Lectura 57 de 365
Deuteronomio 16-18 · Hechos de los Apóstoles 13
Deuteronomio 16
1Observa el mes de abib celebrando la Pascua del Señor, tu Dios, porque en el mes de abib te sacó de Egipto el Señor, tu Dios.
2Inmolarás como pascua al Señor tu Dios ganado mayor o ganado menor, en el lugar que elija el Señor, tu Dios, para hacer morar allí su nombre.
3En ella no comerás pan fermentado. Durante siete días, comerás ácimos, pan de aflicción, porque apresuradamente saliste de la tierra de Egipto; así recordarás todos los días de tu vida el día de tu salida de la tierra de Egipto.
4Durante siete días no se ha de ver levadura en todo tu territorio. De la carne inmolada la tarde del primer día no quedará nada para el día siguiente.
5No podrás sacrificar la pascua en cualquiera de las ciudades que el Señor, tu Dios, va a darte.
6Solo en el lugar que elija el Señor, tu Dios, para hacer morar su Nombre. Allí, al atardecer, sacrificarás la pascua, a la caída del sol, hora de tu salida de Egipto.
7La cocerás y la comerás en el lugar que elija el Señor, tu Dios, y a la mañana siguiente podrás regresar a tus tiendas.
8Durante seis días, comerás ácimos, y el séptimo habrá asamblea en honor del Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno.
9Contarás siete semanas; a partir del día en que metas la hoz en la mies, contarás siete semanas
10y celebrarás la fiesta de las Semanas en honor del Señor, tu Dios. La oferta voluntaria que hagas será en proporción a lo que te haya bendecido el Señor.
11Te regocijarás en presencia del Señor, tu Dios, con tu hijo e hija, tu esclavo y esclava, el levita que haya en tus ciudades, el emigrante, el huérfano y la viuda que haya entre los tuyos, en el lugar que elija el Señor, tu Dios, para hacer morar allí su nombre.
12Te acordarás de que fuiste esclavo en Egipto y observarás y cumplirás estos mandatos.
13La fiesta de las Tiendas la celebrarás durante siete días, cuando hayas recogido la cosecha de tu era y tu lagar.
14Te regocijarás en tu fiesta con tu hijo e hija, tu esclavo y esclava, el levita, el emigrante, el huérfano y la viuda que haya en tus ciudades.
15Harás fiesta siete días en honor del Señor, tu Dios, en el lugar que elija el Señor; porque el Señor, tu Dios, te ha bendecido en todas tus cosechas y en todas tus tareas, estarás contento de verdad.
16Tres veces al año se presentarán todos los varones al Señor, tu Dios, en el lugar que él elija: por la fiesta de los Ácimos, por la fiesta de las Semanas y por la fiesta de las Tiendas. Y no se presentarán al Señor con las manos vacías.
17Cada uno ofrecerá su don, según la bendición que te haya dado el Señor, tu Dios.
18Nombrarás jueces y magistrados por tribus, en todas las ciudades que el Señor, tu Dios, te dé, que juzguen al pueblo con la debida justicia.
19No violarás el derecho, no harás acepción de personas ni aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y trastorna las palabras de los justos.
20Persigue solo la justicia, para que vivas y tomes posesión de la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios.
21No plantarás postes sagrados junto al altar que construyas al Señor, tu Dios,
22ni erigirás estelas, porque las detesta el Señor, tu Dios.
Deuteronomio 17
1No inmolarás al Señor, tu Dios, un buey o un cordero que tenga cualquier falta o defecto, pues esto es una abominación para el Señor, tu Dios.
2Si en medio de ti, en alguna de las ciudades que el Señor, tu Dios, te va a dar, se encuentra un hombre o una mujer que hace el mal a los ojos del Señor, tu Dios, quebrantando su alianza,
3y que va a servir a otros dioses y se postra ante ellos, o ante el sol, la luna o todo el ejército del cielo, cosa que yo no he mandado,
4y te informan de ello o lo oyes, investigarás a fondo. Si es verdad y se confirma el hecho de que se ha cometido tal abominación en Israel,
5sacarás a las puertas de tu ciudad a ese hombre o a esa mujer que han cometido esa mala acción, y lapidarás al hombre o a la mujer hasta que mueran.
6Solo por la declaración de dos o tres testigos se ajusticiará al reo de muerte; no se le ajusticiará por la declaración de un solo testigo.
7La mano de los testigos será la primera contra él para hacerlo morir, y después la mano de todo el pueblo. Así extirparás el mal de en medio de ti.
8Si te resulta demasiado difícil juzgar un caso de homicidio, de litigio o de lesiones —casos litigiosos en tus ciudades—, te levantarás y subirás al lugar que elija el Señor, tu Dios,
9y acudirás a los sacerdotes levitas y al juez que estén en funciones por aquellos días y les consultarás y te indicarán el veredicto.
10Has de ajustarte al veredicto que te indiquen en aquel lugar que elija el Señor, y has de observar y cumplir cuanto te enseñen.
11Te ajustarás a la ley que te den y al veredicto que te dicten, sin apartarte a derecha ni a izquierda.
12El que por arrogancia no escuche al sacerdote, puesto allí para servir al Señor, tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así extirparás el mal de Israel,
13y todo el pueblo lo oirá y temerá, y nadie volverá a proceder con arrogancia.
14Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar, la tomes en posesión y habites en ella, si dices: “Voy a poner sobre mí un rey, como todas las naciones que me rodean”,
15podrás poner sobre ti un rey que elija el Señor, tu Dios. De entre tus hermanos, pondrás un rey sobre ti; no pondrás sobre ti un extranjero, que no sea hermano tuyo.
16Pero él no poseerá muchos caballos ni hará volver al pueblo a Egipto para aumentar sus caballos, pues el Señor os ha dicho: “No volveréis jamás por ese camino”.
17No poseerá muchas mujeres, para que no se descarríe su corazón, ni atesorará demasiada plata y oro.
18Cuando se siente sobre su trono real, se hará escribir en un libro una copia de esta ley que conservan los sacerdotes levitas.
19La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor, su Dios, observando todas las palabras de esta ley y todos estos mandatos para cumplirlos.
20Así no se engreirá su corazón sobre sus hermanos ni se apartará de este precepto a derecha ni a izquierda, y él y su hijos prolongarán los días de su reinado en medio de Israel.
Deuteronomio 18
1Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel. Comerán de la heredad del Señor, de sus oblaciones.
2No tendrá parte en la heredad de sus hermanos: el Señor será su heredad, como le dijo.
3Este será el derecho de los sacerdotes sobre el pueblo, sobre los que sacrifiquen un buey o una oveja: se dará al sacerdote una espalda, las quijadas y el cuajar.
4Le darás las primicias de tu grano, tu mosto y tu aceite, y las primicias del esquileo de tu rebaño,
5porque el Señor, tu Dios, los eligió para siempre, a él y a sus hijos, de entre todas las tribus, para oficiar en nombre del Señor.
6Si un levita, que reside en cualquier ciudad de Israel, se traslada por voluntad propia al lugar elegido por el Señor,
7oficiará en nombre del Señor, su Dios, como el resto de sus hermanos levitas que están allí ante el Señor,
8y comerá una parte lo mismo que los demás, sin considerar sus bienes patrimoniales.
9Cuando entres en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios, no aprendas a imitar las abominaciones de esas naciones;
10no haya entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o su hija por el fuego; ni vaticinadores, ni astrólogos, ni agoreros, ni hechiceros,
11ni encantadores, ni espiritistas, ni adivinos, ni nigromantes;
12porque el que practica eso es abominable para el Señor.Y, por esas abominaciones, los va a desposeer el Señor, tu Dios, delante de ti.
13Sé íntegro con el Señor, tu Dios.
14Esas naciones que tú vas a desposeer escuchan a astrólogos y vaticinadores; pero a ti no te lo permite el Señor, tu Dios.
15El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis.
16Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb el día de la asamblea: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego, para no morir”.
17El Señor me respondió: “Está bien lo que han dicho.
18Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande.
19Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre.
20Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”.
21Y si dices en tu corazón: “¿Cómo reconoceré una palabra que no ha dicho el Señor?”.
22Cuando un profeta hable en nombre del Señor y no suceda ni se cumpla su palabra, es una palabra que no ha dicho el Señor: ese profeta habla por arrogancia, no le tengas miedo.
Hechos de los Apóstoles 13
1En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.
2Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».
3Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.
4Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre.
5Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, llevando también a Juan, que los ayudaba.
6Después de atravesar toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Barjesús,
7que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Este mandó llamar a Bernabé y Saulo y deseaba oír la palabra de Dios,
8pero se les oponía Elimas, el mago (pues esto es lo que significa su nombre), intentando apartar de la fe al procónsul.
9Entonces Saulo, que también se llama Pablo, lleno de Espíritu Santo, se quedó mirándolo
10y le dijo: «Hombre rebosante de todo tipo de mentira y maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿cuándo vas a dejar de oponerte a los rectos caminos del Señor?
11Ahora, mira, va a caer sobre ti la mano del Señor y vas a quedar ciego, sin ver el sol, durante algún tiempo». Al instante cayó sobre él oscuridad y tinieblas e iba de un sitio para otro buscando quién lo llevase de la mano.
12Entonces el procónsul, viendo lo sucedido, creyó, impresionado por la doctrina del Señor.
13Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén;
14ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
15Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran: «Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».
16Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo: «Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:
17El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso;
18unos cuarenta años los cuidó en el desierto,
19aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia su territorio;
20todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
22Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.
23Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.
24Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús;
25y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
26Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación.
27En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo.
28Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.
29Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron.
30Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
31Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.
32También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
33nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.
34Y que lo resucitó de la muerte para nunca volver a la corrupción, lo tiene expresado así: “Os cumpliré las promesas santas y seguras hechas a David”.
35Por eso dice en otro lugar: No dejarás que tu santo experimente la corrupción.
36Ahora bien, habiendo servido a su generación según la voluntad de Dios, David murió, fue agregado a sus padres, y experimentó la corrupción.
37En cambio, aquel a quien Dios resucitó no experimentó la corrupción.
38Por tanto, sabed bien, hermanos, que por medio de él se os anuncia el perdón de los pecados; y de todas las cosas de las que no pudisteis ser justificados por medio de la ley de Moisés,
39es justificado por medio de él todo el que cree.
40Tened, pues, cuidado no os sobrevenga lo dicho por los profetas:
41Mirad, despreciadores, asombraos y escondeos, porque en vuestros días yo voy a realizar una obra tal que no creeríais si alguien os la cuenta».
42Cuando salieron ellos, les rogaban que les hablaran de estas cosas el sábado siguiente.
43Disuelta la asamblea sinagogal, muchos judíos y prosélitos adoradores de Dios siguieron a Pablo y Bernabé, que hablaban con ellos exhortándolos a perseverar fieles a la gracia de Dios.
44El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor.
45Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.
46Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles.
47Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra».
48Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
49La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.
50Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
51Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio.
52Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.