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Lectura 56 de 365

Deuteronomio 13-15 · Hechos de los Apóstoles 12

Letra: Normal

Deuteronomio 13

1Todo lo que yo os mando, lo debéis observar y cumplir; no añadirás ni suprimirás nada.

2Si surge en medio de ti un profeta o un visionario soñador y te propone: “Vamos en pos de otros dioses —que no conoces— y sirvámoslos”,

3aunque te anuncie una señal o un prodigio y se cumpla la señal o el prodigio,

4no has de escuchar las palabras de ese profeta o visionario soñador; pues el Señor, vuestro Dios, os pone a prueba para saber si amáis al Señor, vuestro Dios, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.

5Debéis ir en pos del Señor, vuestro Dios, y a él temeréis; observaréis sus preceptos y escucharéis su voz, le serviréis y os adheriréis a él.

6Y ese profeta o visionario soñador será ejecutado por haber predicado la rebelión contra el Señor vuestro Dios, que os sacó de la tierra de Egipto y os rescató de la casa de esclavitud, y por intentar desviarte del camino que te mandó seguir el Señor, tu Dios. Así extirparás el mal de en medio de ti.

7Si tu hermano, hijo de tu madre, tu hijo o tu hija, o la mujer que se recuesta en tu seno, o tu amigo del alma te incita en secreto diciendo: “Vamos y sirvamos a otros dioses” —que ni tú ni tus padres conocéis,

8entre los dioses de los pueblos que os rodean, cercanos a ti o distantes de ti, de un extremo al otro de la tierra—,

9no accederás ni le escucharás; no te apiadarás de él, no te compadecerás de él ni le encubrirás,

10sino que le darás muerte; tu mano será la primera contra él para hacerlo morir, y después la mano de todo el pueblo.

11Lo apedrearás hasta que muera, porque intentó apartarte del Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.

12Así todo Israel lo oirá y temerá, y no volverá a cometerse un mal como este en medio de ti.

13Si en alguna de tus ciudades, que el Señor, tu Dios, te da para que habites allí, oyes decir:

14Han surgido en medio de ti hombres malvados que han pervertido a los habitantes de la ciudad, diciéndoles: “Vamos y sirvamos a otros dioses” —que no conocéis—,

15investigarás, indagarás y te informarás bien. Si es verdad y se confirma el hecho de que se ha cometido tal abominación en medio de ti,

16pasarás a filo de espada a los habitantes de esa ciudad; la consagrarás al exterminio con todo lo que haya en ella, y pasarás a filo de espada al ganado.

17Amontonarás en el centro de la plaza todo el botín y prenderás fuego a la ciudad y al botín todo entero en honor del Señor, tu Dios. Quedará en ruinas para siempre, y no será jamás reedificada.

18No se te pegará a las manos nada de lo consagrado al exterminio, para que el Señor aplaque el furor de su cólera y te conceda misericordia, se apiade de ti y te multiplique, como juró a tus padres,

19porque escuchaste la voz del Señor, tu Dios, observando todos sus preceptos que yo te mando hoy, haciendo lo recto a los ojos del Señor, tu Dios.

Deuteronomio 14

1Hijos sois del Señor, vuestro Dios. No os tatuaréis ni os raparéis la frente por un muerto,

2pues tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios; el Señor te eligió para que seas, entre todos los pueblos de la tierra, su propio pueblo.

3No comerás nada abominable.

4Estos son los animales que podréis comer: el buey, el cordero, el cabrito,

5el ciervo, la gacela, el corzo, la cabra montés, el antílope, el búfalo y el rebeco,

6y cualquier animal rumiante de pata ungulada, que tenga la pezuña hendida en dos, lo podéis comer.

7Pero, entre los rumiantes o que tienen la pezuña hendida, no comeréis los siguientes: el camello, la liebre y el conejo, que son rumiantes, pero no tienen la pezuña hendida, tenedlos por impuros;

8el cerdo, que tiene la pezuña hendida, pero no es rumiante, tenedlo por impuro. No comeréis su carne ni tocaréis su cadáver.

9De todo lo que vive en el agua, podréis comer lo siguiente: todo lo que tiene aletas y escamas, lo podéis comer,

10pero lo que no tiene aletas ni escamas, no lo podéis comer. Tenedlo por impuro.

11Podréis comer toda ave pura,

12pero no podéis comer el águila, el quebrantahuesos, el águila marina,

13el milano, el buitre en todas sus variedades,

14el cuervo en todas sus variedades,

15el avestruz, el halcón, la gaviota y el azor en todas sus variedades,

16el búho, el mochuelo, el cisne,

17el pelícano, el calamón, el mergo,

18la cigüeña, la garza en todas sus variedades, la abubilla y el murciélago.

19Todo insecto alado, tenedlo por impuro, no lo comeréis.

20Podéis comer toda ave pura.

21No comeréis ninguna bestia muerta; la podrás dar al emigrante que vive en tus ciudades, para que se la coma, o véndela a un extranjero, pues tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios.No cocerás un cabrito en la leche de su madre.

22Cada año apartarás el diezmo de todo el producto de lo que hayas sembrado y haya brotado en el campo,

23y comerás en presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que elija para hacer morar allí su nombre, el diezmo de tu grano, tu mosto y tu aceite, y los primogénitos de tu ganado mayor y menor, para que aprendas a temer al Señor, tu Dios, mientras vivas.

24Pero si el camino es demasiado largo para ti y no puedes transportarlo, porque te queda lejos el lugar que el Señor haya elegido para poner allí su nombre y porque el Señor, tu Dios, te ha colmado de bendiciones,

25lo cambiarás por dinero, y tomarás el dinero contigo e irás al lugar que haya elegido el Señor, tu Dios.

26Emplearás el dinero en todo lo que te apetezca: ganado mayor o menor, vino, licores, todo lo que te apetezca; y lo comerás allí, en presencia del Señor, tu Dios, y te regocijarás tú y tu casa.

27No abandonarás al levita, que vive en tus ciudades, pues él no tiene porción ni heredad como tú.

28Cada tres años apartarás todo el diezmo de tu cosecha de ese año y lo depositarás en tus ciudades,

29y vendrá el levita, que no tiene porción ni heredad como tú, el emigrante, el huérfano y la viuda, que viven en tus ciudades, y comerán hasta saciarse, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas las tareas que emprendas.

Deuteronomio 15

1Cada siete años harás la remisión.

2Esta será la norma de la remisión: todo acreedor perdonará la deuda del préstamo hecho a su prójimo. No apremiará a su prójimo o hermano, pues ha sido proclamada la remisión del Señor.

3Podrás apremiar al extranjero, pero lo que hayas prestado a tu hermano lo perdonarás.

4En realidad, no habrá ningún pobre entre los tuyos —pues el Señor te colmará de bendiciones en la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en herencia para que la poseas—

5a condición de que escuches atentamente la voz del Señor, tu Dios, observando y cumpliendo todo lo que yo te mando hoy.

6Porque el Señor, tu Dios, te bendecirá, como te ha dicho: prestarás a muchas naciones, y no pedirás prestado; dominarás a muchas naciones, y no te dominarán.

7Cuando haya entre los tuyos un pobre, entre tus hermanos, en una de tus ciudades, en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios, no endurezcas tu corazón ni cierres tu mano a tu hermano pobre,

8sino que le abrirás tu mano y le prestarás a la medida de su necesidad.

9Guárdate de decir en tu corazón esta palabra mezquina: “Se acerca el año séptimo, año de la remisión”, mirando así con malos ojos a tu hermano pobre y no dándole nada, pues él gritará al Señor contra ti y tú incurrirás en delito.

10Dale generosamente, sin que se sienta mal tu corazón por darle, pues por esa acción bendecirá el Señor, tu Dios, todas tus empresas y todas tus tareas.

11Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso, yo te mando: “Abre tu mano a tu hermano, al indigente, al pobre de tu tierra”.

12Si tu hermano, hebreo o hebrea, se vende a ti, te servirá seis años, y al séptimo lo dejarás libre.

13Cuando lo dejes libre, no lo despaches con las manos vacías.

14Abastécele de bienes de tu rebaño, de tu era y tu lagar, le darás de aquello con que te ha bendecido el Señor tu Dios.

15Recuerda que fuiste esclavo en la tierra de Egipto y que el Señor, tu Dios, te rescató. Por eso yo te mando hoy esto.

16Pero si él te dice: “No quiero marcharme de tu lado” —porque te ama a ti y a tu familia, pues le iba bien contigo— ,

17tomarás un punzón, agujerearás su oreja contra la puerta y será tu esclavo para siempre. Lo mismo harás con tu esclava.

18No te parezca muy duro dejarlo libre, pues los seis años que te ha servido corresponden al doble del servicio de un jornalero. Y el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas.

19Todo primogénito macho que nazca de tu ganado mayor o menor lo consagrarás al Señor, tu Dios. No trabajarás con el primogénito de tu ganado mayor ni esquilarás el primogénito de tu ganado menor.

20Lo comerás en presencia del Señor, tu Dios, año tras año, tú y tu familia, en el lugar que haya elegido el Señor.

21Pero si tiene algún defecto, si es cojo o ciego o tiene cualquier otro defecto grave, no lo sacrificarás al Señor, tu Dios.

22Lo comerás en tu ciudad, el puro y el impuro juntos, como si fuese gacela o ciervo.

23Pero la sangre no la comerás, la derramarás por tierra como el agua.

Hechos de los Apóstoles 12

1Por aquel tiempo, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.

2Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

3Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos.

4Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.

5Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

6Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

7De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos,

8y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme».

9Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión.

10Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel.

11Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

12Dándose cuenta de su situación con claridad, se dirigió a casa de María, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde había muchos reunidos en oración.

13Habiendo golpeado la puerta de la entrada, se acercó una sirvienta llamada Rode para ver quién era.

14Reconoció la voz de Pedro, mas, llena de alegría, no abrió el portón, sino que corrió adentro a anunciar que Pedro estaba en la puerta.

15Ellos le dijeron: «Estás loca». Pero ella insistía afirmando que era así. Entonces ellos dijeron: «Será su ángel».

16Mientras tanto, Pedro seguía llamando. Abrieron, lo vieron y quedaron fuera de sí.

17Pero él, haciéndoles señas con la mano para que callaran, les contó cómo el Señor lo sacó de la cárcel. Y añadió: «Informad de esto a Santiago y a los hermanos». Y saliendo, se encaminó a otro lugar.

18Cuando se hizo de día, se produjo un alboroto no pequeño entre los soldados sobre lo que habría sido de Pedro.

19Herodes lo hizo buscar y, al no encontrarlo, instruyó proceso a los guardias y los mandó ejecutar. Después, Pedro bajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.

20Estaba muy irritado Herodes con los de Tiro y Sidón. Estos, de común acuerdo, se presentaron ante él y, ganándose a Blasto, camarlengo del rey, solicitaban hacer las paces, pues su región se abastecía de la del rey.

21Fijado el día, Herodes, con vestidos regios, se sentó en el tribunal y les dirigía una arenga,

22mientras el pueblo aclamaba: «Voz de un dios, no de un hombre».

23De improviso, un ángel del Señor lo hirió por no haber dado gloria a Dios, y expiró, comido de gusanos.

24La palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba.

25Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.