Lectura 36 de 365
Levítico 16-18 · Juan 3-4
Levítico 16
1El Señor habló a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón que murieron al acercarse al Señor.
2El Señor mandó a Moisés: «Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier fecha en el Santuario, detrás del velo, ante el propiciatorio que cubre el Arca. Así no morirá. Porque yo me muestro en una nube sobre el propiciatorio.
3Estas son las condiciones para que pueda entrar Aarón en el Santuario: con un novillo para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto.
4Se vestirá la túnica sagrada de lino, se cubrirá con calzones de lino, se ceñirá una banda de lino y se pondrá un turbante de lino. Son vestiduras sagradas: las vestirá después de haberse bañado.
5Además, recibirá de la asamblea de los hijos de Israel dos machos cabríos para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto.
6Aarón ofrecerá su novillo expiatorio, y hará la expiación por sí mismo y por su casa.
7Después tomará los dos machos cabríos y los presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda del Encuentro.
8Sorteará los dos machos cabríos: uno para el Señor y otro para Azazel.
9Tomará el que haya tocado en suerte al Señor y lo ofrecerá en sacrificio expiatorio.
10El que haya tocado en suerte a Azazel lo presentará vivo ante el Señor, hará la expiación por él y después lo mandará al desierto, a Azazel.
11Aarón ofrecerá su novillo expiatorio y hará la expiación por sí mismo y por su familia; y lo degollará.
12Tomará del altar que está ante el Señor un incensario lleno de brasas y dos puñados de incienso aromático en polvo, y lo introducirá detrás del velo.
13Pondrá incienso sobre las brasas, ante el Señor, para que el humo del incienso oculte el propiciatorio que está sobre el Testimonio; y así no morirá.
14Después tomará sangre del novillo y salpicará con el dedo el propiciatorio, hacia oriente; después, ante el propiciatorio, hará siete aspersiones de sangre con el dedo.
15Degollará el macho cabrío, víctima expiatoria, presentado por el pueblo; llevará su sangre detrás del velo, igual que ha hecho con la sangre del novillo: la salpicará sobre el propiciatorio y delante de él.
16Así hará la expiación por el Santuario, por todas las impurezas y delitos de los hijos de Israel, por todos sus pecados. Lo mismo hará con la Tienda del Encuentro, que habita entre ellos, en medio de sus impurezas.
17Desde que Aarón entre a hacer la expiación hasta que salga no habrá nadie en la Tienda del Encuentro. Hará la expiación por sí mismo, por su casa y por toda la asamblea de Israel.
18Después saldrá, irá al altar que está ante el Señor y hará la expiación por él: tomará sangre del novillo y del macho cabrío, y untará con ella los salientes del altar.
19Salpicará la sangre con el dedo siete veces sobre el altar. Así lo consagrará y lo purificará de las impurezas de los hijos de Israel.
20Acabada la expiación tanto del Santuario como de la Tienda del Encuentro y del altar, Aarón presentará el macho cabrío vivo.
21Con las dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, confesará sobre él las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará encima de la cabeza al macho cabrío, y después, con el hombre designado para ello, lo mandará al desierto.
22Así el macho cabrío se lleva consigo, a región desierta, todas sus iniquidades. El encargado soltará el macho cabrío en el desierto.
23Después Aarón entrará en la Tienda del Encuentro, se quitará las vestiduras de lino que se había puesto para entrar en el Santuario y las dejará allí.
24Se bañará en lugar sagrado y se pondrá sus propios vestidos. Volverá a salir, ofrecerá su holocausto y el holocausto del pueblo. Hará la expiación por sí mismo y por el pueblo,
25y quemará sobre el altar la grasa de la víctima expiatoria.
26El que ha llevado el macho cabrío a Azazel lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.
27El novillo expiatorio y el macho cabrío expiatorio, cuya sangre se introdujo en el Santuario para hacer la expiación, se sacarán fuera del campamento; y se quemará piel, carne e intestinos.
28El encargado de quemarlos lavará sus vestidos, se bañará, y después podrá entrar en el campamento.
29Esta será para vosotros ley perpetua: el mes séptimo, el día décimo del mes, ayunaréis y no haréis trabajo alguno, ni el nativo ni el emigrante que reside entre vosotros.
30Porque ese día se hará la expiación por vosotros, para purificaros. Y quedaréis limpios delante del Señor de todos vuestros pecados.
31Será para vosotros día de descanso completo, en el que habéis de ayunar: es ley perpetua.
32Hará la expiación el sacerdote ungido, cuyas manos han sido consagradas para ejercer el sacerdocio como sucesor de su padre: él se revestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas,
33y hará la expiación del Santuario, de la Tienda del Encuentro y del altar. Hará también la expiación por los sacerdotes y por toda la asamblea del pueblo.
34Esta será para vosotros ley perpetua: hacer la expiación por todos los pecados de los hijos de Israel una vez al año». Y se hizo como el Señor había mandado a Moisés.
Levítico 17
1El Señor habló así a Moisés:
2«Di a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel: “Esta es la orden del Señor:
3cualquier hombre de la casa de Israel que mate buey, oveja o cabra dentro del campamento o fuera del mismo,
4y no los lleve a la entrada de la Tienda del Encuentro, para presentarlos como ofrenda al Señor ante su Morada, será reo de sangre. Ese hombre ha derramado sangre y será excluido de su pueblo.
5Así pues, los hijos de Israel han de presentar en honor del Señor al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, aquellas víctimas que matan en el campo, para que se ofrezcan como sacrificios de comunión.
6El sacerdote derramará la sangre sobre el altar del Señor, a la entrada de la Tienda del Encuentro, y quemará las grasas como aroma que aplaca al Señor.
7En adelante no seguirán inmolando sus sacrificios a los sátiros con los que se prostituían. Es ley perpetua para ellos, generación tras generación”.
8Diles también: “Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los emigrantes que residen entre ellos, que ofrezca holocausto o sacrificio de comunión,
9y no lo lleve a la entrada de la Tienda del Encuentro para sacrificarlo en honor del Señor, será excluido de su pueblo.
10Si un hombre cualquiera de la casa de Israel, o de los emigrantes que residen entre ellos, come cualquier clase de sangre, yo me volveré contra el que coma sangre y lo excluiré de su pueblo.
11Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo os he dado la sangre para hacer expiación sobre el altar por vuestras vidas, pues la expiación por la vida se hace con la sangre.
12Por eso tengo dicho a los hijos de Israel: ‘No comeréis sangre ninguno de vosotros, ni el emigrante que reside entre vosotros’.
13Cualquier hombre de los hijos de Israel, o de los emigrantes que residen entre ellos, que cace un animal o un ave comestible, derramará su sangre y la cubrirá con tierra.
14Porque la vida de toda carne está en su sangre. Por eso mandé a los hijos de Israel: ‘No comeréis la sangre de carne alguna, pues la vida de toda carne está en su sangre. Quien la coma, será excluido’.
15Todo nativo o emigrante que coma carne de bestia muerta o destrozada lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde; después será puro.
16Si no los lava ni se baña, cargará con su falta”».
Levítico 18
1El Señor habló así a Moisés:
2«Di a los hijos de Israel: “Yo soy el Señor, vuestro Dios.
3No hagáis lo que se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni lo que se hace en la tierra de Canaán, a donde os llevo; no sigáis sus costumbres.
4Cumplid mis normas y guardad mis preceptos, comportándoos de acuerdo con ellos. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
5Guardad mis preceptos y mis normas. Quien los cumpla, vivirá gracias a ellos. Yo soy el Señor.
6Ninguno de vosotros se acerque a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo soy el Señor.
7No descubrirás la desnudez de tu padre y de tu madre. Es tu madre; no descubrirás su desnudez.
8No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre: es la desnudez de tu padre.
9No descubrirás la desnudez de tu hermana por parte de padre o por parte de madre, nacida en casa o fuera de ella.
10No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija: es tu propia desnudez.
11No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada por tu padre: es tu hermana.
12No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre: es carne de tu padre.
13No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre: es carne de tu madre.
14No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre; no te acercarás a su mujer: es tu tía.
15No descubrirás la desnudez de tu nuera: es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez.
16No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano: es la desnudez de tu hermano.
17No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija, ni te unirás a la hija de su hijo o a la hija de su hija para descubrir su desnudez: son su propia carne; es una indecencia.
18No tomarás por esposa a una mujer y a su hermana cuando todavía vive la primera: harías a la segunda rival de la primera al descubrir también su desnudez.
19No te acercarás a una mujer durante su impureza menstrual descubriendo su desnudez.
20No te acostarás con la mujer de tu prójimo, haciéndote impuro con ella.
21No darás ningún hijo tuyo para hacerlo pasar por el fuego ante Mólec, profanando así el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
22No te acostarás con varón como con mujer: es una abominación.
23No te unirás con bestia haciéndote impuro con ella. Y la mujer no se ofrecerá a una bestia para unirse con ella: es una infamia.
24No os hagáis impuros con ninguna de estas prácticas, pues con ellas se han hecho impuras las naciones que yo voy a expulsar cuando lleguéis vosotros.
25Se ha manchado la tierra; por eso he castigado su iniquidad, y el país ha vomitado a sus habitantes.
26Vosotros, pues, guardad mis preceptos y mis normas, y no cometáis ninguna de esas abominaciones, ni los de vuestro pueblo ni los emigrantes que residen entre vosotros.
27Porque todas esas abominaciones las han cometido los hombres que habitaron el país antes que vosotros y por eso la tierra se ha contaminado.
28Que no os vaya a vomitar la tierra por vuestras impurezas, del mismo modo que vomitó a las naciones anteriores a vosotros;
29sino que quien cometa una de esas abominaciones sea excluido de su pueblo.
30Guardad, pues, mis prescripciones y no practiquéis ninguna de las costumbres abominables que se practicaban antes de llegar vosotros, para que no os hagáis impuros con ellas. Yo soy el Señor, vuestro Dios”».
Juan 3
1Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío.
2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
3Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
4Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
5Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
7No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”;
8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
10Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes?
11En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio.
12Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?
13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre,
15para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
16Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
19Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
20Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
21En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
22Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.
23También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba.
24A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.
25Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación;
26ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él».
27Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo.
28Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”.
29El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada.
30Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.
31El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos.
32De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio.
33El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida.
35El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.
36El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él».
Juan 4
1Cuando supo Jesús que habían oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba
2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3dejó Judea y partió de nuevo para Galilea.
4Era necesario que él pasara a través de Samaría.
5Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José;
6allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
7Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».
8Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
9La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
10Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
11La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;
12¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
13Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;
14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
15La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
16Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve».
17La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido:
18has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
19La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta.
20Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
21Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así.
24Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
25La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
26Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
27En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
28La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
29«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
30Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
31Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come».
32Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».
33Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?».
34Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
35¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega;
36el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
37Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega.
38Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
39En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
40Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
41Todavía creyeron muchos más por su predicación,
42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
43Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea.
44Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria».
45Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
46Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.
47Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
48Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».
49El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño».
50Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.
51Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.
52Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
53El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.
54Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.