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Lectura 4 de 365

Génesis 10-12 · Mateo 7-8

Letra: Normal

Génesis 10

1Estos son los descendientes de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, nacidos después del diluvio.

2Hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Yaván, Tubal, Mesec y Tirás.

3Hijos de Gomer: Asquenat, Rifat y Togarma.

4Hijos de Yaván: Elisa, Tarsis, Quitín y Dodanín.

5De estos se ramificaron los pueblos de la costa por países, cada uno con su lengua, por familias y naciones.

6Hijos de Cam: Cus, Misráin, Put y Canaán.

7Hijos de Cus: Seba, Javila, Sabta, Raama y Sabteca. Hijos de Raama: Seba y Dedán.

8Cus engendró a Nimrod, el primer héroe de la tierra.

9Fue un heroico cazador ante el Señor. Por eso se dice: «Heroico cazador ante el Señor, como Nimrod».

10Las capitales de su reino fueron Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Senaar.

11De este país salió para Asur y construyó Nínive, Rejobotir, Calaj

12y Resen, entre Nínive y Calaj: es la gran ciudad.

13Misráin engendró a los lidios, anamitas, leabitas, naftujitas,

14patrusitas, calusitas y caftoritas, de los que proceden los filisteos.

15Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Jet,

16y a los jebuseos, amorreos, guirgaseos,

17heveos, arquitas y sinitas,

18arvaditas, samaritas y jamatitas. Después se dispersaron las familias cananeas.

19La frontera de los cananeos se extendía desde Sidón, en dirección a Guerar, hasta Gaza; y en dirección a Sodoma, Gomorra, Admá y Seboín, hasta Lesa.

20Estos son los hijos de Cam, por familias y lenguas, por territorios y naciones.

21Sem, hermano mayor de Jafet y antepasado de todos los hijos de Eber, también engendró hijos.

22Hijos de Sem: Elán, Asur, Arfacsad, Lud y Arán.

23Hijos de Arán: Uz, Jul, Gueter y Mas.

24Arfacsad engendró a Selaj y Selaj engendró a Eber.

25Eber engendró dos hijos: uno se llamó Peleg, porque en su tiempo se dividió la tierra, y su hermano se llamó Yoctán.

26Yoctán engendró a Almodad, Selef, Jasarmavet, Yeraj,

27Adorán, Uzal, Diclá,

28Obal, Abimael, Seba,

29Ofir, Javila y Yobab. Todos estos fueron hijos de Yoctán.

30Su territorio se extendía desde Mesa hasta Sefar, la montaña oriental.

31Esos son los descendientes de Sem, por familias, lenguas, territorios y naciones.

32Estas son las familias de los hijos de Noé, por genealogías y naciones. De ellas se ramificaron las naciones de la tierra después del diluvio.

Génesis 11

1Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras.

2Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí.

3Se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego». Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.

4Después dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra».

5El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.

6Y el Señor dijo: «Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible.

7Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo».

8El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.

9Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó el Señor por la superficie de la tierra.

10Estos son los descendientes de Sem: Sem tenía cien años cuando engendró a Arfacsad, dos años después del diluvio.

11Después de haber engendrado a Arfacsad, vivió Sem quinientos años, y engendró hijos e hijas.

12Arfacsad tenía treinta y cinco años cuando engendró a Selaj.

13Después de haber engendrado a Selaj, vivió Arfacsad cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

14Selaj tenía treinta años cuando engendró a Eber.

15Después de haber engendrado a Eber, vivió Selaj cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

16Eber tenía treinta y cuatro años cuando engendró a Peleg.

17Después de haber engendrado a Peleg, vivió Eber cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

18Peleg tenía treinta años cuando engendró a Reu.

19Después de haber engendrado a Reu, vivió Peleg doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.

20Reu tenía treinta y dos años cuando engendró a Serug.

21Después de haber engendrado a Serug, vivió Reu doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.

22Serug tenía treinta años cuando engendró a Najor.

23Después de haber engendrado a Najor, vivió Serug doscientos años, y engendró hijos e hijas.

24Najor tenía veintinueve años cuando engendró a Teraj.

25Después de haber engendrado a Teraj, vivió Najor ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.

26Teraj tenía setenta años cuando engendró a Abrán, a Najor y a Arán.

27Estos son los descendientes de Teraj: Teraj engendró a Abrán, Najor y Arán. Arán engendró a Lot.

28Arán murió en vida de su padre Teraj, en su país natal, Ur de los caldeos.

29Abrán y Najor se casaron. La mujer de Abrán se llamaba Saray, y la mujer de Najor, Milcá, hija de Arán, padre de Milcá y Yiscá.

30Saray era estéril, no tenía hijos.

31Teraj tomó a Abrán su hijo, a Lot su nieto, hijo de Arán, a Saray su nuera, mujer de su hijo Abrán, y salió con ellos de Ur de los caldeos para dirigirse a la tierra de Canaán. Llegaron a Jarán y se establecieron allí.

32Teraj vivió doscientos cinco años y murió en Jarán.

Génesis 12

1El Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

2Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.

3Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

4Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.

5Abrán llevó consigo a Saray su mujer, a Lot su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Jarán, y salieron en dirección a Canaán. Cuando llegaron a la tierra de Canaán,

6Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos.

7El Señor se apareció a Abrán y le dijo: «A tu descendencia daré esta tierra». Él construyó allí un altar en honor del Señor que se le había aparecido.

8Desde allí continuó hacia las montañas, al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante. Construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor.

9Después Abrán se trasladó por etapas al Negueb.

10Pero sobrevino un hambre en el país y Abrán bajó a Egipto para establecerse allí, porque el hambre arreciaba en el país.

11Cuando estaba llegando a Egipto, dijo a Saray su mujer: «Mira, sé que eres una mujer hermosa;

12cuando te vean los egipcios, dirán: “Es su mujer”, y me matarán a mí y a ti te dejarán con vida.

13Por favor, di que eres mi hermana, para que me traten bien en atención a ti y salve mi vida por causa tuya».

14Cuando Abrán llegó a Egipto, vieron los egipcios que su mujer era muy hermosa.

15La vieron también los oficiales del faraón y la ponderaron ante el faraón. La mujer fue llevada al palacio del faraón.

16A Abrán se le trató bien en atención a ella, y obtuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.

17Pero el Señor afligió al faraón y a su casa con grandes plagas por causa de Saray, mujer de Abrán.

18Entonces el faraón llamó a Abrán y le dijo: «¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me informaste de que era tu mujer?

19¿Por qué me dijiste: “Es mi hermana”, de modo que yo la tomé por esposa? Ahora, pues, aquí tienes a tu mujer, tómala y vete».

20El faraón ordenó a sus hombres que lo despidieran con su mujer y todas sus pertenencias.

Mateo 7

1No juzguéis, para que no seáis juzgados.

2Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.

3¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?

4¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo?

5Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

6No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.

7Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá;

8porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

9Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?;

10y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?

11Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

12Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.

13Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.

14¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

15Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.

16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?

17Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos.

18Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos.

19El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego.

20Es decir, que por sus frutos los conoceréis.

21No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”.

23Entonces yo les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.

24El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca.

25Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

26El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena.

27Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

28Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza,

29porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas.

Mateo 8

1Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

2En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».

3Extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida quedó limpio de la lepra.

4Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

5Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:

6«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

7Le contestó: «Voy yo a curarlo».

8Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.

9Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».

10Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.

11Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos;

12en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

13Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado.

14Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre;

15le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.

16Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos

17para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

18Viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de cruzar a la otra orilla.

19Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».

20Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

21Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».

22Jesús le replicó: «Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

23Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

24En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

25Se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

26Él les dice: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma.

27Los hombres se decían asombrados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

28Llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

29Y le dijeron a gritos: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?».

30A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo.

31Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara».

32Jesús les dijo: «Id». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas.

33Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

34Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.