Lectura 46 de 365
Números 19-21 · Hechos de los Apóstoles 2
Números 19
1El Señor habló a Moisés y a Aarón:
2«Este es uno de los preceptos de la ley, prescrito por el Señor con estas palabras: “Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca roja, sin defecto, que no tenga mancha alguna y que nunca haya llevado yugo
3Dádsela al sacerdote Eleazar. Que la saquen fuera del campamento y sea inmolada en su presencia.
4Entonces el sacerdote Eleazar untará su dedo en la sangre de la vaca y salpicará siete veces la sangre hacia la entrada de la Tienda del Encuentro.
5Luego será quemada la vaca en su presencia, con su piel, su carne, su sangre e incluso sus excrementos.
6Tomará el sacerdote ramas de cedro, hisopo y grana, y las echará a la hoguera en que arde la vaca.
7El sacerdote purificará sus vestidos y se lavará el cuerpo con agua; luego podrá ya entrar en el campamento; pero quedará impuro hasta la tarde.
8El que haya quemado la vaca purificará sus vestidos con agua y lavará su cuerpo con agua; pero quedará impuro hasta la tarde.
9Un hombre puro recogerá las cenizas de la vaca y las depositará en un lugar puro fuera del campamento. Servirán a la comunidad de los hijos de Israel para el rito del agua expiatoria: es un sacrificio expiatorio.
10El que haya recogido las cenizas de la vaca lavará sus vestidos, pero quedará impuro hasta la tarde. Ley perpetua, tanto para los hijos de Israel como para los emigrantes residentes entre ellos.
11El que toque un muerto, un cadáver humano, quedará impuro siete días.
12Se purificará con dicha agua los días tercero y séptimo, y quedará puro. Pero si no se purifica los días tercero y séptimo, no quedará puro.
13Todo el que toca un muerto, un cadáver humano, y no se purifica, contamina la Morada del Señor; ese individuo será excluido de Israel, porque el agua expiatoria no ha corrido sobre su cuerpo: es impuro; su impureza sigue sobre él.
14Esta es la ley para cuando uno muere en la tienda. Todo el que entre en la tienda y todo el que esté en ella queda impuro siete días.
15Y todo recipiente abierto, que no esté cerrado con tapa o cuerda, queda impuro.
16Todo el que, en pleno campo, toque a uno que haya sido víctima de la espada o a un muerto, o huesos humanos, o una sepultura, quedará impuro siete días.
17Para el impuro se tomará ceniza de la víctima inmolada como sacrificio expiatorio, y se verterá encima agua corriente en una vasija.
18Un hombre puro tomará el hisopo, lo mojará en el agua y rociará la tienda y todos los objetos y personas que había en ella, e igualmente al que tocó los huesos, o al asesinado, o al muerto, o la sepultura.
19El hombre puro rociará al impuro los días tercero y séptimo: el séptimo día quedará limpio de su pecado, lavará sus vestidos, se lavará con agua y quedará puro por la tarde.
20Pero el hombre que quedó impuro y no se ha purificado, será excluido de la asamblea, pues ha contaminado el santuario del Señor. El agua expiatoria no ha corrido por su cuerpo: es un impuro.
21Esta es para vosotros una ley perpetua. El que ha hecho la aspersión con el agua expiatoria, lavará sus vestidos, y el que haya tocado el agua expiatoria quedará impuro hasta la tarde.
22Y todo lo que haya sido tocado por el impuro, quedará impuro; y la persona que lo toque a él quedará impura hasta la tarde”».
Números 20
1En aquellos días, la comunidad entera de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin el mes primero y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.
2Faltó agua a la comunidad y se amotinaron contra Moisés y Aarón.
3El pueblo protestó contra Moisés diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor!
4¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él nosotros y nuestras bestias?
5¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?».
6Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y se postraron rostro en tierra delante de ella. La gloria del Señor se les apareció,
7y el Señor dijo a Moisés:
8«Coge la vara y reunid la asamblea, tú y tu hermano Aarón, y habladle a la roca en presencia de ellos y ella dará agua. Luego saca agua de la roca y dales de beber a ellos y a sus bestias».
9Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba.
10Moisés y Aarón reunieron la asamblea delante de la roca; Moisés les dijo: «Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?».
11Moisés alzó la mano y golpeó la roca con la vara dos veces, y brotó agua tan abundante que bebió toda la comunidad y las bestias.
12El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los hijos de Israel, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les he dado».
13(Esta es la Fuente de Meribá, donde los hijos de Israel disputaron con el Señor y él les mostró su santidad).
14Moisés envió mensajeros desde Cadés: «Al rey de Edón. Así dice tu hermano Israel: Ya sabes por qué grandes fatigas hemos pasado
15Nuestros padres bajaron a Egipto y nos quedamos en Egipto mucho tiempo. Pero los egipcios nos trataron mal, a nosotros igual que a nuestros padres.
16Clamamos entonces al Señor y él escuchó nuestra voz: envió un ángel, y nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cadés, ciudad que linda con tu territorio.
17Déjanos, por favor, cruzar por tu tierra. No pasaremos por campo ni por viñedo, ni beberemos agua de pozo. Seguiremos el camino real, sin torcer ni a la derecha ni a la izquierda, hasta que crucemos otra vez tus fronteras».
18El rey de Edón le respondió: «No pasarás por mi tierra. Si lo haces, saldré a tu encuentro espada en mano».
19Insistieron los hijos de Israel: «Seguiremos por la calzada y, si bebemos agua tuya, yo y mis rebaños, pagaremos su precio. No hay problema en pasar a pie».
20Respondió él: «No pasarás». Y salió Edón a su encuentro con mucha gente y un gran despliegue de fuerzas.
21Y como Edón negó el paso a Israel por su territorio, ellos dieron un rodeo.
22Toda la comunidad de Israel partió de Cadés y llegó a Hor de la Montaña.
23Y dijo el Señor a Moisés y a Aarón en Hor de la Montaña, en la frontera de la tierra de Edón:
24«Que se reúna Aarón con los suyos, porque no debe entrar en la tierra que voy a dar a los hijos de Israel, porque os rebelasteis contra mi voluntad en la fuente de Meribá.
25Toma contigo a Aarón y a su hijo Eleazar y sube con ellos al monte Hor.
26Quítale los ornamentos a Aarón y reviste con ellos a su hijo Eleazar. Entonces Aarón se reunirá con los suyos: allí morirá».
27Moisés cumplió lo que le había mandado el Señor. Subieron a Hor de la Montaña a la vista de toda la comunidad.
28Moisés quitó a Aarón los ornamentos y se los puso a su hijo Eleazar. Y murió allí Aarón, en la cumbre del monte. Moisés y Eleazar bajaron del monte.
29Toda la comunidad se dio cuenta de que había fallecido Aarón y toda la casa de Israel lloró a Aarón durante treinta días.
Números 21
1Cuando el rey cananeo de Arad, que ocupaba el Negueb, se enteró de que llegaba Israel por el camino de Atarín, atacó a Israel y le hizo algunos prisioneros.
2Entonces Israel formuló este voto al Señor: «Si entregas a ese pueblo en mi poder, consagraré al exterminio sus ciudades».
3El Señor escuchó la voz de Israel y entregó en su poder a aquellos cananeos. Los consagraron al exterminio a ellos y a sus ciudades. Por eso se llamó aquel lugar Jormá.
4Desde el monte Hor se encaminaron hacia el mar de Suf, rodeando el territorio de Edón. El pueblo se cansó de caminar
5y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
6El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
7Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo
8y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
9Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
10Los hijos de Israel partieron y acamparon en Obot.
11Partieron de Obot y acamparon en las ruinas de Abarín, en el desierto que limita al este con Moab.
12Partieron de allí y acamparon en el torrente Zered.
13De allí partieron y acamparon al otro lado del río Arnón, que está en el desierto y sale del territorio de los amorreos, pues el Arnón es la frontera entre moabitas y amorreos.
14Por eso se dice en el libro de las Guerras del Señor: «Vaheb en Sufá y los torrentes del río Arnón,
15y la ladera de los torrentes que corren hacia la región de Ar, confinando con la frontera de Moab».
16Y de allí fueron a Beer. Este es el pozo del que dijo el Señor a Moisés: «Reúne al pueblo y les daré agua».
17Entonces Israel entonó este cántico:«¡Brota, pozo! Cantadle.
18Pozo que cavaron príncipes, que excavaron jefes del pueblo, con sus cetros, con sus bastones».Y del desierto fueron a Mataná,
19de Mataná a Najaliel, de Najaliel a Bamot,
20y de Bamot al valle que está en la campiña de Moab, hacia la cumbre del Fasga, que mira hacia el desierto.
21Israel envió mensajeros a decir a Sijón, rey de los amorreos:
22«Quisiera pasar por tu tierra. No me apartaré del camino ni por campos ni por viñedos, ni beberé agua de pozo. Seguiremos el camino real hasta que crucemos otra vez tus fronteras».
23Pero Sijón no permitió a Israel pasar por su territorio, sino que reunió toda su tropa y salió contra Israel al desierto. Llegado a Yahás, atacó a Israel.
24Pero Israel lo derrotó a filo de espada y se apoderó de su tierra, desde el Arnón al Yaboc, y hasta los límites de los amonitas, porque Yacer estaba en la frontera de los amonitas.
25Israel conquistó todas aquellas ciudades y ocupó todos los pueblos de los amorreos, Jesbón y todas sus aldeas.
26Jesbón era la ciudad de Sijón, rey de los amorreos. Este había combatido contra el anterior rey de Moab y le había arrebatado toda su tierra hasta el Arnón.
27Por eso dicen los trovadores:«¡Venid a Jesbón, que sea edificada, fortificada, la ciudad de Sijón!
28Porque fuego ha salido de Jesbón, llamarada de la ciudad de Sijón: ha devorado Ar Moab, se ha tragado los cerros del Arnón.
29¡Ay de ti, Moab!, estás perdido, pueblo de Camós. Ha entregado a sus hijos a la fuga y a sus hijas al cautiverio, en manos de Sijón, el rey amorreo.
30Su posteridad ha perecido, desde Jesbón hasta Dibón, y hemos asolado desde Nofaj hasta Mádaba».
31Israel se estableció así en la tierra de los amorreos.
32Moisés mandó espías a explorar Yacer y la tomaron junto con sus aldeas, expulsando a los amorreos que vivían allí.
33Luego cambiaron de dirección y subieron camino de Basán. Og, rey de Basán, les salió al encuentro con toda su tropa, para presentarles batalla en Edreí.
34El Señor dijo a Moisés: «No le temas, porque lo he entregado en tu mano con todo su pueblo y su tierra. Harás con él como hiciste con Sijón, el rey amorreo que habitaba en Jesbón».
35Y lo derrotaron a él, a sus hijos y a toda su tropa, hasta que no quedó nadie con vida. Y se apoderaron de su tierra.
Hechos de los Apóstoles 2
1Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.
2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados.
3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos.
4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
5Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo.
6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
7Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando?
8Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
9Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia,
10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros,
11tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
12Estaban todos estupefactos y desconcertados, diciéndose unos a otros: «¿Qué será esto?».
13Otros, en cambio, decían en son de burla: «Están borrachos».
14Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró ante ellos: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
15No es, como vosotros suponéis, que estos estén borrachos, pues es solo la hora de tercia,
16sino que ocurre lo que había dicho el profeta Joel:
17Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños;
18y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán.
19Y obraré prodigios arriba en el cielo y signos abajo en la tierra, sangre y fuego y nubes de humo.
20El sol se convertirá en tiniebla y la luna en sangre, antes de que venga el día del Señor, grande y deslumbrador.
21Y todo el que invocare el nombre del Señor se salvará.
22Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis,
23a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos.
24Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio,
25pues David dice, refiriéndose a él: Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile.
26Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada.
27Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
28Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro.
29Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.
30Pero como era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo,
31previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que no lo abandonará en el lugar de los muertos y que su carne no experimentará corrupción.
32A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
34Pues David no subió al cielo, y, sin embargo, él mismo dice: Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha,
35y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.
36Por lo tanto, con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
37Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
38Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
40Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa».
41Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.
42Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
43Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos.
44Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común;
45vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
46Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón;
47alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.