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Lectura 359 de 365

Zacarías 4-5 · Salmos 144

Letra: Normal

Zacarías 4

1Volvió el mensajero que hablaba conmigo y me despertó como se despierta a quien duerme.

2Me dijo: —¿Qué ves? Respondí: —Veo un candelabro de oro macizo con un depósito y siete lámparas en su parte superior, y cada una de ellas con siete brazos.

3Junto a él hay dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda del depósito.

4Pregunté al mensajero que me hablaba: —¿Qué representa todo esto, señor?

5Me contestó el mensajero que me hablaba: —¿No sabes lo que representa todo esto? Le respondí: —No, señor.

6Me dijo él: —Este es el mensaje del Señor a Zorobabel: «Ni con violencia ni por la fuerza, sino por mi espíritu, dice el Señor del universo.

7¿Quién eres tú, gran montaña? Conviértete en llano ante Zorobabel. ¡Él es quien saca la piedra de remate entre aclamaciones y vivas!».

8Me dijo el Señor del universo:

9«Zorobabel puso personalmente los cimientos de este templo y él mismo lo rematará. Entonces reconocerás que el Señor del universo me envió a vosotros.

10¡Quien se reía de los comienzos humildes se alegrará al contemplar la piedra arrancada por Zorobabel! Esos siete son los siete ojos del Señor que recorren toda la tierra».

11Continué preguntándole: —¿Qué son estos dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda del depósito?

12Pregunté por segunda vez: —¿Y los dos brotes de olivo de los que mana el aceite como oro a través de los tubos dorados?

13Me dijo: —¿No sabes lo que significan? Le respondí: —No, señor.

14Me dijo: —Esos dos son los dos ungidos, los que están ante el Señor de toda la tierra.

Zacarías 5

1Levanté los ojos de nuevo y vi un libro volando.

2Me preguntó: —¿Qué ves? Le respondí: —Veo un libro volando de unos diez metros de largo y unos cinco de ancho.

3Me dijo: —Es la maldición que se extiende sobre toda la tierra: según ella, todo ladrón está libre de culpa y, según ella, todo el que jura en falso está libre de culpa.

4La envío —oráculo del Señor del universo— para que entre en casa del ladrón y en casa del que jura en falso. Y pasará la noche en su casa y acabará con vigas y muros.

5Salió el mensajero que me hablaba y me dijo: —Levanta los ojos y mira lo que aparece.

6Pregunté: —¿Qué es eso? Me respondió: — Lo que sale es un recipiente. Y añadió: Es la perversidad de toda la tierra.

7Entonces se levantó una tapadera de plomo y había una mujer sentada en el recipiente.

8Me dijo: «Es la maldad». La empujó dentro del recipiente y puso la tapadera de plomo.

9Levanté los ojos y vi salir dos mujeres con el viento en sus alas, alas como de cigüeña; y alzaron el recipiente entre cielo y tierra.

10Pregunté al mensajero que hablaba conmigo: —¿Adónde llevan el recipiente?

11Respondió el mensajero que hablaba conmigo: —Le van a construir una casa en la tierra de Sinear. Allí la pondrán y allí estará, en su pedestal.

Salmo 144

1De David. Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea;

2mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y refugio, que me somete los pueblos.

3Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?

4El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.

5Señor, inclina tu cielo y desciende; toca los montes, y echarán humo;

6fulmina el rayo y dispérsalos; dispara tus saetas y desbarátalos.

7Extiende la mano desde arriba: defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas, de la mano de los extranjeros,

8cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso.

9Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:

10para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.

11Defiéndeme y líbrame de la mano de los extranjeros, cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso.

12Sean nuestros hijos un plantío, crecidos desde su adolescencia; nuestras hijas sean columnas talladas, estructura de un templo;

13que nuestros silos estén repletos de frutos de toda especie; que nuestros rebaños a millares se multipliquen en las praderas,

14y nuestros bueyes vengan cargados; que no haya brechas ni aberturas, ni alarma en nuestras plazas.

15Dichoso el pueblo que esto tiene, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.