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Lectura 35 de 365

Levítico 13-15 · Juan 1-2

Letra: Normal

Levítico 13

1El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

2«Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca una llaga como de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón, o ante uno de sus hijos sacerdotes.

3El sacerdote examinará la llaga de la piel; si el pelo en ella se ha vuelto blanco, y la llaga aparece más hundida que la piel, es llaga de lepra. Una vez que el sacerdote lo haya comprobado, lo declarará impuro.

4Si es una mancha blanquecina en la piel, pero no aparece más hundida que la piel, y el pelo no se ha vuelto blanco, el sacerdote aislará al enfermo durante siete días.

5El séptimo día lo examinará; si comprueba que la llaga se ha estabilizado, sin extenderse por la piel, el sacerdote lo mantendrá aislado otros siete días.

6Pasados esos siete días, el sacerdote lo volverá a examinar: si ve que la llaga se ha descolorido y no se ha extendido por la piel, lo declarará puro; no es más que una erupción. El enfermo lavará sus vestidos y quedará puro.

7Pero si, después que el sacerdote lo ha examinado y declarado puro, la erupción sigue extendiéndose por la piel, se presentará de nuevo al sacerdote.

8El sacerdote lo examinará y, si la erupción se ha extendido por la piel, lo declarará impuro: es un caso de lepra.

9Cuando en alguien se manifieste una llaga como de lepra, será llevado al sacerdote.

10El sacerdote lo examinará y, si observa una inflamación blanquecina en la piel, y el color del pelo se ha vuelto blanco y se ha producido una úlcera en la inflamación,

11es un caso de lepra crónica; el sacerdote lo declarará impuro, sin necesidad de aislarlo, porque es impuro.

12Pero si la lepra se ha extendido por la piel hasta cubrir toda la piel del enfermo, de la cabeza a los pies, en cuanto puede apreciar el sacerdote,

13este lo examinará; y si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, declarará puro al afectado por la llaga: como toda su piel se ha vuelto blanca, es puro.

14Pero si se aprecia en él una úlcera, es impuro;

15en cuanto el sacerdote vea la úlcera, lo declarará impuro. La úlcera es impura; es lepra.

16Pero si la úlcera cambia otra vez y se vuelve blanca, el enfermo se presentará al sacerdote.

17El sacerdote lo examinará; si observa que la llaga se ha vuelto blanca, declarará puro al enfermo: es puro.

18Si uno ha tenido en la piel una úlcera, y se le ha curado,

19pero en el lugar de la úlcera aparece una inflamación blanquecina, o una mancha rojiza pálida, habrá de presentarse al sacerdote.

20El sacerdote lo examinará, y si la mancha aparece más hundida que la piel y su pelo se ha vuelto blanco, el sacerdote lo declarará impuro. Es lepra que ha brotado en la úlcera.

21Pero si el sacerdote observa que no hay en ella pelo blanco, ni está más hundida que la piel, y que está descolorida, lo aislará durante siete días.

22Si el mal se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro; es un caso de lepra.

23Pero si la mancha sigue estacionaria, sin extenderse, es la cicatriz de la úlcera; el sacerdote lo declarará puro.

24Si uno tiene una quemadura en la piel, y sobre la quemadura se forma una mancha entre blanca y rojiza o simplemente blanca,

25el sacerdote la examinará; y si el pelo se ha vuelto blanco en la mancha blanca y esta aparece más hundida que la piel, es que ha brotado lepra en la quemadura. El sacerdote lo declarará impuro; es un caso de lepra.

26Pero si el sacerdote observa que en la mancha no aparece pelo blanco, que no está más hundida que la piel y que está descolorida, lo aislará durante siete días.

27El séptimo día lo examinará: si la mancha se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará impuro; es un caso de lepra.

28Pero si la mancha sigue estacionaria, sin extenderse por la piel, y está descolorida, se trata de la inflamación de la quemadura. El sacerdote lo declarará puro: es la cicatriz de la quemadura.

29Cuando a un hombre o a una mujer se le produzca una llaga en la cabeza o en la barbilla,

30el sacerdote examinará la llaga, y si esta aparece más hundida que la piel, y el pelo es amarillento y escaso, el sacerdote lo declarará impuro; es un caso de tiña, lepra de la cabeza o de la barbilla.

31Pero si el sacerdote observa que la llaga de tiña no aparece más hundida que la piel y que el pelo no es amarillento, aislará al afectado por la tiña durante siete días.

32El séptimo día el sacerdote examinará el mal; si no se ha extendido la tiña, ni hay en ella pelo amarillento, ni la llaga aparece más hundida que la piel,

33el enfermo se afeitará, menos en la parte tiñosa; y el sacerdote aislará al afectado por otros siete días.

34El séptimo día el sacerdote lo examinará y, si no se ha extendido la llaga por la piel, ni aparece más hundida que la piel, lo declarará puro. El enfermo lavará sus vestidos y quedará puro.

35Pero si la tiña, después de la purificación, se extiende mucho por la piel,

36el sacerdote lo examinará de nuevo. Si comprueba que la tiña se ha extendido por la piel, no hace falta que mire si el pelo es amarillento; la persona es impura.

37Mas si, según su apreciación, la tiña no se ha extendido y ha crecido en ella pelo negro, esa persona se ha curado de la tiña: es pura y el sacerdote la declarará pura.

38Cuando a un hombre o a una mujer le salgan manchas en la piel, manchas blancas,

39el sacerdote las examinará; si observa que las manchas de la piel son blanquecinas, se trata de un eczema que le ha brotado en la piel; esa persona es pura.

40Si a un hombre se le cae el pelo de la cabeza, no es más que calvicie: es puro.

41Si se le cae el pelo de la cabeza por delante, es calvo por delante: es puro.

42Pero si en la calva de detrás o de delante se le forma una llaga entre blanca y rojiza, es que le ha brotado lepra en la calva de detrás o de delante.

43El sacerdote la examinará; si la hinchazón de la llaga en la parte calva es rojiza pálida, del mismo aspecto que la lepra de la piel,

44se trata de un leproso: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.

45El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”.

46Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. Es impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.

47Cuando aparezca una mancha como de lepra en un vestido de lana o de lino,

48en el hilo o en la trama, o en una piel, o en cualquier objeto de cuero,

49si la mancha en el vestido o en la piel, o en el hilo o en la trama, o en cualquier objeto de cuero, es de color verduzco o rojizo, es un caso de lepra y debe ser mostrado al sacerdote.

50El sacerdote examinará la mancha y aislará el objeto manchado durante siete días.

51El séptimo día examinará la mancha; si se ha extendido por el vestido, hilo o trama, piel u objeto de cuero, es un caso de lepra maligna: el objeto es impuro.

52Quemará el vestido, hilo o trama, de lana o de lino, o el objeto de cuero en que se encuentre la mancha, pues es lepra maligna; será quemado.

53Pero si el sacerdote observa que no se ha extendido la mancha por el vestido, hilo o trama, u objeto de cuero,

54mandará lavar lo manchado y lo aislará otros siete días.

55Si el sacerdote ve que la mancha, después de lavada, no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido, el objeto es impuro; lo echarás al fuego: es una infección por el derecho o por el revés.

56Pero, si el sacerdote ve que la parte manchada, después de lavada, se ha descolorido, la arrancará del vestido, del cuero, del hilo o de la trama.

57Pero si vuelve a aparecer en el vestido, hilo o trama, u objeto de cuero, es un brote de lepra; quemarás lo afectado por la lepra.

58Pero si en el vestido, hilo o trama, u objeto de cuero, una vez lavado, desaparece la mancha, serán lavados de nuevo y quedarán puros.

59Esta es la ley para la mancha de lepra en los vestidos, de lana o de lino, en el hilo o en la trama, o en cualquier objeto de cuero, para declararlos puros o impuros».

Levítico 14

1El Señor dijo a Moisés:

2«Esta es la ley que ha de aplicarse al leproso en el día de su purificación. Será llevado al sacerdote

3y este saldrá fuera del campamento; si, tras haberlo examinado, comprueba que el leproso está ya curado de su lepra,

4el sacerdote mandará traer para el que ha de ser purificado dos pájaros puros vivos, madera de cedro, púrpura escarlata e hisopo.

5Mandará degollar uno de los pájaros sobre una vasija de barro con agua corriente.

6Tomará luego el pájaro vivo, la madera de cedro, la púrpura escarlata y el hisopo, los mojará, junto con el pájaro vivo, en la sangre del pájaro degollado sobre agua corriente,

7y hará siete aspersiones sobre el que ha de ser purificado de la lepra y lo declarará puro. Y soltará el pájaro vivo en el campo.

8El que se purifica lavará sus vestidos, se afeitará totalmente, se bañará y quedará limpio. Entonces podrá entrar en el campamento; pero durante siete días se quedará fuera de su tienda.

9El día séptimo se afeitará todo el pelo, la cabeza, la barba, las cejas; en una palabra, todo el pelo, lavará también sus vestidos, bañará su cuerpo y quedará limpio.

10El día octavo tomará dos corderos sin defecto y una cordera de un año sin defecto; y como oblación, tres décimas de flor de harina amasada con aceite y un cuartillo de aceite.

11El sacerdote que hace la purificación presentará ante el Señor, junto con todo eso, al hombre que ha de purificarse, a la entrada de la Tienda del Encuentro.

12El sacerdote tomará uno de los corderos y lo ofrecerá como sacrificio de reparación, además del cuartillo de aceite, y ejecutará con él el rito de balanceo ante el Señor.

13Luego degollará el cordero en el lugar donde se degüellan el sacrificio por el pecado y el holocausto, en lugar sagrado; porque, tanto en el sacrificio expiatorio como en el sacrificio de reparación, la víctima pertenece al sacerdote; es cosa santísima.

14Después el sacerdote tomará sangre de la víctima de reparación y untará el lóbulo de la oreja derecha del que se está purificando, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho.

15El sacerdote tomará parte del cuartillo de aceite y lo pondrá en la palma de su mano izquierda.

16Después untará un dedo de su mano derecha en el aceite que tiene en la palma de su mano izquierda, y hará con su dedo siete aspersiones de aceite delante del Señor.

17Con el aceite que le queda en la mano, el sacerdote untará el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho, así como la sangre de la víctima de reparación.

18El resto del aceite que quede en la mano del sacerdote, se derramará sobre la cabeza del que se purifica. El sacerdote expiará así por él ante el Señor.

19El sacerdote ofrecerá entonces el sacrificio expiatorio y hará así expiación por el que se purifica de su impureza. Después degollará el holocausto,

20y ofrecerá sobre el altar el holocausto y la oblación. De esta manera el sacerdote hará expiación por él y quedará limpio.

21Si es pobre y no tiene suficientes recursos, tomará un cordero como sacrificio de reparación, como ofrenda para el balanceo ritual, para hacer expiación por él, y además, como oblación, una décima de flor de harina amasada con aceite, un cuartillo de aceite,

22y dos tórtolas o dos pichones, según sus posibilidades, uno como sacrificio por el pecado, y otro como holocausto.

23El octavo día, los llevará al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, delante del Señor, para su purificación.

24El sacerdote tomará el cordero del sacrificio de reparación y el cuartillo de aceite, y ejecutará con ellos el rito de balanceo ante el Señor.

25Degollará el cordero del sacrificio de reparación y el sacerdote tomará sangre de la víctima de reparación y untará el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho.

26Luego derramará parte del aceite sobre la palma de su mano izquierda;

27con un dedo de su mano derecha hará ante el Señor siete aspersiones con el aceite que tiene en la palma de la mano izquierda,

28untará con el aceite que tiene en su mano el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo de su pie derecho, así como la sangre de la víctima de reparación.

29Derramará el resto del aceite que le quede en la mano sobre la cabeza del que se purifica, haciendo expiación por él ante el Señor.

30Luego ofrecerá una de las tórtolas o de los pichones, según las posibilidades,

31uno como sacrificio expiatorio y otro como holocausto, además de la oblación. De este modo el sacerdote hará expiación ante el Señor por aquel que se purifica.

32Esta es la ley de la purificación para aquel que tiene lepra y cuyos recursos son limitados».

33El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

34«Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán que os voy a dar en posesión, si yo hago aparecer manchas de lepra en alguna de las casas de la tierra que vais a poseer,

35el propietario de la casa irá a avisar al sacerdote y le dirá: “Ha aparecido algo así como lepra en mi casa”.

36El sacerdote, sin esperar a entrar en la casa para examinar la mancha, ordenará que desalojen la casa, para que no se contamine de impureza lo que hay en ella. Después entrará el sacerdote a examinar la casa.

37Si al examinarla observa el sacerdote que la mancha forma en las paredes de la casa cavidades verduzcas y rojizas que parecen hundidas en la pared,

38saldrá a la puerta de la casa y la clausurará durante siete días.

39Volverá a los siete días, y si comprueba que la mancha se ha extendido por las paredes de la casa,

40mandará arrancar las piedras manchadas y arrojarlas a un lugar inmundo fuera de la ciudad.

41Hará raspar todo el interior de la casa; y el polvo de las raspaduras lo echarán fuera de la ciudad, a un lugar inmundo.

42Luego tomarán otras piedras y las pondrán en el lugar de las primeras. Y revocarán la casa con argamasa nueva.

43Si, después de haber arrancado las piedras, y de haber raspado y revocado la mancha, esta vuelve a extenderse por la casa,

44el sacerdote entrará de nuevo; y si comprueba que la mancha se ha extendido por la casa, es un caso de lepra maligna en la casa, y esta es impura.

45Se derribará la casa. Sus piedras, sus maderas y todos los escombros serán sacados fuera de la ciudad a un lugar inmundo.

46Quien entre en esa casa mientras está clausurada quedará impuro hasta la tarde.

47El que duerma en ella habrá de lavar sus vestidos; y también el que coma en ella habrá de lavarlos.

48Pero si el sacerdote al entrar comprueba que, después de revocada la casa, la mancha no se ha extendido por ella, la declarará pura: se ha curado del mal.

49Entonces, para ofrecer por la casa un sacrificio expiatorio, tomará dos pájaros, madera de cedro, púrpura escarlata e hisopo;

50degollará uno de los pájaros en una vasija de barro sobre agua corriente

51y, tomando la madera de cedro, el hisopo y la púrpura escarlata, con el pájaro vivo, los mojará en la sangre del pájaro degollado sobre agua corriente; y hará siete aspersiones sobre la casa.

52Hará la expiación en favor de la casa con la sangre del pájaro, con el agua viva, el pájaro vivo, la madera de cedro, el hisopo y la lana escarlata,

53y soltará el pájaro vivo fuera de la ciudad, en el campo. De este modo hará expiación por la casa, la cual quedará pura.

54Esta es la ley para toda clase de lepra o de tiña,

55para la lepra de vestidos y de casas,

56para tumores, erupciones y manchas blanquecinas,

57y para instruir sobre los casos de impureza y los casos de pureza. Esta es la ley de la lepra».

Levítico 15

1El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

2«Decid a los hijos de Israel: “Si un hombre padece flujo seminal, ese flujo le hace impuro.

3La impureza causada por el flujo se da tanto si su cuerpo deja destilar el flujo, como si lo obstruye: es impuro.

4Toda cama en que se acueste el que padece flujo quedará impura y todo asiento en que se siente quedará impuro.

5El que toque su cama, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

6El que se siente sobre un mueble en el que se haya sentado cualquiera que padece flujo, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

7Quien toque el cuerpo del que padece flujo lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

8Si el que tiene flujo escupe sobre un hombre puro, este lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

9Toda montura sobre la que monte el que padece flujo será inmunda.

10Quien toque un objeto que haya estado debajo del enfermo quedará impuro hasta la tarde, y quien lo transporte lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

11Todo aquel a quien toque alguien que padece flujo y no se haya lavado antes las manos, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

12Toda vasija de barro tocada por el que padece flujo será rota, y todo utensilio de madera será lavado con agua.

13Si el que padece flujo se cura, se contarán siete días hasta su purificación; después lavará sus vestidos, se bañará en agua corriente y quedará puro.

14El día octavo tomará dos tórtolas o dos pichones y se presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda del Encuentro, y los entregará al sacerdote.

15El sacerdote los ofrecerá, uno como sacrificio expiatorio, el otro como holocausto, y así el sacerdote hará ante el Señor expiación por él, por su flujo.

16Quien haya tenido derrame seminal se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

17Toda ropa y todo cuero sobre los cuales haya caído semen será lavado con agua y quedará impuro hasta la tarde.

18Cuando una mujer se acueste con un hombre, y se haya producido derrame, se bañarán ambos y quedarán impuros hasta la tarde.

19La mujer que tenga la menstruación, quedará impura siete días. Y quien la toque quedará impuro hasta la tarde.

20Todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su impureza quedará impuro; y todo aquello sobre lo que se siente quedará impuro.

21Quien toque su cama lavará los vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

22Quien toque un mueble sobre el que ella se haya sentado lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

23Quien toque algo que está sobre la cama o sobre el mueble donde ella se sienta quedará impuro hasta la tarde.

24Si uno se acuesta con ella, se contamina de la impureza de sus reglas y queda impuro siete días; toda cama en la que él se acueste quedará impura.

25Cuando una mujer tenga flujo de sangre durante muchos días, fuera del tiempo de sus reglas, o cuando sus reglas se prolonguen, quedará impura mientras dure su flujo, como en la menstruación.

26Toda cama en que se acueste mientras dura su flujo quedará impura como la cama de la menstruación, y cualquier mueble sobre el que se siente quedará impuro como durante la menstruación.

27Quien los toque quedará impuro y lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

28Una vez que ella sane de su flujo, contará siete días y después quedará pura.

29El octavo día tomará dos tórtolas o dos pichones y los presentará al sacerdote a la entrada de la Tienda del Encuentro.

30El sacerdote los ofrecerá uno como sacrificio expiatorio, el otro como holocausto; y hará expiación ante el Señor por ella, por la impureza de su flujo.

31Mantened así a los hijos de Israel alejados de las impurezas, para que no mueran por contaminar con ellas mi Morada, que he puesto en medio de ellos”».

32Esta es la ley sobre el hombre que padece flujo o que queda impuro por derrame de semen,

33sobre la mujer durante la menstruación, sobre aquel que padece flujo, sea varón o mujer, y sobre aquel que se acuesta con una mujer en período de impureza.

Juan 1

1En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

2Él estaba en el principio junto a Dios.

3Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

5Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

6Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:

7este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

9El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

10En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

11Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

12Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

13Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

14Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

16Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

17Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

18A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

19Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?».

20Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías».

21Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No».

22Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

23Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías».

24Entre los enviados había fariseos

25y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

26Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis,

27el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

28Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

29Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”.

31Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

32Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

34Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

35Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y,

36fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios».

37Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».

39Él les dijo: «Venid y veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.

40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús;

41encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».

42Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».

43Al día siguiente, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme».

44Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro.

45Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».

46Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás».

47Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

48Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

49Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

50Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

51Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Juan 2

1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.

2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».

4Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».

5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».

6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

7Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba.

8Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.

9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo

10y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

11Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

12Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y,

15haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;

16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

19Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

20Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

21Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía;

24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos

25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.