Lectura 352 de 365
Nahún 1-2 · Salmos 137
Nahún 1
1Poema sobre Nínive. Libro de la visión de Nahún de Elcós.
2(Álef) Dios celoso y vengador, el Señor; el Señor es vengador y experto en furor; el Señor es vengador de sus enemigos, duro con sus adversarios.
3El Señor es paciente y fuerte, nada deja sin castigo el Señor. (Bet) Camina sobre la tormenta y la tempestad, la nube es el polvo de sus pies.
4(Guímel) Increpa al mar y lo seca, agosta todos los ríos; (Dálet) se marchitan el Basán y el Carmelo, la flora del Líbano se marchita.
5(He) Las montañas tiemblan ante él, las colinas se disuelven; (Vau) se alza la tierra ante él, la tierra firme y todos sus habitantes.
6(Zain) ¿Quién resistirá a su ira? ¿Quién aguantará el ardor de su cólera? (Jet) Su furor se derrama como fuego, las rocas se rompen ante él.
7(Tet) El Señor es buen refugio el día de la desgracia; (Yod) reconoce a los que se cobijan en él.
8Con la inundación que pasa (Kaf) arruina el territorio enemigo y las tinieblas los persiguen.
9¿Qué tramáis contra el Señor? Él provoca la destrucción, la desgracia no se repetirá.
10Pues aunque son resistentes como zarzal enmarañado, en su ebria borrachera son consumidos como esparto reseco.
11De ti sale el que planea el mal contra el Señor, el consejero perverso.
12Esto dice el Señor: «Incluso sanos y numerosos serán rapados, y será cosa pasada. Si te humillé, no te humillaré más.
13Voy a romper el yugo que pesa sobre ti, arrancaré tus cadenas».
14Esta es la orden del Señor para ti: «No se perpetuará tu linaje; del templo de tu dios arrancaré ídolos e imágenes. ¡Preparo tu tumba, miserable!».
Nahún 2
1He aquí sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz. Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, que no pasará más por ti el perverso; se acabó la destrucción.
2Ha subido contra ti el que dispersa: vigila el fortín, otea el camino templa tu cuerpo, ármate de brío.
3Pues restaura el Señor la dignidad de Jacob y de Israel: los desoladores los habían asolado habían destrozado sus sarmientos.
4Sus guerreros con escudos escarlata; sus soldados, carmesí. Los carros, a punto, flamean, se agitan las lanzas.
5Enloquecen, se lanzan los carros por calles y callejas. Parecen rayos, relámpagos de un lado para otro.
6Apela a sus valientes, tropiezan en su marcha, corren a las murallas, presto está el escudo.
7Se abren las puertas de los ríos, el palacio es un caos.
8Él de pie, y a ella, a descubierto, se la llevan con sus siervas, gimiendo como palomas, golpeándose el pecho.
9Nínive, alberca de aguas que se escapan: ¡Deteneos, deteneos! Pero no hay quien se vuelva.
10Saquead plata, saquead oro, el depósito no tiene fin, montones de objetos preciosos.
11Vacío, desolación, destrucción; el corazón desfallece, las rodillas flaquean, deslomados, palidecen.
12¿Dónde está la guarida de leones, comedero de los cachorros? Cuando el león se iba por comida, allá quedaba su pequeño sin que nadie lo molestase.
13El león que despedazaba para sus cachorros y estrangulaba para sus leonas, que llenaba de trozos su cubil, su escondrijo de despojos.
14Aquí me tienes, voy a por ti —oráculo del Señor del universo—. Convertiré en humo tus hordas, la espada devorará tus cachorros; arrancaré de la tierra tu presa, ya no se oirá la voz de tus pregoneros.
Salmo 137
1Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
2en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.
3Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión».
4¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!
5Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha;
6que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.
7A los idumeos, Señor, tenles en cuenta el día de Jerusalén, cuando decían: «¡Desnudadla, desnudadla hasta los cimientos!».
8¡Capital de Babilonia, destructora, dichoso quien te devuelva el mal que nos has hecho!
9¡Dichoso quien agarre y estrelle a tus hijos contra la peña!