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Lectura 59 de 365

Deuteronomio 22-24 · Hechos de los Apóstoles 15

Letra: Normal

Deuteronomio 22

1Si ves el buey o la oveja de tu hermano extraviados, no te desentiendas de ellos; se los devolverás a tu hermano.

2Pero si tu hermano no vive cerca de ti o no lo conoces, recogerás el animal en tu casa y estará a tu disposición hasta que tu hermano venga a buscarlo y puedas devolvérselo.

3Lo mismo harás con su asno, con su manto, con cualquier objeto perdido de tu hermano, que encuentres; no podrás desentenderte de ellos.

4Si ves el asno de tu hermano o su buey caídos en el camino, no te desentenderás de ellos; ayúdale a levantarlo.

5La mujer no llevará prendas de hombre ni el hombre se vestirá con prendas de mujer, porque el que hace eso es una abominación para el Señor, tu Dios.

6Si en tu camino encuentras un nido de pájaro en un árbol cualquiera o en el suelo, con pollos o huevos, y la madre echada sobre los pollos o sobre los huevos, no cogerás a la madre con las crías;

7dejarás marchar a la madre y podrás quedarte con las crías, para que te vaya bien y vivas mucho tiempo.

8Cuando construyas una casa nueva, pondrás un pretil a la azotea, y así no harás a tu casa culpable de sangre, si alguien se cayese de ella.

9No sembrarás tu viña con una segunda clase de semilla, no sea que quede todo consagrado: la semilla que siembres y el producto de la viña.

10No ararás con buey y asno juntos.

11No te vestirás con telas mezcladas de lana y lino.

12Hazte borlas en las cuatro puntas del manto con que te cubras.

13Si uno se casa con una mujer y después de cohabitar la aborrece,

14y le echa en cara actos vergonzosos y la difama diciendo: “Me he casado con esta mujer, pero al acercarme a ella descubrí que no era virgen”,

15entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de su virginidad y las llevarán ante los ancianos de la ciudad, a la puerta,

16y el padre de la joven dirá a los ancianos: “He dado a este hombre mi hija por esposa; él la aborrece

17y le echa en cara acciones vergonzosas diciendo: ‘He descubierto que tu hija no es virgen’, pero aquí están las pruebas de la virginidad de mi hija”. Y extenderán la ropa ante los ancianos de la ciudad.

18Entonces, los ancianos de aquella ciudad tomarán al marido y lo castigarán;

19lo multarán con cien monedas de plata —que entregarán al padre de la joven—, por haber difamado a una doncella de Israel. Además, esta seguirá siendo su mujer y él no podrá repudiarla en toda su vida.

20Pero si tal acusación era cierta y se descubre que la joven no era virgen,

21sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la lapidarán hasta que muera, porque cometió una infamia en Israel deshonrando la casa de su padre. Así extirparás el mal de en medio de ti.

22Si sorprenden a uno acostado con una mujer casada, los dos deben morir: el que se acostó con ella y la mujer.

23Si una joven virgen está prometida a un hombre y otro la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella,

24sacaréis a los dos a la puerta de esa ciudad y los lapidaréis hasta que mueran: a la joven, por no haber pedido socorro en la ciudad, y al hombre, por haber violado a la mujer de su prójimo. Así extirparás el mal de en medio de ti.

25Pero si fue en el campo donde el hombre encontró a la joven prometida, y la forzó y se acostó con ella, morirá solo el hombre que se acostó con ella.

26A la joven no le harás nada, no es rea de muerte; porque es como si uno ataca a su prójimo y le quita la vida. Así es este caso,

27pues él la encontró en el campo; y, aunque la joven prometida hubiese gritado, nadie pudo oírla.

28Si uno encuentra a una joven virgen que no está prometida, la agarra y se cuesta con ella, y son sorprendidos,

29el hombre que se acostó con ella entregará al padre de la joven cincuenta monedas de plata y tendrá que aceptarla por esposa, por haberla violado; no podrá repudiarla en toda su vida.

Deuteronomio 23

1Nadie tomará a la mujer de su padre, ni abrirá el lecho de su padre.

2No se admitirá a la asamblea del Señor a quien tenga los testículos aplastados o el pene mutilado.

3No se admitirá a la asamblea del Señor ningún bastardo; ni siquiera su décima generación será admitida en la asamblea del Señor.

4No se admite a la asamblea del Señor ningún amonita ni moabita; ni siquiera en su décima generación serán admitidos a la asamblea del Señor.

5Porque no vinieron con pan y agua a vuestro encuentro en el camino, cuando salisteis de Egipto y porque alquilaron a Balaán, hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.

6Pero el Señor, tu Dios, no quiso escuchar a Balaán; el Señor, tu Dios, cambió la maldición en bendición, porque te ama el Señor, tu Dios.

7No buscarás jamás su paz ni su bienestar mientras vivas.

8No considerarás abominable al edomita, porque es hermano tuyo. No considerarás abominable al egipcio, porque fuiste emigrante en su país.

9Sus descendientes en la tercera generación serán admitidos a la asamblea del Señor.

10Cuando salgas a campaña contra tus enemigos, cuídate de cualquier acto malo.

11Si hay alguien entre los tuyos que, por polución nocturna, no está puro, saldrá fuera del campamento y no volverá a entrar en el campamento

12hasta que, al caer la tarde, se lave con agua; y así, al ponerse el sol, volverá al campamento.

13Tendrás fuera del campamento un rincón donde puedas retirarte.

14Llevarás en tu equipaje una estaca, y cuando salgas a hacer tus necesidades, harás con ella un hoyo y luego taparás los excrementos.

15Porque el Señor, tu Dios, se pasea en medio de tu campamento para protegerte y entregarte el enemigo, tu campamento debe ser santo; que él no vea en ti nada indecoroso y no se aparte de ti.

16No entregarás a su amo un esclavo que escapa de su amo junto a ti.

17Se quedará contigo, entre los tuyos, en el lugar que elija en una de tus ciudades, donde mejor le parezca. No lo maltrates.

18No habrá prostitutas sagradas entre las hijas de Israel, ni prostitutos sagrados entre los hijos de Israel.

19No llevarás a la casa del Señor, en cumplimiento de un voto, paga de prostituta ni dinero de prostituto, porque ambos son una abominación para el Señor, tu Dios.

20No cobrarás intereses a tu hermano: ni sobre el dinero prestado, ni sobre los alimentos prestados, ni sobre cualquier préstamo que produzca intereses.

21Podrás cobrar intereses a los extranjeros, pero a tu hermano no le cobrarás intereses, para que te bendiga el Señor, tu Dios, en todas tus empresas en la tierra adonde vas para tomarla en posesión.

22Si haces un voto al Señor tu Dios, no tardarás en cumplirlo, porque el Señor, tu Dios, te lo reclamará e incurrirás en pecado,

23pero si te abstienes de hacer un voto, no incurrirás en pecado.

24Lo que salga de tus labios, mantenlo y cumple el voto que has hecho espontáneamente al Señor, tu Dios, que con tu boca has prometido.

25Si entras en la viña de tu prójimo, come las uvas que quieras, hasta saciarte, pero no metas nada en tu cesta.

26Si entras en la mies de tu prójimo, arranca espigas con tu mano, pero no metas la hoz en la mies de tu prójimo.

Deuteronomio 24

1Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta, porque descubre en ella algo vergonzoso, y le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa,

2y ella sale de la casa, va y se casa con otro,

3y el segundo también la aborrece, le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa, o bien muere el segundo marido

4el primer marido, que la despidió, no podrá casarse otra vez con ella, porque ha quedado impura; sería una abominación ante el Señor; no eches un pecado sobre la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad.

5Si uno es recién casado, no está obligado al servicio militar ni a otros trabajos públicos; quedará libre en su casa durante un año, para disfrutar de la mujer con quien se ha casado.

6No tomarás en prenda las dos piedras de un molino, ni siquiera la muela, porque sería tomar en prenda una vida.

7Si descubren que uno ha secuestrado a un hermano suyo de los hijos de Israel, para explotarlo o venderlo, el secuestrador morirá. Así extirparás el mal de en medio de ti.

8Tened cuidado con las afecciones de la piel, observando y cumpliendo todo lo que os enseñen los sacerdotes levitas. Observad y cumplid lo que yo les he mandado.

9Recuerda lo que hizo el Señor, tu Dios, a María cuando salisteis de Egipto.

10Si haces un préstamo cualquiera a tu hermano, no entres en su casa a recobrar la prenda;

11espera afuera, y el prestatario saldrá a devolverte la prenda.

12Y, si es pobre, no te acostarás sobre la prenda;

13se la devolverás a la caída del sol y así él se acostará sobre su manto y te bendecirá, y tuyo será el mérito ante el Señor, tu Dios.

14No explotarás al jornalero, pobre y necesitado, sea hermano tuyo o emigrante que vive en tu tierra, en tu ciudad;

15cada jornada le darás su jornal, antes que el sol se ponga, porque pasa necesidad y está pendiente del salario. Así no gritará contra ti al Señor y no incurrirás en pecado.

16No serán ejecutados los padres por culpas de los hijos, ni los hijos por culpas de los padres; cada uno será ejecutado por su propio pecado.

17No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda;

18recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios; por eso yo te mando hoy cumplir esto.

19Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas.

20Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda.

21Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda.

22Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto; por eso yo te mando hoy cumplir esto.

Hechos de los Apóstoles 15

1Unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse.

2Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.

3Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos.

4Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

5Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

6Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

7Después de una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran.

8Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros.

9No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe.

10¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar?

11No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».

12Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.

13Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Escuchadme, hermanos:

14Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles.

15Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

16Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie,

17para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace

18que esto sea conocido desde antiguo.

19Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios;

20basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre.

21Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».

22Entonces los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas llamado Barsabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos,

23y enviaron por medio de ellos esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad.

24Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos,

25hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo,

26hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo.

27Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue:

28Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables:

29que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».

30Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta.

31Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.

32Judas y Silas, que eran también profetas, hablaron largamente, exhortando y confirmando a los hermanos.

33Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.

34[«Pero a Silas le pareció mejor permanecer allí».]

35Por su parte, Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y anunciando, junto con otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.

36Unos días más tarde, dijo Pablo a Bernabé: «Vayamos de nuevo y visitemos a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado la palabra de Dios para ver cómo están».

37Bernabé quería llevar con ellos a Juan, llamado Marcos,

38pero Pablo opinaba que no debían tomar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.

39Se produjo una gran tensión, hasta el punto de que se separaron el uno del otro: Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó para Chipre;

40por su parte, Pablo, eligiendo como compañero a Silas, y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, partió

41y fue recorriendo Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.