Lectura 351 de 365
Miqueas 6-7 · Salmos 136
Miqueas 6
1Escuchad lo que dice el Señor, el pleito del Señor con su pueblo. En pie, pleitea con las montañas, que escuchen tu voz las colinas.
2Escuchad, montañas, el pleito del Señor, vosotros, inalterables cimientos de la tierra: el Señor pleitea con su pueblo, con Israel se querella.
3Pueblo mío, ¿qué te he hecho?, ¿en qué te he molestado? ¡Respóndeme!
4Yo te saqué de Egipto y te libré de la servidumbre. Yo te envié a Moisés, Aarón y María.
5Pueblo mío, recuerda lo que planeaba Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balaán, hijo de Beor, desde Sitín hasta Guilgal, para que reconozcas las hazañas del Señor.
6«¿Con qué me presentaré al Señor y me inclinaré ante el Dios excelso? ¿Me presentaré con holocaustos, con terneros de un año?
7¿Le agradarán al Señor mil bueyes, miríadas de ríos de aceite? ¿Le ofreceré mi primogénito por mi falta, el fruto de mis entrañas por mi pecado?».
8Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con tu Dios.
9La voz del Señor llama a la ciudad —¡Es un acierto temer tu nombre!—. Escuchad, tribu y asamblea de la ciudad:
10¿Tendré que soportar crímenes, riquezas fraudulentas, medidas menguadas y vergonzosas?
11¿Sería yo justo aceptando balanzas fraudulentas, bolsas de pesas falsificadas?
12Sus ricos rezuman violencia, mentiras sus habitantes: lo que dicen, puro engaño.
13Pues yo también he empezado a golpear, a destrozar, a causa de tu pecado:
14comerás y no te saciarás, tu basura estará en medio de ti; lo que guardes se perderá, entregaré a la espada lo que se pierda.
15Sembrarás y no cosecharás; prensarás la aceituna, pero no te ungirás con aceite; pisarás la uva, pero no beberás vino,
16porque gozas practicando los mandatos de Omrí, las andanzas de la casa de Ajab, y sigues sus consejos. Por eso, te entregaré al desastre, someteré a sus habitantes a la burla, y soportarán la afrenta de mi pueblo.
Miqueas 7
1¡Ay de mí! Soy como los que espigan en verano, como los que rebuscan en la vendimia; no hay ni un racimo que comer, ni una breva de esas que me gustan.
2La gente fiel ha desaparecido del país, los justos, de entre los hombres; todos acechan para matar, unos y otros andan a la caza.
3Son hábiles para hacer el mal: el jefe y el juez piden regalos, el poderoso se agita y suda de ambición.
4El mejor es como zarza, el más honrado, como espino. El día anunciado por tus vigilantes, el día de la cuenta, ha llegado; ahí tenéis vuestra humillación.
5No creáis en el compañero, no confiéis en el amigo; ojo con lo que dices a tu compañera en la cama.
6Pues el hijo desprecia al padre, la hija se rebela contra la madre, la nuera contra la suegra. Los enemigos del hombre son los de su propia casa.
7Yo, en cambio, aguardaré al Señor, esperaré en el Dios que me salva. Mi Dios me escuchará.
8No te alegres por mi causa, enemiga mía, pues si caí me levantaré; si vivo en tinieblas, el Señor es mi luz.
9Cargaré con la cólera del Señor, pues pequé contra él, hasta que se vea mi causa y se proclame mi sentencia; me hará salir a la luz y veré su justicia.
10Cuando lo vea mi enemiga se cubrirá de vergüenza, esa que me decía: «¿Dónde está el Señor, tu Dios?». Mis ojos llegarán a verla convertida en lugar pisoteado, como barro de la calle.
11Llega el día de reconstruir tus muros, el día de ensanchar las fronteras;
12día en que lleguen a ti desde Asiria hasta Egipto, desde Egipto hasta el Éufrates, de mar a mar, de montaña a montaña.
13Todo el país y sus habitantes se convertirán en una desolación, por el fruto de sus acciones.
14Pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.
15Como cuando saliste de Egipto, les haré ver prodigios.
16Los pueblos lo verán y se avergonzarán, a pesar de todo su poder; se quedarán mudos y sordos;
17morderán el polvo como la serpiente que se arrastra por la tierra; saldrán temblando de sus fortalezas hacia el Señor, nuestro Dios; se asustarán y te temerán.
18¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad? No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
19Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
20Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.
Salmo 136
1Dad gracias al Señor porque es bueno: porque es eterna su misericordia.
2Dad gracias al Dios de los dioses: porque es eterna su misericordia.
3Dad gracias al Señor de los señores: porque es eterna su misericordia.
4Solo él hizo grandes maravillas: porque es eterna su misericordia.
5Él hizo sabiamente los cielos: porque es eterna su misericordia.
6Él afianzó sobre las aguas la tierra: porque es eterna su misericordia.
7Él hizo lumbreras gigantes: porque es eterna su misericordia.
8El sol para regir el día: porque es eterna su misericordia.
9La luna y las estrellas para regir la noche: porque es eterna su misericordia.
10Él hirió a Egipto en sus primogénitos: porque es eterna su misericordia.
11Y sacó a Israel de aquel país: porque es eterna su misericordia.
12Con mano poderosa, con brazo extendido: porque es eterna su misericordia.
13Él dividió en dos partes el mar Rojo: porque es eterna su misericordia.
14Y condujo por en medio a Israel: porque es eterna su misericordia.
15Arrojó en el mar Rojo al faraón y a su ejército: porque es eterna su misericordia.
16Guio por el desierto a su pueblo: porque es eterna su misericordia.
17Él hirió a reyes famosos: porque es eterna su misericordia.
18Dio muerte a reyes poderosos: porque es eterna su misericordia.
19A Sijón, rey de los amorreos: porque es eterna su misericordia.
20Y a Hog, rey de Basán: porque es eterna su misericordia.
21Les dio su tierra en heredad: porque es eterna su misericordia.
22En heredad a Israel su siervo: porque es eterna su misericordia.
23En nuestra humillación se acordó de nosotros: porque es eterna su misericordia.
24Y nos libró de nuestros opresores: porque es eterna su misericordia.
25Él da alimento a todo viviente: porque es eterna su misericordia.
26Dad gracias al Dios del cielo: porque es eterna su misericordia.