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Lectura 51 de 365

Números 34-36 · Hechos de los Apóstoles 7

Letra: Normal

Números 34

1El Señor dijo a Moisés:

2«Da esta orden a los hijos de Israel: “Cuando entréis en la tierra de Canaán, este será el territorio que os tocará en heredad: la tierra de Canaán en toda su extensión.

3Por el Sur, os pertenecerá desde el desierto de Sin, limitando con Edón. Vuestra frontera meridional arrancará por el Este en el extremo del mar de la Sal.

4Vuestra frontera torcerá por el Sur hacia la cuesta de los Escorpiones, pasará por Sin y terminará al sur de Cadés Barnea. Luego irá hacia Jasar Adar y pasará por Asmón.

5Torcerá la frontera en Asmón hacia el Torrente de Egipto y acabará en el mar.

6Vuestra frontera occidental será el Mar Grande. Esa será vuestra frontera por el Oeste.

7Vuestra frontera por el Norte será: una línea que va desde el Mar Grande hasta Hor de la Montaña.

8De Hor de la Montaña, trazaréis el límite hasta la entrada de Jamat y llegará la frontera hasta Sedad.

9Seguirá luego la frontera hacia Cifrón y terminará en Jasar Enán. Esa será vuestra frontera septentrional.

10Trazaréis vuestra frontera oriental desde Jasar Enán hasta Sefán.

11La frontera bajará de Sefán hacia Arbel, al oriente de Ayín. Seguirá bajando la frontera y, tocando la orilla del mar de Genesaret por el oriente,

12bajará a lo largo del Jordán y vendrá a dar en el mar de la Sal. Esa será vuestra tierra con las fronteras que la circunscriben”».

13Moisés dio esta orden a los hijos de Israel: «Esa es la tierra que habéis de repartir a suertes, la que el Señor ha ordenado dar a las nueve tribus y media.

14Porque la tribu de los hijos de Rubén con sus distintas familias y la tribu de los hijos de Gad con sus distintas familias, han recibido ya su heredad; y media tribu de Manasés ha recibido también su heredad.

15Las dos tribus y media han recibido ya su heredad en Transjordania, a oriente de Jericó, hacia la salida del sol».

16El Señor dijo a Moisés:

17«Estos son los nombres de los que os han de repartir la tierra: el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun.

18Además, un jefe de cada tribu, para el reparto de la tierra.

19Estos son sus nombres: por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefuné;

20por la tribu de los hijos de Simeón, Samuel, hijo de Amihud;

21por la tribu de Benjamín, Elidad, hijo de Quislón;

22por la tribu de los hijos de Dan, el jefe Buquí, hijo de Yoglí;

23por los hijos de José: por la tribu de los hijos de Manasés, el jefe Janiel, hijo de Efod;

24y por la tribu de los hijos de Efraín, el jefe Quemuel, hijo de Siftán;

25por la tribu de los hijos de Zabulón, el jefe Elisafán, hijo de Parnak;

26por la tribu de los hijos de Isacar, el jefe Paltiel, hijo de Azán;

27por la tribu de los hijos de Aser, el jefe Ajihud, hijo de Selomí;

28por la tribu de los hijos de Neftalí, el jefe Pedahel, hijo de Amihud».

29A estos les encargó el Señor repartir la heredad a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.

Números 35

1Habló el Señor a Moisés en las estepas de Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó:

2«Manda a los hijos de Israel que cedan a los levitas, de la heredad que les pertenece, ciudades en las que puedan habitar y los pastos circundantes. Se las daréis a los levitas.

3Esas ciudades serán su morada, y sus pastos serán para sus bestias, su ganado y todos sus animales.

4Los pastos de las ciudades que cedáis a los levitas comprenderán unos quinientos metros alrededor de la ciudad a contar desde las murallas.

5Mediréis, fuera de la ciudad, mil metros al Este, mil metros al Sur, mil metros al Oeste y mil metros al Norte, a contar desde el centro de la ciudad. Esos serán los pastos de las ciudades.

6Las ciudades que asignaréis a los levitas serán las seis de asilo, que cederéis para que se pueda refugiar en ellas el homicida, y otras cuarenta y dos ciudades.

7En total daréis a los levitas cuarenta y ocho ciudades, todas ellas con sus pastos.

8Estas ciudades que les cederéis de la propiedad de los hijos de Israel, las tomaréis en mayor número del grande y en menor número del pequeño; cada uno cederá ciudades a los levitas en proporción a la heredad que le haya tocado».

9El Señor habló a Moisés:

10«Di a los hijos de Israel: “Cuando paséis el Jordán hacia la tierra de Canaán,

11buscaos ciudades que os sirvan de asilo, en las que se pueda refugiar el homicida que ha matado a un hombre por ignorancia.

12Esas ciudades os servirán de asilo contra el vengador; así no morirá el homicida hasta que comparezca ante la comunidad para ser juzgado.

13De las ciudades que cederéis, seis os servirán de asilo:

14tres ciudades cederéis en Transjordania y tres ciudades en la tierra de Canaán. Serán ciudades de asilo.

15Las seis ciudades serán de asilo tanto para el hijo de Israel como para el emigrante y para el huésped que vive con vosotros, para que se pueda refugiar en ellas todo aquel que haya matado a un hombre por ignorancia.

16Pero si lo ha herido con un instrumento de hierro y muere, es un asesino. El asesino tiene que morir.

17Si lo hiere con una piedra como para causarle la muerte con ella, y muere, es un asesino. El asesino debe morir.

18Si lo hiere con un instrumento de madera como para matarlo y muere, es un asesino. El asesino tiene que morir.

19El mismo vengador de la sangre dará muerte al asesino: en cuanto lo encuentre, lo matará.

20Si el homicida lo ha matado por odio, o le ha lanzado algo con toda intención, y muere,

21o si lo ha golpeado con las manos por odio, y muere, el que lo ha herido tiene que morir: es un asesino. El vengador de la sangre dará muerte al asesino en cuanto lo encuentre.

22Pero si lo derribó de casualidad y no movido por el odio, o le lanzó cualquier objeto sin ninguna mala intención,

23o sin verle, le dio una pedrada capaz de matarlo y le causó la muerte, sin que fuera su enemigo ni buscara su daño,

24la comunidad juzgará entre el homicida y el vengador de la sangre según estas normas,

25y salvará la comunidad al homicida de las manos del vengador de la sangre. La comunidad lo hará volver a la ciudad de asilo en la que se refugió y en ella vivirá hasta que muera el sumo sacerdote ungido con el óleo santo.

26Pero si sale el homicida de los límites de la ciudad de asilo en que se ha refugiado

27y lo encuentra el vengador de la sangre fuera del término de su ciudad de asilo, el vengador de la sangre podrá matar al homicida, y no es responsable de su sangre,

28porque debía haber permanecido en la ciudad de asilo hasta la muerte del sumo sacerdote. Y cuando el sumo sacerdote muera, el homicida podrá volver a la tierra de su propiedad.

29Esta será norma de derecho para vosotros y para vuestros descendientes, dondequiera que habitéis.

30En cualquier caso de homicidio, se dará muerte al homicida según la declaración de los testigos; pero un solo testigo no basta para dictar pena de muerte.

31No aceptaréis rescate por la vida de un homicida reo de muerte, porque debe morir.

32Tampoco aceptaréis rescate por el que se refugió en la ciudad de asilo y quiere volver a habitar en su tierra antes de que muera el sumo sacerdote.

33No profanaréis la tierra en que vivís, porque con la sangre se profana la tierra, y la tierra no queda expiada de la sangre derramada más que con la sangre del que la derramó.

34No contaminéis la tierra en que habitáis, porque yo habito en medio de ella, pues yo, el Señor, tengo mi morada en medio de los hijos de Israel”».

Números 36

1Los jefes de familia del clan de los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, uno de los clanes de los hijos de José, se presentaron y dijeron delante de Moisés y de los jefes y cabezas de familia de los hijos de Israel:

2«El Señor te ordenó a ti, nuestro jefe, que dieras la tierra en heredad, por suertes, a los hijos de Israel. Asimismo te ordenó a ti, nuestro jefe, que dieras la herencia de Selofejad, nuestro hermano, a sus hijas.

3Si resulta que se casan con uno de otra tribu israelita, se sustraerá su parte de heredad de la heredad de nuestras familias. Aumentará la heredad de la tribu a la que pasen a pertenecer, y se reducirá la heredad que nos tocó en suerte.

4Y cuando llegue para los hijos de Israel el año jubilar, se añadirá la heredad de ellas a la heredad de la tribu a la que pasen a pertenecer y se restará su heredad de la heredad de la tribu de nuestros padres».

5Entonces Moisés, por mandato del Señor, dio esta orden a los hijos de Israel: «Dice bien la tribu de los hijos de José.

6Eso es lo que el Señor ordena acerca de las hijas de Selofejad: Tomarán por esposos a los que bien les parezca, con tal que sea dentro de los clanes de la tribu de su padre.

7Así la heredad de los hijos de Israel no pasará de tribu a tribu, sino que los hijos de Israel quedarán ligados cada uno a la heredad de la tribu de sus padres.

8Y toda hija que posea una heredad en una de las tribus de los hijos de Israel se casará con uno de un clan de la tribu de su padre. Así cada uno de los hijos de Israel conservará la heredad de sus padres

9y no pasará una heredad de una tribu a otra. Cada una de las tribus de los hijos de Israel quedará ligada a su heredad».

10Las hijas de Selofejad hicieron lo que había mandado el Señor a Moisés.

11Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá, hijas de Selofejad, se casaron con sus primos.

12Tomaron marido de los clanes de los hijos de Manasés, hijo de José, y así su heredad se quedó en la tribu del clan de su padre.

13Estas son las órdenes y normas que dio el Señor, por medio de Moisés, a los hijos de Israel, en las estepas de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.

Hechos de los Apóstoles 7

1Dijo el sumo sacerdote: «¿Es esto así?».

2Él respondió: «Hermanos y padres, escuchad. El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,

3y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que te mostraré.

4Entonces, saliendo de la tierra de los caldeos, se instaló en Jarán; después de la muerte de su padre, le hizo trasladar su morada de allí a esta tierra que vosotros habitáis ahora.

5No le dio herencia en ella, ni siquiera lo que pisa un pie, pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, cuando aún no tenía un hijo.

6Y Dios habló así: Que su descendencia será peregrina en tierra extraña, la someterán a esclavitud y la maltratarán durante cuatrocientos años,

7pero a la nación a la que servirán como esclavos la juzgaré yo, dice Dios, y después de esto saldrán y me adorarán en este lugar.

8Y le dio la circuncisión como signo de la alianza; y así engendró a Isaac y lo circuncidó el día octavo, e Isaac a Jacob y Jacob a los doce patriarcas.

9Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron con destino a Egipto. Pero Dios estaba con él,

10pues lo libró de todas sus tribulaciones, le concedió sabiduría y lo hizo grato al faraón, rey de Egipto, el cual lo constituyó jefe de Egipto y de toda su casa.

11Sobrevino entonces en todo Egipto y Canaán hambre y una gran tribulación y nuestros padres no encontraron víveres.

12Habiendo oído Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres una primera vez;

13a la vez siguiente se dio a conocer José a sus hermanos y conoció el faraón el linaje de José.

14José envió mensajeros para que trajesen a su padre, Jacob, y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.

15Bajó, pues, Jacob a Egipto y murieron él y nuestros padres,

16y fueron trasladados a Siquén y depositados en la sepultura que había comprado Abrahán a precio de plata a los hijos de Emor en Siquén.

17A medida que se acercaba el tiempo de la promesa que había hecho Dios a Abrahán, creció el pueblo y se multiplicó en Egipto,

18hasta que surgió otro rey en Egipto que no había conocido a José.

19Este rey, actuando astutamente contra nuestro linaje, maltrató a nuestros padres hasta el punto de forzarlos a abandonar a los recién nacidos para que no sobrevivieran.

20En este tiempo nació Moisés, que era hermoso a los ojos de Dios. Fue criado durante tres meses en la casa de su padre,

21después fue abandonado y lo recogió la hija del faraón, que lo hizo criar como hijo suyo.

22Y fue educado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios y era poderoso de palabra y de obra.

23Al cumplir los cuarenta años, nació en su corazón la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel,

24y, habiendo visto que uno era agraviado, acudió a su defensa y vengó al injuriado, matando al egipcio.

25Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios iba a darles la salvación por su mano, pero no comprendieron.

26Al día siguiente se presentó mientras se estaban peleando e intentaba ponerlos en paz, diciendo: “Hombres, sois hermanos, ¿por qué os ofendéis uno a otro?”.

27Pero el que ofendía a su compañero, lo rechazó, diciendo: “¿Quién te ha constituido jefe y juez sobre nosotros?”.

28¿Acaso quieres matarme igual que mataste ayer al egipcio?

29Moisés huyó a causa de estas palabras y vivió como forastero en tierra de Madián en la que engendró dos hijos.

30Pasados cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí sobre la llama de una zarza que ardía.

31Al ver la visión, Moisés se maravilló y, al acercarse para mirar mejor, se dejó oír la voz del Señor:

32“Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob”. Moisés se echó a temblar y no se atrevía a mirar.

33Entonces le dijo el Señor: “Quítate las sandalias de tus pies, pues el lugar donde estás es tierra santa.

34Con mis propios ojos he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he escuchado sus gemidos y he bajado a librarlos. Ahora ven, que voy a enviarte a Egipto”.

35A este Moisés, de quien renegaron diciendo: ¿Quien te ha constituido jefe y juez?, a este envió Dios como jefe y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza.

36Este los sacó, realizando prodigios y signos en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.

37Este es Moisés, que dijo a los hijos de Israel: “El Señor hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo”.

38Este es el que en la asamblea del desierto estuvo con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para transmitirlas a nosotros;

39este es Moisés, a quien nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo rechazaron y en sus corazones volvieron a Egipto,

40cuando dijeron a Aarón: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque ese Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él”.

41Y fabricaron en aquellos días un becerro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y celebraron gozosos un banquete en honor de las obras de sus manos.

42Entonces Dios se apartó de ellos y los entregó a la adoración del ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto, casa de Israel?

43Tomasteis con vosotros la tienda de Moloc y la estrella de vuestro dios Refán, las imágenes que hicisteis para adorarlas. Pues yo os llevaré más allá de Babilonia.

44Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio, como mandó el que dijo a Moisés que la construyera, copiando el modelo que había visto.

45Nuestros padres recibieron como herencia esta tienda y la introdujeron, guiados por Josué, en el territorio de los gentiles, a los que Dios expulsó delante de ellos. Así estuvieron las cosas hasta el tiempo de David,

46que alcanzó el favor de Dios, y le pidió encontrar una morada para la casa de Jacob.

47Pero fue Salomón el que le construyó la casa,

48aunque el Altísimo no habita en edificios construidos por manos humanas, como dice el profeta:

49Mi trono es el cielo; la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me vais a construir —dice el Señor—, o qué lugar para que descanse?

50¿No ha hecho mi mano todo esto?

51¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres.

52¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado;

53recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».

54Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia.

55Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios,

56y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

57Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él,

58lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo

59y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

60Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y, con estas palabras, murió.