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Lectura 362 de 365

Zacarías 10-11 · Salmos 147

Letra: Normal

Zacarías 10

1Pedid al Señor la lluvia tardía de primavera. El Señor, que crea aguaceros y provoca borrascas, dará a todos y a cada uno los pastos del campo.

2Pues los amuletos proclaman palabras sin sentido y los adivinos tienen visiones engañosas. Desvelan sueños vacíos, consuelos ilusorios. Por ello andan desperdigados lo mismo que ovejas, vagan dispersos por falta de pastor.

3Se enciende mi cólera contra los pastores, voy a pedir cuentas a los machos cabríos; el Señor del universo se preocupa por el rebaño, por la casa de Judá; hace de ellos su espléndido caballo de guerra.

4De ellos saldrán juntos piedra angular y estaca, arco guerrero y jefes todos.

5Serán como héroes, pisoteando en la guerra el barro de las calles. Y lucharán porque el Señor estará con ellos y los jinetes quedarán avergonzados.

6Haré aguerrida a la casa de Judá, salvaré a la casa de José; y los instalaré en su tierra, pues me he compadecido de ellos, como si nunca los hubiera aborrecido. Pues soy el Señor, su Dios, y les responderé.

7Los de Efraín serán unos valientes, sus corazones se alegrarán como con el vino; sus hijos lo verán y gozarán, sus corazones se regocijarán en el Señor.

8Los llamaré y los reuniré, pues los he rescatado. Serán tan numerosos como antes.

9Los dispersé entre las naciones, y aun en tierras lejanas me recordarán; criarán hijos y volverán.

10Los haré volver de Egipto, y de Asur los reuniré. A la tierra de Galaad y al Líbano los traeré, y ni siquiera eso les bastará.

11Atravesarán la angostura del mar, y el Señor golpeará sus olas, quedará seca la hondura del Nilo. Hundiré el orgullo de Asur y eliminaré el poder de Egipto.

12Los haré fuertes en el Señor, y en su nombre caminarán —oráculo del Señor—.

Zacarías 11

1Abre tus puertas, Líbano; devore el fuego tus cedros.

2Laméntate, ciprés, pues ha caído el cedro; los majestuosos árboles están asolados. Lamentaos, robles de Basán, pues ahí está, por tierra, el bosque impenetrable.

3Lamento de los pastores, pues quedó asolado su esplendor; rugido de los leones, pues quedó arrasada la espesura del Jordán.

4«Esto dice el Señor mi Dios: Apacienta las ovejas de matanza,

5esas que ellos compran y matan sin escrúpulos; sus compradores decían: “¡Bendito el Señor que me ha hecho rico!”. Pero los pastores no se compadecieron de ellas.

6Pues ya no volveré a compadecerme de los habitantes del país —oráculo del Señor—. Mirad: voy a entregar a todos y cada uno en manos de su vecino y de su rey, que arrasarán el país, y no los libraré de sus manos.

7Apacenté las ovejas de matanza para los tratantes de ovejas; tomé dos cayados: a uno llamé Bondad y al otro Concordia; y apacenté a las ovejas.

8Eliminé a tres pastores en un mes, pues me harté de ellos y ellos de mí».

9Y dije: «Ya no os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, y la que tenga que desaparecer, que desaparezca; y las que queden, que se coman unas a otras».

10Tomé el cayado Bondad y lo partí, para romper el acuerdo que había contraído con todos los pueblos.

11Aquel día quedó roto, y los tratantes de ovejas que me observaban se dieron cuenta de que era el que había hablado.

12Y les dije: «Si os parece bien, pagadme mi salario; si no, dejadlo». Y contaron mi salario: treinta monedas de plata.

13Me dijo el Señor: «Echa al tesoro el valioso precio en que me han tasado». Cogí las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del templo.

14Rompí el segundo cayado, Concordia, para deshacer la hermandad entre Judá e Israel.

15Me dijo el Señor: «Toma también los aparejos de un mal pastor,

16pues establezco un pastor en el país que no se ocupará de la oveja extraviada, ni buscará a la perdida, ni curará a la maltrecha, ni se preocupará de la sana, sino que se comerá la carne de las gordas y les arrancará las pezuñas».

17¡Ay del pastor inútil que pierde las ovejas! La espada le alcanzará el brazo y hasta el ojo derecho; se le secará totalmente el brazo, y el ojo derecho se le cegará.

Salmo 147

1Aleluya. Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

2El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel;

3él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.

4Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre.

5Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida.

6El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados.

7Entonad la acción de gracias al Señor, tocad la cítara para nuestro Dios,

8que cubre el cielo de nubes, preparando la lluvia para la tierra; que hace brotar hierba en los montes, para los que sirven al hombre;

9que da su alimento al ganado y a las crías de cuervo que graznan.

10No aprecia el vigor de los caballos, no estima los jarretes del hombre:

11el Señor aprecia a los que lo temen, que confían en su misericordia.

12 (1)Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión.

13 (2)Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;

14 (3)ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.

15 (4)Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz;

16 (5)manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza.

17 (6)Hace caer el hielo como migajas; ante su helada, ¿quien resistirá?

18 (7)envía una orden, y se derriten; sopla su aliento, y corren las aguas.

19 (8)Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel;

20 (9)con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. ¡Aleluya!