Lectura 48 de 365
Números 25-27 · Hechos de los Apóstoles 4
Números 25
1Israel se estableció en Sitín. Y el pueblo empezó a fornicar con las muchachas de Moab.
2Estas invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses y el pueblo participó en el banquete y se postró ante sus dioses.
3Israel se unió así al Baal de Peor, y se encendió la ira del Señor contra Israel.
4Dijo el Señor a Moisés: «Toma a todos los jefes del pueblo y empálalos en honor del Señor, a la luz del sol; así se apagará la ira del Señor contra Israel».
5Dijo Moisés a los jueces de Israel: «Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se hayan unido al Baal de Peor».
6Sucedió que un hombre, uno de los hijos de Israel, vino y presentó ante sus hermanos a una madianita, a la vista de Moisés y de toda la comunidad de los hijos de Israel, que estaba llorando a la entrada de la Tienda del Encuentro.
7Al verlo Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó en medio de la comunidad, lanza en mano,
8entró tras el hombre en la alcoba y los atravesó a los dos, al israelita y a la mujer, por el bajo vientre. Y se detuvo la plaga que azotaba a los hijos de Israel.
9Habían muerto ya por la plaga veinticuatro mil.
10El Señor habló a Moisés y le dijo:
11« Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha aplacado mi furor contra los hijos de Israel, porque él ha sido, de entre vosotros, el que ha sentido celo por mí; por eso no he acabado con los hijos de Israel a impulso de mis celos.
12Por eso digo: le concedo a él mi alianza de paz;
13tanto él como su descendencia tendrán derecho perpetuo al sacerdocio. Por haber sentido celo de su Dios y haber expiado por los hijos de Israel».
14El israelita muerto, el que fue matado junto con la madianita, se llamaba Zimrí, hijo de Salú, jefe de familia en la tribu de Simeón.
15Y la mujer muerta, la madianita, se llamaba Cosbí, hija de Sur, que era jefe de clan en Madián.
16El Señor dijo a Moisés:
17«Atacad a los madianitas y derrotadlos,
18porque ellos os han atacado a vosotros con sus seducciones, con lo de Peor y con lo de su hermana Cosbí, hija de un jefe de Madián, la que fue muerta el día de la plaga, cuando lo de Peor».
19Después de la plaga,
Números 26
1el Señor dijo a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón:
2«Haced el censo de toda la comunidad de los hijos de Israel, inscribiendo por clanes a los de veinte años para arriba, a todos los aptos para la guerra».
3Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron el censo de los mayores de veinte años, en las estepas de Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó,
4como había mandado el Señor a Moisés. Hijos de Israel que salieron de Egipto:
5Rubén, primogénito de Israel. Hijos de Rubén: de Henoc, el clan henoquita; de Palú, el clan paluita;
6de Jesrón, el clan jesronita; de Carmí, el clan carmita.
7Esos son los clanes rubenitas. El total de los censados fue de cuarenta y tres mil setecientos treinta.
8Hijos de Palú: Eliab.
9Hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abirón. Estos Datán y Abirón eran famosos en la comunidad; son los que se rebelaron contra Moisés y contra Aarón con la cuadrilla de Coré, cuando esta se rebeló contra el Señor.
10La tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando el fuego devoró a doscientos cincuenta hombres, para que sirvieran de escarmiento.
11Pero los hijos de Coré no murieron.
12Hijos de Simeón, por clanes: de Nemuel, el clan nemuelita; de Yamín, el clan yaminita; de Yaquín, el clan yaquinita;
13de Céraj, el clan cerajita; de Saúl, el clan saulita.
14Esos son los clanes simeonitas. Se registraron veintidós mil doscientos.
15Hijos de Gad, por clanes: de Sefón, el clan sefonita; de Jaguí, el clan jaguita; de Suní, el clan sunita;
16de Ozní, el clan oznita; de Erí, el clan erita;
17de Arod, el clan arodita; de Arelí, el clan arelita.
18Esos son los clanes de los hijos de Gad. Se registraron cuarenta mil quinientos.
19Hijos de Judá: Er y Onán, que murieron en la tierra de Canaán.
20Hijos de Judá, por clanes: de Selá, el clan selanita; de Peres, el clan peresita; de Céraj, el clan cerajita.
21Hijos de Peres: de Jesrón, el clan jesronita; de Jamul, el clan jamulita.
22Esos son los clanes de Judá. Se registraron setenta y seis mil quinientos.
23Hijos de Isacar, por clanes: de Tolá, el clan tolita; de Puvá el clan puvita;
24de Yasub, el clan yasubita; de Simrón, el clan simronita.
25Esos son los clanes de Isacar. Se registraron sesenta y cuatro mil trescientos.
26Hijos de Zabulón, por clanes: de Sared, el clan sardita; de Elón, el clan elonita; de Yajlel, el clan yajlelita.
27Esos son los clanes de Zabulón. Se registraron sesenta mil quinientos.
28Hijos de José, por clanes: Manasés y Efraín.
29Hijos de Manasés: de Maquir, el clan maquirita. Maquir engendró a Galaad. De Galaad, el clan galaadita.
30Los hijos de Galaad: de Yézer, el clan yezerita; de Jéleq, el clan jelequita;
31de Asriel, el clan asrielita; de Sequén, el clan sequenita;
32de Semidá, el clan semidita; de Jéfer, el clan jeferita.
33Selofejad, hijo de Jéfer, no tuvo hijos; solamente hijas. Se llamaban las hijas de Selofejad: Majlá, Noá, Joglá, Milká y Tirsá.
34Esos son los clanes de Manasés: se registraron cincuenta y dos mil setecientos.
35Estos son los hijos de Efraín, por clanes: de Sutélaj, el clan sutelajita; de Béquer, el clan bequerita; de Taján, el clan tajanita.
36Hijos de Sutélaj: de Erán, el clan eranita.
37Esos son los clanes de los hijos de Efraín. Se registraron treinta y dos mil quinientos. Esos son los hijos de José, por clanes.
38Hijos de Benjamín, por clanes: de Belá, el clan belaíta; de Asbel, el clan asbelita; de Ajirán, el clan ajiranita;
39de Sefufán, el clan sefufanita; de Jufán, el clan jufanita.
40Hijos de Belá, Ard y Naamán: de Ard, el clan ardita; de Naamán, el clan naamanita.
41Esos son los hijos de Benjamín, por clanes. Se registraron cuarenta y cinco mil seiscientos.
42Estos son los hijos de Dan, por clanes: de Suján, el clan sujanita. Esos son los clanes de Dan
43(todos clanes sujanitas). Se registraron sesenta y cuatro mil cuatrocientos.
44Hijos de Aser, por clanes: de Yimná, el clan yimnita; de Yisví, el clan yisvita; de Beriá, el clan berita.
45De los hijos de Beriá: de Jéber, el clan jeberita; de Malquiel, el clan malquielita.
46La hija de Aser, se llamaba Sáraj.
47Esos son los clanes de los hijos de Aser. Se registraron cincuenta y tres mil cuatrocientos.
48Hijos de Neftalí, por clanes: de Yajsel, el clan yajselita; de Guní, el clan gunita;
49de Yéser, el clan yeserita; de Silén, el clan silenita.
50Esos son los clanes de Neftalí, por clanes. Se registraron cuarenta y cinco mil cuatrocientos.
51El total de los hijos de Israel censados fue de seiscientos un mil setecientos treinta.
52El Señor dijo a Moisés:
53«Entre estos has de repartir la tierra en heredad, conforme al número de censados:
54al grande le aumentarás la heredad y al pequeño se la reducirás; a cada uno se le dará la heredad según el número de sus censados.
55Pero el reparto se hará a suertes; según el número de censados de cada tribu se hará la distribución.
56Distribuirás la heredad a suertes, pero distinguiendo entre el grande y el pequeño».
57Estos fueron los levitas censados, por clanes. De Guersón, el clan guersonita; de Queat, el clan queatita; de Merarí, el clan merarita.
58Estos son los clanes de los levitas: el clan libnita, el clan hebronita, el clan majlita, el clan musita, el clan coreíta. Queat engendró a Amrán.
59La mujer de Amrán se llamaba Yoquébed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto. Amrán tuvo de ella a Aarón, a Moisés y a su hermana María.
60Aarón engendró a Nadab y Abihú, a Eleazar e Itamar.
61Nadab y Abihú murieron al ofrecer fuego profano delante del Señor.
62El total de los registrados varones de un mes para arriba fue de veintitrés mil. No fueron alistados con los demás hijos de Israel, porque no se les repartía heredad como a los demás hijos de Israel.
63Esos fueron los censados por Moisés y el sacerdote Eleazar. Hicieron el censo de los hijos de Israel en las estepas de Moab, cerca del Jordán, frente a Jericó.
64Entre ellos no quedaba nadie de los que habían sido censados por Moisés y por el sacerdote Aarón, cuando hicieron el censo de los hijos de Israel en el desierto del Sinaí.
65El Señor les había dicho que morirían en el desierto, sin que quedara ninguno, excepto Caleb, hijo de Jefuné, y Josué, hijo de Nun.
Números 27
1Entonces se acercaron las hijas de Selofejad, hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de los clanes de Manasés, hijo de José. Las hijas se llamaban: Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá.
2Se presentaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, a los jefes y a toda la comunidad, a la entrada de la Tienda del Encuentro, y dijeron:
3«Nuestro padre murió en el desierto. No era de la cuadrilla que se amotinó contra el Señor, de la cuadrilla de Coré; sino que por sus propios pecados murió sin tener hijos varones.
4¿Por qué ha de ser borrado de su clan el nombre de nuestro padre, solo por no haber tenido hijos varones? Danos alguna propiedad entre los hermanos de nuestro padre».
5Moisés expuso el caso ante el Señor.
6Respondió el Señor a Moisés:
7«Tienen razón las hijas de Selofejad. Dales en propiedad una heredad entre los hermanos de su padre; traspásales a ellas la herencia de su padre.
8Y dirás a los hijos de Israel: “Si un hombre muere y no deja ningún hijo varón, traspasará su herencia a su hija.
9Si tampoco tiene hija, daréis la herencia a sus hermanos.
10Si tampoco tiene hermanos, daréis la herencia a los hermanos de su padre.
11Y si su padre no tenía hermanos, daréis la herencia al pariente más próximo de su clan, el cual tomaría posesión de ella”. Esta será norma de derecho para los hijos de Israel, según se lo ordenó el Señor a Moisés».
12El Señor dijo a Moisés: «Sube ahí, al monte Abarín, y contempla la tierra que he dado a los hijos de Israel.
13Cuando la veas, irás a reunirte tú también con los tuyos, como se reunió con ellos tu hermano Aarón.
14Porque os rebelasteis en el desierto de Sin, cuando protestó la comunidad y yo os mandé manifestar delante de ella mi santidad por el agua». (Es la fuente de Meribá de Cadés, en el desierto de Sin).
15Moisés dijo al Señor:
16«Que el Señor, Dios de los espíritus de todo viviente, ponga un hombre al frente de esta comunidad,
17uno que salga y entre al frente de ellos y que los conduzca en sus entradas y salidas, para que no quede la comunidad del Señor como rebaño sin pastor».
18Respondió el Señor a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el espíritu, imponle tu mano
19y preséntalo ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad, dale instrucciones en presencia de ellos
20y comunícale parte de tu autoridad, para que le obedezca toda la comunidad de los hijos de Israel.
21Que se presente al sacerdote Eleazar y que este consulte acerca de él al Señor, según el rito de los urim. A las órdenes de él saldrán y a las órdenes de él entrarán todos los hijos de Israel, toda la comunidad».
22Moisés hizo lo que le había mandado el Señor: tomó a Josué, lo presentó ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad,
23le impuso las manos y le dio instrucciones, como había dicho el Señor por medio de Moisés.
Hechos de los Apóstoles 4
1Mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos,
2indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos.
3Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente,
4pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
5Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas,
6junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes.
7Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
8Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos:
9Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre;
10quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros.
11Él es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular;
12no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
13Viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús,
14pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta.
15Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos,
16diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo;
17pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
18Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús.
19Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo: «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros.
20Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
21Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido,
22pues el hombre en quien se había realizado este milagro de curación tenía más de cuarenta años.
23Puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
24Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo: «Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos;
25tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos?
26Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías.
27Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste,
28para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder.
29Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía;
30extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».
31Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.
32El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
33Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
34Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido
35y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.
36José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa hijo de la consolación, que era levita y natural de Chipre,
37tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.