Lectura 358 de 365
Zacarías 2-3 · Salmos 143
Zacarías 2
1Levanté los ojos y vi cuatro cuernos.
2Pregunté al mensajero que me hablaba: —¿Qué son esos cuernos? Me respondió: —Son los cuernos que han dispersado a Judá, Israel y Jerusalén.
3El Señor me mostró cuatro herreros.
4Pregunté: —¿Qué andan haciendo esos herreros? Me respondió: —Son los cuernos que dispersaron a Judá hasta que nadie pudo levantar cabeza. Pero vinieron los herreros para espantarlos y expulsar los cuernos de los pueblos que habían alzado su poder contra la tierra de Judá para dispersarlo.
5Levanté los ojos y vi un hombre que tenía en su mano un cordón de medir.
6Le pregunté: —¿Adónde vas? Me respondió: —A medir Jerusalén para ver cuál es su anchura y cuál su longitud.
7El mensajero que me hablaba salió y vino otro mensajero a su encuentro.
8Me dijo: Vete corriendo y dile al oficial aquel: «Jerusalén será una ciudad abierta a causa de los muchos hombres y animales que habrá en ella;
9yo le serviré de muralla de fuego alrededor y en ella seré su gloria».
10¡Ay, ay! Escapad del país del norte —oráculo del Señor—, pues os dispersé a los cuatro vientos del cielo —oráculo del Señor—.
11¡Ay! Escapa, Sión, tú que habitas en Babilonia.
12Pues esto dice el Señor del universo, cuya Gloria me ha enviado a los pueblos que os han expoliado: «El que os toca a vosotros, toca a la niña de mis ojos».
13Ahí voy con el puño en alto; sus servidores tendrán botín; y así reconocerán que el Señor me ha enviado.
14Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti —oráculo del Señor—.
15Aquel día se asociarán al Señor pueblos sin número; ellos serán mi pueblo, y habitaré en medio de ti. Entonces reconocerás que el Señor del universo me ha enviado a ti.
16Judá será la herencia del Señor, su lote en la tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén.
17¡Silencio todo el mundo ante el Señor que se levanta de su morada santa!
Zacarías 3
1Y me mostró al sumo sacerdote Josué, de pie ante el mensajero del Señor, y a Satán, en pie, a su derecha para acusarlo.
2Dijo el mensajero del Señor al Satán: «Que te increpe el Señor, Satán; que te increpe el Señor, el que elige Jerusalén. ¿Acaso no es este un tizón sacado del fuego?».
3Josué llevaba vestidos sucios y estaba ante el mensajero.
4Dijo este a los que estaban ante él: «Quitadle los vestidos sucios». Y dijo a Josué: «Mira, aparto de ti tu pecado y te visto con vestido de fiesta».
5Dijo luego: «Que le pongan una diadema limpia en la cabeza». Le colocaron una diadema limpia en la cabeza y le pusieron los vestidos. El mensajero del Señor estaba allí de pie.
6El mensajero del Señor declaró solemnemente a Josué lo siguiente:
7«Esto dice el Señor del universo: Si marchas por mis caminos y cumples mis preceptos, tú también administrarás mi templo. Te ocuparás de mis atrios y podrás entrar aquí con estos que me rodean».
8Escucha, Josué, sumo sacerdote, tú y los compañeros que se sientan en tu presencia —pues esos hombres son un presagio—. Mirad, voy a hacer venir a mi siervo «Germen».
9Mirad la piedra que pongo ante Josué, es piedra única con siete ojos. Yo mismo grabaré su inscripción —oráculo del Señor del universo—, y apartaré el pecado de este país en un solo día —oráculo del Señor—.
10Aquel día os invitaréis unos a otros debajo de la parra y de la higuera.
Salmo 143
1Salmo de David. Señor, escucha mi oración; tú, que eres fiel, atiende a mi súplica; tú, que eres justo, escúchame.
2No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
3El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida al sepulcro, me confina a las tinieblas como a los muertos ya olvidados.
4Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.
5Recuerdo los tiempos antiguos, medito todas tus acciones, considero las obras de tus manos
6y extiendo mis brazos hacia ti: tengo sed de ti como tierra reseca. (Pausa)
7Escúchame enseguida, Señor, que me falta el aliento. No me escondas tu rostro, igual que a los que bajan a la fosa.
8En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti. Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti.
9Líbrame del enemigo, Señor, que me refugio en ti.
10Enséñame a cumplir tu ley, ya que tú eres mi Dios. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.
11Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; por tu clemencia, sácame de la angustia.
12Por tu fidelidad, dispersa a mis enemigos, destruye a todos mis agresores, pues soy tu siervo.