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Lectura 47 de 365

Números 22-24 · Hechos de los Apóstoles 3

Letra: Normal

Números 22

1Luego partieron los hijos de Israel y acamparon en las estepas de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó.

2Vio Balac, hijo de Sipor, todo lo que había hecho Israel con los amorreos

3y se estremeció Moab ante aquel pueblo tan numeroso. Moab tembló ante los hijos de Israel.

4Y dijo Balac a los ancianos de Madián: «Ya veréis cómo esa multitud lo devasta todo a nuestro alrededor, como devasta el buey la hierba del campo». Balac, hijo de Sipor, era por entonces rey de Moab.

5Envió mensajeros a buscar a Balaán, hijo de Beor, a Petor, que está junto al Río, en tierra de los amavitas, para decirle: «Un pueblo que ha salido de Egipto cubre la superficie de la tierra y se ha establecido frente a mí.

6Ven, por favor, y maldíceme a ese pueblo, pues es más fuerte que yo, a ver si puedo derrotarlo y lo arrojo de la región. Pues sé que a quien tú bendices queda bendito y a quien maldices, maldito».

7Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián, con la paga del vaticinio en sus manos, y llegaron a donde estaba Balaán y le transmitieron las palabras de Balac.

8Él les contestó: «Pasad aquí la noche y os responderé según lo que me diga el Señor». Los jefes de Moab se quedaron en casa de Balaán.

9Vino Dios adonde estaba Balaán y le dijo: «¿Qué hombres son esos que están en tu casa?».

10Balaán le respondió a Dios: «Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me ha enviado a decir:

11“Un pueblo que ha salido de Egipto cubre la superficie de la tierra. Ven y maldícemelo, a ver si puedo vencerlo y expulsarlo”».

12Pero Dios dijo a Balaán: «No vayas con ellos, ni maldigas a ese pueblo, porque es bendito».

13Se levantó Balaán de madrugada y dijo a los jefes de Balac: «Volved a vuestra tierra, porque el Señor no me deja ir con vosotros».

14Se levantaron, pues, los jefes de Moab, volvieron donde estaba Balac y le dijeron: «Balaán se ha negado a venir con nosotros».

15Balac envió otra vez jefes en mayor número y más ilustres que los anteriores.

16Fueron adonde estaba Balaán y le dijeron: «Esto dice Balac, hijo de Sipor: “Por favor, no te niegues a venir hacia mí,

17que te recompensaré con grandes honores y haré todo lo que me digas. Ven, por favor, y maldíceme a ese pueblo”».

18Respondió Balaán a los siervos de Balac: «Aunque me diera Balac su palacio lleno de plata y oro, no podría quebrantar la orden del Señor, mi Dios, en nada, ni en poco ni en mucho.

19Quedaos aquí también vosotros esta noche y averiguaré lo que me dice el Señor esta vez».

20Entró Dios donde estaba Balaán por la noche y le dijo: «¿No han venido esos hombres a llamarte? Levántate y vete con ellos. Pero has de hacer lo que yo te diga».

21Se levantó Balaán de madrugada, aparejó su burra y se fue con los jefes de Moab.

22Cuando iba, se encendió la ira de Dios y el ángel del Señor se plantó en el camino cerrándole el paso. Él iba montado en la burra y sus dos muchachos lo acompañaban.

23La burra vio al ángel del Señor plantado en el camino, la espada desenvainada en la mano, y se apartó del camino y se fue a campo traviesa. Balaán pegó a la burra para que volviera al camino.

24El ángel del Señor se puso en un sendero entre las viñas, con una pared a un lado y otra al otro.

25Al ver la burra al ángel del Señor, se arrimó a la pared y le pilló a Balaán la pierna contra la pared. Él le pegó a la burra otra vez.

26Volvió el ángel del Señor a adelantarse y se puso en un paso estrecho, que no dejaba espacio para apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.

27Vio la burra al ángel del Señor y se tumbó, con Balaán encima. Balaán se enfureció y apaleó a la burra.

28Entonces el Señor abrió la boca de la burra, que dijo a Balaán: «¿Qué te he hecho yo para que me apalees con esta ya tres veces?».

29Respondió Balaán a la burra: «Porque te estás burlando de mí. Ojalá tuviera una espada en la mano; ahora mismo te mataba».

30Respondió la burra a Balaán: «¿No soy yo tu burra, y no me has montado desde siempre hasta el día de hoy? ¿Es que suelo portarme así contigo?». Respondió él: «No».

31Entonces el Señor abrió los ojos de Balaán y vio al ángel del Señor, plantado en el camino, la espada desenvainada en la mano; y se inclinó y se postró rostro en tierra.

32El ángel del Señor le dijo: «¿Por qué has apaleado a tu burra con esta ya tres veces? He sido yo el que he salido a cerrarte el paso, porque para mí es este un camino torcido.

33La burra me ha visto y se ha apartado de mí tres veces. Gracias a que se ha desviado, porque si no, ya te habría matado y a ella la habría dejado con vida».

34Dijo entonces Balaán al ángel del Señor: «He pecado, pues no sabía que tú estabas en mi camino. Pero ahora mismo, si te parece mal mi viaje, me vuelvo».

35Respondió el ángel del Señor a Balaán: «Vete con esos hombres, pero dirás únicamente lo que yo te diga».Balaán marchó con los jefes de Balac.

36Se enteró Balac de que llegaba Balaán y salió a su encuentro hacia Ar Moab, en la frontera del río Arnón, en los límites de su territorio.

37Y dijo Balac a Balaán: «¿No te mandé llamar? ¿Por qué no quisiste venir? ¿Es que no puedo recompensarte?».

38Respondió Balaán a Balac: «Mira, ahora ya he venido. Pero ¿qué podré decir? La palabra que ponga Dios en mi boca, esa es la que diré».

39Marchó Balaán con Balac y llegaron a Quiriat Jusot.

40Allí Balac sacrificó vacas y ovejas, y les mandó porciones a Balaán y a los jefes que lo acompañaban.

41A la mañana, tomó Balac a Balaán y lo hizo subir a Bamot Baal, desde donde se divisaba una punta del campamento.

Números 23

1Dijo Balaán a Balac: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame siete novillos y siete carneros».

2Balac hizo lo que le había dicho Balaán, y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

3Dijo entonces Balaán a Balac: «Quédate junto a tus holocaustos, mientras yo voy a ver si el Señor me sale al encuentro. Yo te comunicaré lo que él me manifieste». Y se fue a un monte pelado.

4Salió Dios al encuentro de Balaán, y este le dijo: «Siete altares he preparado, y he ofrecido en holocausto un novillo y un carnero sobre cada altar».

5El Señor puso una palabra en la boca de Balaán y le dijo: «Vuelve donde está Balac y dile esto».

6Volvió donde estaba él y lo encontró todavía de pie junto a su holocausto, con todos los jefes de Moab.

7Él recitó sus versos diciendo:«De Siria me hace venir Balac, el rey de Moab de los montes de oriente: Ven, maldíceme a Jacob; ven, augura males a Israel.

8¿Cómo maldeciré, si no maldice Dios? ¿Cómo auguraré males, si no los augura el Señor?

9De la cumbre de las peñas lo diviso, de lo alto de las colinas lo contemplo: es un pueblo que vive aparte; no se cuenta entre las naciones.

10¿Quién podrá contar el polvo de Jacob, quién calcular la polvareda de Israel? Muera mi alma con la muerte de los justos, sea mi paradero como el de ellos».

11Dijo Balac a Balaán: «¿Qué me has hecho? ¡Te he traído para maldecir a mis enemigos y los has colmado de bendiciones!».

12Le respondió: «¿Es que no debo tener cuidado de comunicar todo lo que el Señor me pone en la boca?».

13Le respondió Balac: «Ven conmigo a otro sitio, para que lo veas desde allí; solo verás una punta, no el pueblo entero. Maldícemelo desde allí».

14Y lo llevó al Campo de Zofín, hacia la cumbre del Fasga. Construyó siete altares y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

15Balaán dijo a Balac: «Quédate aquí, junto a tus holocaustos, mientras yo acudo a la cita».

16El Señor salió al encuentro de Balaán, puso una palabra en su boca y le dijo: «Vuelve donde está Balac y dile esto».

17Volvió donde estaba él y lo encontró de pie aún junto a sus holocaustos, con los jefes de Moab. Balac le preguntó: «¿Qué ha dicho el Señor?».

18Él entonó sus versos diciendo:«Levántate, Balac, y escucha, préstame oído, hijo de Sipor.

19No es Dios un hombre, para mentir, ni hijo de hombre, para volverse atrás. ¿Puede él decir y no hacer, hablar y no mantenerlo?

20Me ha tocado bendecir; bendeciré y no me retractaré.

21No ha encontrado maldad en Jacob, ni ha descubierto infortunio en Israel. El Señor su Dios está con él, y en él se oye proclamar a un rey.

22Dios lo sacó de Egipto, fue para él como cuernos de búfalo.

23No hay presagio contra Jacob, ni conjuro contra Israel. A su tiempo se dirá a Jacob y a Israel lo que ha hecho Dios.

24Un pueblo se levanta como leona, y se yergue como león: no se tumbará hasta devorar la presa y beber la sangre de la matanza».

25Balac dijo a Balaán: «Ya que no lo maldices, por lo menos no lo bendigas».

26Respondió Balaán a Balac: «¿No te dije que haré todo lo que me diga el Señor?».

27Dijo Balac a Balaán: «Ven, que te lleve a otro sitio, a ver si le place a Dios que me lo maldigas desde allí».

28Llevó Balac a Balaán a la cumbre del Peor, que domina la parte del desierto.

29Dijo Balaán a Balac: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros».

30Balac hizo lo que le pedía Balaán, y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

Números 24

1Vio Balaán que agradaba al Señor bendecir a Israel, y ya no fue como las otras veces en busca de presagios, sino que se volvió cara al desierto.

2Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él,

3y entonó sus versos:«Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos;

4oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, que cae y se le abren los ojos:

5¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob, y tus moradas, Israel!

6Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente;

7el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y descuella su reinado.

8Dios lo sacó de Egipto, como cuernos de búfalo fue para él. Devora a sus enemigos y les quebranta los huesos.

9Se agazapa, se tumba como león, como leona, ¿quién le hará levantar? ¡Bendito quien te bendiga! ¡Maldito quien te maldiga!».

10Se enfureció Balac contra Balaán, palmoteó fuertemente y dijo a Balaán: «Te he llamado para maldecir a mis enemigos y resulta que los has llenado ya de bendiciones por tres veces.

11Lárgate ya a tu tierra. Te dije que te colmaría de honores, pero el Señor te ha privado de ellos».

12Respondió Balaán a Balac: «¿No les dije yo a los mensajeros que me enviaste:

13“Aunque me diera Balac su palacio lleno de plata y oro, no podría quebrantar la orden del Señor, ni hacer por mi cuenta nada, ni bueno ni malo; lo que me diga el Señor, eso es lo que diré”?

14Ahora, pues, que me vuelvo a mi pueblo, ven, que te voy a anunciar lo que hará este pueblo al tuyo con el correr de los días».

15Y entonó sus versos:«Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos;

16oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, que cae en éxtasis y se le abren los ojos:

17Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel. Aplasta las sienes de Moab, el cráneo de todos los hijos de Set.

18Edón será tierra conquistada, tierra conquistada Seír. Israel despliega su poder,

19Jacob domina a sus enemigos, y aniquila a los fugitivos de Ar».

20Después vio Balaán a Amalec, entonó sus versos y dijo:«Primicia de las naciones era Amalec, pero al final perecerá para siempre».

21Vio luego a los quenitas, entonó sus versos y dijo: «Firme es tu morada, Caín, en la peña has puesto tu nido.

22Pero el nido es de Beor; ¿hasta cuándo te tendrá cautivo Asur?».

23Entonó sus versos y dijo:«Pueblos de las islas reviven por el Norte,

24llegan barcos por el lado de Quitín. Oprimen a Asur, oprimen a Héber; pero ellos también perecerán para siempre».

25Luego se levantó Balaán, y se fue de vuelta a su país. También Balac se fue por su camino.

Hechos de los Apóstoles 3

1Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona,

2cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban.

3Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna.

4Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo: «Míranos».

5Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo.

6Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».

7Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos,

8se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios.

9Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios,

10y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

11Mientras el paralítico seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde estaban ellos.

12Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente: «Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud?

13El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

14Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino;

15matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

16Por la fe en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de todos vosotros.

17Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades;

18pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

19Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados;

20para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado,

21al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.

22Moisés dijo: El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga;

23y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.

24Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.

25Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”.

26Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».