Lectura 5 de 365
Génesis 13-15 · Mateo 9-10
Génesis 13
1Abrán subió de Egipto al Negueb con su mujer y todas sus pertenencias; Lot lo acompañaba.
2Abrán era muy rico en ganado, plata y oro.
3Desde el Negueb se trasladó por etapas a Betel, al lugar donde había plantado su tienda al principio, entre Betel y Ay,
4donde antes había construido un altar; y allí invocó el nombre del Señor.
5También Lot, que iba con Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas,
6de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos.
7Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. Además, en aquel tiempo los cananeos y los perizitas habitaban en el país.
8Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos.
9¿No tienes delante todo el país? Sepárate de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda».
10Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Soar, era de regadío —esto era antes de que el Señor destruyera Sodoma y Gomorra— como el jardín del Señor o como Egipto.
11Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron el uno del otro.
12Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma.
13Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
14El Señor dijo a Abrán, después que Lot se había separado de él: «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el levante y el poniente.
15Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tus descendientes para siempre.
16Haré a tus descendientes como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo de la tierra podrá contar a tus descendientes.
17Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar».
18Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar al Señor.
Génesis 14
1Por aquel tiempo, Anrafel, rey de Senaar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elán y Tidal rey de Goín
2declararon la guerra a Bera rey de Sodoma, a Birsa rey de Gomorra, a Sinab rey de Admá, a Semeber rey de Seboín y al rey de Bela, esto es, de Soar.
3Todos estos se reunieron en el valle de Sidín, o sea el mar de la Sal.
4Durante doce años habían sido vasallos de Quedorlaomer, pero al decimotercero se rebelaron.
5El año decimocuarto vino Quedorlaomer con sus reyes aliados y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnáin, a los zuzíes en Ham, a los emitas en la llanura de Quiriatáin,
6y a los joritas en las montañas de Seír, junto a El Farán, al lado del desierto.
7Después se volvieron y vinieron a En Mispat, o sea Cadés, y sometieron el territorio de los amalecitas y también a los amorreos, que habitaban en Jasasón Tamar.
8Entonces hicieron una expedición los reyes de Sodoma, Gomorra, Admá, Seboín y Bela, esto es, Soar, y presentaron batalla en el valle de Sidín
9a Quedorlaomer rey de Elán, a Tidal rey de Goín, a Anrafel rey de Senaar, a Arioc rey de Elasar: cuatro reyes contra cinco.
10El valle de Sidín estaba lleno de pozos de betún y los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en ellos al huir, mientras los otros escapaban a la montaña.
11Los enemigos saquearon las posesiones de Sodoma y Gomorra con todas las provisiones y se fueron.
12Al marcharse, se llevaron también a Lot, sobrino de Abrán, con sus posesiones, pues él habitaba en Sodoma.
13Un fugitivo vino y se lo contó a Abrán el hebreo, que habitaba en el encinar de Mambré el amorreo, hermano de Escol y de Aner, aliados de Abrán.
14Cuando Abrán oyó que su sobrino había caído prisionero, reunió a sus hombres adiestrados, trescientos dieciocho nacidos en su casa, y emprendió la persecución de aquellos hasta Dan.
15De noche cayó sobre ellos con su tropa, los batió y persiguió hasta Joba, al norte de Damasco.
16Recuperó todas sus posesiones y se trajo también a su hermano Lot con sus posesiones, las mujeres y la tropa.
17Cuando Abrán volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes aliados, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, o sea el valle del Rey.
18Entonces Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino,
19y le bendijo diciendo:«Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra;
20bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos».Y Abrán le dio el diezmo de todo.
21Luego el rey de Sodoma dijo a Abrán: «Dame la gente, quédate con las posesiones».
22Pero Abrán replicó: «Juro por el Señor Dios altísimo, creador de cielo y tierra,
23que no aceptaré un hilo ni una correa de sandalia ni nada de cuanto te pertenece, para que no digas: “Yo he enriquecido a Abrán”.
24No acepto más que lo que han comido mis muchachos y la porción de los que me acompañaron, Aner, Escol y Mambré; que ellos tomen su porción».
Génesis 15
1Después de estos sucesos, el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra: «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».
2Abrán contestó: «Señor Dios, ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?».
3Abrán añadió: «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».
4Pero el Señor le dirigió esta palabra: «No te heredará ese, sino que uno salido de tus entrañas será tu heredero».
5Luego lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia».
6Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia.
7Después le dijo: «Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos, para darte en posesión esta tierra».
8Él replicó: «Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?».
9Respondió el Señor: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón».
10Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves.
11Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba.
12Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
13El Señor dijo a Abrán: «Has de saber que tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, la esclavizarán y la oprimirán durante cuatrocientos años.
14Pero yo juzgaré a la nación a quien han de servir, y después saldrán cargados de riquezas.
15Tú te reunirás en paz con tus padres y te enterrarán en buena vejez.
16A la cuarta generación volverán aquí tus descendientes, pues hasta entonces no habrá llegado al colmo la maldad de los amorreos».
17El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
18Aquel día el Señor concertó alianza con Abrán en estos términos: «A tu descendencia le daré esta tierra, desde el río de Egipto al gran río Éufrates:
19los quenitas, quenicitas, cadmonitas,
20hititas, perizitas, refaítas,
21amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos».
Mateo 9
1Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
2En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».
3Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema».
4Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”?
6Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».
7Se puso en pie y se fue a su casa.
8Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
9Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
10Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
11Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
12Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
13Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
14Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
15Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
16Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
17Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
18Mientras les decía esto, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
19Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
20Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto,
21pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
22Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer.
23Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente,
24dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.
25Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
26La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
27Cuando Jesús salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David».
28Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?». Contestaron: «Sí, Señor».
29Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe».
30Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
31Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
32Estaban ellos todavía saliendo cuando le llevaron a Jesús un endemoniado mudo.
33Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
34En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
35Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
36Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
37Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos;
38rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Mateo 10
1Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
2Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano;
3Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo;
4Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
5A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría,
6sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
7Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos.
8Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.
9No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre;
10ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.
11Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis.
12Al entrar en una casa, saludadla con la paz;
13si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
14Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
15En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad.
16Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
17Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas
18y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
19Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir,
20porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
21El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
22Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará.
23Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.
24Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo;
25ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
26No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
28No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.
29¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre.
30Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados.
31Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
32A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos.
33Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
34No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada.
35He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra;
36los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
37El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
38y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
39El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado;
41el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
42El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».