← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 58 de 365

Deuteronomio 19-21 · Hechos de los Apóstoles 14

Letra: Normal

Deuteronomio 19

1Cuando el Señor, tu Dios, haya exterminado a las naciones, cuya tierra te da el Señor, tu Dios, y tú las hayas desposeído y te hayas asentado en sus ciudades y en sus casas,

2separarás tres ciudades en medio de la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios, para que la poseas.

3Prepararás el camino y dividirás en tres partes el área de la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios, en heredad, para que pueda huir allí todo homicida.

4Este será el caso del homicida que huye allí para salvar su vida: quien mate a su prójimo inadvertidamente, sin que le odiase en el pasado

5—por ejemplo: quien va con su prójimo al bosque a cortar leña y, al blandir su mano el hacha para cortar la leña, el hierro se escapa del mango y alcanza a su prójimo y lo hiere mortalmente—, ese podrá huir a una de esas ciudades y salvará su vida;

6no sea que el vengador de la sangre persiga enfurecido al homicida y le dé alcance, porque el camino es largo, y lo mate, siendo así que no era reo de muerte, porque no odiaba al otro en el pasado.

7Por eso yo te mando: separa tres ciudades.

8Y si el Señor, tu Dios, aumenta tu territorio, como juró a tus padres, y te da toda la tierra que prometió dar a tus padres

9—si observas todo este precepto, cumpliendo lo que yo te mando hoy, amando al Señor, tu Dios, y siguiendo siempre sus caminos—, entonces añadirás tres ciudades más a aquellas tres.

10Así no se derramará sangre inocente en medio de tu tierra, que te da el Señor, tu Dios, en heredad, ni recaerá sangre alguna sobre ti.

11Pero si uno que odia a su prójimo se pone al acecho, se lanza contra él, lo hiere mortalmente y muere, y después huye a una de aquellas ciudades,

12los ancianos de su ciudad lo mandarán prender allí y lo entregarán al vengador de la sangre para que muera.

13No tengas piedad de él. Así extirparás de Israel el derramamiento de sangre inocente y te irá bien.

14No removerás el mojón de tu prójimo que colocaron los antepasados en la propiedad que heredes en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión.

15Un solo testigo no es válido contra alguien en cualquier falta o delito, sea cual fuere el delito que ha cometido. Solo por la declaración de dos o tres testigos será firme una causa.

16Si se presenta contra alguien un testigo injusto, acusándolo de rebelión,

17las dos partes en litigio comparecerán ante el Señor, ante los sacerdotes y jueces que estén en funciones por aquellos días.

18Los jueces investigarán a fondo; si resulta que el testigo es falso, que ha acusado falsamente a su hermano,

19haréis con él lo que él pretendía hacer con su hermano. Así extirparás el mal de en medio de ti,

20y los demás lo oirán, temerán y no volverán a cometer semejante maldad en medio de ti.

21No tengas piedad de él: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

Deuteronomio 20

1Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos y veas caballos y carros y un pueblo más numeroso que tú, no los temas, porque está contigo el Señor, tu Dios, que te hizo subir de la tierra de Egipto.

2Cuando vayáis a entablar combate, se adelantará el sacerdote para hablar al pueblo.

3Les dirá: “Escucha, Israel: vosotros vais a entablar hoy combate contra vuestros enemigos. No perdáis el valor, no temáis ni os turbéis, ni tembléis ante ellos,

4porque el Señor, vuestro Dios, marcha con vosotros, combatiendo en favor vuestro contra vuestros enemigos, para salvaros”.

5Luego los magistrados hablarán así al pueblo: “¿Quién ha edificado una casa nueva y no la ha estrenado? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y la estrene otro.

6Y ¿quién ha plantado una viña y no la ha vendimiado? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate y la vendimie otro.

7Y ¿quién está prometido con una mujer y aún no se ha casado con ella? Que se retire y vuelva a su casa, no sea que muera en el combate, y otro se case con ella”.

8Después los magistrados volverán a hablar al pueblo y dirán: “¿Quién tiene miedo y no tiene valor? Que se retire y vuelva a su casa, para que su hermano no pierda el valor como él”.

9Cuando los magistrados hayan terminado de hablar al pueblo, pondrán jefes de tropa al frente de él.

10Cuando te acerques a una ciudad para combatir contra ella, primero proponle la paz.

11Si acepta la paz y te abre sus puertas, toda la población que se encuentre en ella se someterá a prestación personal y te servirá.

12Pero si no acepta tu paz y te declara la guerra, la sitiarás.

13El Señor, tu Dios, la entregará en tus manos y pasarás a filo de espada a todos sus varones.

14Pero las mujeres, los niños, el ganado y todo lo que haya en la ciudad —todo su botín— lo tomarás para ti y comerás del botín de los enemigos que te entregue el Señor, tu Dios.

15Lo mismo harás con todas las ciudades muy alejadas de ti que no están entre las ciudades de esas naciones.

16Mas de las ciudades de estos pueblos que te entregue en herencia el Señor, tu Dios, no dejarás ni un ser vivo.

17Consagrarás al exterminio a hititas, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jebuseos, como te mandó el Señor, tu Dios,

18para que no os enseñen a cometer todas las abominaciones que ellos cometen con sus dioses, y no pequéis contra el Señor, vuestro Dios.

19Cuando sities una ciudad durante mucho tiempo, combatiendo contra ella para tomarla, no destruyas sus árboles blandiendo el hacha sobre ellos, porque de ellos podrás comer; no los tales, porque ¿acaso son seres humanos los árboles del campo para que hayan de ser sitiados por ti?

20Pero si sabes que un árbol no es frutal, lo puedes destruir y talar, para construir obras de asedio contra la ciudad que te hace la guerra, hasta que caiga.

Deuteronomio 21

1Si en la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios, en posesión se encuentra un muerto tendido en el campo y no se sabe quién lo mató,

2saldrán tus ancianos y tus jueces y medirán la distancia entre la víctima y las ciudades de alrededor.

3Cuando se determine la ciudad más próxima al muerto, los ancianos de esa ciudad tomarán una novilla que todavía no haya trabajado, que aún no haya sido uncida al yugo;

4y los ancianos de esa ciudad bajarán la novilla a un torrente de agua perenne, en el que no se haya arado ni sembrado, y allí, en el torrente, desnucarán la novilla.

5Luego se acercarán los sacerdotes hijos de Leví; porque el Señor, tu Dios, los ha elegido para que le sirvan y para que bendigan en nombre del Señor; y según su decisión ha de resolverse todo litigio y todo crimen.

6Y todos los ancianos de la ciudad más próxima a la víctima se lavarán las manos en el torrente, sobre la novilla desnucada,

7y dirán solemnemente: “Nuestras manos no han derramado esta sangre y nuestros ojos nada han visto.

8Purifica, Señor, a tu pueblo Israel, que tú rescataste, y no permitas que sangre inocente permanezca en medio de tu pueblo Israel”. Así quedarán purificados por la sangre.

9Y tú, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor, extirparás de en medio de ti la culpa por la sangre inocente.

10Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y el Señor, tu Dios, los entregue en tus manos, y hagas cautivos,

11si ves entre los cautivos una mujer hermosa, te enamoras de ella y quieres tomarla por mujer,

12la llevarás a tu casa, y ella se rapará la cabeza, se arreglará las uñas,

13y se quitará el vestido de cautiva; permanecerá en tu casa y durante un mes llorará a su padre y a su madre. Después de esto, podrás cohabitar con ella, serás su marido y ella será tu mujer.

14Pero si más tarde ya no te gusta, la dejarás irse adonde quiera, pero no la venderás por dinero ni la esclavizarás, después de haberla humillado.

15Si un hombre tiene dos mujeres, una amada y otra aborrecida, y ambas, la amada y la aborrecida, le dan hijos, y el primogénito es hijo de la aborrecida,

16el día de dejar en herencia a sus hijos lo que posee, no podrá tratar como primogénito al hijo de la amada en perjuicio del hijo de la aborrecida, que es el primogénito,

17sino que reconocerá al primogénito, hijo de la aborrecida, dándole dos tercios de todo lo que posee, porque es la primicia de su virilidad y tiene derecho de primogenitura.

18Si uno tiene un hijo terco y rebelde, que no escucha la voz de su padre ni la voz de su madre, y aun corrigiéndolo no les obedece,

19su padre y su madre lo agarrarán y lo llevarán a los ancianos de su ciudad y a las puertas de su lugar.

20Y dirán a los ancianos de su ciudad: “Este hijo nuestro es terco y rebelde; no nos obedece, es un derrochador y un borracho”.

21Entonces, todos los hombres de la ciudad lo lapidarán hasta que muera. Así extirparás el mal de en medio de ti, y todo Israel lo oirá y temerá.

22Si uno, reo de la pena de muerte, es ejecutado y lo cuelgas de un árbol,

23su cadáver no quedará en el árbol de noche, sino que lo enterrarás ese mismo día, pues un colgado es maldición de Dios, y no debes contaminar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en heredad.

Hechos de los Apóstoles 14

1En Iconio entraron en la sinagoga de los judíos, según su costumbre, y hablaron de tal forma que creyó un buen número de judíos y de griegos.

2Pero los judíos que no habían creído excitaron y enconaron los ánimos de los gentiles contra los hermanos.

3A pesar de ello, se detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía apoyados en el Señor, que daba testimonio de la palabra de su gracia al concederles realizar por su mano signos y prodigios.

4La población de la ciudad se dividió en bandos, unos a favor de los judíos, otros a favor de los apóstoles.

5Entonces se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratarlos y apedrearlos;

6al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores,

7donde se pusieron a predicar el Evangelio.

8Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar.

9Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud,

10le dijo en voz alta: «Levántate, ponte derecho sobre tus pies». El hombre dio un salto y echó a andar.

11Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».

12A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar.

13El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

14Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando

15y diciendo: «Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen.

16En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera por su camino;

17aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».

18Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

19Pero llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándole ya por muerto.

20Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad. Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe.

21Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,

22animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

23En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído.

24Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia.

25Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía

26y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir.

27Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

28Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.