Lectura 3 de 365
Génesis 7-9 · Mateo 5-6
Génesis 7
1El Señor dijo a Noé: «Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación.
2De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra;
3y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra.
4Dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie del suelo a todos los vivientes que he hecho».
5Noé hizo todo lo que le mandó el Señor.
6Tenía Noé seiscientos años cuando vino el diluvio a la tierra.
7Noé entró en el arca con sus hijos, su mujer y sus nueras, para librarse de las aguas del diluvio.
8De los animales puros e impuros, de las aves y de todos los reptiles de la tierra,
9entraron con Noé en el arca de dos en dos, macho y hembra, como Dios había mandado a Noé.
10Pasados siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra.
11En el año seiscientos de la vida de Noé, el día diecisiete del segundo mes, reventaron las fuentes del gran abismo y se abrieron las compuertas del cielo,
12y estuvo lloviendo sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
13Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y sus tres nueras;
14y con ellos toda clase de fieras, de ganados, de reptiles, que se arrastran por la tierra, y de aves (pájaros y seres alados), según sus especies.
15Entraron con Noé en el arca parejas de todas las criaturas con aliento vital;
16de todas las criaturas entraron macho y hembra, como se lo había mandado Dios. Y tras él cerró el Señor la puerta.
17El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra; el agua creció y levantó el arca, que se alzó por encima de la tierra.
18El agua se hinchaba y crecía mucho sobre la tierra y el arca flotaba sobre la superficie del agua.
19El agua se hinchaba más y más sobre la tierra, hasta cubrir las montañas más altas bajo el cielo;
20unos siete metros por encima subió el agua, cubriendo las montañas.
21Perecieron todas las criaturas que se movían en la tierra: aves, ganados, fieras y cuanto bullía sobre la tierra; y todos los hombres.
22Todo lo que exhalaba aliento de vida, todo cuanto existía en la tierra firme, murió.
23Así fueron exterminados todos los seres de la superficie del suelo, desde los hombres hasta los ganados, los reptiles y las aves del cielo; todos fueron exterminados de la tierra. Solo quedó Noé y los que estaban con él en el arca.
24Las aguas llenaron la tierra durante ciento cincuenta días.
Génesis 8
1Entonces Dios se acordó de Noé, de todas las fieras y de todo el ganado que estaban con él en el arca; Dios hizo soplar el viento sobre la tierra y el agua comenzó a bajar.
2Se cerraron los manantiales del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo.
3El agua se fue retirando poco a poco de la tierra y decreció, de modo que a los ciento cincuenta días,
4el día diecisiete del mes séptimo, el arca encalló sobre las montañas de Ararat.
5El agua continuó disminuyendo hasta el mes décimo, y el día primero de ese mes asomaron los picos de las montañas.
6Pasados cuarenta días, Noé abrió la claraboya que había hecho en el arca
7y soltó el cuervo, que estuvo saliendo y retornando hasta que se secó el agua en la tierra.
8Después soltó la paloma, para ver si había menguado el agua sobre la superficie del suelo.
9Pero la paloma no encontró donde posarse y volvió al arca, porque todavía había agua sobre la superficie de toda la tierra. Él alargó su mano, la agarró y la metió consigo en el arca.
10Esperó otros siete días y de nuevo soltó la paloma desde el arca.
11Al atardecer, la paloma volvió con una hoja verde de olivo en el pico. Noé comprendió que el agua había menguado sobre la tierra.
12Esperó todavía otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió.
13El año seiscientos uno, el día primero del mes primero se secó el agua en la tierra. Noé abrió la claraboya del arca, miró y vio que la superficie del suelo estaba seca.
14El día veintisiete del mes segundo la tierra estaba seca.
15Entonces dijo Dios a Noé:
16«Sal del arca con tu mujer, tus hijos y tus nueras.
17Haz salir también todos los animales que están contigo, todas las criaturas: aves, ganados y reptiles; que se muevan por la tierra, sean fecundos y se multipliquen en ella».
18Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y sus nueras.
19También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que se mueven sobre la tierra.
20Noé construyó un altar al Señor, tomó animales y aves de toda especie pura y los ofreció en holocausto sobre el altar.
21El Señor olió el aroma que aplaca y se dijo: «No volveré a maldecir el suelo a causa del hombre, porque la tendencia del corazón humano es mala desde la juventud. No volveré a destruir a los vivientes como acabo de hacerlo.
22Mientras dure la tierra no han de faltar siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche».
Génesis 9
1Dios bendijo a Noé y a sus hijos diciéndoles: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra.
2Todos los animales de la tierra y todas las aves del cielo os temerán y os respetarán; todos los reptiles del suelo y todos los peces del mar están a vuestra disposición.
3Todo lo que vive y se mueve os servirá de alimento: os lo entrego todo, lo mismo que los vegetales.
4Pero no comáis carne con sangre, que es su vida.
5Pediré cuentas de vuestra sangre, que es vuestra vida; se las pediré a cualquier animal. Y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano.
6Quien derrame la sangre de un hombre, por otro hombre será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre.
7Vosotros sed fecundos y multiplicaos, moveos por la tierra y dominadla».
8Dios dijo a Noé y a sus hijos:
9«Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes,
10con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra.
11Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra».
12Y Dios añadió: «Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones:
13pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra.
14Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco
15y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes.
16Aparecerá el arco en las nubes, y al verlo recordaré la alianza perpetua entre Dios y todos los seres vivientes, todas las criaturas que existen sobre la tierra».
17Aún dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que establezco con toda criatura que existe en la tierra».
18Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán.
19Estos tres son los hijos de Noé que se propagaron por toda la tierra.
20Noé era agricultor y fue el primero en plantar una viña.
21Bebió del vino, se emborrachó y quedó desnudo dentro de su tienda.
22Cam, padre de Canaán, vio a su padre desnudo y salió a contárselo a sus dos hermanos.
23Sem y Jafet tomaron el manto, se lo echaron ambos sobre sus hombros y, caminando de espaldas, taparon la desnudez de su padre; como tenían el rostro vuelto, no vieron desnudo a su padre.
24Cuando Noé se despertó de la borrachera y se enteró de lo que había hecho con él su hijo menor,
25dijo: «Maldito sea Canaán. Sea el último siervo de sus hermanos».
26Y añadió: «Bendito sea el Señor, Dios de Sem. Sea Canaán su siervo.
27El Señor haga fecundo a Jafet, y more en las tiendas de Sem y sea Canaán su siervo».
28Noé vivió después del diluvio trescientos cincuenta años.
29Noé vivió un total de novecientos cincuenta años.
Mateo 5
1Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos;
2y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
13Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
14Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
15Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
16Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
17No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
18En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
19El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
20Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
21Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
22Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego.
23Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti,
24deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
25Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel.
26En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
27Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
28Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
29Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna.
30Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna.
31Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
32Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
33También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
34Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios;
35ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey.
36Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello.
37Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.
38Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”.
39Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra;
40al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto;
41a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos;
42a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
43Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
44Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,
45para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
46Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?
47Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?
48Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Mateo 6
1Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
2Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
3Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
6Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
7Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso.
8No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.
9Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,
10venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
11danos hoy nuestro pan de cada día,
12perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
13no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.
14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial,
15pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
16Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,
18para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
19No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban.
20Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban.
21Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.
22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz;
23pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!
24Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
25Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
27¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
28¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan.
29Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos.
30Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
31No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir.
32Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
33Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura.
34Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.