíos.

11Estos, de mejor condición que los de Tesalónica, acogieron la palabra con todo interés, escudriñando diariamente las Escrituras para comprobar si todo era así.

12En consecuencia, muchos de ellos creyeron, al igual que no pocos griegos, tanto mujeres distinguidas como hombres.

13Pero cuando se enteraron los judíos de Tesalónica de que también en Berea había anunciado Pablo la palabra de Dios, fueron allí agitando y alborotando a la gente.

14Entonces los hermanos hicieron salir a toda prisa a Pablo para que se dirigiera hacia la costa, y se quedaron allí Silas y Timoteo.

15Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuanto antes.

16Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se irritaba en su interior al ver que la ciudad estaba llena de ídolos.

17Discutía, pues, en la sinagoga con los judíos y con los adoradores de Dios y diariamente en el ágora con los que allí se encontraba;

18incluso algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él. Algunos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán?». Y otros: «Parece que es un predicador de divinidades extranjeras». Porque anunciaba a Jesús y la resurrección.

19Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, diciendo: «¿Se puede saber cuál es esa nueva doctrina de que hablas?

20Pues dices cosas que nos suenan extrañas y queremos saber qué significa todo esto».

21Todos los atenienses y los forasteros residentes allí no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad.

22Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos.

23Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”. Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo.

24El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas,

25ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.

26De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar,

27con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros,

28pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.

29Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

30Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan.

31Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos».

32Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron: «De esto te oiremos hablar en otra ocasión».

33Así salió Pablo de en medio de ellos.

34Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos.