Lectura 38 de 365
Levítico 22-24 · Juan 7-8
Levítico 22
1El Señor habló a Moisés:
2«Di a Aarón y a sus hijos que traten con respeto las ofrendas sagradas que los hijos de Israel me consagran, para no profanar mi santo nombre. Yo soy el Señor.
3Diles: “Cualquiera de vuestros descendientes, de cualquier generación, que se acerque en estado de impureza a las cosas sagradas que los hijos de Israel consagran al Señor, será excluido de mi presencia. Yo soy el Señor.
4Ningún descendiente de Aarón que sea leproso, o padezca flujo, comerá de las cosas santas hasta que se haya purificado. El que toque lo que está contaminado de impureza por contacto de cadáver, o el que haya tenido un derrame seminal,
5o el que haya tocado un bicho o a un hombre y haya contraído así alguna impureza;
6quien haya tocado esas cosas, quedará impuro hasta la tarde. No comerá de las cosas santas, sino que se bañará
7y, una vez que se ponga el sol, quedará limpio y podrá comer de las cosas santas, pues son su alimento.
8No comerá animal muerto o destrozado: quedaría impuro. Yo soy el Señor.
9Que guarden mis prescripciones; así no incurrirán en culpa ni tendrán que morir por haber cometido una profanación. Yo soy el Señor, el que los santifico.
10Ningún extraño comerá de las cosas santas; ni el huésped del sacerdote ni su jornalero comerán de las cosas santas.
11Pero si un sacerdote compra con su dinero una persona, esta podrá comer de las cosas santas; y también el siervo nacido en la casa: ambos pueden comer del alimento del sacerdote.
12La hija de un sacerdote, casada con un extraño, no podrá comer del tributo reservado de las cosas santas.
13Pero si la hija de un sacerdote queda viuda o es repudiada, y sin tener prole vuelve a la casa de su padre, podrá comer del alimento de su padre, como en su juventud. Pero ningún extraño podrá comerlo.
14Quien, por ignorancia, coma cosa santa, la restituirá al sacerdote, añadiendo un quinto.
15Los sacerdotes no profanarán las cosas santas traídas por los hijos de Israel, reservadas para el Señor,
16porque al comerlas incurrirían en una falta que exigiría reparación. Porque yo soy el Señor, el que los santifico”».
17El Señor habló a Moisés:
18«Di a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel: “Si un hombre de la casa de Israel, o de los emigrantes residentes en Israel, presenta una ofrenda de lo que se ofrece al Señor como holocausto, cumpliendo un voto o voluntariamente,
19para que la víctima sea aceptada favorablemente, habrá de ser macho, sin defecto, vacuno, ovino o cabrío.
20No ofrezcáis nada defectuoso, pues no os sería bien aceptado.
21Si uno ofrece al Señor ganado mayor o menor como sacrificio de comunión, cumpliendo un voto o voluntariamente, para que sea aceptado favorablemente habrá de ser una res sin defecto; no debe tener defecto alguno.
22No presentaréis ante el Señor animal ciego, cojo, mutilado, ulcerado, sarnoso o ruin; nada de eso pondréis sobre el altar como alimento que se quema para el Señor.
23Si el vacuno u ovino es desproporcionado o enano, lo podréis presentar como ofrenda voluntaria, pero no os sería aceptado cumpliendo voto.
24No ofreceréis al Señor animal que tenga los testículos aplastados, machacados, arrancados o cortados. No hagáis tales cosas en vuestra tierra.
25Tampoco recibiréis de la mano del extranjero nada de eso como alimento de vuestro Dios: tienen el defecto de la mutilación; no serían bien aceptados”».
26El Señor dijo a Moisés:
27«Cuando nazca un ternero, un cordero, o un cabrito, quedarán siete días con la madre. A partir del día octavo serán gratos como ofrenda de oblación para el Señor.
28No inmoléis en el mismo día vaca u oveja juntamente con su cría.
29Cuando ofrezcáis al Señor un sacrificio de acción de gracias, hacedlo de tal modo que os sea favorablemente aceptado:
30será comido el mismo día, sin dejar nada de él hasta la mañana siguiente. Yo soy el Señor.
31Guardad mis mandamientos poniéndolos por obra. Yo soy el Señor.
32No profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado entre los hijos de Israel. Yo soy el Señor, el que os santifica,
33el que os sacó de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo soy el Señor».
Levítico 23
1El Señor habló a Moisés:
2«Di a los hijos de Israel: “Estas son las festividades del Señor, en las que convocaréis asamblea litúrgica:
3Seis días se trabajará, pero el séptimo día será de total descanso y asamblea litúrgica. No haréis en él trabajo alguno. Es día de descanso dedicado al Señor dondequiera que habitéis.
4Estas son las festividades del Señor, las asambleas litúrgicas que convocaréis en las fechas señaladas.
5El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del Señor.
6El día quince del mismo mes, es la fiesta de los Panes Ácimos dedicada al Señor. Comeréis panes ácimos durante siete días.
7El primer día os reuniréis en asamblea litúrgica, y no haréis ningún trabajo servil.
8Los siete días ofreceréis al Señor oblaciones. El séptimo os volveréis a reunir en asamblea litúrgica, y no haréis ningún trabajo servil”».
9El Señor habló a Moisés:
10«Di a los hijos de Israel: “Cuando entréis en la tierra que yo os voy a dar y seguéis la mies, llevaréis al sacerdote una gavilla como primicia de vuestra cosecha.
11Este la balanceará ritualmente en presencia del Señor, para que os sea aceptada; la balanceará el sacerdote el día siguiente al sábado.
12El mismo día en que hagáis el balanceo con la gavilla, sacrificaréis un cordero de un año, sin defecto, como holocausto al Señor.
13La correspondiente oblación será de dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como oblación cuyo aroma aplaca al Señor, y la libación de vino será un cuarto de sextario.
14No comeréis ni pan ni grano tostado o crudo hasta el día mismo en que llevéis la ofrenda de vuestro Dios. Es una ley perpetua para todas vuestras generaciones, dondequiera que habitéis.
15A partir del día siguiente al sábado en que llevéis la gavilla para el balanceo ritual, contaréis siete semanas completas:
16contaréis cincuenta días hasta el día siguiente al séptimo sábado y ofreceréis una oblación nueva al Señor.
17Llevaréis de vuestras casas como ofrenda para el balanceo ritual dos panes, amasados con dos décimas de flor de harina y cocidos con levadura: son las primicias para el Señor.
18Juntamente con el pan ofreceréis al Señor siete corderos de un año, sin defecto, un novillo y dos carneros: serán el holocausto para el Señor, con su oblación y sus libaciones, como oblación de aroma que aplaca al Señor.
19Ofreceréis también un macho cabrío como sacrificio expiatorio y dos corderos de un año como sacrificio de comunión.
20El sacerdote ejecutará con ellos el balanceo ritual ante el Señor, junto con el pan de las primicias y con los dos corderos; son cosas consagradas al Señor y le pertenecen al sacerdote.
21Ese mismo día convocaréis asamblea litúrgica y no haréis ningún trabajo servil. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones, dondequiera que habitéis.
22Cuando cosechéis las mieses de vuestra tierra, no siegues hasta el borde extremo de tu campo, ni espigues los restos de tu mies; los dejarás para el pobre y para el emigrante. Yo soy el Señor, vuestro Dios”».
23El Señor habló a Moisés:
24«Di a los hijos de Israel: “El mes séptimo, el primer día del mes, será para vosotros de descanso solemne, conmemoración a toque de trompetas, asamblea litúrgica.
25No haréis ningún trabajo servil, y ofreceréis al Señor oblaciones”».
26El Señor dijo a Moisés:
27«El día diez del séptimo mes es el día de la Expiación. Os reuniréis en asamblea litúrgica, ayunaréis y ofreceréis al Señor una oblación.
28No haréis en ese día trabajo alguno, porque es el día de la Expiación, en el que se hace la expiación por vosotros en presencia del Señor, vuestro Dios.
29El que no ayune ese día será excluido de su pueblo.
30Yo excluiré de su pueblo al que haga en tal día un trabajo cualquiera.
31No haréis trabajo alguno. Es ley perpetua, para todas vuestras generaciones, dondequiera que habitéis.
32Será para vosotros día de descanso solemne y ayunaréis; guardaréis descanso del día nueve del mes al día diez, de tarde a tarde».
33El Señor habló a Moisés:
34«Di a los hijos de Israel: “El día quince de ese séptimo mes comienza la fiesta de las Tiendas dedicada al Señor; y dura siete días.
35El día primero os reuniréis en asamblea litúrgica. No haréis trabajo servil alguno.
36Los siete días ofreceréis al Señor oblaciones. Al octavo volveréis a reuniros en asamblea litúrgica y ofreceréis al Señor oblaciones. Es día de reunión religiosa solemne. No haréis trabajo servil alguno.
37Estas son las festividades del Señor, en las que os reuniréis en asamblea litúrgica, y ofreceréis al Señor oblaciones, holocaustos y ofrendas, sacrificios de comunión y libaciones, según corresponda a cada día,
38sin contar los sábados del Señor, ni vuestros donativos, ni todos vuestros votos, ni todas las ofrendas que ofrezcáis voluntariamente al Señor.
39Desde el día quince del séptimo mes, después de haber recogido la cosecha, celebraréis la fiesta en honor del Señor durante siete días. El primer día será de descanso solemne e igualmente el octavo.
40El primer día tomaréis los frutos más hermosos de los árboles, ramos de palmera, ramas de árboles frondosos y de sauces de las riberas; y os regocijaréis en la presencia del Señor, vuestro Dios, por espacio de siete días.
41Todos los años celebraréis fiesta en honor del Señor durante siete días. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones. La celebraréis en el séptimo mes.
42Durante los siete días habitaréis en cabañas. Todos los naturales de Israel morarán en cabañas,
43para que sepan vuestros descendientes que yo hice habitar en cabañas a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor, vuestro Dios”».
44Así promulgó Moisés a los hijos de Israel las festividades del Señor.
Levítico 24
1El Señor dijo a Moisés:
2«Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de aceitunas molidas para el alumbrado, para alimentar continuamente la lámpara.
3Aarón la preparará fuera del velo del Testimonio, en la Tienda del Encuentro, para que arda ante el Señor de continuo, de la tarde a la mañana. Es ley perpetua, para todas vuestras generaciones.
4Él colocará las lámparas en el candelabro de oro puro para que ardan ante el Señor continuamente.
5Tomarás flor de harina, y cocerás con ella doce tortas, de dos décimas cada una.
6Las colocarás en dos pilas, seis en cada pila, sobre la mesa de oro puro, en la presencia del Señor.
7Pondrás sobre cada pila incienso puro que será para el pan como un memorial, oblación para el Señor.
8Todos los sábados, sin excepción, lo dispondrás en presencia del Señor de parte de los hijos de Israel, en señal de alianza perpetua.
9Será para Aarón y sus hijos, y lo comerán en lugar sagrado; porque es cosa santísima, tomada de las oblaciones quemadas para el Señor. Es ley perpetua».
10Había entre los hijos de Israel uno que era hijo de una mujer israelita, pero su padre era egipcio. Un día riñeron en el campo el hijo de la israelita y un hombre de Israel,
11y el hijo de la israelita blasfemó y maldijo el Nombre. Y lo llevaron ante Moisés. (Su madre se llamaba Selomit, hija de Dibrí, de la tribu de Dan).
12Lo tuvieron arrestado hasta que se decidiera el caso por sentencia del Señor.
13Entonces el Señor le dijo a Moisés:
14«Saca al blasfemo fuera del campamento. Que todos los que lo oyeron pongan las manos sobre su cabeza, y toda la asamblea lo apedree.
15Y dirás a los hijos de Israel: “Cualquiera que maldiga a su Dios, cargará con su pecado.
16Quien blasfeme el Nombre del Señor, será muerto; toda la comunidad lo apedreará. Sea emigrante o nativo, quien blasfeme el Nombre, morirá irremisiblemente.
17El que hiera mortalmente a cualquier otro hombre, morirá.
18El que hiera de muerte a un animal, lo indemnizará: animal por animal.
19Si alguien causa una lesión a su prójimo, se le hará lo mismo que hizo él:
20fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le causará a él la misma lesión que él haya causado al otro.
21El que mate un animal, indemnizará por él; mas el que mate a un hombre, morirá.
22Del mismo modo juzgarás al emigrante que al nativo; porque yo soy el Señor, vuestro Dios”».
23Moisés se lo comunicó a los hijos de Israel y sacaron al blasfemo fuera del campamento y lo apedrearon. Los hijos de Israel hicieron lo que el Señor había mandado a Moisés.
Juan 7
1Después de estas cosas, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo.
2Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
3Le decían sus hermanos: «Sal de aquí y marcha a Judea para que también tus discípulos vean las obras que haces,
4pues nadie obra nada en secreto, sino que busca estar a la luz pública. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo».
5Y es que tampoco sus hermanos creían en él.
6Jesús les dice: «Mi tiempo no ha llegado todavía, el vuestro está siempre dispuesto.
7El mundo no puede odiaros a vosotros, a mí sí me odia porque doy testimonio contra él de que sus obras son malas.
8Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo no se ha cumplido todavía».
9Después de decir estas cosas, permaneció en Galilea.
10Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
11Los judíos lo buscaban en la fiesta y decían: «¿Dónde está?»,
12y había muchos comentarios acerca de él entre las turbas. Unos decían: «Es bueno»; otros decían: «No, sino que engaña a la gente».
13Pero nadie hablaba de él en público por miedo a los judíos.
14A mitad de la fiesta, subió Jesús al templo y se puso a enseñar.
15Los judíos preguntaban extrañados: «¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?».
16Jesús entonces les contestó: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado;
17el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene de Dios o si hablo en mi nombre.
18Quien habla en su propio nombre busca su propia gloria; en cambio, el que busca la gloria del que lo ha enviado, ese es veraz y en él no hay injusticia.
19¿Acaso no os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué queréis matarme?».
20Respondió la gente: «Tienes un demonio, ¿quién quiere matarte?».
21Jesús les contestó: «He hecho una obra y todos os admiráis
22por ello. Moisés os dio la circuncisión —aunque no es de Moisés, sino de los patriarcas— y vosotros circuncidáis a un hombre en sábado.
23Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para que no se quebrante la ley de Moisés, ¿por qué os enojáis contra mí porque he curado en sábado a un hombre enteramente?
24No juzguéis según apariencia, sino juzgad según un juicio justo».
25Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar?
26Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?
27Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
28Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis;
29yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
30Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
31De la gente, muchos creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿acaso hará obras mayores que las que ha hecho este?».
32Oyeron los fariseos que la gente comentaba estas cosas sobre él, y los sumos sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para apresarlo.
33Jesús dijo: «Todavía un poco de tiempo estoy con vosotros y después voy al que me ha enviado.
34Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir».
35Decían los judíos unos a otros: «¿Adónde va a marchar este que no podamos encontrarlo? ¿Acaso va a marchar a la diáspora para instruir a los griegos?
36¿Qué significa esta palabra que dijo: “Me buscaréis y no me encontraréis, y donde yo estoy no podéis venir vosotros”?».
37El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba
38el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”».
39Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
40Algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta».
41Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?
42¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
43Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
44Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
45Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?».
46Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
47Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar?
48¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él?
49Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
50Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
51«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
52Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
53Y se volvieron cada uno a su casa.
Juan 8
1Por su parte, Jesús se retiró al monte de los Olivos.
2Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
3Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio,
4le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
5La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
6Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
7Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
8E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
9Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
10Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
11Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
12Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».
13Le dijeron los fariseos: «Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».
14Jesús les contestó: «Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.
15Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;
16y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado, el Padre;
17y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
18Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre».
19Ellos le preguntaban: «¿Dónde está tu Padre?». Jesús contestó: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».
20Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
21De nuevo les dijo: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
22Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
23Y él les dijo: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
24Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados».
25Ellos le decían: «¿Quién eres tú?». Jesús les contestó: «Lo que os estoy diciendo desde el principio.
26Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
27Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
28Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado.
29El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
30Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
31Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos;
32conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
33Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
34Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo.
35El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre.
36Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.
37Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros.
38Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
39Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán». Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán.
40Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán.
41Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre». Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
42Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.
43¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
44Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo porque es mentiroso y padre de la mentira.
45En cambio, a mí, porque os digo la verdad, no me creéis.
46¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?
47El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios».
48Le respondieron los judíos: «¿No decimos bien nosotros que eres samaritano y que tienes un demonio?».
49Contestó Jesús: «Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre y vosotros me deshonráis a mí.
50Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.
51En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
52Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”?
53¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
54Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”,
55aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra.
56Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
57Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
58Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
59Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.