Lectura 55 de 365
Deuteronomio 10-12 · Hechos de los Apóstoles 11
Deuteronomio 10
1En aquella ocasión me dijo el Señor: “Talla dos tablas de piedra como las primeras y sube a mí, a la montaña; luego, haz un arca de madera.
2Yo escribiré en las tablas las palabras que había en las tablas primeras, que tú has roto, y las pondrás en el arca”.
3Hice, pues, un arca de madera de acacia, tallé dos tablas de piedra como las primeras y subí a la montaña con las dos tablas en la mano.
4El Señor escribió en las tablas, con la misma escritura que la primera vez, las “diez palabras” que el Señor os había proclamado en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea, y me las dio.
5Yo me volví y bajé de la montaña, deposité las tablas en el arca que había hecho y allí quedaron, como me había mandado el Señor.
6Los hijos de Israel partieron de los pozos de Bene Jacán hacia Moserá. Allí murió Aarón y allí fue enterrado. Su hijo Eleazar le sucedió en el sacerdocio.
7De allí partieron para Gudgod y de Gudgod hacia Yotbá, región de torrentes.
8El Señor apartó entonces a la tribu de Leví para llevar el Arca de la Alianza del Señor, para estar en presencia del Señor, para servirle y bendecir en su nombre, hasta el día de hoy.
9Por eso, Leví no recibió parte en la heredad de sus hermanos, sino que el Señor es su heredad, como le dijo el Señor, tu Dios.
10Yo permanecí en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, como la vez anterior. También esta vez me escuchó el Señor y no quiso destruirte.
11El Señor me dijo: “Levántate y disponte a partir al frente del pueblo, para que entren y tomen posesión de la tierra que juré a tus padres que les daría”.
12Ahora Israel ¿qué te pide el Señor, tu Dios, sino que temas al Señor, tu Dios, siguiendo todos sus caminos, y que le ames y que sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma,
13observando los preceptos del Señor y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien?
14Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita.
15Mas solo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy.
16Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz,
17pues el Señor, vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, el Dios grande, fuerte y terrible, que no es parcial ni acepta soborno,
18que hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama al emigrante, dándole pan y vestido.
19Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto.
20Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te adherirás a él y en su nombre jurarás.
21Él es tu alabanza y él es tu Dios, que hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto.
22Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.
Deuteronomio 11
1Amarás al Señor, tu Dios; observarás siempre sus órdenes, sus mandatos, sus decretos y sus preceptos.
2Sabedlo hoy: no se trata de vuestros hijos, que ni entienden ni han visto la ley de vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte y su brazo extendido,
3los signos y hazañas que hizo en medio de Egipto contra el faraón, rey de Egipto, y contra todo su territorio;
4lo que hizo al ejército egipcio, a sus carros y caballos: precipitó sobre ellos las aguas del mar Rojo cuando os perseguían y acabó con ellos el Señor, hasta el día de hoy;
5lo que hizo con vosotros en el desierto, hasta que llegasteis a este lugar;
6lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab, hijo de Rubén: la tierra abrió sus fauces y se los tragó con sus familias y tiendas, y con su servidumbre y ganado, en medio de todo Israel;
7se trata de vosotros, que habéis visto con vuestros ojos las grandes hazañas que hizo el Señor.
8Observaréis todo precepto que yo os mando hoy; para que seáis fuertes y entréis y toméis posesión de la tierra adonde vais a entrar para someterla;
9así se prolonguen vuestros días sobre la tierra que el Señor, vuestro Dios, prometió dar a vuestros padres y a su descendencia: una tierra que mana leche y miel.
10Porque la tierra adonde vas a entrar para tomarla en posesión no es como la tierra de Egipto de la que saliste, donde sembrabas tu semilla y la regabas mediante tus pies, como una huerta de vegetales.
11La tierra adonde vais a pasar para tomarla en posesión es una tierra de montes y valles que recibe el agua del cielo;
12es una tierra de la que cuida el Señor, tu Dios, en la que están puestos continuamente los ojos del Señor, tu Dios, desde el comienzo del año hasta el final del mismo.
13Si escucháis atentamente los preceptos que yo os mando hoy, amando al Señor, vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,
14yo daré a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, las primeras lluvias y las tardías, y cosecharás tu grano, tu mosto y tu aceite
15y daré a tu campo hierba para tu ganado, y comerás hasta saciarte.
16Guardaos de que vuestro corazón sea seducido y os descarriéis y sirváis a otros dioses y os postréis ante ellos,
17pues la ira del Señor se encenderá contra vosotros y cerrará el cielo y no habrá lluvia, el campo no dará sus frutos y desapareceréis pronto de esa tierra buena que os va a dar el Señor.
18Meted estas palabras mías en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a la muñeca como un signo y ponedlas de señal en vuestra frente,
19enseñádselas a vuestros hijos, hablando de ellas, estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
20Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus portales,
21para que se prolonguen vuestros días y los días de vuestros hijos, en la tierra que el Señor juró dar a vuestros padres, y sean tan numerosos como los días del cielo sobre la tierra.
22Si observáis fielmente toda esta ley que yo os mando hoy para cumplirla, amando al Señor, vuestro Dios, siguiendo todos sus caminos y adhiriéndoos a él,
23el Señor desalojará ante vosotros a todas esas naciones y vosotros tomaréis posesión de naciones más grandes y fuertes que vosotros.
24Vuestro será todo lugar que pisen las plantas de vuestros pies: desde el desierto hasta el Líbano, desde el Río, el río Éufrates, hasta el Mar Occidental será territorio vuestro.
25Nadie podrá resistir ante vosotros; el Señor, vuestro Dios, infundirá pánico y terror hacia vosotros por toda la tierra que piséis, como os ha dicho.
26Mira: yo os propongo hoy bendición y maldición:
27la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy;
28la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os apartáis del camino que yo os mando hoy, yendo en pos de otros dioses que no conocéis.
29Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra adonde vas a entrar para tomarla en posesión, darás la bendición en el monte Garizín y la maldición en el monte Ebal.
30(¿No están ambos al otro lado del Jordán, detrás del camino del poniente, en la tierra de los cananeos, que habitan en el Arabá, frente a Guilgal, cerca de la Encina de Moré?)
31Cuando paséis el Jordán para entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, vuestro Dios, os da, y la hayáis tomado en posesión y habitéis en ella,
32procurad cumplir todos los mandatos y decretos que yo os propongo hoy.
Deuteronomio 12
1Estos son los mandatos y decretos que debéis observar y cumplir en la tierra que el Señor, Dios de tus padres, va a darte en posesión, mientras dure vuestra vida sobre la tierra.
2Debéis destruir por completo todos los lugares donde las naciones que vais a desposeer han dado culto a sus dioses: en lo alto de los montes, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.
3Demoleréis sus altares, destrozaréis sus estelas, prenderéis fuego a sus postes, derribaréis las imágenes de sus dioses y borraréis su nombre de aquel lugar.
4No os comportaréis así con el Señor, vuestro Dios,
5sino que buscaréis el lugar que el Señor vuestro Dios eligiere de entre todas vuestras tribus para poner allí su nombre y morar en él, e iréis allí
6y allí llevaréis vuestros holocaustos y vuestros sacrificios de comunión, vuestros diezmos y vuestras contribuciones, vuestros votos y vuestras ofrendas voluntarias, y los primogénitos de vuestro ganado mayor y menor.
7Allí comeréis, vosotros y vuestras familias, en presencia del Señor, vuestro Dios, y os regocijaréis por todas las empresas que el Señor, tu Dios, haya bendecido.
8No haréis cada uno lo que le parece bien, como nosotros hacemos hoy aquí,
9porque todavía no habéis entrado en el lugar de descanso, en la heredad que el Señor, tu Dios, te da.
10Cuando paséis el Jordán y habitéis en la tierra que el Señor, vuestro Dios, os dé en heredad y os conceda descanso de vuestros enemigos de alrededor y viváis tranquilos,
11llevaréis todo lo que yo os mando al lugar que eligiere el Señor, vuestro Dios, para que more allí su nombre: vuestros holocaustos y vuestros sacrificios de comunión, vuestros diezmos y vuestras contribuciones, y lo más selecto de los votos que hayáis hecho al Señor,
12y os regocijaréis en presencia del Señor, vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras siervas, y el levita que vive en vuestras ciudades, pues él no tiene porción ni heredad como vosotros.
13Guárdate de ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que veas,
14sino solo en el lugar que el Señor elija en una de tus tribus. Allí ofrecerás tus holocaustos y allí harás todo lo que te mando
15Sin embargo, siempre que lo desees, podrás matar y comer carne en todas tus ciudades, de acuerdo con la bendición que el Señor, tu Dios, te haya concedido; podrán comerla el impuro y el puro, como si fuesen gacela o ciervo.
16Pero no comeréis la sangre, sino que la derramaréis por tierra como el agua.
17No podrás comer en tus ciudades el diezmo de tu grano, de tu mosto y de tu aceite, ni los primogénitos de tu ganado mayor o menor, ni ninguno de los votos que hayas ofrecido, ni tus ofrendas voluntarias, ni tus contribuciones,
18sino que lo comerás en presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que el Señor, tu Dios, elija —tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva y el levita que vive en tus ciudades— y te regocijarás en presencia el Señor, tu Dios, por todas tus empresas.
19Guárdate de abandonar al levita mientras dure tu vida en la tierra.
20Cuando el Señor, tu Dios, ensanche tus fronteras, según te ha prometido, y digas: “quiero comer carne” —porque deseas comer carne—, cómela siempre que lo desees.
21Si te queda lejos el lugar que el Señor, tu Dios, elija para poner allí su nombre, matarás del ganado mayor y menor que el Señor te dé, según te ha mandado, y comerás en tus ciudades siempre que lo desees.
22Lo mismo que se come la gacela y el ciervo, así lo comerás. Pueden comerlo juntos el puro y el impuro.
23Guárdate de comer la sangre, porque la sangre es la vida, y no comerás la vida con la carne.
24No la comas, derrámala por tierra como el agua.
25No la comas, para que os vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, porque haces lo recto a los ojos del Señor.
26Las cosas sagradas que tengas y tus ofrendas votivas tómalas y llévalas al lugar que haya elegido el Señor.
27De tus holocaustos, ofrecerás la carne y la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios; en cambio, de tus sacrificios de comunión, derramarás la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios, y comerás la carne.
28Observa y cumple todas estas palabras que yo te mando hoy, para que os vaya bien a ti y a tus hijos después de ti perpetuamente, por haber hecho lo bueno y lo recto a los ojos del Señor, tu Dios.
29Cuando el Señor, tu Dios, destruya ante ti a las naciones adonde vas a entrar para apoderarte de ellas, y cuando te apoderes de ellas y habites en su territorio,
30guárdate de dejarte atraer por ellas, después de haberlas quitado de tu presencia, y no indagues acerca de sus dioses, diciendo: “Lo mismo que adoraban estas naciones a sus dioses, así haré también yo”.
31Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios, porque ellos han hecho en honor de sus dioses todo lo que abomina y detesta el Señor; incluso prendieron fuego a sus hijos e hijas en honor de sus dioses.
Hechos de los Apóstoles 11
1Los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
2Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:
3«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
4Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:
5«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba.
6Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo.
7Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”.
8Yo respondí: “De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”.
9Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”.
10Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.
11En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía.
12Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre.
13Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro;
14él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.
15En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio;
16entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”.
17Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
18Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».
19Entre tanto, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos.
20Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús.
21Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
22Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía;
23al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño,
24porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.
25Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo;
26cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.
27En aquellos días, bajaron a Antioquía unos profetas de Jerusalén.
28Uno de ellos, de nombre Agabo, movido por el Espíritu, se puso en pie y predijo que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo que en efecto sucedió en tiempo de Claudio.
29Los discípulos determinaron enviar una ayuda, según los recursos de cada uno, a los hermanos que vivían en Judea;
30así lo hicieron, enviándolo a los presbíteros por medio de Bernabé y de Saulo.