← La Biblia entera en 365 lecturas

Lectura 44 de 365

Números 13-15 · Juan 19-20

Letra: Normal

Números 13

1El Señor dijo a Moisés:

2«Envía gente a explorar la tierra de Canaán, que voy a entregar a los hijos de Israel: envía uno de cada tribu y que todos sean jefes».

3Moisés los envió desde el desierto de Farán, según la orden del Señor. Todos eran jefes de los hijos de Israel.

4Sus nombres eran estos: por la tribu de Rubén, Samúa, hijo de Zacur;

5por la tribu de Simeón, Safat, hijo de Jorí;

6por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefuné;

7por la tribu de Isacar, Yigal, hijo de José;

8por la tribu de Efraín, Oseas, hijo de Nun;

9por la tribu de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú;

10por la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí;

11por la tribu de José: por la tribu de Manasés, Gadí, hijo de Susí;

12por la tribu de Dan, Amiel, hijo de Guemalí;

13por la tribu de Aser, Setur, hijo de Miguel;

14por la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vafsí;

15por la tribu de Gad, Gueuel, hijo de Maquí.

16Esos son los nombres de los que envió Moisés a explorar el país. Pero a Oseas, hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué.

17Moisés los envió a explorar la tierra de Canaán, diciéndoles: «Subid por el Sur hasta llegar a la montaña.

18Observad cómo es el país; y cómo sus habitantes, si fuertes o débiles, escasos o numerosos;

19y cómo es la tierra, si buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas;

20y cómo es la tierra, fértil o pobre, con árboles o sin ellos. Sed valientes y traednos frutos del país».Era la estación en que maduran las primeras uvas.

21Subieron ellos y exploraron el país, desde Sin hasta Rejob, junto a la entrada de Jamat.

22Subieron por el Negueb y llegaron hasta Hebrón, donde vivían Ajimán, Sesay y Tolmay, hijos de Anac. Hebrón había sido fundada siete años antes que Soán de Egipto.

23Llegados al valle del Racimo, cortaron un ramo con un solo racimo de uvas, lo colgaron en una vara y lo llevaron entre dos. También cortaron granadas e higos.

24Ese lugar se llama valle del Racimo, por el racimo que cortaron allí los hijos de Israel.

25Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país;

26y se presentaron a Moisés y Aarón y a toda la comunidad de los hijos de Israel, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país.

27Y le contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; y verdaderamente es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos.

28Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (incluso hemos visto allí hijos de Anac).

29Amalec vive en la región del Negueb, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán».

30Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderarnos de ese país, porque podemos con él».

31Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar a ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros».

32Y desacreditaban ante los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: «La tierra que hemos recorrido y explorado es una tierra que devora a sus propios habitantes; toda la gente que hemos visto en ella es de gran estatura.

33Hemos visto allí nefileos, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y lo mismo les parecíamos nosotros a ellos».

Números 14

1Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos y el pueblo se pasó llorando toda la noche.

2Los hijos de Israel murmuraban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía: «¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto; o, si no, ojalá hubiéramos muerto en ese desierto!

3¿Por qué nos ha traído el Señor a esta tierra, para que caigamos a espada, y nuestras mujeres e hijos caigan cautivos? ¿No es mejor volvernos a Egipto?».

4Y se decían unos a otros: «Nombraremos un jefe y nos volveremos a Egipto».

5Moisés y Aarón se postraron rostro en tierra ante toda la comunidad de los hijos de Israel.

6Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefuné, dos de los que habían explorado el país, se rasgaron los vestidos

7y dijeron a la comunidad de los hijos de Israel: «La tierra que hemos recorrido y explorado es una tierra excelente.

8Si el Señor nos es favorable, nos introducirá en ella y nos la entregará: es una tierra que mana leche y miel.

9Pero no os rebeléis contra el Señor ni temáis al pueblo del país, pues nos los comeremos. Su sombra protectora se ha apartado de ellos, mientras que el Señor está con nosotros. ¡No les tengáis miedo!».

10Pero la comunidad entera hablaba de apedrearlos, cuando la gloria del Señor apareció en la Tienda del Encuentro ante todos los hijos de Israel.

11El Señor dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo me va a rechazar este pueblo? ¿Hasta cuándo van a desconfiar de mí, con todos los signos que he hecho entre ellos?

12Voy a herirlo de peste y a desheredarlo. Pero de ti sacaré un pueblo grande y más numeroso que ellos».

13Moisés replicó al Señor: «Se enterarán los egipcios, de entre los cuales sacaste poderosamente a este pueblo y se lo contarán a los habitantes de esta tierra;

14estos han oído decir que tú, Señor, estás en medio de este pueblo y te dejas ver cara a cara; y que tu Nube está sobre ellos y caminas delante de ellos en columna de nube de día, y en columna de fuego de noche;

15y oirán que has dado muerte a este pueblo como a un solo hombre. Entonces dirán las naciones que han oído hablar de ti:

16“El Señor no ha podido llevar a este pueblo a la tierra que les había prometido con juramento, por eso los ha matado en el desierto”.

17Por tanto, muestra tu gran fuerza, como lo has prometido diciendo:

18“Señor, lento a la ira y rico en piedad, que perdona la culpa y el delito, pero no lo deja impune, que castiga la culpa de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”.

19Perdona, pues, la culpa de este pueblo, por tu gran piedad, igual que lo has soportado desde Egipto hasta aquí».

20El Señor respondió: «Le perdono, como me lo pides.

21Pero, ¡por mi vida y por la gloria del Señor que llena toda la tierra!,

22ninguno de los hombres que vieron mi gloria y los signos que hice en Egipto y en el desierto, y me han puesto a prueba diez veces ya, y no han escuchado mi voz;

23ninguno de ellos verá la tierra que prometí con juramento a sus padres. Nadie de los que me han rechazado la verá.

24Pero a mi siervo Caleb, que tuvo otro espíritu y me fue enteramente fiel, lo haré entrar en la tierra que ha visitado, y sus descendientes la poseerán.

25(Amalecitas y cananeos habitan en el valle). Mañana os dirigiréis al desierto, camino del mar Rojo».

26El Señor dijo a Moisés y Aarón:

27«¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada murmurando contra mí? He oído a los hijos de Israel murmurar de mí.

28Diles: “¡Por mi vida!, oráculo del Señor, que os haré lo que me habéis dicho a la cara:

29en este desierto caerán vuestros cadáveres, los de todos los que fuisteis censados, de veinte años para arriba, los que habéis murmurado contra mí.

30No entraréis en la tierra en la que juré estableceros. Solo exceptúo a Josué hijo de Nun y a Caleb hijo de Jefuné.

31A vuestros niños, de los que dijisteis que caerían cautivos, los haré entrar y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado.

32Vuestros cadáveres caerán en este desierto

33y vuestros hijos serán nómadas cuarenta años por el desierto, y cargarán con vuestra infidelidad, hasta que se consuman vuestros cadáveres en el desierto.

34Según el número de los días que empleasteis en explorar la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa cuarenta años, un año por cada día. Para que sepáis lo que es desobedecerme”.

35Yo, el Señor, juro que haré esto a la comunidad que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán».

36Los hombres que había enviado Moisés a explorar la tierra, los que al volver habían incitado a toda la comunidad a murmurar contra él, tratando de desacreditar la tierra,

37y que, al volver desacreditaron la tierra, cayeron fulminados ante del Señor.

38Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefuné, quedaron con vida: ellos solos de entre todos los hombres que habían explorado la tierra.

39Moisés comunicó estas palabras a todos los hijos de Israel. Y el pueblo hizo un gran duelo.

40Madrugaron al día siguiente y subieron a la cumbre del monte, diciendo: «Aquí estamos: vamos a subir a ese lugar a propósito del cual ha dicho el Señor que hemos pecado».

41Moisés les respondió: «¿Por qué hacéis eso, quebrantando la orden del Señor? Será un fracaso.

42No subáis, porque el Señor no está en medio de vosotros, y seréis derrotados por vuestros enemigos.

43Porque los amalecitas y los cananeos están allí para haceros frente, y caeréis a filo de espada, pues habéis abandonado al Señor y el Señor no está ya con vosotros».

44Pero ellos se obstinaron en subir a la cumbre del monte, mientras que ni el Arca de la Alianza del Señor ni Moisés se movieron del campamento.

45Bajaron los amalecitas y los cananeos que habitaban en aquella montaña, los derrotaron y los destrozaron hasta llegar a Jormá.

Números 15

1El Señor habló a Moisés:

2«Di a los hijos de Israel: “Cuando entréis en la tierra que os voy a dar para que la habitéis

3y ofrezcáis al Señor manjares al fuego en holocausto o sacrificio de comunión, para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, o con ocasión de vuestras fiestas, ofreciendo así, de vuestros bueyes u ovejas, aroma que aplaca al Señor,

4el oferente presentará, para su ofrenda al Señor, una oblación de una décima de flor de harina amasada con unos dos litros de aceite.

5Harás una libación de unos dos litros de vino por cada cordero, junto con el holocausto o sacrificio de comunión.

6Si es un carnero, la oblación será de dos décimas de flor de harina amasada con unos dos litros y medio de aceite,

7y la libación, de unos dos litros y medio de vino, que ofrecerás como aroma que aplaca al Señor.

8Y si ofreces al Señor un novillo en holocausto o sacrificio, para cumplir un voto, o como sacrificio de comunión,

9ofrecerás, además del novillo, una oblación de tres décimas de flor de harina amasada con unos tres litros y medio de aceite,

10y una libación de unos tres litros y medio de vino, como manjar al fuego de aroma que aplaca Señor.

11Así se hará con cada novillo o carnero, y con las reses menores, cordero o cabrito.

12Haréis así con cada uno de los que inmoléis, tantos como sean.

13Así hará todo hombre de vuestro pueblo, cuando ofrezca un manjar al fuego como aroma que aplaca al Señor.

14Y si reside entre vosotros o entre vuestros descendientes un emigrante, y quiere ofrecer un manjar al fuego como aroma que aplaca al Señor, hará lo mismo que vosotros.

15Una misma es la norma para vosotros y para el emigrante residente. Es ley perpetua para vuestros descendientes. Ante el Señor el emigrante es igual que vosotros.

16Una misma ley y una misma norma regirá para vosotros y para el emigrante que reside entre vosotros”».

17El Señor habló a Moisés:

18«Di a los hijos de Israel: “Cuando entréis en la tierra a la que os llevo

19y comáis el pan del país, reservaréis primero la ofrenda para el Señor.

20Como primicias de vuestra molienda, reservaréis una torta como ofrenda; la reservaréis como reserva de la era.

21Reservaréis para el Señor una ofrenda de las primicias de vuestra molienda, por todas vuestras generaciones.

22Cuando dejéis de cumplir por ignorancia alguno de estos preceptos que el Señor ha comunicado a Moisés,

23algo de lo que el Señor os ha mandado por medio de Moisés, desde que el Señor lo ordenó en adelante, por todas vuestras generaciones,

24en el caso de que la ignorancia se haya cometido por descuido de toda la comunidad, toda la comunidad ofrecerá en holocausto, como aroma que aplaca al Señor, un novillo, con su oblación y libación según el ritual, y un macho cabrío en sacrificio expiatorio.

25El sacerdote hará la expiación por toda la comunidad de los hijos de Israel, y se les perdonará, porque fue un descuido, y han presentado sus ofrendas, como manjar al fuego para el Señor, y su sacrificio expiatorio delante del Señor por su descuido.

26Se le perdonará a la comunidad de los hijos de Israel y al emigrante que reside entre ellos, pues el pueblo entero lo ha hecho por ignorancia.

27En el caso de que sea una sola persona la que ha pecado por ignorancia, ofrecerá una cabrita de un año en sacrificio expiatorio.

28El sacerdote hará la expiación delante del Señor por la persona que se ha descuidado con ese pecado de ignorancia y se le perdonará,

29lo mismo al ciudadano israelita que al emigrante residente entre vosotros: no tendréis más que una sola ley para el que obra por ignorancia.

30Pero el que lo hace a conciencia, sea ciudadano o emigrante, ultraja al Señor. Tal individuo será excluido de su pueblo,

31por haber despreciado la palabra del Señor y quebrantado su mandato. Tal individuo será excluido: su pecado pesa sobre él”».

32Estando los hijos de Israel en el desierto, se sorprendió a un hombre que andaba buscando leña en día de sábado.

33Los que lo sorprendieron buscando leña lo presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad.

34Lo arrestaron, porque no estaba determinado lo que había que hacer con él.

35El Señor dijo a Moisés: «Que muera ese hombre. Que lo apedree toda la comunidad fuera del campamento».

36Toda la comunidad lo sacó fuera del campamento y lo apedrearon hasta que murió, según había mandado el Señor a Moisés.

37El Señor habló a Moisés:

38«Di a los hijos de Israel que, tanto ellos como sus descendientes, se hagan flecos en los bordes de sus vestidos y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo violeta.

39Llevaréis esos flecos para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los preceptos del Señor. Así los cumpliréis y no seguiréis los caprichos de vuestros corazones y de vuestros ojos, que os suelen seducir.

40Así os acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis, y seréis hombres consagrados a vuestro Dios.

41Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de Egipto para ser vuestro Dios. Yo soy el Señor, vuestro Dios».

Juan 19

1Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

2Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura;

3y, acercándose a él, le decían: «¡Salve, rey de los judíos!». Y le daban bofetadas.

4Pilato salió otra vez afuera y les dijo: «Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».

5Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: «He aquí al hombre».

6Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Pilato les dijo: «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».

7Los judíos le contestaron: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».

8Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más.

9Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Pero Jesús no le dio respuesta.

10Y Pilato le dijo: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».

11Jesús le contestó: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

12Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».

13Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata).

14Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: «He aquí a vuestro rey».

15Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?». Contestaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que al César».

16Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús,

17y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota),

18donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús.

19Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».

20Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.

21Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”».

22Pilato les contestó: «Lo escrito, escrito está».

23Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo.

24Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.

25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

26Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

27Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

29Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

30Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

31Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.

32Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él;

33pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas,

34sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

35El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.

36Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»;

37y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

39Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

40Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos.

41Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía.

42Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Juan 20

1El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

2Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

3Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.

4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro;

5e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos

7y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

10Los dos discípulos se volvieron a casa.

11Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro

12y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

13Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

14Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

15Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

16Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

17Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

18María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo;

23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

24Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

25Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

26A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».

27Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

28Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

29Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

30Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos.

31Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.