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Lectura 39 de 365

Levítico 25-27 · Juan 9-10

Letra: Normal

Levítico 25

1El Señor habló a Moisés en el monte Sinaí:

2«Di a los hijos de Israel: “Cuando entréis en la tierra que yo voy a daros, la tierra gozará también de su descanso en honor del Señor.

3Seis años sembrarás tu campo, seis años podarás tu viña y la vendimiarás;

4pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un sábado en honor del Señor: no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña.

5No segarás los rebrotes de la última siega, ni vendimiarás los racimos de tu viña inculta. Será año de descanso completo para la tierra.

6La tierra, incluso en su descanso, os alimentará a ti, y a tu siervo, y a tu sierva, y a tu jornalero, y al emigrante que vive contigo.

7Todo lo que produzca servirá de pasto también a tus ganados y a los animales salvajes.

8Haz el cómputo de siete semanas de años, siete veces siete, de modo que las sietes semanas de años sumarán cuarenta y nueve años.

9El día diez del séptimo mes harás oír el son de la trompeta: el día de la expiación haréis resonar la trompeta por toda vuestra tierra.

10Declararéis santo el año cincuenta y promulgaréis por el país liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo: cada uno recobrará su propiedad y retornará a su familia.

11El año cincuenta será para vosotros año jubilar: no sembraréis, ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis las cepas no cultivadas.

12Porque es el año jubilar, que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que den vuestros campos por sí mismos.

13En este año jubilar cada uno recobrará su propiedad.

14Si vendes o compras algo a tu prójimo, que nadie perjudique a su hermano.

15Lo que compres a tu prójimo se tasará según el número de años transcurridos después del jubileo. Él te lo cobrará según el número de cosechas restantes:

16cuantos más años falten, más alto será el precio; cuantos menos, tanto menor será el precio. Porque lo que él te vende es el número de cosechas.

17Que nadie perjudique a su prójimo. Y teme a tu Dios, porque yo soy el Señor, vuestro Dios.

18Cumplid mis leyes y guardad mis normas, poniéndolas por obra; así viviréis seguros en esta tierra.

19Y la tierra dará sus frutos, y comeréis hasta saciaros; y habitaréis seguros en ella.

20Si os preguntáis: ¿Qué vamos a comer el año séptimo, si no podremos sembrar ni recoger la cosecha?,

21yo os mandaré mi bendición para el año sexto, de modo que produzca para tres años.

22Cuando sembréis el año octavo, seguiréis todavía comiendo de la cosecha anterior. Hasta que recojáis la nueva cosecha del año noveno, seguiréis comiendo de la anterior.

23La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois emigrantes y huéspedes en mi tierra.

24En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho de rescate de la tierra.

25Si un hermano tuyo se empobrece y vende parte de su propiedad, su pariente más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano.

26Y si alguien no tiene quien lo rescate, pero él mismo adquiere recursos suficientes para el rescate,

27descontará los años pasados desde la venta y abonará al comprador lo que falta; así recobrará su propiedad.

28Pero si no obtiene lo suficiente para recobrarla, la propiedad vendida quedará en poder del comprador hasta el año jubilar, y en el año jubilar quedará libre; y volverá a ser propiedad del vendedor.

29Si uno vende una vivienda en ciudad amurallada, tiene derecho a rescatarla hasta que se cumpla el año de su venta; su derecho de rescate dura un año.

30Si no ha sido rescatada en el plazo de un año, la casa situada en ciudad amurallada será a perpetuidad del comprador y de sus descendientes, y no quedará libre en el año jubilar.

31En cambio, las casas de las aldeas no amuralladas serán consideradas como fincas rústicas: gozarán de derecho de rescate y en el año jubilar quedarán libres.

32Los levitas tendrán derecho perpetuo de rescate sobre las casas que tienen en las ciudades de su propiedad.

33Si no se rescata algo perteneciente a un levita, lo que ha vendido, cuando es casa en una ciudad de su propiedad, quedará libre en el año jubilar; porque las casas de las ciudades de los levitas son su propiedad entre los hijos de Israel.

34Los campos que rodean sus ciudades no pueden ser vendidos, pues son propiedad suya a perpetuidad.

35Si un hermano tuyo se empobrece y no se puede mantener, lo sustentarás como al emigrante o al huésped, para que pueda vivir contigo.

36No le exigirás interés ni recargo, sino que temerás a tu Dios y dejarás vivir a tu hermano contigo.

37No le prestarás dinero con interés ni le darás víveres con recargo.

38Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán y ser vuestro Dios.

39Si un hermano tuyo se empobrece en sus negocios contigo y se te vende, no le impondrás trabajos de esclavo;

40estará contigo como jornalero o como huésped, y trabajará junto a ti hasta el año del jubileo.

41Entonces saldrá libre de tu casa, él y sus hijos con él, y volverá a su familia y a la propiedad de sus padres.

42Al ser siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto, no pueden ser vendidos como esclavos.

43No lo tratarás con dureza, sino que temerás a tu Dios.

44Los siervos y las siervas que poseas, serán de los pueblos que os rodean; de ellos podréis adquirir siervos y siervas.

45También podréis comprarlos de entre los hijos de los huéspedes que residen entre vosotros, y de la familia que vive entre vosotros y les ha nacido en vuestra tierra. Esos pueden ser propiedad vuestra

46y los podréis dejar en herencia como propiedad perpetua a los hijos que os sucedan. A esos los podréis tener como siervos; pero en cuanto a vuestros hermanos, los hijos de Israel, nadie tratará a su hermano con dureza.

47Si el emigrante o huésped que mora contigo adquiere bienes, y un hermano tuyo se empobrece en negocios que tiene con él, y se vende al emigrante que mora contigo, o a algún descendiente de la familia del emigrante,

48después de haberse vendido le quedará el derecho de rescate: lo rescatará uno de sus hermanos,

49su tío paterno, o su primo, o algún otro pariente cercano dentro de su familia; él mismo podrá también rescatarse si le alcanzan los recursos.

50Calculará con su comprador los años desde el año de la venta hasta el año jubilar; y el precio se calculará en proporción a los años, valorando sus días de trabajo como los de un jornalero.

51Si faltan todavía muchos años, en proporción a ellos devolverá, como precio de su rescate, una parte del precio de venta.

52Si faltan pocos años para el jubileo, se hará el cálculo en proporción a ellos, y lo pagará como rescate:

53como un jornalero que se ajusta año por año. No permitas que se le trate con dureza ante tus propios ojos.

54Pero, si no es rescatado de alguna de esas maneras, quedará libre el año del jubileo, él y sus hijos con él.

55Porque los hijos de Israel me pertenecen a mí como siervos; siervos míos son, que yo los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor, vuestro Dios.

Levítico 26

1No os hagáis ídolos, ni erijáis imágenes o estelas, ni coloquéis en vuestra tierra piedras talladas para postraros ante ellas, porque yo soy el Señor, vuestro Dios.

2Guardad mis sábados, y respetad mi Santuario. Yo soy el Señor.

3Si camináis según mis preceptos y guardáis mis mandamientos, poniéndolos en práctica,

4yo os mandaré las lluvias a su tiempo, para que la tierra dé sus cosechas y el árbol del campo dé su fruto.

5El tiempo de trilla alcanzará hasta la vendimia, y la vendimia hasta la sementera; comeréis vuestro pan hasta saciaros y habitaréis tranquilos en vuestra tierra.

6Yo traeré la paz al país y dormiréis sin que nadie perturbe vuestro sueño; haré desaparecer del país las fieras, y la espada no traspasará vuestras fronteras.

7Perseguiréis a vuestros enemigos; que caerán ante vosotros a filo de espada.

8Cinco de vosotros pondréis en fuga a cien, y cien de vosotros a diez mil; vuestros enemigos caerán ante vosotros a filo de espada.

9Me volveré hacia vosotros, os haré fecundos, os multiplicaré y mantendré mi alianza con vosotros.

10Comeréis de la cosecha añeja y tendréis que tirar la añeja para hacer sitio a la nueva.

11Pondré mi morada en medio de vosotros y no os rechazaré.

12Me pasearé en medio de vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.

13Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus esclavos; rompí las coyundas de vuestro yugo y os hice andar con la cabeza bien alta.

14Pero, si no me escucháis ni cumplís todos estos mandamientos;

15si despreciáis mis preceptos y rechazáis mis normas, no haciendo caso de todos mis mandamientos y rompiendo mi alianza,

16yo también haré lo mismo con vosotros. Daré suelta sobre vosotros al terror, a la tisis y a la fiebre, que os abrasen los ojos y os consuman la vida. Sembraréis en vano vuestra semilla, pues la cosecha se la comerán vuestros enemigos.

17Me volveré contra vosotros y sucumbiréis ante vuestros enemigos; os tiranizarán los que os aborrecen y huiréis sin que nadie os persiga.

18Si ni aun así me obedecéis, os castigaré siete veces más por vuestros pecados.

19Quebrantaré vuestro orgullo y vuestra fuerza. Convertiré vuestro cielo en hierro y en bronce vuestra tierra.

20Vuestras fuerzas se consumirán en vano, pues vuestra tierra no dará sus cosechas y el árbol del campo os negará sus frutos.

21Y si seguís enfrentándoos a mí y no queréis oírme, os castigaré siete veces más por vuestros pecados.

22Daré suelta contra vosotros a fieras salvajes, que os privarán de vuestros hijos, acabarán con vuestro ganado y os reducirán a unos pocos, hasta que vuestros caminos queden desiertos.

23Si ni aun así escarmentáis, sino que seguís enfrentándoos a mí,

24también yo me enfrentaré a vosotros, y os azotaré yo mismo siete veces más por vuestros pecados.

25Traeré sobre vosotros la espada vengadora de la alianza. Os refugiaréis entonces en vuestras ciudades, pero yo enviaré contra vosotros la peste y seréis entregados en manos del enemigo.

26Cuando yo os retire el sustento del pan, diez mujeres cocerán todo vuestro pan en un solo horno, y os lo darán tan racionado que comeréis y no os saciaréis.

27Si ni con eso me obedecéis y seguís enfrentándoos a mí,

28yo me enfrentaré a vosotros con furia y os castigaré yo mismo siete veces más por vuestros pecados.

29Comeréis la carne de vuestros hijos y la carne de vuestras hijas comeréis.

30Destruiré vuestros altos, demoleré vuestros altares de incienso, amontonaré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos y os aborreceré.

31Reduciré vuestras ciudades a ruina y asolaré vuestros santuarios, no aspiraré ya más los aromas que me aplacan.

32Asolaré el país y quedarán horrorizados de ello vuestros mismos enemigos cuando vengan a ocuparlo.

33A vosotros os aventaré entre las naciones y os perseguiré con la espada desenvainada. Vuestra tierra será un yermo y vuestras ciudades una ruina.

34Entonces gozará la tierra de sus sábados, durante todo el tiempo en que esté desolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; entonces sí que descansará la tierra y gozará de sus sábados.

35Durante todo el tiempo de la desolación descansará, por lo que no pudo descansar en vuestros sábados cuando habitabais en ella.

36A los que queden de vosotros, les infundiré pánico en sus corazones, en la tierra de sus enemigos; el susurro de una hoja que vuela los pondrá en fuga: huirán como quien huye de la espada, y caerán sin que nadie los persiga.

37Se atropellarán unos a otros, como quien huye de la espada, sin que nadie los persiga. No podréis manteneros delante de vuestros enemigos.

38Pereceréis entre las naciones y os tragará la tierra de vuestros enemigos.

39Y quienes sobrevivan, se pudrirán a causa de su iniquidad en las tierras de vuestros enemigos; por las iniquidades de sus padres unidas a las suyas se pudrirán.

40Entonces confesarán su iniquidad y la iniquidad de sus padres, cómo se rebelaron contra mí y se enfrentaron conmigo.

41También yo me he enfrentado con ellos y los he llevado a la tierra de sus enemigos. Entonces se humillará su corazón incircunciso y expiarán su iniquidad.

42Y yo me acordaré de mi alianza con Jacob y de mi alianza con Isaac; y de mi alianza con Abrahán; y me acordaré de la tierra.

43Pero la tierra será antes abandonada por ellos y gozará de sus sábados, mientras quede desolada durante su ausencia; y ellos pagarán el castigo de su iniquidad, por haber desechado mis normas y haber desdeñado su alma mis preceptos.

44Pero incluso cuando estén ellos en tierra enemiga, no los desecharé ni los aborreceré hasta exterminarlos y romper mi alianza con ellos, porque yo soy el Señor, su Dios.

45Me acordaré en favor de ellos de la alianza que hice con sus padres, a quienes saqué de la tierra de Egipto, ante los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo soy el Señor”».

46Estos son los preceptos, las normas y las leyes que el Señor estableció entre él y los hijos de Israel en el monte Sinaí, por medio de Moisés.

Levítico 27

1El Señor habló así a Moisés:

2«Di a los hijos de Israel: “Si alguien quiere cumplir ante el Señor un voto relativo a una persona, la estimación de su valor será la siguiente:

3si es un varón entre veinte y sesenta años, se estimará su valor en unos seiscientos gramos de plata, según los pesos del Santuario.

4Si es una mujer, el valor será de unos trescientos sesenta gramos.

5Entre los cinco y los veinte años el valor será: si es chico, de unos doscientos cuarenta gramos; si es chica, de unos ciento veinte gramos.

6Entre un mes y cinco años, el valor será: si es niño, de unos sesenta gramos de plata; si es niña, de unos treinta y seis gramos de plata.

7De sesenta años para arriba el valor será: para un varón, de unos ciento ochenta gramos; para una mujer, de unos ciento veinte gramos.

8Si uno es tan pobre que no puede pagar esta valoración, presentará la persona al sacerdote, el cual estimará su valor; la valorará en proporción a los recursos del oferente.

9Si es un animal de los que se pueden ofrecer al Señor, todo el que se entregue así al Señor es cosa sagrada.

10No se puede cambiar ni sustituir, ni bueno por malo, ni malo por bueno; y si se sustituye un animal por otro, tanto el uno como el otro son cosa sagrada.

11Mas si se trata de un animal impuro, de los que no pueden ser ofrecidos al Señor, el animal será presentado al sacerdote,

12que lo tasará según sea bueno o malo; y se estará a su tasación.

13Si uno quiere rescatarlo, añadirá un quinto más al valor de la tasación.

14Si alguno consagra su casa como cosa sagrada del Señor, el sacerdote la tasará, según que sea buena o mala. Habrá que estar a la tasación del sacerdote.

15Si el que consagró la casa desea rescatarla, añadirá la quinta parte al precio de su tasación y será suya.

16Si uno consagra parte de un campo de su patrimonio al Señor, será tasado según su sembradura: a razón de unos seiscientos gramos de plata por cada carga de cebada de sembradura.

17Si consagra su campo durante el año del jubileo, esa será la tasación.

18Pero si consagra su campo después del año jubilar, el sacerdote calculará su precio según los años que quedan hasta el año del jubileo; con el consiguiente descuento en la tasación.

19Si el que consagró el campo desea rescatarlo, añadirá la quinta parte al precio de la tasación y será suyo.

20Pero si no rescata el campo, o si lo vende a un tercero, el campo no podrá ser ya rescatado.

21Ese campo, cuando quede libre en el año jubilar, quedará consagrado al Señor, como si fuera campo de exterminio, y será propiedad del sacerdote.

22Si uno consagra al Señor un campo que compró y que no formaba parte de su patrimonio,

23el sacerdote calculará su valor según los años que faltan hasta el año del jubileo; y él pagará ese mismo día la suma de la tasación como cosa sagrada del Señor.

24El año del jubileo volverá el campo a aquel que lo había vendido, a aquel a quien pertenecía como patrimonio.

25Toda tasación se hará en siclos del Santuario; un siclo equivale a veinte óbolos.

26Nadie podrá consagrar los primogénitos de su ganado, que ya, por ser tales, pertenecen al Señor. Sean de ganado mayor o de ganado menor, pertenecen al Señor.

27Si se trata de un animal impuro y lo quiere rescatar según la tasación, añadirá un quinto a su precio. Si no es rescatado, será vendido, conforme a la tasación.

28Nada de lo que le pertenece a uno, sea hombre, o animal o campo de su propiedad, que haya sido consagrado al exterminio en honor del Señor podrá ser vendido ni rescatado. Todo lo consagrado al exterminio es cosa santísima y pertenece al Señor.

29Ningún ser humano consagrado al exterminio podrá ser rescatado; debe morir.

30El diezmo entero del campo, tanto de la siembra como de los frutos de los árboles, es del Señor; es cosa sagrada que pertenece al Señor.

31Si alguien quiere rescatar parte de su diezmo, añadirá un quinto de su valor.

32El diezmo del ganado mayor o menor, es decir, una de cada diez cabezas que pasen bajo el cayado, será cosa sagrada del Señor.

33No se escogerá entre animal bueno o malo, ni se le podrá sustituir; y si se hace cambio, tanto el uno como el otro serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados”».

34Estos son los mandamientos que el Señor encomendó a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.

Juan 9

1Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

2Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?».

3Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.

4Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas.

5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

6Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego,

7y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista.

8Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

9Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo».

10Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?».

11Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver».

12Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé».

13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

14Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.

15También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

16Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos.

17Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».

18Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres

19y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?».

20Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego;

21pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse».

22Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías.

23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».

24Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».

25Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo».

26Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?».

27Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?».

28Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.

29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene».

30Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos.

31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad.

32Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento;

33si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder».

34Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

35Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

36Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

37Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

38Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

39Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?».

41Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.

Juan 10

1En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido;

2pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.

3A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.

4Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz:

5a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

6Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.

7Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.

8Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

9Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

10El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas;

12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa;

13y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen,

15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

17Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla.

18Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

19De nuevo se produjo una escisión entre los judíos por causa de estas palabras.

20Muchos de ellos decían: «Tiene un demonio y está loco, ¿por qué lo escucháis?».

21Otros decían: «Estas no son palabras de un endemoniado; ¿cómo puede un demonio abrir los ojos a los ciegos?».

22Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno,

23y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

24Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

25Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí.

26Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.

27Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen,

28y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

29Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.

30Yo y el Padre somos uno».

31Los judíos agarraron de nuevo piedras para apedrearlo.

32Jesús les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».

33Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».

34Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”?

35Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura,

36a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”?

37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis,

38pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».

39Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos.

40Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

41Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».

42Y muchos creyeron en él allí.