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Lectura 43 de 365

Números 10-12 · Juan 17-18

Letra: Normal

Números 10

1El Señor dijo a Moisés:

2«Hazte dos trompetas de plata maciza. Te servirán para convocar a la comunidad y dar la señal de mover el campamento.

3Al toque de las dos, se reunirá contigo toda la comunidad, a la entrada de la Tienda del Encuentro.

4Al toque de una sola, se reunirán contigo los jefes, los cabezas de clanes de Israel.

5Al primer toque con estruendo, se pondrán en marcha los que acampan al Este.

6Al segundo toque con estruendo, los campamentos que acampan al Sur. Para ponerse en marcha, se tocará un toque con estruendo;

7en cambio, para congregar la asamblea, el toque será sin estruendo.

8Los sacerdotes, hijos de Aarón, serán los que toquen las trompetas. Es una ley perpetua para vosotros y para vuestra descendencia.

9Cuando, ya en vuestra tierra, vayáis a luchar contra un enemigo que os oprime, tocaréis con las trompetas un toque con estruendo. Así el Señor, vuestro Dios, se acordará de vosotros, y seréis librados de vuestros enemigos.

10En vuestros días de fiesta, solemnidades y primeros de mes, tocaréis las trompetas anunciando vuestros holocaustos y sacrificios de comunión. Así vuestro Dios se acordará de vosotros. Yo soy el Señor, vuestro Dios».

11El año segundo, el mes segundo, el día veinte del mes, se levantó la Nube de encima de la Morada del Testimonio

12y los hijos de Israel partieron, en orden de marcha, del desierto del Sinaí. La Nube se detuvo en el desierto de Farán.

13Partieron en vanguardia, según la orden que el Señor había dado a Moisés:

14en primer lugar, el banderín del campamento de los hijos de Judá, por escuadrones; al frente de su tropa iba Najsón, hijo de Aminadab;

15al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Isacar, Natanel, hijo de Suar;

16al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab, hijo de Jalón.

17Entonces fue desmontada la Morada, y los guersonitas y los meraritas se pusieron en marcha llevando la Morada.

18Partió luego el banderín del campamento de Rubén, por escuadrones: al frente de su tropa iba Elisur, hijo de Sedeur;

19al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Simeón, Salumiel, hijo de Surisaday;

20al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Gad, Elyasaf, hijo de Regüel.

21Entonces partieron los queatitas, que llevaban el santuario. (La Morada se montaba antes de que llegaran ellos).

22Partió luego el banderín del campamento de los hijos de Efraín, por escuadrones; al frente de su tropa iba Elisamá, hijo de Amihud;

23al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Manasés, Gamaliel, hijo de Fedasur;

24al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán, hijo de Guideoní.

25Luego, cerrando la marcha de todos los campamentos, partió el banderín del campamento de los hijos de Dan, por escuadrones: al frente de su tropa iba Ajiécer, hijo de Amisaday;

26al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Aser, Paguiel, hijo de Ocrán;

27al frente de la tropa de la tribu de los hijos de Neftalí, Ajirá, hijo de Enán.

28Este fue el orden de marcha de los hijos de Israel, repartidos en escuadrones. Así se pusieron en marcha.

29Dijo Moisés a su suegro, Jobab, hijo de Regüel el madianita: «Nosotros nos marchamos para el lugar que el Señor ha prometido darnos. Ven con nosotros, que te trataremos bien, porque el Señor ha prometido bienestar a Israel».

30Él respondió: «No voy; me vuelvo a mi tierra y a mi parentela».

31Moisés insistió: «Por favor, no nos dejes; tú conoces los sitios donde acampar en el desierto; tú serás nuestros ojos.

32Si vienes con nosotros, te haremos compartir con nosotros los bienes que el Señor nos va a conceder».

33Partieron del monte del Señor e hicieron tres jornadas. Los tres días de camino iba el Arca de la Alianza del Señor delante de ellos buscándoles dónde hacer alto.

34Desde que se pusieron en marcha, la Nube del Señor iba de día sobre ellos.

36Y cuando se detenía, decía: «Descansa, Señor, entre los millares de millares de Israel».

Números 11

1El pueblo profería quejas que sonaban mal a los oídos del Señor. El Señor lo oyó, y se encendió su ira. Y estalló contra ellos el fuego del Señor, que abrasó una punta del campamento.

2El pueblo clamó a Moisés y Moisés intercedió ante el Señor, y el fuego se apagó.

3Por eso se llamó aquel lugar Taberá, porque había ardido contra ellos el fuego del Señor.

4La masa que iba con el pueblo estaba hambrienta, y los hijos de Israel se pusieron a llorar con ellos, diciendo: «¡Quién nos diera carne para comer!

5¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos!

6En cambio ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná».

7(El maná se parecía a la semilla de coriandro, y tenía color de bedelio;

8el pueblo se dispersaba para recogerlo, lo molían en la muela o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con él hogazas que sabían a pan de aceite.

9Por la noche caía el rocío en el campamento y encima de él el maná).

10Moisés oyó cómo el pueblo lloraba, una familia tras otra, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor. Y disgustado,

11dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia a tus ojos, sino que me haces cargar con todo este pueblo?

12¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: “Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí con juramento a sus padres”?

13¿De dónde voy a sacar carne para repartirla a todo el pueblo, que me viene llorando: “Danos de comer carne”?

14Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas.

15Si me vas a tratar así, hazme morir, por favor, si he hallado gracia a tus ojos; así no veré más mi desventura».

16El Señor respondió a Moisés: «Tráeme setenta ancianos de Israel, de los que te conste que son ancianos servidores del pueblo, llévalos a la Tienda del Encuentro y que esperen allá contigo.

17Bajaré a hablar contigo y apartaré una parte del espíritu que posees y se la pasaré a ellos, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo.

18Y al pueblo le dirás: “Purificaos para mañana, pues comeréis carne. Habéis llorado pidiendo al Señor: ‘¡Quién nos diera de comer carne! Nos iba mejor en Egipto’. El Señor os dará de comer carne.

19Y la comeréis, no un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte,

20sino un mes entero, hasta que os salga por las narices y la vomitéis. Porque habéis rechazado al Señor, que va en medio de vosotros, y habéis llorado ante él diciendo: ‘¿Por qué salimos de Egipto?’”».

21Replicó Moisés: «La gente que me acompaña son seiscientos mil de a pie, ¿y tú dices: “Les voy a dar carne para que coman un mes entero”?

22Aunque matemos las ovejas y las vacas, no les bastará, y aunque reuniera todos los peces del mar, no les bastaría».

23El Señor dijo a Moisés: «¿Tan mezquina es la mano del Señor? Ahora verás si se cumple mi palabra o no».

24Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Después reunió a los setenta ancianos y los colocó alrededor de la tienda.

25El Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.

26Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.

27Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento».

28Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: «Señor mío, Moisés, prohíbeselo».

29Moisés le respondió: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».

30Luego Moisés volvió al campamento con los ancianos de Israel.

31El Señor hizo que se alzara un viento que trajo bandadas de codornices de la parte del mar, y las hizo caer sobre el campamento, en una extensión de una jornada de camino alrededor del campamento, y a una altura de un metro del suelo.

32El pueblo se dedicó todo aquel día y toda la noche y todo el día siguiente a recoger las codornices. El que menos, recogió diez modios. Y las tendieron alrededor del campamento.

33Todavía tenían la carne entre los dientes, todavía la estaban masticando, cuando se encendió la ira del Señor contra el pueblo y lo hirió el Señor con gran mortandad.

34Aquel lugar se llamó a Quibrot Hatavá, porque allí fue sepultada la muchedumbre de los que se habían dejado llevar de la glotonería.

35De Quibrot Hatavá partió el pueblo hacia Jaserot y se quedaron en Jaserot.

Números 12

1María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado por esposa. Decían:

2«¿Ha hablado el Señor solo a través de Moisés? ¿No ha hablado también a través de nosotros?». El Señor lo oyó.

3Moisés era un hombre muy humilde, más que nadie sobre la faz de la tierra.

4De repente, el Señor habló a Moisés, Aarón y María: «Salid los tres hacia la Tienda del Encuentro».Y los tres salieron.

5El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la Tienda, y llamó a Aarón y a María.

6y el Señor les habló: «Escuchad mis palabras: si hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños;

7no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos.

8A él le hablo cara a cara; abiertamente y no por enigmas; y contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?».

9La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó.

10Al apartarse la Nube de la Tienda, María estaba leprosa, con la piel como la nieve. Aarón se volvió hacia ella y vio que estaba leprosa.

11Entonces Aarón dijo a Moisés: «Perdón, señor. No nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente.

12No dejes a María como un aborto que sale del vientre con la mitad de la carne consumida».

13Moisés suplicó al Señor: «Por favor, cúrala».

14El Señor respondió a Moisés: «Si su padre le hubiera escupido en la cara, ¿no habría tenido que pasar siete días de vergüenza? Que quede siete días fuera del campamento y luego se incorpore de nuevo».

15María quedó siete días excluida del campamento. Pero el pueblo no partió hasta que ella se reincorporó.

16El pueblo marchó de Jaserot y acampó en el desierto de Farán.

Juan 17

1Así habló Jesús y, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti

2y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado.

3Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

4Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste.

5Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

6He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.

7Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti,

8porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

9Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos.

10Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.

11Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

12Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.

13Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.

14Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno.

16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad.

18Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo.

19Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

20No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos,

21para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

22Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno;

23yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

24Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

25Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste.

26Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Juan 18

1Después de decir esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos.

2Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

3Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas.

4Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?».

5Le contestaron: «A Jesús, el Nazareno». Les dijo Jesús: «Yo soy». Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar.

6Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra.

7Les preguntó otra vez: «¿A quién buscáis?». Ellos dijeron: «A Jesús, el Nazareno».

8Jesús contestó: «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».

9Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».

10Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco.

11Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».

12La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron

13y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año;

14Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

15Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote,

16mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

17La criada portera dijo entonces a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». Él dijo: «No lo soy».

18Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

19El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.

20Jesús le contestó: «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas.

21¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».

22Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?».

23Jesús respondió: «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?».

24Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

25Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?». Él lo negó, diciendo: «No lo soy».

26Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: «¿No te he visto yo en el huerto con él?».

27Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.

29Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».

30Le contestaron: «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».

31Pilato les dijo: «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley». Los judíos le dijeron: «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».

32Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

33Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el rey de los judíos?».

34Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».

35Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

36Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».

37Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

38Pilato le dijo: «Y ¿qué es la verdad?». Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro en él ninguna culpa.

39Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

40Volvieron a gritar: «A ese no, a Barrabás». El tal Barrabás era un bandido.