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Lectura 357 de 365

Ageo 2 · Zacarías 1 · Salmos 142

Letra: Normal

Ageo 2

1El año segundo del rey Darío,

2el día veintiuno del mes séptimo, llegó la palabra del Señor por medio del profeta Ageo: «Di a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto de la gente:

3¿Quién de entre vosotros queda de los que vieron este templo en su primitivo esplendor? Y el que veis ahora, ¿no os parece que no vale nada?

4Ánimo, pues, Zorobabel —oráculo del Señor—; ánimo también tú, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote. ¡Ánimo gentes todas! —oráculo del Señor—. ¡Adelante, que estoy con vosotros! —oráculo del Señor del universo—.

5Ahí está mi palabra, la que os di al sacaros de Egipto; y mi espíritu está en medio de vosotros. ¡No temáis!

6Pues esto dice el Señor del universo: Dentro de poco haré temblar cielos y tierra, mares y tierra firme.

7Haré temblar a todos los pueblos, que vendrán con todas sus riquezas y llenaré este templo de gloria, dice el Señor del universo.

8Míos son la plata y el oro —oráculo del Señor del universo—.

9Mayor será la gloria de este segundo templo que la del primero, dice el Señor del universo. Y derramaré paz y prosperidad en este lugar, oráculo del Señor del universo».

10El día veinticuatro del mes noveno, el año segundo de Darío, le llegó la palabra del Señor al profeta Ageo:

11«Esto dice el Señor del universo: Pregunta a los sacerdotes qué dice la ley sobre esto:

12Si alguien lleva carne consagrada en el pliegue de su manto y con su pliegue toca pan, caldo, vino, aceite o cualquier otra comida, ¿los consagra?». Los sacerdotes le respondieron: «No».

13Continuó Ageo: «Y si un cadáver toca estas cosas, ¿las hace impuras?». Los sacerdotes le respondieron: «Sí».

14Dijo entonces Ageo: «Pues así es esta gente y este pueblo para mí —oráculo del Señor—. Todo lo que hacen y todo lo que ofrecen es impuro.

15Fijaos, pues, de hoy en adelante. Antes de poner piedra sobre piedra en el templo del Señor,

16ibais a buscar en un montón de trigo de veinte medidas, y no había más que diez; ibais al lagar para sacar cincuenta cántaras, y no había más que veinte.

17Y es que yo había condenado todo vuestro trabajo con tizón, añublo y granizo; y aun así no os volvisteis a mí —oráculo del Señor—.

18Fijaos pues, de hoy en adelante. Desde el día veinticuatro del mes noveno, cuando se pusieron los cimientos del templo del Señor,

19¿sigue faltando el grano en el granero?; y la vid, la higuera, el granado y el olivo, ¿siguen sin dar fruto? A partir de hoy os bendeciré».

20Llegó la palabra del Señor a Ageo por segunda vez, el veinticuatro del mes:

21«Di a Zorobabel, gobernador de Judá: Voy a hacer temblar cielos y tierra;

22voy a destruir los tronos de los reinos; voy a desmantelar el poder de los pueblos; voy a destruir carros y aurigas; caerán caballos y jinetes atravesados por la espada del vecino.

23Aquel día —oráculo del Señor del universo— te tomaré, Zorobabel, hijo de Sealtiel, Siervo mío —oráculo del Señor—. Te pondré el anillo de mando, porque te he elegido» —oráculo del Señor del universo—.

Zacarías 1

1El mes octavo del año segundo de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Idó, en estos términos:

2«El Señor se irritó mucho contra vuestros padres».

3Les dirás: Esto dice el Señor del universo: Volveos a mí —oráculo del Señor del universo— y yo me volveré a vosotros, dice el Señor del universo.

4No seáis como vuestros padres, a quienes predicaron los profetas de antaño diciendo: «Esto dice el Señor del universo: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras perversas acciones». Pero ni me escucharon ni me hicieron caso —oráculo del Señor—.

5¿Dónde están vuestros padres? Y los profetas, ¿vivirán para siempre?

6¡Ay! ¿No es verdad que mis palabras y mandatos que les di por medio de mis siervos los profetas hicieron mella en vuestros padres y se convirtieron diciendo: «El Señor del universo nos ha tratado como había pensado, según nuestro comportamiento y nuestras acciones»?

7El día veinticuatro del mes undécimo, el mes de sebat, el año segundo de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Idó, en estos términos:

8Tuve una visión nocturna. Había un hombre montado en un caballo rojo entre los mirtos, en la hondonada. Tras él había caballos rojos, alazanes y blancos.

9Pregunté: —Señor, ¿qué caballos son esos? El mensajero que me hablaba me contestó: —Yo te enseñaré qué son

10El hombre que estaba entre los mirtos tomó la palabra y dijo: —Estos son los que el Señor envió a inspeccionar toda la tierra.

11Respondieron al mensajero del Señor que estaba entre los mirtos: —Hemos inspeccionado la tierra y toda vive en paz.

12Respondió el mensajero del Señor: —Señor del universo, ¿hasta cuándo seguirás sin compadecerte de Jerusalén y de las ciudades de Judá contra las que te enojaste durante setenta años?

13El Señor respondió al mensajero que me hablaba con buenas palabras, con palabras de consuelo.

14Me dijo el mensajero que me hablaba: Proclama lo que sigue: «Esto dice el Señor del universo: Vivo una intensa pasión por Jerusalén; siento por Sión celos terribles.

15Estoy profundamente irritado contra los pueblos arrogantes, pues yo me enojé un poco y ellos echaron leña al fuego.

16Por eso, esto dice el Señor: Me vuelvo a Jerusalén con ternura y se construirá mi templo en ella —oráculo del Señor del universo—; se volverá a utilizar el cordón de medir.

17Proclama esto otro: Esto dice el Señor del universo: Mis ciudades volverán a rebosar de bienes, y el Señor consolará de nuevo a Sión y elegirá de nuevo a Jerusalén».

Salmo 142

1Poema de David cuando estaba en la cueva. Oración.

2A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor;

3desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia,

4mientras me va faltando el aliento. Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa.

5Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida.

6A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida».

7Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.

8Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.