Lectura 37 de 365
Levítico 19-21 · Juan 5-6
Levítico 19
1El Señor habló así a Moisés:
2«Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
3Respete cada uno a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
4No acudáis a ídolos ni os hagáis dioses de fundición. Yo soy el Señor vuestro Dios.
5Cuando ofrezcáis al Señor sacrificios de comunión, hacedlo de forma que os sean aceptados.
6La víctima será comida el mismo día de su inmolación o al día siguiente. Lo que sobre para el tercer día se quemará.
7Lo que se come al tercer día es alimento podrido: no será grato al Señor.
8El que lo coma, cargará con su culpa, por haber profanado lo santo del Señor, y será excluido de su pueblo.
9Cuando seguéis la mies de vuestras tierras, no desorillarás el campo, ni espigarás los restos de tu mies.
10Tampoco harás rebusco de tu viña ni recogerás las uvas caídas. Se lo dejarás al pobre y al emigrante. Yo soy el Señor vuestro Dios.
11No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.
12No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
13No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
14No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No daréis sentencias injustas.
15No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
16No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
17No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
18No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
19Guardad mis leyes. No cruzarás ganado de diversas especies. No sembrarás tu campo con dos especies diferentes de grano. No usarás ropa de tela de dos clases.
20Si un hombre se acuesta con una sierva desposada con otro, pero que no ha sido rescatada ni manumitida, se hará una investigación, pero no son reos de muerte, pues ella no era libre;
21él ofrecerá al Señor, como sacrificio de reparación, a la entrada de la Tienda del Encuentro, un carnero de reparación.
22Con el carnero de reparación, el sacerdote hará expiación ante el Señor por el pecado que cometió, y se le perdonará su pecado.
23Cuando entréis en la tierra y plantéis toda clase de árboles frutales, no recogeréis sus frutos inmediatamente; durante tres años los consideraréis como incircuncisos: no se podrán comer.
24El cuarto año todos sus frutos serán consagrados festivamente al Señor.
25El quinto año podréis ya comer de su fruto y almacenar su producto. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
26No comáis carne con su sangre. No practiquéis la adivinación ni la magia.
27No os rapéis en redondo la cabellera, ni os recortéis los bordes de la barba.
28No os hagáis incisiones en vuestra carne por un difunto; ni os hagáis tatuajes. Yo soy el Señor.
29No profanarás a tu hija prostituyéndola: se prostituiría la tierra y se llenaría de indecencias.
30Guardad mis sábados y honrad mi Santuario. Yo soy el Señor.
31No acudáis a nigromantes ni consultéis a adivinos. Quedaríais impuros por su causa. Yo soy el Señor vuestro Dios.
32Álzate ante las canas y honra al anciano. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
33Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis.
34El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios.
35No cometáis injusticias ni en los juicios, ni en medidas de longitud, de peso o de capacidad.
36Tened balanzas exactas, pesas exactas, fanegas exactas y cántaros exactos. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os sacó de Egipto.
37Cumplid todas mis leyes y mandatos poniéndolos por obra. Yo soy el Señor”».
Levítico 20
1El Señor habló a Moisés:
2«Esto dirás a los hijos de Israel: “Si un hombre cualquiera, israelita o emigrante que reside en Israel, entrega uno de sus hijos a Mólec, morirá sin remedio; el pueblo de la tierra lo apedreará.
3Yo mismo me volveré contra ese hombre y lo extirparé de su pueblo, por haber entregado un hijo suyo a Mólec, manchando mi Santuario y profanando mi nombre santo.
4Pero, si el pueblo de la tierra cierra los ojos ante ese hombre que entregó uno de sus hijos a Mólec, y no le da muerte,
5yo mismo me volveré contra ese hombre y contra su familia, y lo extirparé de su pueblo, a él y a todos los que como él se prostituyan con Mólec.
6Si alguien consulta a los nigromantes, o a los adivinos, prostituyéndose con ellos, yo me volveré contra él y lo extirparé de su pueblo.
7Santificaos y sed santos; porque yo soy el Señor, vuestro Dios.
8Guardad mis leyes y cumplidlas. Yo soy el Señor, el que os santifica
9El que maldiga a su padre o a su madre, morirá irremisiblemente: ha maldecido a su padre o a su madre; caiga su sangre sobre él.
10Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, serán castigados con la muerte: el adúltero y la adúltera.
11Si uno se acuesta con la mujer de su padre, descubre la desnudez de su padre: ambos morirán; caiga su sangre sobre ellos.
12Si un hombre se acuesta con su nuera, ambos morirán; han cometido una infamia: caiga su sangre sobre ellos.
13Si un varón se acuesta con otro varón como con una mujer, ambos han cometido una abominación: han de morir; caiga su sangre sobre ellos.
14Si uno toma por esposas a una mujer y a su madre, es algo horrible. Serán quemados tanto él como ellas para que no quede nada tan horrible entre vosotros.
15Al que se una con una bestia, se le dará muerte. Mataréis también la bestia.
16Si una mujer se acerca a una bestia y se une a ella, matarás a la mujer y a la bestia. Han de morir; caiga su sangre sobre ellas.
17Si alguien toma por esposa a su hermana por parte de padre o por parte de madre, y ve la desnudez de ella y ella ve la desnudez de él, es algo vergonzoso. Serán exterminados en presencia de los hijos de su pueblo. Ha descubierto la desnudez de una hermana suya: cargará con su iniquidad.
18Si uno se acuesta con una mujer durante sus reglas, descubriendo la desnudez de ella, él ha descubierto la fuente de su flujo y ella ha descubierto su propia fuente. Ambos serán excluidos de su pueblo.
19No descubras la desnudez de la hermana de tu madre ni de la hermana de tu padre, porque desnudas su propia carne: cargarán con su pecado.
20El que se acueste con la mujer de su tío paterno, descubre la desnudez de este. Cargarán con su pecado; no tendrán hijos.
21Si uno toma por esposa a la mujer de su hermano, es algo horrible, pues descubre la desnudez de su hermano; no tendrán hijos.
22Guardad todas mis leyes y todas mis normas, y cumplidlas; así no os vomitará la tierra a la que os llevo para que habitéis en ella.
23No imitéis las costumbres de los pueblos que voy a expulsar a vuestra llegada; pues me dan asco por obrar así.
24A vosotros os he dicho: ‘Tomaréis posesión de su tierra, que os daré en herencia, tierra que mana leche y miel’. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os he separado de esos pueblos.
25Habéis de distinguir entre animales puros e impuros, y entre aves impuras y puras; para que no os contaminéis, ni con animales, ni con aves, ni con reptiles, de los que yo he puesto aparte como impuros.
26Sed para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo, y os he separado de los demás pueblos para que seáis míos.
27El hombre o la mujer que practique el espiritismo o la adivinación, será castigado con la muerte: serán apedreados. Caiga su sangre sobre ellos”».
Levítico 21
1El Señor habló así a Moisés: «Di a los sacerdotes, hijos de Aarón: “Que ninguno contraiga impureza con el cadáver de alguno de los suyos,
2a no ser con el de un pariente cercano: la madre, el padre, un hijo, una hija, un hermano,
3una hermana virgen que viva con él y no haya sido desposada aún; por ella sí puede contraer impureza.
4Pero por una hermana casada, no debe contraer impureza; quedaría profanado.
5Los sacerdotes no se raparán la cabeza, ni se recortarán los bordes de la barba, ni se harán incisiones en su cuerpo.
6Han de ser santos para su Dios y no profanarán el nombre de su Dios, pues son ellos los que ofrecen los alimentos que se han de quemar para el Señor, el alimento de su Dios. Deben ser santos.
7No tomarán por esposa a una prostituta, ni a una violada, ni a una repudiada por su marido; pues el sacerdote está consagrado a su Dios.
8Considerarás al sacerdote como cosa santa, porque él es quien ofrece el alimento de tu Dios. Lo tendrás por santo, pues santo soy yo, el Señor, el que los santifico.
9Si la hija de un sacerdote se prostituye y se profana, a su padre profana; será quemada.
10El sumo sacerdote, el mayor entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el óleo de la unción y que recibió la investidura revistiéndose los ornamentos, no llevará desgreñada la cabellera ni se rasgará las vestiduras,
11ni se acercará a cadáver alguno; ni siquiera por su padre o por su madre se le permite contraer impureza.
12No saldrá del Santuario, y así no profanará el Santuario de su Dios; pues está consagrado con el óleo de la unción de su Dios. Yo soy el Señor.
13Tomará por esposa una virgen.
14No se casará con viuda, ni con repudiada, ni con profanada por prostitución, sino que tomará por esposa una virgen de su parentela.
15Así no profanará a su descendencia entre su pueblo, pues soy el Señor, el que lo santifico”».
16El Señor habló a Moisés:
17«Dile a Aarón: “Ninguno de tus descendientes, de cualquier generación, que tenga un defecto corporal, podrá acercarse a ofrecer el alimento de su Dios.
18Ningún hombre que tenga defecto corporal se acercará: ni ciego, ni cojo, ni deforme, ni monstruoso,
19ni lisiado, ni manco;
20ni jorobado, ni raquítico, ni con defecto en un ojo, ni sarnoso o tiñoso, ni eunuco.
21Ningún descendiente de Aarón que tenga defecto corporal puede acercarse a ofrecer las oblaciones quemadas en honor del Señor. Al tener un defecto, no puede acercarse a ofrecer el alimento de su Dios.
22Podrá comer del alimento de su Dios, de las cosas santísimas y de las santas;
23mas no podrá traspasar el velo ni acercarse al altar, porque tiene un defecto y profanaría mi Santuario, pues yo soy el Señor, el que los santifico”».
24Moisés comunicó esto a Aarón y a sus hijos y a todo Israel.
Juan 5
1Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales,
3y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
4[«que esperaban el movimiento de las aguas; pues el ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y se movía el agua y el primero que descendía a la piscina tras el movimiento de agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera».]
5Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?».
7El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
8Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
9Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado,
10y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
11Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
12Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
13Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
15Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
16Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
17Jesús les dijo: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
18Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
19Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo,
20pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
21Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
22Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio,
23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
24En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
25En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
26Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo.
27Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
28No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz:
29los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
30Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad.
34No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis.
35Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
36Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
37Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro,
38y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
39Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí,
40¡y no queréis venir a mí para tener vida!
41No recibo gloria de los hombres;
42además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
44¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
45No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.
46Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
47Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».
Juan 6
1Después de esto, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades).
2Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
3Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
6Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
7Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
10Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
11Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
12Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
13Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
15Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
16Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar,
17embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado;
18soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
19Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
20Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis».
21Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
22Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
23Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias.
24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
25Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
26Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
27Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
28Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
29Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».
30Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
32Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
34Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
35Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás;
36pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera,
38porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
39Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
40Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
41Los judíos murmuraban de él porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo»,
42y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».
43Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis.
44Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
45Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre.
47En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de la vida.
49Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron;
50este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
52Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
53Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
57Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
58Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
59Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
60Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
61Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?,
62¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?
63El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida.
64Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
65Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
66Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
67Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».
68Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna;
69nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
70Jesús le contestó: «¿Acaso no os he escogido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo».
71Lo decía por Judas, el hijo de Simón Iscariote, pues este lo iba a entregar, uno de los Doce.