Lectura 356 de 365
Sofonías 3 · Ageo 1 · Salmos 141
Sofonías 3
1¡Ay de la ciudad rebelde, impura, tiránica!
2No ha escuchado la llamada, no ha aceptado la lección; no ha confiado en el Señor, no ha recurrido a su Dios.
3Los jefes que habitan en ella son como leones rugientes; sus jueces, igual que lobos: nada dejan para roer de la noche a la mañana;
4sus profetas, fanfarrones y traidores; sus sacerdotes profanan lo sagrado y quebrantan la ley.
5El Señor que habita en ella es justo, no comete injusticia; cada mañana va sacando a la luz el derecho; nunca falla; pero el malvado no sabe lo que es la vergüenza.
6Aniquilé pueblos, arruiné torreones, asolé calles hasta vaciarlas, sus ciudades han sido devastadas, han quedado sin nadie que las habite.
7Me decía: «A ver si así me respetan y aceptan la lección, y no cae sobre ella todo lo que he decidido». ¡Pero, no! Se apresuraron a pervertir aún más todas sus acciones.
8Por eso —oráculo del Señor— preparaos para el día que me levante como testigo, pues he decretado acabar con los pueblos, convocar a los reinos para derramar sobre ellos mi furor, todo el ardor de mi ira, pues en el fuego de mi celo se consumirá toda la tierra.
9Entonces purificaré los labios de los pueblos para que invoquen todos ellos el nombre del Señor y todos lo sirvan a una.
10Desde las orillas de los ríos de Cus, mis adoradores, los deportados, traerán mi ofrenda.
11Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
12Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.
13El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca. Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.
14Alégrate hija de Sión, grita de gozo Israel, regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.
15El Señor ha revocado tu sentencia, ha expulsado a tu enemigo. El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno.
16Aquel día se dirá a Jerusalén: «¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas!».
17El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo
18como en día de fiesta. Acabé con tu mal, con el peso de tu oprobio.
19En aquel tiempo me ocuparé de todos tus opresores; salvaré a los tullidos, reuniré a los dispersos, les daré alabanza y renombre a cambio de la vergüenza que pasaron.
20Cuando os haga volver, cuando os reúna, os daré renombre y alabanza entre todas las naciones de la tierra, cuando cambie vuestro destino, ante vuestros ojos, dice el Señor.
Ageo 1
1El año segundo del rey Darío, el día primero del mes sexto, la palabra del Señor fue dirigida a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, por medio del profeta Ageo:
2«Esto dice el Señor del universo: Este pueblo anda diciendo: “No es momento de ponerse a construir la casa del Señor”».
3La palabra del Señor vino por medio del profeta Ageo:
4«¿Y es momento de vivir en casas lujosas mientras que el templo es una ruina?
5Ahora pues, esto dice el Señor del universo: Pensad bien en vuestra situación.
6Sembrasteis mucho y recogisteis poco; coméis y no os llenáis; bebéis y seguís con sed; os vestís y no entráis en calor; el trabajador guarda su salario en saco roto.
7Esto dice el Señor del universo: Pensad bien en vuestra situación.
8Subid al monte, traed madera, construid el templo. Me complaceré en él y seré glorificado, dice el Señor.
9Esperabais mucho y sacasteis poco; lo que llevasteis a casa yo lo dispersé. ¿Por qué? —oráculo del Señor del universo—. Porque mi casa es una ruina, mientras que cada uno de vosotros disfruta de su propia casa.
10Por eso el cielo ya no os da agua y la tierra se guarda el fruto.
11Decreté la sequía sobre la tierra y los montes, sobre el trigo, el mosto y el aceite, y sobre todo lo que brota de la tierra, sobre hombres y animales, y sobre todas vuestras labores».
12Zorobabel, hijo de Sealtiel, el sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, y el resto de la gente escucharon el mensaje del Señor su Dios, las palabras del profeta Ageo, enviado del Señor su Dios; y la gente temió al Señor.
13Dijo Ageo, mensajero del Señor, a la gente, según la misión que el Señor le había confiado: «Yo estoy con vosotros —oráculo del Señor—».
14El Señor estimuló el ánimo de Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, el de Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el del resto de la gente, y emprendieron las obras del templo del Señor del universo, su Dios.
15Era el día veinticuatro del mes sexto.
Salmo 141
1Salmo de David. Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo.
2Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
3Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios;
4no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.
5Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias.
6Cuando caigan en las duras manos de sus jueces, escucharán mis palabras amables;
7como una piedra de molino, rota por tierra, queden esparcidos sus huesos a la boca de la tumba.
8Señor Dios, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso;
9guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.
10Caigan los malvados en sus redes, mientras que yo escapo ileso.